Siguenos


   
 

ENTREVISTA: ABUSO DE CONFIANZA PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 8
MaloBueno 
Escrito por Jorge Enrique «761» Rodríguez. Obra: Tatiana Mesa   

Tatiana Mesa«Y la superestructura que me invento como paliativo,
es un hábil manejo de tramoya».
--Atilio J. Caballero, El testamento de Sicorax--

Hoy me permito el abuso de confianza --que no es lo mismo que la licencia poética. Digamos que las razones me sobran para esta herejía; pero también la ética --aunque función desgastada en estos tiempos de desmemoria-- igualmente me convoca, y la acato. He preferido, entonces, asumir el riesgo de realizar esta entrevista --y publicarla aquí-- a Yani Monzón Calero (Santa Clara 1982), quien desde hace un tiempo quiso unirse a Esquife para transitar el sino de singlar los rumbos, y que trae a cuestas la signatura de cambiar el barlovento y estribar en puertos otros; no sólo por/desde su juventud (que es divino tesoro) sino por el talento, la inquietud y la observancia crítica que siempre lleva en ristre.
No hay otros préambulos, ni ocultas intenciones; simplemente la coyuntura de la voz ante extrañas prerrogativas.

Para obviar esa pregunta retórica/romántica --aunque a veces necesaria-- sobre iniciaciones e inspiraciones artísticas, me otorgo la potestad (entre otras que ya he cometido) de trazar un atajo. Cuáles fueron tus experiencias en el Taller de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso, entendiendo que, la «escritura [como diría el poeta Marcelo Morales] es como un maestro que aparece cuando el alumno está listo».

No te voy a mentir, me atacaron algunas dudas cuando decidí presentarme, por el miedo a lo que todos llaman la “escuelita de escritores”, la “fábrica de hacer chorizos”, en fin, que tenía miedo de salir escribiendo como si fuera una máquina y que mis cuentos se parecieran a todos los cuentos (bueno, todavía conservo ese miedo; pero ya no es generado por pasar el taller). Cuando tuve mi primera clase me di cuenta de que, realmente, no había que tenerle miedo a nada (excepto a la execrable lectura enfrente de la clase, que a mí casualmente me tocó justo cuando nos visitaba el grupo nacional). Pero, finalmente comprendí que no era un lugar donde te dicen qué escribir, o como escribirlo, eso siempre depende de uno; Heras solo se encarga de decirte esto es lo que hay, lo tomas o lo dejas. Para mí fue una fuente de conocimiento, de aprendizaje, no solo de cómo escribir, porque al final eso es de lo que menos se habla en el taller, realmente me enseñó a leer, a ver cosas donde antes pensaba que no había nada. Aprendí mucho realmente de qué hacer cuando tengo una idea y no sé qué voy a hacer con ella, a enfrentarme a la temida página en blanco. Y sobre todo, me dio muchas ganas de seguir escribiendo, y de leer, no solo a los clásicos de siempre, sino a los que como yo están empezando. 

Existe otra pregunta retórica --aunque menos romántica-- en toda entrevista que se respete, y que está relacionada con los premios. En mi criterio «todo premio es, también, una forma “elevada” de la censura». Por otro lado, en Cuba, la única vía (casi inmediata) de publicación para los escritores jóvenes es precisamente ganar un premio. ¿Cuál sería, para Yani Monzón, la significancia de ser distinguida con un premio?
Bueno, un premio no es solo el dinero o el “prestigio” que te pueda dar; es también sentirte bien contigo mismo, es darte ánimos, y decir, bueno, puede que, después de todo, lo que hago no esté tan mal. Recibir un premio es casi obligarte a seguir.

La pregunta anterior, confieso, era casi una emboscada. El desarrollo de las Nuevas Tecnologías dela Informática y la Comunicación (NTIC), y todo lo que ello implica, ha propiciado la emergencia y consolidación de un conjunto de revistas/espacios digitales con perfiles literarios, de investigación y de crítica que superan, en dinámica, a las publicaciones impresas; lo que significa, en algún modo, que la “dependencia” para “publicar” no está sujeta a las estructuras institucionales (los premios son, también y por sí mismos, una institución que legitima). ¿Hasta qué punto las NTIC han propiciado el desarrollo de tu obra literaria?
En los NTIC he encontrado el espacio ideal para todo lo que quiero no solo publicar, sino leer. Son el desarrollo, lo que se impone y llevamos mucho tiempo tratando de frenarlos, en este país se ha perdido mucho tiempo, fuerzas, y recursos tratando de impedir que lleguemos a ellos. El peligro que ellos llevan implícito lo conocen todos. No es lo mismo imprimir un pasquín y lanzarlo en un cine, que escribir un artículo y publicarlo en Internet, todos los países del mundo tendrán acceso a tu artículo en cuestiones de segundos. Esto, por supuesto, nos asusta, nosotros que apenas tenemos unos pocos canales de televisión que hasta hace unos años eran solo dos, pero ahora se expandieron y son como el mismo canal pero en diferentes frecuencias. En Cuba, de una forma muy rara siempre se ha logrado controlar lo que entra y lo que sale, sobre todo lo que concierne a la información, el conocimiento es el poder, eso no es secreto para nadie. A veces me pregunto, cambiando de canal y tratando de ver algo que valga la pena, me tropiezo entonces con “Lo mejor de Telesur”, siempre me río. Acaso no se inventó Telesur para que todos los pobres países tercermundistas de Latinoamérica tuvieran acceso libre durante 24 horas a la  información de cualquier tipo. ¿Quién escoge lo mejor de Telesur? ¿Quién me impone su criterio? ¿Y cómo logra saber que eso es realmente lo mejor? En fin, puedo apagar el televisor o puedo cambiar el canal, pero con el desarrollo de las Nuevas tecnologías de la informática y la comunicación, puedo googlear lo que “quiera”, encontrarlo y desgraciadamente para algunos, informarme.
En fin, las NTIC todo el tiempo están incitándome y excitándome a nuevas formas de creación, en algunos casos no solo literarias.

