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¡UN, DOS, TRES, TROVANDO! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Manuel Leandro Ibarra   
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Dicen los abuelos que «perfume bueno viene en frasco chiquito», algo que viene a mi mente al escuchar a este joven trovador cada miércoles en medio de tragos y humo de cigarros, cita a la que acudimos los amantes de una canción, a su entender, «sentipensantementehumana».

Alianny Abad Bonet, o mejor dicho, Alito, nació en Holguín hace casi 30 años, aclaración necesaria ya que por una broma suya y del destino, ha aparecido en varios artículos y libros como guantanamero (Alito Abad: Trovando en La Habana, ículo publicado en la página web del periódico Ahora por Leandro Estupiñan, y La luz, bróder, la luz, libro de Joaquín Borges Triana, entre otros), algo que, repito, no es correcto. Cuenta con más de 100 canciones en su haber, es miembro de la Asocición Hermanos Saís desde el año 2002, y su obra se encuentra recogida en la selección de trovadores cubanos Rapadura con ajonjolí grabada por la EGREM, y en el disco Cuando la tarde Centro Pablo de la Torriente Brau. Orgullo de sus raíces cubanas podemos encontrar en su música, compromiso social y humor criollo. Fue en uno de esos días troveros de alcohol y bohemia, que compartimos estas inquietudes plurales, más no pregunten dónde ni cuándo, porque no prometo recordarlo.

Sabemos que cada cantautor se ha encontrado de manera diferente en este universo que es la creación en todos sus matices. Un poco de azar, o la consecuencia de determinaciones personales. ¿Cómo llegó Alito Abad a la guitarra?

Mi papá es un tipo que canta, que viene del monte y le gusta la improvisación, pero no viví con él toda la vida. No fue hasta los doce o trece años que tuve la oportunidad de aprender a tocar guitarra porque se abrió un curso en la academia de música y me enteré. Ahí estuve aproximadamente un año.

A mí me gustaba cantar desde niño, lo hacía a capella y me aprendía lo que sea que me enseñaran, y eso fue lo curioso, que me pasé desde los trece hasta los dieciocho años tocando por fiestar. Me iba a la playa y ahí me pasaba una semana sin un peso, cantaba lo que estuviese de moda.

 

¿Entonces fue esta la fecha en que comenzaste a hacer canciones?

Mira, muy independiente de no tener un bagaje cultural en mi familia de ningún tipo, siempre me preocupó el hecho de que no se dijera lo que estaba pasando, y estando en el ejército me presentaron a Frank Delgado, imagínate, eso fue algo muy grande para mí porque no escuchaba trova, no sabía lo que era, escasamente a Silvio y las mismas cosas que conocía todo el mundo, y quise empezar a decir lo que pasaba al menos en mi vida, de hecho aún en la actualidad compongo de manera sencilla. No me meto muy adentro, hablo sobre todo del amor porque me parece lo más sensible, a pesar de que se ha dicho mucho, yo sigo hablando de amor.

Me resulta curiosa la elección que realizan jóvenes como tú hacia esta canción comprometida tan cercada hoy no solo por los medios de difusión masiva, sino por instituciones relacionadas de una forma u otra con la cultura, existiendo tantísimos géneros de tan fácil acceso mediático y de mayor acogida popular. ¿Por qué elegiste ser trovador?

Realmente me di cuenta que era la trova lo que quería hacer, porque esas canciones que se escuchan popularmente, esa canción romántica, no te deja pensar. Muy aparte de que mis textos sean sencillos, busco esa poesía cotidiana que es muy difícil de hacer.

Siempre me interesaron las canciones de Virulo, me gusta mucho el humor, y me di cuenta que criticaban o hablaban de algo que estaba pasando y que eso se encerraba la Trova. Más adelante empecé a leer a todos los poetas holguineros, tú sabes que Holguín es una ciudad de poetas, y descubrí que había una forma más inteligente de decir las cosas, que no dejaba de ser sencilla.   

Este enfrentamiento inicial con la canción, y posteriormente con todo el entramado que envuelve el acto creativo en sí, es una etapa definitoria en la vida de todo artista, razón por la cual tantos jóvenes talentosos han quedado en este camino tan largo y fatigoso. ¿Cómo lo lograste tú?

Desde un principio lo asumí con seriedad, pensé: «esto me parece interesante y aquí se puede trabajar», y he pensado así cada día.

