Siguenos


   
 

ALDEANISMO: UNA PERSPECTIVA OTRA SOBRE LA ACCIÓN CIUDADANA A TRAVÉS DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMÁTICA Y LAS COMUNICACIONES PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 9
MaloBueno 
Escrito por Jorge Enrique «761»Rodríguez. Obra: Tatiana Mesa   

Tatiana MesaA la memoria de Félix Mauricio Sáez, y a sus discrepancias que dieron luces a este ejercicio de criterio.

«Uno es libre o no es libre»
--Malcolm X (The Militant, septiembre de 1963)--

En los primeros días del mes de enero de 2007, ocurriría en Cuba un hecho que muchos signaron «sin precedentes», y que ha pasado a la “historia oficial” como La guerra de los e-mails. Sería una reacción, casi inmediata, de un conjunto de artistas, escritores e intelectuales de la llamada «vanguardia», ante lo que no pocos círculos mediáticos, dentro y fuera de la isla, sindicaron como «la exaltación de la televisión cubana --y por extensión del gobierno cubano-- a viejos comisarios de la cultura»; inquisidores, por demás, del tristemente célebre Quinquenio Gris.
Debacle que comenzaría en noviembre de 2006 con el programa Diálogo abierto, donde fue entrevistado Armando Quesada, y continuaría el 13 de diciembre del mismo año, en el programa La diferencia --que incluiría una entrevista a Jorge Serguera--, para culminar el 5 de enero de 2007, con el programa Impronta entrevistando a Luis Pavón Tamayo.
De los varios debates generados --auspiciados por diferentes instituciones de la cultura, e iniciados el 30 de enero de 2007 en Casa de las Américas-- es posible encontrar no poca documentación, aunque muy poca está “publicitada”. Pero quizás, la moraleja, pueda prefigurarse en las palabras que Alfredo Guevara expresara, curiosamente en el programa Diálogo abierto, en su emisión del 19 de noviembre de 2007: «[…] nos habíamos acostumbrado a no debatir […] ahora está abierto el debate sobre el destino de la Revolución, sobre el destino del Socialismo, sobre el destino de nuestro pueblo».
A criterio de muchos, quedaría inscrita entonces La guerra de los e-mails, y todo lo que implicara, como una «acción ciudadana sin precedentes», tanto por los canales informales de comunicación en que se sucedieron y establecieron, como por la movilización y los resultados alcanzados en los espacios de debate suscitados.

Este ejercicio de criterio, tiene la intención de argumentar (sin ánimo alguno de agotar el tema) sus discrepancias con estas especulaciones, en tanto considera incuestionable el hecho de que en la isla se estaba generando un “sucediéndose” --muy anterior a La guerra de los e-mails-- de «acciones ciudadanas» de diversa índole; también a través de informales medios de comunicación, de alarmantes movilizaciones… pero desde el pueblo no artista, no literario, no intelectual. Pero pueblo en fin, e infinito. 

 

De aquellas investigaciones realizadas en torno a las dinámicas culturales, lo que Mijail Bajtin indagaba era lo que en la cultura popular al oponerse a la oficial la cohesionaba; lo que al constituirla la segregaba. Por eso su estudio

«se centra[ba] en la investigación del espacio propio, que es la plaza pública --el sitio en que el pueblo lleva la voz cantante-- […]. La plaza es el espacio no segmentado, abierto a la cotidianidad y al teatro, pero un teatro sin distinción de actores y espectadores. A la plaza la caracteriza sobre todo un lenguaje; mejor: la plaza es un lenguaje, un tipo particular de comunicación, configurado en base a la ausencia de las constricciones que especializan los lenguajes oficiales […]. Un lenguaje en el que predominan, en el vocabulario y los ademanes, las expresiones ambiguas, ambivalentes, que no sólo acumulan y dan salida a lo prohibido, sino que al operar como parodia, como degradación-regeneración, contribuían a la creación de una atmósfera de libertad»(1).