El capital simbólico de Esquife, a trece años de su primera travesía, es innegable. Entre sus fundadores, y continuadores, se encuentran artistas y escritores que hoy ostentan una obra relevante. Pienso en Andrés Mir, Hanna Chomenko, Rafael Grillo, Leopoldo Luis; casi todos, además, han pasado por la impronta de El Caimán Barbudo. Permíteme entonces, dos preguntas --una violación de las normas establecidas para toda entrevista ¿Cómo llegas a Esquife? ¿Eres consciente de ese capital simbólico?
Qué puedo decirte, si el hecho de que contaras conmigo para integrar el equipo de Redacción de Esquife fue para mí un premio, mi primer premio, podría decir. Poder publicar, pero además leer y también salir a la “caza” de sangre nueva para el proyecto, es una de las razones principales de mi vida en estos momentos. Me pegaste alguna enfermedad que podríamos llamar Esquifenia, o algo por el estilo; pero cuando entré en Esquife me di cuenta de que no podía ni quería salir (¡cuídate Sussette!).

Volvamos a los premios. Digamos que el 2011 es tu número de la suerte. Has ganado dos becas literarias, El caballo de coral --con el libro de cuentos La culpa la tiene Marilyn Monroe, del Centro Onelio; en el 2011, y también obtuviste la beca Juan Francisco Elso 2011 que convoca la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Artes Visuales, por el proyecto de  investigación Nuevas formas de producción en la fotografía contemporánea cubana. ¿Suerte, “buen manejo de tramoya”, o rigor escritural?
Me gustaría pensar que son las tres cosas. La suerte no hay por qué despreciarla, el "buen manejo de tramoya" me hace pensar que puedo ser lo suficientemente inteligente como para engañar a unos cuantos y claro, lo que preferiría, sobre todo, es lo del rigor escritural, pues trato de dedicarle todo mi tiempo y esfuerzo a mis trabajos, y creo que los premios son un buen síntoma de que he logrado algo, no todo lo que deseo pero creo que es un buen comienzo.

Se dice que el deterioro de la carrera profesional como institución es una consecuencia inevitable del surgimiento de las economías basadas en el conocimiento, y que con menos frecuencia se comprende el hecho de que estas nuevas economías hacen que la adquisición, la aplicación y el período de vida de los conocimientos profesionales tradicionales sean cada vez menos útiles para la mayoría trabajadora. Esta nueva relación tuya --además de la literatura y la edición-- con las Artes Visuales pudiera considerarse un legado de familia (sé que eres hermana de la diseñadora Giselle Monzón, y sus Carteles han sido premiados en diferentes ediciones de los Festivales de Cine Latinoamericano), o tiene que ver con esa tesis del ocaso de las carreras. O es algo más que estas dos simples especulaciones.
Realmente, siempre me ha gustado y de una forma u otra me he mantenida vinculada al mundo de las artes visuales. Puede que sea, efectivamente, influencia de mi hermana que es ya una figura del diseño gráfico en Cuba, y no porque lo diga yo, que conste. O tal vez, fue en mi época universitaria donde íbamos a todas las exposiciones en busca de tragos y comida gratis, pero al final terminábamos hablando de arte. El caso es que siempre me he sentido atraída por ese mundo, donde no hay que decir tanto con las palabras y te apoyas más en imágenes, incluso, en mis cuentos yo quiero siempre hacer eso, dar imágenes, sensaciones, a veces no es tanto que cuente una historia como el ambiente, las impresiones que quiero que nazcan del lector, hacerle una especie de exorcismo, que una pieza artística, lo reconozco, lo logra más fácil.
Últimamente, me he visto más ligada al mundo de las artes visuales, ya que he trabajado directamente con artistas de la plástica como Naivy Pérez y Rewell Altunaga. Con los que empecé a trabajar más en serio después de que Naivy diseñara el catálogo de la exposición “El extremo de la bala: una década de arte cubano”, por la cual todos sabemos Rewell recibió el Premio Nacional de Curaduría. Después seguí con ellos, de cierta forma asistiéndolos en exposiciones como “No es la ausencia” y “Altas Presiones”. Ahora mismo me encuentro enfrascada en la investigación con la que gané la beca “Juan Francisco Elso”, que tiene que ver con la fotografía contemporánea cubana, en la cual deseo incluir a jóvenes que presenten en su obra un acercamiento poco común a la fotografía, logrando una imbricación coherente entre imagen y lenguaje artístico. Además, formo parte de un nuevo proyecto que pronto estará online y que se dedica a la promoción del arte joven cubano, su presentación será en los próximos meses y comenzará con una exposición de los artistas que pertenecen a su catálogo.
Parece ser que el arte me persigue, o tal vez, es al contrario.

