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DEL VERDE CON VERDE AL ARCO IRIS PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 9 de mayo 2012
Escrito por José Martín Díaz Díaz   

Verde VerdeAclaro al lector que este comentario es consecuencia de una polémica a partir de un artículo de Antonio Enrique González Rojas. Mi intención es que pueda ser comprendido sin necesidad de haber leído los anteriores, pero, para más elementos puede consultar aquellos. Y son, por orden:
El panfletario activismo de Verde Verde
(Antonio Enrique González Rojas)
Verde Verde, el grito de un género que calla
(El autor)
Verde Verde, un grito desafinado desafinado
(Antonio Enrique González Rojas)

Creo que la película Verde Verde no necesitaba en lo absoluto de mi defensa, debo confesar que lo que me movilizó a responder a lo dicho por Antonio Enrique fueron los postulados desde los que partía, con independencia de lo que estuviese evaluando.
En mi opinión el hecho de sentirse agredido por lo planteado en el film pesaba bastante en sus valoraciones, así que de paso quería advertir de nuestra susceptibilidad ante el tema de la diversidad sexual y la masculinidad, lo cual puede atentar contra la justeza al valorar una obra.
Prefiero esta vez concentrarme en el tema básico, que deriva de la película pero no es cinematográfico. Aquel que creo alarma a Antonio Enrique y que ha estado presente de una u otra manera en lo escrito por él sobre el particular. Esa especie de rivalidad entre lo heterosexual y lo gay (para decirlo de un modo simple) donde por un lado estarían los heterosexuales, desde lo hasta ahora normado y defendiendo dichas normas y por el otro estarían los LGTB abogando por…
Lo dejo en puntos suspensivos porque esta parece ser la incógnita que provoca la mayor inquietud y mejor dedicarles algunos párrafos. Como bien afirma Antonio Enrique con otras palabras, la acumulación de tensiones termina por explotar y provoca una reacción desmedida por parte de quienes la soportaban. Como una olla sometida a presión a la que le quitamos la válvula. Pero, igual que con las ollas, mientras más alta sea la columna de vapor, estamos más cerca del equilibrio que cuando la olla estaba cerrada y parecía que no pasaba nada. Si demora mucho en calmarse, es evidencia de que hicimos bien en desahogarla a tiempo. Y desde ocurrido el destape avanzamos siempre hacia el equilibrio, hacia el punto cero en que lo de adentro y lo de afuera de la olla se comporte igual.
Las batallas actuales por el respeto a la diversidad sexual deben contemplar el inconveniente de la posible beligerancia desde sus filas, al menos yo no lo entiendo como un arma sino más bien como un mal inevitable. Estas posibles reacciones desmedidas no se deben a hechos remotos que refiera la historia sino a vivencias personales de quienes se están expresando, cosas que les pasaron hace bien poco o incluso hoy mismo. En este instante muchos gays pueden estar siendo objeto de humillaciones y ofensas, por tanto es un poco idílico pretender que acudan a la meditación budista para responder con el comedimiento, la cordura y la estrategia debida. Se pueden ir de rosca, y hasta atacar bajo el mismo principio que condenan. Estas posibles reacciones desmedidas no son señal de envalentonamiento nacido de un poder otorgado, es la reacción instintiva de alguien que se siente muy agredido y no está dispuesto a seguirlo permitiendo.
Creo que a veces se entiende que el CENESEX es el causante de lo que sucede, por otorgarles “mucha ala” a los LGTB, en realidad lo que hace CENESEX es encausar la problemática del modo más justo y adecuado posible. Este apoyo institucional ayuda en cuanto a organización y estrategia, pero los gays no estaban esperando por él, hubiera sucedido de todas maneras, sólo que de una forma posiblemente caótica. Si institucionalmente se propone la divulgación y análisis de estos temas es en busca de una mutua comprensión, de que el destape de la olla sea lo menos traumático posible para todos, por supuesto que tapando el huequito no se consigue. Aunque haya quienes se asusten y pidan el tapón, alegando; por ejemplo, que «la naturaleza humana es intrínsecamente pavorosa».
También dice Antonio Enrique: «…una vez que la heterosexualidad sea derribada de su pedestal, la tentación por ocuparlo y dictar desde tan cómoda cima, será demasiado grande para rechazarla. Negar esto sería refutar la esencia competitiva del ser humano y su incapacidad intrínseca para convivir en armónica pluralidad».
Ante todo, no creo que el ser humano sufra una incapacidad intrínseca de convivir en armónica pluralidad, todo lo contrario, lo intrínseco sería la capacidad de conseguirlo. Somos sobre todo entes sociales y somos plurales. La armonía puede ser mayor o menor pero ineludible, salvando el caso de los ermitaños. Y la armonía no excluye el debate, lo precisa.