Diríamos que hoy, esta plaza, gracias al desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Informática y la Comunicación (NTIC), se ha erigido --sin que esto haya significado renunciar a los escenarios convencionales-- en ese sitio que indistintamente denominamos Web 2.0, Red de Redes, Internet, o Ciberespacio.
No obstante a las limitaciones, de toda índole, que han impedido al ciudadano cubano un acceso mínimo --por vías lícitas(2)-- a estas nuevas tecnologías y a la diversidad de alternativas comunicacionales y de información que propician y generan, podría hablarse de una emergencia del civismo en contraposición a la pobreza urbana. Pobreza urbana que resulta, no solo de la carencia histórica de “información diversa”, o de libertades de expresión secuestradas, sino de la ausencia de un sujeto crítico que no ha sido capaz de formarse, ni fomentarse en las estructuras de enseñanza cubanas; tanto en los niveles más primarios --que han reproducido estilos de aprendizaje y modos de comprender el conocimiento como comportamientos cerrados--, como en las universidades --que se han convertido en centros alejados de la producción de un pensamiento de cambio--, diseñadas para un pensamiento que reproduce el paradigma existente.
Ya en 1998, estudios realizados por Miriam Gras Mediaceja(3) intentaban describir una sociedad civil cubana,

«en la identificación de actores sociales autónomos, presentes en un contexto donde el Estado y el dominio público tienen un componente regulativo muy fuerte que controla casi totalmente los espacios de la vida social autónoma; y en las relaciones y redes informales que se han desarrollado, fundamentalmente como resultado de factores normativos, estructurales e ideológicos imperantes en las nuevas circunstancias económicas internas y de la crisis de valores generada, entre otros, por el derrumbe del antiguo campo socialista [...]. En una sociedad como la cubana, los actores de la sociedad civil que surge no deben identificarse solo en algunas organizaciones (legalizadas o no), calificadas como ONG (Organizaciones No Gubernamentales), sino que estos actores autónomos se encuentran básicamente al nivel de individuo, en su relación interpersonal con la familia, el vecindario, en el trabajo, con los amigos, o sea, en el contexto de su vida diaria. Las principales fuentes de autonomía son: su pensamiento, sus valores, su capacidad de resistir y de actuar por la consecución, entre otras, de sus necesidades económicas, artísticas y espirituales básicas».

Los análisis expuestos por Gras Mediaceja, ya prefiguraban esas nuevas circunstancias --en maduración-- que pocos años después contribuyeron a dar un vuelco vertiginoso en la perspectiva de las relaciones y la circulación de los saberes y la información, marcada por la expansión de Internet; si entendemos aquí, por supuesto, el consenso de que «información es poder». Poder real.

Uno de los referentes que ha significado pauta dentro de esta eclosión de la «acción ciudadana» a través de las NTIC, es el dúo Los Aldeanos, y su fenómeno consecuente, el Aldeanismo, donde se conjuntarían las premisas que coadyuvaron a establecer una cartografía, más allá del cómo y el por qué se ubicaron dentro de la «vanguardia» del Rap cubano.
Pero antes de entrar al trazado de cualquier análisis al respecto, es necesario revisitar algunos aspectos para explicarnos las causalidades y las conjugaciones instrumentadas para minimizar toda «acción ciudadana», cualquiera que sea su causa, ámbito o naturaleza.

Ejercicio de criterio vs Ciberchancleteo
El 22 de octubre del año 2009, en conferencia dictada en la Universidad Internacional de la Florida, Rafael Hernández --director de la revista cubana Temas-- acuñaría el término peyorativo “ciberchancleteo”, en referencia al comportamiento de un conjunto de blogueros y cibernautas que, dentro y fuera de Cuba, «intentaban diseñar una oposición “internética” a los cursos actuales del país». Término que, oportunamente, se haría extensivo para sindicar a toda aquella expresión o discurso que no se utilizara (ni se canalizara) a través de los señuelos ideo-estéticos demandados por las corrientes de poder institucional, o «suaves latifundios» como poéticamente les llamara Ángel Escobar. «Suaves latifundios» que se han encargado de satanizar --en cuanta oportunidad se ha presentado y sabemos con cuáles intencionalidades-- el universo de Internet, argumentando, entre otros ejemplos, que