He sabido que, como resultado de tus incursiones en las Artes Visuales, una de las más relevantes galerías norteamericanas te ha extendido una invitación. ¿Podrías hablarnos un poco de ese proyecto?
Es cierto que la Bernice Stainbaum Gallery me ha hecho una invitación, debido a una obra que debe presentar Rewell Altunaga en el marco de la Bienal de La Habana. Esta obra tiene características tan especiales que tuvo que ser puesta a consideración de Rubén del Valle, presidente del CNAP, y el Ministro de Cultura Abel Prieto, para que fuera expuesta en ambos países durante la Bienal. Como llevo un tiempo trabajando con el artista y conozco su obra, él decidió que yo debía atender todo el proceso de montaje y documentación de la obra, que entre sus características especiales está que solo se ejecutará a una hora determinada, simultáneamente en las dos galerías donde va a estar expuesta, la de aquí, que hasta el momento será la del Pabellón Cuba, y la de Miami antes mencionada. Este es un proyecto que me entusiasma, pues, además del viaje (no es secreto lo que representa para un cubano poder viajar), sé que me permitirá ampliar mi espectro, me dará otra visión sobre el mundo del arte, lo que se está haciendo, ver con mis propios ojos otros lugares, otros artistas. Y tal vez, quién sabe, dedicarme por fin a la crítica del arte.

Entonces, ¿viajarás pronto?
Tengo que confesar que tu pregunta no me toma de sorpresa, te conozco y sé que te gusta raspar hasta el hueso, cosa que no me molesta. La respuesta es difícil y va más allá de un simple “sí” o “no”, o un “no sé”. Pero ahora mismo, es increíble, no puedo darte ninguna respuesta, aunque la Bienal está cerca y ya todos en La Habana estamos envueltos de una forma u otra en ella. Realmente, esta respuesta lleva una pequeña reflexión (aunque esta ya es una palabra complicada). Desde pequeños nos han enseñado que debemos ser “integrales”, recuerdo que sin importar el promedio que tuvieras, si no participabas en las marchas, el trabajo en el campo y en el deporte, no eras “integral”, yo odio practicar deporte, te podrás imaginar que muy pocas veces alcancé tan importante distinción a pesar de mi promedio, respetablemente alto en aquellos tiempos y de mi infatigable asistencia a las marchas, por suerte al entrar en la universidad me di cuenta que tal “integralidad” no existe, además es absurda y no asistí a una marcha más, ni a las BUTS, ni a nada por el estilo, lo confieso sin remordimientos. Pero, institucionalmente siempre se ha mantenido y seguido este concepto, aunque no creo que de la forma correcta. Está también lo que nos gusta llamar “multioficios” (muy relacionado con la cultura de lo integral), tener menos personas en plantilla y trabajar con pocas que logren hacer el trabajo de varios. Esto todavía le encuentro más sentido, pues si estás en un puesto donde se te permite, de cierta forma, expandirte y pasar a hacer otras cosas, pues bienvenido sea, siempre y cuando te aporte, ni siquiera hablo en cuestiones de bolsillo, simplemente que te sirva, que engorde eso que se llama acervo cultural, por lo menos en mi caso funciona y me fascina hacer varias cosas al mismo tiempo. Pero, bueno, Jorgito, para enfocarme de nuevo en tu pregunta: Yo soy escritora, no artista visual; yo no puedo ir a una galería, menos en las mismas entrañas del monstruo (todavía osamos llamarle monstruo, después de que hay más de 2 millones de cubanos viviendo en sus mismas entrañas). Yo soy escritora, o al menos estoy intentándolo, para que no suene pretensioso a aquellos que solo creen en el editado. Después de tantos años de hacerme creer que la multifuncionalidad, la integralidad forma parte de nuestra cultura, de nuestra mentalidad, de nuestra formación, ahora resulta que no es así. En fin, como el dice el refrán: zapatero a sus zapatos.

Todo lo que empieza debe, por naturaleza, acabar. Me gustaría cerrar este extendido abuso de confianza con otra pregunta medio retórica y medio romántica. Literatura y Artes Visuales. ¿Qué será?
Creo que eso tendremos que preguntárselo al arquitecto de la Matrix.

 La Habana, 14 de marzo de 2012

 

Otras opciones