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Introducción Los tiempos actuales con sus desbalances y profundas crisis, nos incitan constantemente a preguntarnos. Preguntas que pueden ser de orden universal o más especificas, pero traen consigo la inquietud de la nueva Era: un tiempo que va más allá del Ahora y en busca de un momento, lugar o espacio que está irremediablemente perdido. La lírica medieval es ancestral, y hoy cabe preguntarnos: ¿es ancestral? «La propiedad es de todos» y, ¿es realmente de todos? ¿El hombre creó la máquina o es la máquina el hombre? Ellas y muchas más conforman nuestro mundo acelerado, obligándonos a repensarlo continuamente en busca de respuestas. En nuestro contexto se multiplican y enraízan en una búsqueda aún más compleja que se debate entre la identidad, lo “patriótico” y la Nación. Por ello, la pregunta de nuestro debate-análisis va a ser la siguiente: ¿Existe post- Modernidad en Cuba?
El fenómeno postmoderno
«Los últimos años se han caracterizado por un milenarismo de signo inverso, en que las premoniciones catastróficas o redentoras del futuro han sido reemplazadas por la sensación del fin de esto o aquello (el fin de la ideología, del arte o las clases sociales; la “crisis” del leninismo, de la social democracia o del estado de bienestar, etc.): tomados en conjunto, todos estos fenómenos quizás constituyan lo que cada vez más se ha dado por denominar postmodernismo».(1)
El arca ha sido abierta. La caja de Pandora trasciende sus límites de época y desata un nuevo mal a la humanidad que ya no puede defenderse. El monstruo posee vida, se aclimata a las distintas regiones del orbe, las socava, levanta en peso y las deja nuevamente caer...
Un nuevo período hará su entrada durante la segunda mitad del siglo XX, deformando o cuestionando el confort y linealidad imperante en la fe modernista. Los desgastados preceptos esgrafiados en madera de cien años, que marcaron las pautas del mundo capitalista, llevaron a una implosión del sistema a partir de cambios en la propia sociedad que le dio vida. El advenimiento del consumismo, la megainformación, lo posindustrial, “la sociedad electrónica o de la tecnología sofisticada”, impusieron una cosmovisión a nivel macro que desarticuló todo el sistema tradicional de las principales fuentes hegemónicas de mundo. La visión burguesa --apuntada por Daniel Bell como pragmática, racional y basada en la experiencia del sujeto-- se expresa en una nueva era instintiva, salvaje, erótica y hedonista. Sin dudas:
«una nueva superficialidad, que encuentra su prolongación en [...] una nueva cultura de la imagen o el simulacro, un consecuente debilitamiento de la historicidad [...] cuya estructura “esquizofrénica” [según Lacan] determinará nuevos tipos de relaciones sintácticas y sintagmáticas en las artes temporales; u tipo completamente nuevo de emocionalidad...»(2)
La dislocación postmoderna se hará así evidente, en todas las esferas de la vida de individuo. Trascenderá las barreras arquitectónicas, morales, comerciales, económicas y culturales. La esencia del cambio moldeará incluso un modo de vida, donde la consecución acelerada y maquiavélica de la información y la imagen, será promotora de un sujeto múltiple y re-exprimido por su realidad: «la alienación de la sujeto es sustituido por la fragmentación del sujeto».(3) Se produce una constante huida durante la postmodernidad. Los espacios que se mezclan, el tiempo que se anula, los afectos que se suprimen de las imágenes del diario…, llevan a un agujero negro que, en su afán de romper con lo pasado, resquebrajó su propio presente. Hemos partido de las matrices modélicas del estado posindustrial primer mundista, (EE.UU. como fuente hegemónica y Europa) para comprender la asintonía del fenómeno en nuestra región. La llamada “nueva liberación” será exportada hacia las distintas regiones del planeta, adaptándose a estos espacios. El hecho estuvo dado por poseer el post en su sustrato, elementos propios de Modernidad. Marcando así «un palimpsesto de formas residuales y emergentes, donde nunca hay una completa ruptura de un período al siguiente».(4) Ante de aterrizar el fenómeno en el ámbito cubano, se hace impostergable la realización de un breve bosquejo a nivel continental. Dado por las características que asumió en su entrada al espacio latinoamericano, el post tuvo en su haber una esencia fragmentada e imitativa.