«habida cuenta de que ningún fenómeno u objeto humanos son estrictamente neutrales, internet, a pesar de su apariencia aséptica y exclusivamente instrumental, es un fiel reflejo de la sociedad occidental que la engendró tanto en forma como en contenido [...]. Es en primer lugar, una vulgar plaza comercial, en la que los verduleros han sido sustituidos por programas “B2B” (business to business) y “B2C” (business to consumer), los marchantes por métodos de black-hat marketing y los anunciantes por spam, pero cuyos alaridos acerca de las bondades de sus productos y de cuán imprescindibles resultan para la felicidad de todo esquimal, caribeño, africano, musulmán, asiático o caucásico, no son menos sonoros que los de las chancleteras y chancleteros que vociferan con maliciosa jocosidad en los agromercados habaneros: “tengo la papaya más dulce de la plaza” o “la yuca más rica del mundo”»(4).

El anterior criterio --además de paternalista, simplificador y amordazante--, nos permite entrever que, Rafael Hernández simplemente cristalizaría el patronímico de una política que desde mucho antes era praxis a lo largo y ancho de aquellos espacios públicos y privados, entregados a la supuesta discusión sobre la singladura de nuestras políticas, fundamentalmente las socio-culturales. En definitiva, “ciberchancleteo”, por desgracia devenido en concepto, sería otra herramienta gubernamental para amordazar toda «acción ciudadana» --en uso legítimo al ejercicio del criterio-- discursada al margen de sus instituciones. «Acciones ciudadanas», es imprescindible aclarar para la eternidad, que no siempre ni en todos los casos “militaba” en “oposición” alguna «a los cursos actuales del país».
Y es que, ¿llegaremos finalmente a ese día en que podamos comprender a cabalidad que, expresar nuestros temores --aun en plaza sitiada-- no es colaborar con el enemigo? ¿Será nuestra finalidad --última-- vivir protegiéndonos de un “enemigo eterno”, en detrimento del ser
y el estar?   

Vestir un santo desnudando a otro
De entre las curiosidades diversas que rezumaron los debates, discusiones y polémicas en torno a los sucesos que suscitara La guerra de los e-mails, la más singular sería la del intento conjunto de supuestamente rescatar la memoria… pero soslayando otra. Popularmente, esta práctica es conocida como «desvestir un santo para vestir a otro».
No pocos de los artistas, escritores e intelectuales que protagonizaron estos hechos, forzando a la apertura de lo que se reconoce (y también se acepta) como un «diálogo tardío», pero a fin de cuentas legítimo --nunca es tarde si la dicha es buena--, serían precisamente aquellos que en el Quinquenio Gris fueron «parametrados»; diana directa, o cuando menos víctimas colaterales de la onda expansiva de una política temible y terrible ejecutada desde el antiguo Consejo Nacional de Cultura con Luis Pavón en la proa.
Los mismos que hoy, más allá de la inexorable impronta de sus obras, trazan las prerrogativas que fiscalizan y censuran el protagonismo de los jóvenes críticos, investigadores, periodistas, creadores y promotores, en la (re)configuración, (re)indagación y trazado de una cartografía contentiva/inclusiva del sucediéndose cultural emergente, y de quienes asumen una actitud estético-cultural expresada/registrada al margen de los escenarios institucionales(5).
Los mismos que, «públicamente reconocen este protagonismo pero que, tras bastidores, asumen una praxis oxidada y paranoica para valorar, censar, legitimar determinados espacios y acciones convocadas/constituidas por estos jóvenes, para debatir y reflexionar entorno a los nuevos derroteros socio-culturales y políticos»(6). Los mismos que hoy dirigen estas instituciones y, de algún modo u otro, dictan las pautas ideo-estéticamente correctas.
Como muchos otros jóvenes, con una noción más o menos aproximada de los horrores del Quinquenio Gris, consideramos vital y ético sumarnos al reclamo y la furia de aquellos que fueron, en su momento, condenados a la «muerte civil». Por otro lado, nadie, con una mínima capacidad de sentido común, osaría hallar una sola semejanza entre las políticas engendradas desde el Consejo Nacional de Cultura y las que hoy se generan desde el Ministerio de Cultura. Pero ello no significa, que se hayan rebasado los constructos desde donde se consolidan posturas censoras, de desconfianza y obstrucción hacia discursos emergentes o alternativos.
Curioso resultaría también el hecho de que en estos debates no pocos de los discursos, tanto los que se articularon desde el auditorio, como los expuestos desde los panelistas, se preocupaban por el destino y la calidad de vida del pueblo cubano. Preocupación, ciertamente, pero que tenía mucho de aquellos rezagos de la tesis de Jonh Dewey que sostenía que solo una elite reducida puede entender cuáles son aquellos intereses comunes, qué es lo que nos conviene a todos, así como el hecho de que estas escapan a la gente en general. Tesis (o naturaleza más bien) que Noam Chomsky supo develar sus verdaderas intenciones reseñando que,