A mí se me dio una oportunidad muy grande. Yo no te puedo hablar de muchas trabas, muy a pesar de criticar ciertas cosas que ocurren tuve mucha suerte. Llevaba prácticamente un año haciendo este tipo de canción y me encontré con la AHS, donde teníamos en Holguín por suerte una presidenta, Tatiana Zúñiga, que me abrió las puertas a esta institución que representaba la vanguardia en el arte, esa estética que yo quería defender, y gracias a eso me hice profesional. Pero sí es indiscutible que existe una traba hacia la canción de autor, la canción inteligente o como la quieras llamar. A la gente no le interesa pensar, están demasiado ocupados con los problemas, las necesidades, y eso les resta tiempo para escuchar una buena canción. También me resulta contradictorio que viviendo en un país con un sistema como el que defendemos, el 90% de las cosas que divulgan los medios sean las más banales.

 Has dedicado diez años a la defensa de una canción pensante. ¿Crees que ha cambiado el entorno cultural cubano o el apoyo institucional en general hacia esta propuesta musical desde entonces?

Yo pienso que no, siempre hubo gente que quiso defender este tipo de canción, ya sea cultural o institucionalmente. Nosotros tuvimos mucha suerte en contar al menos con un espacio que nos defiende, porque hay gente que sabe lo que queremos hacer, pero a nivel global pienso que no ha cambiado nada.

A lo largo de tu carrera has participado en casi todos los eventos y jornadas trovadorescas que han existido y existen para bien de la canción en nuestro país. ¿Cuánto ha aportado esto a tu obra y que opinión te merece la disminución de eventos de este tipo en los últimos años?

Mira, para nosotros es muy importante que existan eventos, porque es el único momento en que los trovadores de todo el país pueden intercambiar, y se puede conocer el trabajo de gente que ni siquiera uno conoce. Generalmente detrás de un evento de trova hay un trovador invitando a gente que está haciendo algo mínimamente importante, y eso es lo que más promueve quizás nuestro trabajo, así vamos de boca en boca y así vamos cantándonos todos. Creo que se están viviendo momentos difíciles, y la mejor manera para la gente que dirige y sabe de estas cosas es suspender este tipo de eventos que económicamente no produce. Es simplemente sabio y sencillo deducir que esto daña la salud del movimiento, de la trova.

 Un, dos, tres, trovando, es un espacio en la Casa de la Trova El Guayabero de la provincia de Holguín que has defendido durante ciete años. Por él han transitado trovadores y artistas de toda Cuba y el mundo, además ha sido cantera de novísimos creadores. ¿Qué significa en tu vida y obra en general la responsabilidad de mantener, para suerte de los holguineros, un espacio como este?

Este espacio que se hace todos los miércoles a las cuatro y media de la tarde, tan sencillo, te digo que tiene el primer lugar en mi vida, incluso más que mi obra en sí, porque es el lugar que soñé y diseñé desde el principio y no tenía la menor idea de que llegara a ser tan importante. Cuando yo empecé a hacer canciones en Holguín había sólo un trovador que era Fernando Cabreja, pero vivía en Moa y allá tenía su espacio. Aquí no había, y si lo había yo no conocía a nadie que le interesara hacer este tipo de canción. Que surgiera este espacio dió lugar a que aparecieran trovadores que ya existían, mucho más jóvenes que yo, pero que sí tenían deseos de que hubiese un lugar donde se pudiera decir la canción.

Para mí lo más grande que ha pasado en mi vida, es que este espacio me halla traído a gente tan linda y tan importante como Oscar Sánchez, Fernando Cabreja, Jorge Zurita, Manuel Leandro Sánchez, como Tarafa, como Elvis Mendoza y otros que se han quedado en el camino. Simplemente me di cuenta que no estoy solo y que no soy el único que quería decir algo.

 Es impresindible para un creador el intercambio con el público. Las peñas, conciertos y presentaciones son una de las vías utilizadas para mantener vivo el movimiento. ¿Cuál o cuáles son los momentos más importantes de este tipo en tu carrera?

Yo llevo casi diez años en esto y me propuse hacer al menos dos conciertos por año, y hay dos que han marcado mi vida, uno que se llamó Patria que lo hice aquí en mí ciudad, auspiciado por la Juventud. ¿Por qué Patria? Porque era todo lo que yo entendía como Patria, era todo lo que yo quería como Patria y lo que decía de ella. Fue un concierto donde hice canciones muy íntimas que no hago nunca en vivo, además, tuvo muchos contratiempos porque se suspendió, nos pasamos dos semanas más programándolo, tuvo una producción bastante grande porque lo hice con un grupo y la gente lo agradeció mucho; el segundo fue en el Centro Pablo de la Torriente Brau en la Habana, a raíz de la Beca Sindo Garay, y aquí paso todo lo contrario, es un concierto donde tú te programas nada más lo que quieres hacer, lo que quieres cantar, y este centro que tiene tanta ética de trabajo hace que todo salga bien, y para mí fue lindísimo porque se convirtió en mi primer disco en serio, y donde yo creo que como artista, como cantante y como trovador mejor he quedado.

 

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