El contexto latinoamericano. ¿Moderno o postmoderno? La base constitutiva del continente americano, y más puntual Latinoamérica, fue la copia del modelo europeo. Desde los tiempos de conquista y colonización del territorio, las metrópolis imperantes --España, Inglaterra, Francia…--, sirvieron de núcleos emisores de cánones tanto económicos, políticos y sociales, como culturales y artísticos. De tal manera que, como apuntaría el teórico Erjavec en el texto El fin del arte y otros mitos posmodernistas, para el connotado “otro” cultural «el post era aún otra instancia de un largo proceso de apropiación de tendencias e influencias culturales y artísticas reinsertadas en sus propias tradiciones lingüísticas, artísticas y culturales».(5) Sin dudas, el fenómeno latinoamericano discurre de ser universal para todo el espacio. Y es quizás ahí donde se funda la entrada de la postmodernidad sin la plena consolidación moderna. Esta se expresa de manera “confusa, entrecortada, desigual, incompleta”, llevando a un post modernismo peculiar. Se produce una dicotomía entre las artes, que solidificará en lo social: la separación de la denominada cultura de élite o culta y la tradicional-popular. Por un lado, el sustrato externo modelado por un pensamiento ilustrado y conceptualista, suspende la “revancha de la copia” hacia los exocentros cual estandarte-insignia. Por el otro, un componente nacional, autóctono fundamentado en la tradición indígena y los valores culturales rurales de las comunidades latinoamericanas. La postmodernidad viene a funcionar pues, como catapultador de esa vertiente popular que dentro del propio espacio se iguala al concepto o la figura del “otro”. Y va a ser responsable de la fusión de estilos y revaloración de éste en el Primer Mundo trayendo consigo la denominada «implosión del Tercer Mundo en el Primero». Esta consideración es manejada por varios especialistas (Canclini), que valoran el crecento poblacional hispano en los países desarrollados. Se hace necesario destacar que el gran debate sobre la emigración, posee un importante trasfondo social donde la pobreza y el bajo nivel de cultura, lleva anualmente a millones de latinos a cruzar las fronteras en busca de mejoras. La pregunta entonces se impone: ¿Cómo se manifiesta la impronta postmoderna en Cuba? O en un sentido más teórico apuntado por Nelly Richard:
«¿Hasta dónde el hecho que el discurso postmoderno de la crisis de centralidades y dominancias juegue a incluirnos en su repertorio oficial bajo el lema tolerante de lo “otro”, nos arrebata la posibilidad de ser actores, y no solo figurantes, de nuestra propia reformulación de discursos?»(6)
¿Modernidad+ Post= Cuba? “La maravillosa isla de Cuba, la Mayor de las Antillas” observó la entrada de la postmodernidad de manera especial. Permeada por sendas luchas liberadoras que desembocarían en el triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959, sus procesos de indefinición y ambigüedad post, se evidenciaron en la propia existencia de la nación cubana. Ahora bien, partiendo de lo esencial es necesario plantear que Cuba --a diferencia de muchas regiones del continente-- sí tuvo un rico, ferviente y acelerado período modernista. Los años 50 segregaron un american way of life por todos sus poros, otorgándole a la isla un connotado prestigio a nivel internacional:
«La modernización no quedó entonces limitada a las transformaciones en los espacios públicos, la implantación de cambios tecnológicos, o a la introducción de nuevos hábitos, desprovistos de mensajes políticos. Por el contrario, constituyó una pieza central de la con la cual los interventores justificaron y legitimaron su presencia en la isla. Como se ha visto , la, asociada simbólicamente a la era de la intervención y caracterizada por la ,el , y la , eran paragonada en la época con lo que se definía como la y el de la vetusta ciudad colonial».(7)
La constante hacia la imitación se reprodujo al igual que en el resto del continente. Pero el triunfo revolucionario reestructuró todo el panorama llevando a una espacie de aberración a la Cuba neo y colonial precedente. Fue así que la isla hermosa, la Mayor de las Antillas se encerró en sí misma construyendo su porvenir y otros cuantos des—porvenires.