«[...] Cuando la propaganda que dimana del Estado recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme [...]. En realidad, este enfoque se remonta a cientos de años atrás, es también un planteamiento leninista, de modo que existe una gran semejanza con la idea de que una vanguardia de intelectuales revolucionarios toma el poder mediante revoluciones populares que les proporcionan la fuerza necesaria para ello, para conducir después a las masas estúpidas a un futuro en el que estas son demasiados ineptas e incompetentes para imaginar y prever nada por sí mismas. Es así que la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo se encuentran muy cerca en sus supuestos ideológicos»(7).

No es muy complicado concluir o deducir dónde, cuándo y para cuáles motivos el término “ciberchancleteo” culminaría siendo una eficaz línea de exclusión; y el por qué La guerra de los e-mails es considerada como «acción ciudadana sin precedentes» --muchos así lo creen con plena convicción-- en la historia de la Revolución Cubana.
Pero lo cierto es que nadie del pueblo no artista, no escritor, no intelectual participaría de estos debates ni de las decisiones que de estos resultaron. Entonces podría atreverse uno a preguntar: ¿realmente estaba abierto el debate sobre el destino de nuestro pueblo? Sí… pero en ausencia de él. Toda  perspectiva o proyección manifiesta, en la búsqueda de erigir un camino hacia la unidad de un conjunto social, tiene que obligatoriamente comprender que ese pueblo no puede ser objeto de política alguna, sino sujeto de estas. En este sentido, lo expresado por Leonardo Padura al calor de aquellos debates, más que moraleja es casi filosofía:

[...] «Aunque pienso que todos los verdaderamente interesados en la vida política y cultural cubana tienen una noción más o menos aproximada de lo ocurrido, el deficiente manejo informativo del tema (como otras veces) todavía obliga a un breve pero necesario recuento de los orígenes y emanaciones de un debate que, a mi juicio, no atañe sólo a los creadores, sino a la sociedad cubana en su conjunto» [...]. (8)

La Aldea, Los Aldeanos, el Aldeanismo
El 27 de febrero del año 2003, en Cinco Palmas, del municipio habanero La Lisa, se presentaría públicamente por vez primera el dúo de Rap Los Aldeanos. La concurrencia de aquella noche no excedía a las diez personas. Sin embargo, nadie podría sospechar --ni siquiera Bian Oscar Rodríguez (El B) y Aldo Roberto Rodríguez (El Aldeano)-- que Cuba no sería ya la misma a partir de entonces. No fue fortuito que la primera placa del dúo --de una discografía que hoy excede las veinte producciones--, se intitulara Censurados (2003).
Pudiera decirse --se dijo, ciertamente-- que ya el dúo, con este gesto, estaba condicionando y marcando a priori un mercado o canal de consumo; pero este es un criterio harto y peligrosamente simplificador. Como simplificador también es aquel otro que ubica la “visibilidad e impacto nacional” de Los Aldeanos a partir de La naranja se picó --incluido en el disco El atropello (2009)--; tema que abriría, de manera frontal, el diferendo entre el dúo y las instituciones gubernamentales todas. Es preciso apresurarse a señalar que este criterio se generó, precisamente, desde las autoridades institucionales; aunque era de “conocimiento público nacional” que el Barbarán, desde su estrechez y desde hacía mucho, significaba espacio de reverberación del discurso de Los Aldeanos, y donde además se gestaría el emblemático proyecto La Comisión Depuradora.
Aun así, esa mentada “visibilidad e impacto nacional”, estaría marcada por otro hecho casi olvidado por unos y otros. Una circunstancia imposible de silenciar: la invitación que Pablo Milanés le extendiera a Los Aldeanos para integrar el staff de invitados a su concierto de cierre de verano el jueves 28 agosto de 2008, en la Tribuna Antiimperialista José Martí.
Cabría, plantearse una cuestión esencial: ¿invitaría Pablo Milanés a un grupo de Rap surgido de la nada?
Sobre ello existen muchísimas especulaciones, todas divertidas pero inciertas. La realidad es que, cinco años de existencia, doce producciones de lírica y flow a pulso, y un público vivo cada vez más heterogéneo en todo sentido --todo ello soslayado por las instituciones, como a todo el movimiento de Rap en Cuba a pesar de las proezas de la AHS--, conjuntarían una credencial suficiente para que una figura de infinito prestigio, como lo es Pablo Milanés, los incluyera en un escenario que es considerado como el más importante en La Habana, después de la Plaza de la Revolución.

