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La presencia en Cuba de Nara Mansur para presentar Manualidades en el marco de la última Feria Internacional del Libro, sirvió de pretexto para un diálogo con la autora del esperado texto. Con este libro, Nara ganó en 2011 el importante Premio de Poesía Nicolás Guillén, por «entregar un libro de poesía que destaca y conmueve por el modo en como captura el hecho cotidiano y lo proyecta hacia lo trascendente». Manualidades se arma como un todo único en el que la autora dialoga con su hija pequeña, las cuales se educan en el libro una a otra en una suerte de interrogatorio que no termina.
Podría decirse que Manualidades es una poesía que parte de la práctica cotidiana… Creo que sí, creo que en general toda la literatura trata de tener una mirada de descubrimiento, de asombro ante lo rutinario, pero al final todo es cotidianidad. Son pocos los eventos de nuestra vida que son extraordinarios, casi todo es ordinario, y la posibilidad del escritor es como ver un poco más allá, entrenarte y saber que en lo cotidiano está lo extraordinario, la fiesta, lo divino. En este caso, quise marcar con más fuerza lo habitual y trascenderlo en sí mismo, para dar una idea lo más acorde posible con lo que estaba sintiendo.
Dentro de tu obra destacan los poemarios Mañana es cuando estoy despierta, Un ejercicio al aire libre, además de Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro, que recibió el Premio de la Crítica. Sin embargo, el Nicolás Guillén significó que todos los ojos que antes no lo habían hecho se fijaran en la poeta Nara Mansur. Yo dije el día de la premiación que me sentía como si hubiera ganado el Oscar… Realmente, yo nunca había vivido la experiencia de ganarme un premio tan importante, quizás alguien que ha ganado muchos premios lo ve como algo de lo más natural, pero para mí fue una alegría, porque el premio está muy bien concebido. Además, toda la atención que lleva, por las presentaciones que acarrea, por la convocatoria que tiene a otros a pensar el libro... Particularmente, siempre digo que le debemos mucho al jurado. Ya sabemos lo que es un concurso, es difícil saber cuál es el mejor libro. Uno nunca está seguro de que escribió un buen libro, y por tanto es interesante la lectura que hace ese jurado porque detecta zonas del libro, digamos que ve la trascendencia de la obra. Es lo que hace el jurado, detecta la proyección de lo que está escrito, y ese conocimiento es un bien maravilloso. Para mí es una deuda de gratitud con el jurado: con Soleida Ríos, Norberto Codina, con Omar Pérez, por la fe que tuvieron en el libro. Así Manualidades se realiza con una bella edición, con lectores, con presentaciones…, una experiencia importante que uno quisiera que le pasara a muchos más, a muchos escritores cubanos.
¿Por qué este nombre de Manualidades para un libro de poesía? Hablo de una etapa en la vida de una madre y un hijo pequeño donde estás construyendo pequeños objetos, todo es manualidad, todo lo que haces con ese vínculo. Pero también hay tanto de su pensamiento, tanto de reflexión, pensar cada palabra que dices, cada gesto que haces o no; todo lo que un niño te hace a ti, te convoca a ti. Ese es un proceso tremendamente grande, es ver nacer a un ser humano que es un volcán, que es un mundo otro, un océano, que es todo. Es un descubrimiento y de alguna manera yo quería hablar de eso, y hallar así las palabras con que yo podía describir esto que me está pasando. Me gustaba jugar con esa idea de todo lo artesanal, de todo lo que podemos producir con las manos y lo que de alguna manera se produce con los pensamientos. Entonces, la educación de un hijo, la escritura de un libro, la construcción del mundo o de las ideas, ¿cuánto tiene de nosotros como trabajadores manuales, como artesanos que arman pequeños objetos o pequeñas y grandes ideas?
En Desdramatizándome…, tu escritura transita del texto poético al dramático. ¿Guarda Manualidades alguna relación con el mundo teatral del que procedes? Hay mucho de ese arte, es una mirada teatral sobre el mundo. Quiero pensar que la convocatoria que hago al lector siempre la hago de modo participante, como a una especie de espectador, me gusta pensar mucho la palabra desde la precisión, que es una palabra pensada desde el teatro: la palabra, el gesto preciso, una acción precisa… También las palabras tienen un mundo físico, me parece que todo el tiempo la formación teatral me aparece desde ciertas ideas y desde ciertas maneras de entender la escritura. Y me refiero no a la literatura sino al acto de la escritura como tal.
Entonces no es una poesía básicamente intimista… Uno nunca escribe para uno mismo, no sé, uno puede escribir para quien quiera y muchas veces ese destinatario es uno o es otro. Pero en este libro hay destinatarios múltiples, que incluso a lo largo del poema se construyen y se precisan más, y de pronto no se oculta. Hay de todo. Aquí el primer destinatario es la niña, o es la madre cuando la niña toma la palabra; pero creo que al final somos todos, porque está todo el tiempo convocando a la participación, que es lo que he querido construir. Este libro no pienso que tenga una escritura ensimismada, quizás mis otros poemarios tenían algo más de hablar conmigo misma, pero yo creo que en este al contrario, es bastante abierto y se expresa mucho hacia el otro.
¿Y qué fuentes alimentaron ese acto creativo? Tengo una formación proveniente del teatro, es decir, leo ensayo teatral, mucha crítica, muchos textos de teatro, pero particularmente en este libro hay una presencia muy marcada de Martí, del Ismaelillo, de La Edad de Oro, me releí esos libros y también fue interesante para mí lo que me pasó como lectora. También hay otros autores que aparecen citados, como Gramsci, como Fernanda Laguna, que es una poeta argentina y que precisamente un poema de ella abre el inicio del libro.
¿Estas citas en el discurso de Manualidades tienen que ver explícitamente con él? Son citas que he puesto casi siempre al final de los poemas. Me interesa mucho esa relación de cierto contraste entre el poema, es decir, entre mis ideas y las ideas de otros. Me parece que la cita de alguna manera está fijando o abriendo quizás el diapasón, poniendo la mirada en algo o puntualizando algo, poniendo en palabras desde la filosofía o palabras más precisas, algo que en mis poemas se muestra más ambiguo, por aquello mismo del uso del diálogo como una forma expresiva recurrente en Manualidades, mientras que las citas es un lenguaje y una exposición más directa.
¿Y ahora que prepara Nara Mansur? Trabajo con un grupo de teatro argentino, que se llama El Cuervo, dirigido por Pompeyo Uriber, en Buenos Aires. Me interesa mucho porque ellos se entrenan como actores a partir de la palabra poética. Así producen, a través de improvisaciones, un discurso escénico donde la poesía es el basamento, lo proteico de ese texto, o de ese mundo de palabras en la escena. Ahora me interesa mucho un teatro donde no se hable como en la televisión, donde no se hable un lenguaje tan coloquial, tan cotidiano; un teatro donde la palabra puede tener una construcción artificial, de artificio, enrarecida. Allí lo estoy estudiando, con vistas a publicar un libro donde se describa ese método de trabajo. Un libro que va a tener muchas entrevistas al director, a actores. Para mí es una empresa muy gratificante, porque además quiero escribir algún texto para su actuación y que salga de ahí.
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