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EL SEÑOR K, CONFÍA EN LOS JÓVENES PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 9 de mayo 2012
Escrito por Saray Remón Monteagut   

Roberto Fernández RetamarLlegar a la entrevista…
Una leve sensación de nerviosismo era quien hablaba cuando al llegar a Casa de las Américas pregunté por mi cita. Todavía no creía la llamada de la noche anterior, por simple que pareciera. Cuando la secretaria del presidente de la Academia Cubana de La lengua e igualmente de Casa… informó que, «Retamar la recibirá sobre las once y media en su oficina».
Veinte minutos de antelación agrupaban mariposas en el estómago, ante la expectativa de conversar con uno de los escritores que desarrollaron mi sed de literatura. La recepcionista hizo la seña, ya nos esperaba.
Detrás del umbral de la enorme puerta blanca, de pie e invitando a entrar, una de las voces más lúcidas de la intelectualidad cubana de nuestro tiempo y de la posteridad: Roberto Fernández Retamar.
En su oficina, un buró desordenado de literatura, papeles que al parecer esperan hace tiempo su lugar, pero su dueño comprende que allí es donde pertenecen, al alcance de su vista, para ser usados en cualquier momento. Estantes con gran cantidad de libros, de todo tipo, enciclopedias, poesía, fotografías de los fundadores, del Che, sellos, distinciones.
La sencillez fue dueña del espacio que habitamos durante casi media hora, que resultarán inolvidables. Tres sillones confortaron la estancia y comenzó la conversación. Cuyo motivo fundamental era conocer el trabajo de la Academia Cubana de la Lengua Cubana en el contexto actual, con los jóvenes.

Un idioma cubano sería difícil de traducir…
Haciendo uso de un excelente castellano, con la pronunciación de quien sabe sus utilidades, mientras daba alas al diálogo, explicó algo que resulta curioso y que no muchos conocen,...«cuando se produjeron las Guerras de Independencia para separar a los países hispanoamericanos de España, se planteó el problema de qué iba ocurrir con la lengua, si así cómo se había roto el nexo político, se iba a romper el nexo lingüístico y esto fue motivo de mucha discusión en su momento, en el siglo XIX. Algunos pensaron que se debía romper también el nexo lingüístico como se había roto el político, lo que era muy peligroso, porque nos hubiera cortado del resto del mundo...»
Con una expresión en su rostro comentaba,... «si nosotros en lugar de hablar el español habláramos el cubano y esa lengua no fuera entendida en otras partes qué triste, hubiera que traducir a José Martí a Fidel Castro o al Che Guevara a otras lenguas...»
Mientras nos mirábamos y su entrelazaba un esbozada sonrisa, asumíamos lo complicado que sería esa remota idea, de pensar un idioma en “cubano”, y el hecho de hablarlo. «Lo revolucionario, agrega, no era deshacerse de esa lengua, sino conservarla, por supuesto enriquecida».
Nos recuerda, que...«en Cuba se habla un español de cierta manera, que no es la misma que la de México, la de Argentina y ni decir los de la península, de manera que la preocupación que tenemos, ese deber por preservar la lengua, no está reñido con el hecho de enriquecerlo...»

Mientras la clase magistral continuaba, se hacía constante una frase: enriquecer nuestra lengua, por ello resaltó el papel de los jóvenes, materia fundamental para la evolución de los sistemas, de las revoluciones o de un organismo vivo como el idioma.

Señor K deposita confianza…
El señor Ka de la Academia Cubana de la Lengua, nombre que recibe dentro del número reducido de miembros de esa institución, donde cada uno se nombra como las letras del alfabeto, expresó que los jóvenes ...«no representan un problema a la hora de revivir la lengua, sino son la que la mantienen viva».
Hay dos fuerzas aparentemente opuestas, una que tiende a la preservación del idioma tal como existe y la otra que toma en cuenta que el idioma es un hecho vivo que está cambiando constantemente. Es decir, no se puede asumir una posición oscurantista y rechazar las novedades de la lengua, porque la lengua está hecha de novedades permanentes. Claro que pasado cierto tiempo, ya esas novedades dejan de ser novedades y se convierten en formas naturales de la existencia de la lengua. En el caso de los jóvenes se ve con mucha claridad esta dualidad.
Por una parte para conservar la unidad de la lengua, para que se nos pueda entender lo mismo en Filipinas que en España, que en el resto del continente de nuestra América, hay que atender a las exigencias de la lengua tal y como existe, pero también hay que atender al hecho que la lengua está creciendo constantemente y son los jóvenes los que la hacen crecer.
Por lo tanto hay un difícil equilibrio entre esa atención a la norma y esa atención a lo que está creciendo a lo que está surgiendo siempre.
Lo que está surgiendo no necesariamente es bueno, puede ser malo, habría que atajarlo, pero tampoco es necesariamente malo, muchas veces es bueno. De hecho cada generación trae una serie de modificaciones a la lengua a las que hay que atender cuidadosamente. De ahí que la Academia que solo es una pequeña parte de Cuba, le corresponde vigilar por la permanencia y enriquecimiento de la lengua.
En ese punto de la conversación precisamos si lo nuevo que lo jóvenes entregan al lenguaje es bueno, o si es maltrato, el dueño de Calibán nos precisa.
«No es fácil establecer un distingo entre lo que es un enriquecimiento y lo que es un maltrato, por ello hay que llegar a ciertos acuerdos. Porque una de las consignas de la Real Academia Española es la Academia limpia, fija y da esplendor: Pero la lengua no puede ser fijada, porque está constantemente en evolución y hay que distinguir entre las novedades positivas que traen los jóvenes y las novedades negativas, y eso es muy difícil de hacer, pero hay que hacerlo. Porque no se puede detener el crecimiento de la lengua. Pero se debe buscar que crezca, enriqueciéndola y no empobreciéndola...»

Un tanto consternado y con la confianza que en sus palabras profesa agrega: ...« no me parece bien que se critique a los jóvenes por hacer cierto uso particular, no, es bueno, pues es inevitable e incluso positivo. Lo que hay que evitar es que eso lleve a una separación del idioma, todo lo que sea desbaratar la comunicación en el interior de nuestra lengua debe ser impedido, pero también debe ser respetado el enriquecimiento que los jóvenes traen a la lengua. En esto como en tantas cosas ya José Martí lo dijo, los niños son la esperanza del mundo, así los jóvenes son la esperanza de la lengua».
La frase casi conclusiva del diálogo resume la confianza y esperanza que la intelectualidad cubana deposita en las nuevas generaciones. Pues el futuro irremediablemente es de la fuerza juvenil que lleva adelante los procesos, todos sin exclusión, pues el idioma es uno de esos que está en constante movimiento, evolución y ruptura.

Así cerró una conversación que se recordará por siempre, por el intercambio, como se dijo antes, con una de las personas más lúcidas de nuestra cultura, por su claridad y su confidencia con las nuevas generaciones.

 

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