Escuchar a Los Aldeanos, desde sus inicios --no se puede olvidar que el tema A veces sueño, del disco Censurado, ha sido permanente en todas las encuestas sobre la discografía del grupo--, sería en sí mismo una «acción ciudadana». Actitud esta que fue evolucionando (y extendiéndose) en la medida que evolucionaba la tecnología: de CD en CD; de memoria flash en memoria flash… youtube; myspace; facebook; twitter.
Se convertiría en un acontecimiento y alarde, en cada barrio --de la periferia y de la no periferia--, la portación del último disco de La Aldea. Incluso, el calibre de otros exponentes del género se empezaría a medir por el hecho de integrar o no, como invitados, las ininterrumpidas producciones del dúo. Valorización que, es justo acotar, casi nada tenía de juicio estético, sino que más bien pertenecía a esos territorios del romanticismo que las sociedades rezuman en su tiempo libre, en ausencia de un alter ego lo suficientemente atractivo y eficaz que valide/legitime los “objetivos de vida” de sus individuos. Incluso, un movimiento sociocultural como el Rap --y la cultura donde se gesta, el Hip Hop-- tampoco ha escapado a las esquirlas de este tipo de convencionalismo.
Pero, ¿cuáles serían los resortes definitivos, y las circunstancias que finalmente ubicaron a Los Aldeanos dentro de la vanguardia del Rap cubano, y como eje indiscutible que condicionaría una «acción ciudadana», nunca reconocida por autoridad gubernamental alguna, en tanto no sería generada (ni asumida) por la “vanguardia” intelectual, sino por el pueblo? Para algunos se trata de

« [...] un fenómeno que va mucho más allá de lo cultural y que no tiene que ver con su calidad artística [...]. Los temas de Los Aldeanos reflejan nuestra realidad de manera bien cruda y directa. Ahí está lo que sabe todo el mundo y nadie dice, esas cosas que solo decimos en un ambiente seguro [...] En algunos de estos temas hay más realidad que en nuestra prensa oficial. Ahí está nuestra inconformidad, nuestra impotencia.  Escuchar a Los Aldeanos es una válvula de escape. Y esa válvula de escape la necesitamos casi todos, para eso no tiene que gustarnos el rap»(9).

Para otros,

« [...] Los Aldeanos cada vez se diluyen más como simple dúo musical para erigirse como un fenómeno de alcance considerable, donde las voces de los sin voz confluyen bajo una misma consigna (la honestidad de sus líricas) y una misma plataforma musical (el rap). Para quienes no pertenecemos a esta comunidad que hace del Hip Hop su modo de vida, quienes solo nos asomamos a su cultura marginada con el respeto, a ratos la admiración, y siempre la curiosidad de quien asiste a un espectáculo de libertad personal y social (el rap no excluye, no reniega, el rap no expulsa de sus filas a los tatuados o sin tatuar, a los que llevan dreadlocks en la cabeza --como Aldo-- o permanecen por lo general rapados --como El B--), para nosotros, conocer alguna vez la música francamente volátil de Los Aldeanos constituyó una experiencia gratificante».(10)