Lo que nos tocó vivir
«Un país socialista, bloqueado no sólo económicamente, que ha practicado una especie de autobloqueo contra toda tendencia, moda venida de Occidente y Norteamérica tributaria de esos postulados, y donde los textos de solamente dos o tres de sus principales teóricos han visto la luz de manera dispersas, fragmentada en revistas de poca circulación…Es como para desistir de la aventura».(8)
La entrada de la década del 90, desató una hecatombe en el ámbito cubano. Viviendo como críos prodigios bajo el ala del socialismo soviético, fuimos destetados de súbito y dejados “en cueros” al mundo. Así, le dimos el ¡WELCOME! al Período Especial y con ello a la dura realidad. Los años que fueron del 60 al 90 estuvieron marcados por el grito revolucionario. La lucha casi descomunal contra lo foráneo --a no ser lo importado de la URSS-- y la constante de los sectores más progresistas por incluirse en la dinámica internacional --los intelectuales, estudiantes, jóvenes en su mayoría-- llevaron a unos cuantos tragos amargos. No es nuestro objetivo rememorar los llamados “pepillitos” de los 60, los “contrarrevolucionarios” de los 70 o el tan sonado Quinquenio Gris. Estos, como muchos otros, son hoy fuentes de reflexiones y debates de muchos que intentan incluir una parte necesaria de nuestra “gloriosa historia”. De manera general y constante funcionó en este período un estado de vegetación seudoanormal (en el mejor sentido de la palabra) sencillamente alucinante.Sin quitarle méritos al desarrollo; mientras éste sumía al mundo en la automatización de todo (incluso del sujeto), en la mengua de los afectos, el pastiche y la esquizofrenia; nosotros éramos los “hijitos consentidos de Papá Noel versión soviética”. Y ello nos convirtió en una nación totalmente incapaz de valerse por sí misma tanto económica, política como socialmente. Fue así que los sucesos del 90 concurrieron como un golpe aturdidor que nos hizo --literalmente-- comenzar a vivir en nuestra Revolución Socialista. Sin dudas, «las nociones de comunidades cerradas y autosuficientes, culturas nacionales totalmente autónomas o , ya no pueden ser sostenibles ». (9) Es así que la postmodernidad entrará por la puerta ancha comprimida en un sólo disco. El jazz, el rock y la timba fusionados en un mismo ritmo; el turista que borra del mapa al dulce melao´ de azúcar; de productos soviéticos a la “producción nacional” ; lo kisch en la moda, en la vida, en la misma lengua; el pastiche de todo y al máximo; el babalao y el budista…. En fin, todo se fusionó y acondicionó al espacio dándole forma a un nuevo tipo de postmodernidad nacida y criada en nuestro espacio. La admisión de elementos culturales externos y geográficamente dispersos en la conformación de un producto nuevo y único --tomando quizás la noción transcultural de Ortiz, fue manifestada en todos los ámbitos de la cultura de la nación. La categoría de “apropiación” dada por el teórico Bernardo Subercauseaux, es tal vez la que mejor define este fenómeno, en tanto la concibe en dos sentidos: sincrónico y diacrónico. El primero viendo la relación entre lo local y lo internacional, y el segundo, entre lo actual y lo pasado. Aplicándolo en la isla, vemos una aplicación transmutada donde la medida de tiempo se anula en pos del espacio:
«Es cotidiano montar un Chevrolet del año 1940, con un chofer calzado con unos zapatos “pajaritos” de los cincuenta, que amasa a una mulata cuyo rubio desteñido y cuyo creyón de labios nos recuerdan la inocente agresividad sexual de los años 60, tarareando a dúo una canción de los setenta con el fingido glamour de los años treinta [...]. Son la hibridez, la impureza como resultado de tiempos yuxtapuestos, de memorias sedimentadas donde conviven lo culto y lo popular… los procesos que… nos han preparado para el neohistoricismo posmoderno».(10)
La búsqueda apresurada por actualizarnos, nos llevó a sintetizar en un tiempo, múltiples elementos a destiempo. Quizás en ello resida las nuevas tendencias que confluyen dentro de la propia ciudad: el rastafarismo jamaicano, el denominado “friki” rockero, el “micki” a lo americano, el “repa” derivado de los reggaetoneros a la usanza puertorriqueña... Un todo en uno coexistiendo con otro referente: lo popular-tradicional mezclado con “el invento”.
