|
Escrito por Yohan Balón Gómez
|
|
A través de historias que se entremezclan, narradas desde la voz de un niño, en este libro el autor relata diversos conflictos de la familia cubana; además de que aborda temas tan importantes y universales como el amor filial, como la amistad y el despertar del amor en la temprana adolescencia.
Yohan Balón Gómez (Ciego de Ávila, 1976). Ingeniero Agrónomo. Máster en Educación Superior. Egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Tiene publicados por la Editorial Ácana los siguientes títulos: A propósito de una chambelona, 2008 (premio Luis Suardíaz en la categoría Narrativa para niños y jóvenes, 2008) y Una libreta para Pucho, 2011 (mención en el Concurso Nacional Infantil Principito, 2009). Ha obtenido, entre otros reconocimeintos, el Premio de Cuento para adultos, el Premio de Cuento para niños, el Premio Poesía Infantil, y el Premio Especial de la Asociación Hermanos Saíz en el concurso Cuarenta Aniversario de la creación del Taller Literario Rubén Martínez Villena (2008).
El mago reguetón
Mi mamá se queja porque está de reguetón hasta el último pelo. Dice que siempre me ha prohibido decir malas palabras y resulta que ahora las amplifican en cualquier esquina. Se molesta porque mi hermana no la escucha cuando tiene los audífonos puestos y se menea como el Bichitón al compás de la melodía. Mami nos advierte que una canción con ese ritmo puede convertirse en una selva donde habitan lobos, tigres y otros animales peligrosos: -Los cantantes ladran como perros rabiosos y..., ¡a huir que hay tiros! Sí, de perro rabioso es la cara que pone cuando se queja porque no sabe si realmente Luis está de guardia. Luis es mi papá y anda medio revuelto con una piruja. Siempre que sto sucede ella nos grita más de la cuenta y fuma como una chimenea. Reza porque el antídoto del reguetón aparezca tan rápido como el del sida. Igual le pide a Dios que esa piruja no caiga en sus manos, que no le dé por encontrarla donde quiera que se meta. Así se lo dijo a Luis anoche. Yo le aconsejé que al menos no cogiera lucha con mi hermana. -Es tan feliz con sus audífonos en los oídos como tú cuando te fumas un cigarro –le expliqué y me puse fuera de su alcance porque me miró con ganas de soltarme un cocotazo. Después, se quedó midiendo a Yudi que lanzaba un aullido, creyéndose una loba auténtica en la jungla del reguetón.
|