Sin embargo, más allá de todos los juicios --y silencios-- que se han urdido a su alrededor, es casi inexistente un acercamiento (ni siquiera una exploración) cabal para comprender las urgencias replanteadas en el discurso de Los Aldeanos. Es comprensible, en cierto modo. La eficacia intrínseca de la censura (su verdadero yo) es desarticular la relación entre sujeto y criterio; entre individuo y memoria; entre ciudadano y responsabilidad histórica. El resultado es terrible: la autocensura. Soslayar o evadir estos presupuestos, es el gran prejuicio que ha conducido a la inmanencia de cualquier manifestación crítica y ética de nuestras “verdades oficiales”. Creo firmemente que en esa obviedad (en ese rehuir) --arraigada en nuestras percepciones y comportamientos individuales y ciudadanos--, se establece la esencia de las oxidaciones que experimentan nuestros críticos, nuestra crítica y nuestras instituciones.
Tal vez por ello sea preciso reiterar --urgente y pedante lo fue hace mucho-- que, el análisis correcto sería acercarse a Los Aldeanos, como detonante de un suceso donde convergieron diversas coyunturas y juicios que desplazaron su análisis hacia zonas sociopolíticas. Es decir, Los Aldeanos, como “hecho” y “resultado” dentro de un proceso, y no como “contracción aislada” de este.
No haber asumido estas premisas en su momento, provocaría que los enemigos (o no muy amistosos) del proceso político cubano se adueñaran de este desliz para construir un espectáculo circense en detrimento de Los Aldeanos, si tenemos en cuenta la descontextualización de sus criterios, el uso indebido de sus líricas para respaldar realizaciones audiovisuales reaccionarias, la publicación de entrevistas nunca concedidas, o la creación de imágenes gráficas que en nada se correspondía con sus discursos estéticos. El silencio gubernamental cubano --innegable y coyuntural--, sería un excelente cómplice en la edificación de este muy hábil manejo de tramoya; convidando de paso, al escamoteo de sus recursos líricos y estéticos.
¿Por qué nunca quiso interpretarse a Los Aldeanos desde esa --siempre citada-- tesis de Arnold Hauser que en algún modo intenta explicarnos que las obras de arte son precisamente, desafiantes invitaciones al diálogo? Podría ser esta, la gran interrogante a dilucidar.
A finales del año 2006 --poco antes de los hechos que provocaron La guerra de los e-mails--, el poderoso New York Times publicaría, en la primera plana de su sección de Entretenimiento, el artículo La vanguardia del rap cubano se estira mas allá de las rayas partidarias. Nunca antes agrupación alguna de Rap cubano había despertado tanto interés (o curiosidad) en la comunidad internacional del Hip Hop, a pesar del indiscutible calibre que el “old school” rapero cubano había evidenciado, y

« [...] de las varias etapas de manías en el rap cubano, entre el EPG&Bmania  o el Anónimomanía; [y es que], la próxima etapa, Aldeanomania, viene con una suma de tensiones y división de poderes como ninguna otra había sido visibilizada en la historia del rap cubano. En parte por su repertorio, defensor de la Revolución, pero crítico de sus burocracias. Tanto como un movimiento social se define más por su oposición que por sus propios principios, Los Aldeanos se podrían definir más por sus masas que por su propio repertorio. Fanáticos de Los Aldeanos no solo la conforman las audiencias comunes del rap, sino que converge una diversidad entre estudiantes universitarios, músicos colegas, profesionales, tercera generaciones, y aun la ráfaga callejera [...]»(11).