La mirada exótica hacia lo nuestro La participación de las culturas populares en el proyecto posmoderno constituye una porción innegablemente importante. En su etapa antecesora fue equiparado con lo tradicional y lo ancestral, y por ello vedado a la innovación y al cambio. La búsqueda de ruptura con lo preestablecido, les hizo ganar un nuevo espacio a nivel mundial, readaptando su curso en un intento de saltar la barrera que le subvaloró su sentido estético. La cuestión en el ámbito cubano tiene su sentido representativo. La asimilación de las prácticas tradicionales, viajan a la par con conceptos como “identidad”, “nacionalidad” o “caribeñidad”, que a través del tiempo han sido re-semantizados en busca de una denominación a “eso” exterior al continente. Evidentemente la visión eurocentrista hacia el área del Caribe, ha definido nuestra propia manera de vernos, tipificándonos como un espacio idóneo para el servicio y el placer. Como asentaría Alberto Abreu Arcia:
«En nuestro debate sobre el posmodernismo, las pautas de cada reflexión llevan la problema de la identidad, . De ahí que proclamar que somos auténticos, reafirmando que somos nosotros a partir de un no-otros exclusivo, debía ser una tentativa superada».(11)
La conformación multicultural de nuestra génesis es traducida en un fenómeno traslocacionado que agrupa en su haber varias dependencias. Transita por lo estético, lo performático, el marketing cultural, lo identitario, político y social. Y desemboca en un producto bifurcado entre «la defensa de lo nacional-popular y la exportación de lo internacional-popular»(12). Su expresión es múltiple de aristas y de contextos, pero quizás el más controvertido es el proceso de multimetropolitización interna en áreas especificas de la ciudad. Tal es el caso, por ejemplo, del Centro Histórico de La Habana y sus calles principales: Oficios, Obispo, Mercaderes, etc. En ellas se evidencia una mezcla desfasada que cohabita como apoyatura a la mercantilización de todo lo que es “la cultura cubana”. Diferentes personajes-tipos de nuestra sociedad pasada y presente interactúan, provocando el denominado pastiche cultural jamesiano a manera de parodia.
«El angustioso dilema de una Isla encerrada en sí misma que, inesperadamente, empieza a abrirse a una supuesta transterritorialidad, a sufrir el drama del encuentro con el Otro (lo lejano, lo heterogéneo); y la inclusión de ese otro en su código de mundo. Un campo artístico que pierde su antiguo punto gravitacional y exige de los creadores nuevas estrategias de (re) inserción en un escenario cambiante, descentrado [...]. El espacio cultural de la Isla se transformó en un auténtico campo de batallas, de verdaderas antinomias: nuevo v/s viejo; automatización v/s desautomatización; tradición v/s ruptura; nacionalismo v/s vanguardia…»(13)
Desde la reproducción de la mulata y la negra colonial, pasando por los sones y guarachas de los 30; hasta la imagen del extranjero ávido de la exoticidad y las artesanías de la feria, etc. De esta manera se produce un portento donde se resemantizan los preconceptos de centroperiferia. Lo foráneo como Centro a quien va dirigida el contenido popular tradicional cubano; y Cuba como Centro a donde se viene en busca de las tradiciones populares (revaloración de lo que hasta el momento eran artes menores). y
«El sentimiento de un espacio internacional compartido no sólo constituye un conjunto de meras acciones económicas y políticas para nuestras naciones, sino un reajuste psicocultural, pues sin haber acabado de atar sus puentes y vías de homogenización intranacionales ni regionales se ven precisadas también a tratar de construir esos camino hacia el exterior y conseguir hacerlo parte de sus necesidades y aspiraciones como seres sociales, a través de signos culturales de una alta diferencia con los de sus culturas relacionales internas».(14) La latente intertextualidad en todos los microsistemas en que se expresa el fenómeno, categorizar nuestra tesis expuesta. Es un “tipo” de postmodernismo producto de un cambio brusco en nuestro devenir histórico. Y se expresa de manera única y evolutiva a partir de una multiplicidad de lenguajes. Por ello podemos dogmatizarlo como “un Goliat hijo de su tiempo”.
Conclusiones Sobre el fenómeno post-moderno en Cuba queda aún mucho por decir. A pesar de no haberse tratado en toda su amplitud y variedad temática (el debate puede girar en torno al consumismo masivo de filmes y series televisivas extranjeras; el papel de la música anglosajona en nuestras producciones actuales musicales y visuales; la moda; la literatura; el discurso de la universidad en la postmodernidad; el papel de las masas; las generaciones de la Revolución y como se articulan en la práctica contemporánea; entre otras muchas), si nos asalta una aseveración: el post no tiene una definición totalitaria y única en nuestro contexto. El resquiebre provocado por el 1ro de enero de 1959 --traducida como un después-- de la Modernidad seudorrepublicana de los 50; no es la misma que la de la década del 90 ni la del siglo XXI. El factor generacional juega de igual manera un papel fundamental, en tanto es testigo de un pensamiento que ha evolucionado y ha pro-creado su realidad y contexto social a través del tiempo. El tema queda abierto para próximas aproximaciones que enriquezcan la cuestión. De éste modo:
«Si tanto las culturas hegemónicas como las populares son ahora culturas híbridas, es innegable en este sentido que vivimos en una época posmoderna, tiempo de bricolage donde se cruzan diversas épocas y culturas antes alejadas. La tarea del investigador no puede ser elegir entre tradición y modernidad. Más bien se trata de entender por qué en América Latina somos esta mezcla de memorias heterogéneas e innovaciones truncas».(15)
*Premio de Oro en categoría de ensayo en Festival de Cultura de la Universidad de la Habana y festival provincial de Artistas aficionados de la extensión universitaria.