Quizás, para comprender el por qué puede hablarse de Aldeanismo, y por qué considerarlo como uno de los máximos referentes de «acción ciudadana cubana», habría antes que puntualizar y atender dos aspectos imprescindibles:
a) Aldeanismo no es un término que se refiere únicamente a la pauta que suscribieron Los Aldeanos desde la actitud underground de su lirismo, sus presupuestos estéticos y la frontalidad de sus discursos --elementos estos que pueden ser cuestionables llegado el caso--, sino al desborde de todo el entramado cívico-cultural cubano, a la insostenibilidad de la propaganda de la “mismedad” bajo el corrimiento de las “fronteras” de las libertades de expresión, y a la caída --inexorable-- de los mitos(12) que se suscitaron tras la caída de Europa del Este.
b) Aldeanismo es un fenómeno socio-cultural y político-ideológico que trasciende a Los Aldeanos. Implica, contiene, resulta, no sólo la confrontación entre las culturas emergentes y las estructuras institucionales, sino a la sociedad cubana  --en todos sus estratos-- y un proyecto político que por años dejaba muy poco espacio a la pluralidad, la diversidad y la crítica real.

El Aldeanismo, para malestar de una considerable facción de la vanguardia intelectual --que tomaría distancia del hecho al considerarlo, y años después acuñarlo, ciberchancleteo--, revelaría una verdad (gravitacional pero nunca expresada) en los debates siguientes a La guerra de los e-mails, y que sería un poco más manifiesta (aunque de muy lentísima praxis) en las conclusiones del VI Congreso del PCC, y en los Lineamientos de este surgido. Una verdad que, lamentablemente, por sí sola en su tesis carece de total sentido y función.
El Aldeanismo había demostrado que no sería suficiente que nuestra elite intelectual redimensionara su estatura, y su bien ganado prestigio, para sostener un debate en torno a estos fenómenos, y emplazar las argumentaciones con las cuales han sido defendidos [el liberalismo económico, la democracia política y la globalización cultural] por los llamados «tanques pensantes» del clan neoconservador norteamericano. Las discusiones, y (re)soluciones, de zonas temáticas complejas dejarían de pertenecer exclusivamente a las “potestades” literarias, filosóficas e intelectuales. La onda expansiva de la crisis mundial implicaría a la sociedad cubana en su conjunto, y muchas de las respuestas ya no podrían ser explicadas (conformadas) sólo desde el ensayo, la retórica, el panfletismo político, o las imágenes, sino que desbordarían todo el sucediéndose estético, político y cultural para desplazarse hacia el individuo y su individuación. La polémica desatada sobre el tema «la transición socialista cubana» requería, inevitablemente, el concurso de cada cubano, y la urgencia de su formación cívica.
Ninguna de estas conclusiones debiera sorprendernos. Los criterios de Canclini ya se alzaban, para quienes de un modo otro traficaban sus textos, demoledores en este sentido, expandiendo los horizontes más allá de la inmanencia que maniataba al pensamiento de izquierda mundial.

«Siempre el ejercicio de la ciudadanía estuvo asociado a la capacidad de apropiarse de los bienes y a los modos de usarlos, pero se suponía que esas diferencias estaban niveladas por la igualdad en derechos abstractos que se concretaban al votar, al sentirse representado por un partido político o un sindicato. Junto con la descomposición de la política y el descreimiento en sus instituciones, otros modos de participación ganan fuerza. Hombres y mujeres perciben que muchas de las preguntas propias de los ciudadanos --a dónde pertenezco y qué derechos me da, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses-- se contestan más en el consumo privado de bienes y de los medios masivos que en las reglas abstractas de la democracia o en la participación colectiva en espacios públicos».(13)

El Aldeanismo --fenómeno que superó a Los Aldeanos mismos, insisto-- marcaría definitivamente a la sociedad cubana. Las circunstancias y coyunturas que se conjugaron para su emergencia estuvieron precisamente signadas por las NTIC. Tal vez por ello haya rebasado aquellos espacios que, con anterioridad, habían servido al ciudadano para escapar de las prohibiciones del drama cotidiano; pienso en el Teatro y aquellas mayúsculas puestas en escena que nos sostuvieron por dentro cuando afuera todo se derrumbaba.

Me gustaría cerrar con estas reflexiones que el pintor y poeta chileno Roberto Matta nos regalaba, a través de Lisandro Otero, en un casi olvidado año 1975:

«[...] Creo que hay que terminar con el sueño de Dios e inaugurar el surgimiento de ti mismo, en ti mismo, para ti mismo y por tu propia creación. Para lograrlo es necesaria una verdadera revolución cultural. Es  en este sentido que concibo a la revolución y al revolucionario. Si para ello es necesario atravesar una revolución total de la vida económica, sea así. No es la transformación económica el punto final sino el paso previo hacia una nueva integración de la vida social, emotiva y creadora que nos emancipe de las tiranías interiores y sus extensiones [...] Creo que el comprometido tiene algo de recluta. Para que el aporte del artista sea válido, no puede hacerse en condiciones de recluta. Se necesita una integración total, voluntaria, sin que el deber entre a considerarse, sino el ser. Es el ser revolucionario el que cuenta».(14)

En fin, la realidad cubana es nuestra, no se negocia, y por ende debemos asumirla. Nuevamente revisito a Padura, y junto a él comparto su preocupación (temor en mí) por «la pérdida de la memoria y la manipulación del olvido a que nos compulsan quienes sólo aspiran a recordar cifras, datos y momentos favorables a sus posiciones». Y es que, la ingenua y ahistórica tesis de que “el pasado, el presente y el futuro no existen, sino solo el siempre”, ha sido en verdad, la esclavitud del espíritu y del criterio de los pueblos, sus habitantes, sus individuos y sus ciudadanos. «No podemos (jamás) pasar por encima del pasado y de reescribir una historia proponiendo un olvido inadmisible».

Un abrazo de paz y memoria.

La Habana, 15 de marzo de 2012

(1) MARTIN Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones, p.p. 75
(2) Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba, en el año 2010 la mayor parte del 5,9 % del total de los más de 11 millones de cubanos que usaron e-mail y el 2,9 % Internet fue a través de sus centros de estudio o trabajo. De los que tuvieron acceso por vía propia sólo lo hizo algo más del 5 % y por la cuenta de un tercero (usualmente por arrendamiento ilícito) el 15,6 %.
(3) GRAS Mediaceja, Miriam. La sociedad civil cubana: valores, creencias, actores y redes informales de comunicación.
(4) AVALUS Zimertan, Darel. Internet, cultura y ciberchancleteo, en Rebelión, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=97657
(5) El 18 de diciembre de 2009, la red protagónicaObservatorio Crítico circularía la Carta en rechazo a las actuales obstrucciones y prohibiciones de iniciativas sociales y culturales, que recogería más de un centenar de firmas entre jóvenes artistas escritores, intelectuales, grupos y proyectos, denunciando «sin intención de atribuir responsabilidades universales a ninguna persona o institución en específico [...], una serie de hechos que dan fe de un clima de incremento del control burocrático-autoritario y de obstrucción de iniciativas sociales. Cada uno de ellos por separado recuerda algunas conocidas prácticas de la década de los 70».http://observatoriocritico.blogspot.es/
(6) RODRÍGUEZ, Jorge Enrique. Días de entrenamiento, en Esquife, http://www.esquife.cult.cu/primeraepoca/agendaesquife/2010/04abril/01.html
(7) CHOMSKY, Noam. En El control de los medios de comunicación, del compendio Políticamente incorrecto, Editorial Ciencias Sociales, 2004.
(8) PADURA, Leonardo. La memoria y el olvido, en Cultura y Sociedad, edición 01/07.
(9) RODRÍGUEZ, Yusimí. A usted no tiene que gustarle el Pap, en Havanatimes, http://www.havanatimes.org/sp/?p=3817
(10) MORALES Licea, Ernesto. Revolution en la Aldea, en Kaos en la red, www.kaosenlared.net/noticia/revolution-en-la-aldea
(11) RIVIERE, Melisa. ¿Y mi Cuba dónde está? (Ver preferiblemente la versión en inglés), en www.emetreceproductions.com
(12) Además de un conjunto de documentos y textos, propiciados por las bondades de Internet, comenzarían a circular un conjunto de documentales reveladores sobre las realidades de Rumania, Serbia, Corea del Norte, China, y la RDA.
(13) GARCÍA Canclini, Néstor. Consumidores y Ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización, editorial Grijalbo.

(14) Tomado de la entrevista Un código nada hermético, que Lisandro Otero le realizara a Roberto Matta, en 1975, y publicada en el Catálogo Matta, ed. Casa de las Américas en 2007.

 

Otras opciones