Notas (1) JAMESON, Frederic: El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío. Texto digital de la carpeta 1, p. 1 (2) ÍDEM ,p. 3 (3) JAMESON, Frederic: El postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío. Texto digital de la carpeta 1, p. 4 (4) FOSTER, Hall: El postmodernismo en paralaje, en El Postmoderno, el postmodernismo y su crítica: Desiderio Navarro. La Habana, Centro Teórico- Cultural Criterios, Editorial Nomos S.A., 2007,p. 101 (5) CF.: ERJAVEC, Ales: El fin del arte y otros mitos posmodernistas. Texto digital de la carpeta 3, p. 14 (6) RICHARD, Nelly: Latinoamérica y la Postmodernidad; la crisis de los originales y la revancha de la copia. Texto digital de la carpeta 4 , p. 1 (7) ABREU Arcia, Alberto: Los juegos de la escritura o la (re)escritura de la Historia. La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, p. 25 (8) ÍDEM, p. 255 (9) CANCLINI García, Néstor: Arte e identidad en la época de las culturas postnacionales. Texto digital de la carpeta 4, p. 2 (10) ABREU Arcia, Alberto: Los juegos de la escritura o la (re)escritura de la Historia. La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, p. 275 (11) ÍDEM, p. 273 (12) CANCLINI García, Néstor: Arte e identidad en la época de las culturas postnacionales. Texto digital de la carpeta 4, p. 4 (13) ABREU Arcia, Alberto: Los juegos de la escritura o la (re)escritura de la Historia. La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, p. 281 (14) VÍCTORI Ramos, María del Carmen: El etnos-nación cubano entre tradición y modernidad. Proyectos institucionales y productos. En Cultura cubana siglo XX. La Habana, Editorial Félix Varela, 2004, p. 211 (15) CANCLINI García, Néstor: Los estudios culturales de los 80 a los 90: perspectiva antropológicas y sociológicas en América Latina. En Sociología de la Cultura: Alain Basail Rodríguez y Daniel Álvarez Durán. La Habana.
Bibliografía -ABREU Arcia, Alberto: Los juegos de la escritura o la (re)escritura de la Historia. La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007 -ALMAZÁN Sonia y Serra Mariana: Cultura cubana siglo XX. La Habana, Editorial Félix Varela, 2004. -BASAIL Rodríguez, Alain y Álvarez Durán, Daniel: Sociología de la Cultura. La Habana, Editorial Félix Varela, 2004, t I y II. -NAVARRO, Desiderio: El Postmoderno, el postmodernismo y su crítica. La Habana, Centro Teórico- cultural Criterios, Editorial Nomos S.A., 2007. ----------------------------: A Pe(N)sar de todo. Para leer en contexto. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2007
Fuentes digitales consultadas: -BELL, Daniel: Las contradicciones culturales del capitalismo. Texto digital de la carpeta 2. -CANCLINI García, Néstor: Arte e identidad en la época de las culturas postnacionales. Texto digital de la carpeta 4. -ERJAVEC, Ales: El fin del arte y otros mitos posmodernistas. Texto digital de la carpeta 3 -ESCOBAR, Ticio: Postmodernismo/Precapitalismo. Texto digital de la carpeta 4. -JAMESON, Frederic: El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío. Texto digital de la carpeta 1. -RICHARD, Nelly: Latinoamérica y la Postmodernidad; la crisis de los originales y la revancha de la copia. Texto digital de la carpeta 4. ---------------------------: Modernidad, Postmodernismo y la periferia. Texto digital de la carpeta 4. -SUBERCASEUX, Bernardo: La apropiación cultural en el pensamiento latinoamericano. Texto digital de la carpeta 4.
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