Si en algo está ocupado el mundo de hoy, es precisamente en conseguir el entendimiento en aspectos hasta ahora pendientes pero ya primordiales. Afirmar que tal cosa no es posible es decirle a medio planeta que pierde su tiempo miserablemente.
Creo que vivir armónicamente en pluralidad es posible incluso en aquellas cuestiones en los que parece más difícil, porque ya no se trata de un mero asunto de justicia, sino de una necesidad de supervivencia de la especie. No hay motivo más eficiente para la evolución que la urgencia. Si un día tuvimos que bajar de las matas y aprender a caminar en dos patas porque de lo contrario nos íbamos a morir de hambre, ahora se trata de que si no entendemos la inclusión como norma nos vamos todos por el caño. Apuesto a que saltamos, y hay múltiples evidencias de que por ahí andamos.
Asumiendo que la pluralidad sí es practicable, defiendo el derecho a la diversidad, entre ellas la sexual. Y volviendo así al tema, los LGTB no creo pretendan sustituir a la heterosexualidad en pedestal alguno.
El ser humano siente apego por lo que ha dado como verdad por mucho tiempo, que la vida avance pero sin sobresaltos, necesitamos tener garantías de que el mundo cuenta con reglas inamovibles, que el suelo siempre va estar firme. Si todo puede cambiar quizás mañana resulte que nada existe, que todo es al revés y no lo sabíamos. Espeluzna. Así que si algo creíamos con entera convicción y resulta que no era así nuestra alarma retumba. Cuando además no se trata solamente de un criterio propio sino que todos los demás pensaban lo mismo, asusta más, porque esa creencia generalizada debía ser mayor garantía.
La homofobia se alimenta de este miedo irracional al cambio, y nuestro instinto trata de buscarle justificaciones para no sentir que estamos locos. A veces hay quien no se percata que la justificación que ha considerado es igualmente irracional. Esa idea de gays usurpando el poder e implantando una era homosexual donde los heterosexuales serán los perseguidos, yo diría que está en bruto, tan descabellada que parece haber venido de lo onírico al papel sin tomar respiro. Es la representación simbólica del peligro supuesto sin haberle puesto un miligramo de razón. Que Antonio Enrique mantenga esa posible pesadilla como argumento razonado en un trabajo periodístico me hace pensar que su terror es considerable. Es una idea muy desproporcionada con la realidad.
Los LGTB ni siquiera cuentan con el mínimo respeto que cualquier persona merece como ciudadano común, es a esto que se debe su posible insolencia, no a poderío alguno. Es tomar el foso por montaña. Se entiende como insolencia el simple hecho de que se dejen ver, de que digan: existimos. Si aparece un homosexual en cada novela, ese uno cuenta más que los cincuenta heterosexuales que lo acompañan, se le considera toda una invasión. En la vida real el por ciento es muy superior pero la idea es que sean invisibles y ya que no puede ser así, entonces que lo sean lo más posible.
Creer que si algo sale de la cueva a la que lo tenían confinado, y exige su lugar bajo el sol, significa que pretende adueñarse del mundo, sólo cabe en la mente de alguien que siente pánico por ese algo. Pero estamos hablando de humanos, no de cucarachas.
Los LGTB tienen muchas razones para sentirse irrespetados y comportarse de modo desafiante, en la medida que se instituya el respeto por el que se aboga, este resentimiento cesará. También el sectarismo se debe a la discriminación, una vez superada esta, desaparecería aquel. Dejaría de ser un grupo para convertirse en una característica más. ¿Para qué el poder y el poder de quienes?
LGTB ni siquiera es una condición específica sino una multiplicidad, cada una de las cuales guardan entre sí tantas semejanzas y diferencias como cualquiera de ellas con la heterosexualidad. La diferencia que las marca como para agruparse es la marginación. Ese gay prototipo que se enarbola es sólo una manera de cohesionarse simbólicamente.
Igual que puede haber reacciones desmedidas desde los LGTB, también las hay desde la postura contraria e incluso igual me parecen inevitables, algo que debe entenderse que suceda aunque no sea justo. Me refiero a la desmedida reacción de quienes están a favor de lo normado, cuando se encuentran ante una evidencia gay.
Así surgen frases donde si sustituimos el tema gay por el racial sonarían más o menos así: “Yo respeto mucho a los negros, lo único que pido es que salgan envueltos en fundas y no me estén agrediendo con ese color tan inmoral”. Y allá va un debate donde el tipo no entiende cual es la ofensa y sigue diciendo que él está siendo muy respetuoso. Y un día grita “¡He visto un brazo! ¡¿Pero hasta cuando?!” “Y ahora hasta salen en televisión y en las películas. ¡Auxilio! ¡Que intervenga el gobierno y ponga orden en este caos!”
Si parece muy extremo es sólo porque lo estoy extrapolando. Aunque en el caso de Antonio Enrique, su postura es mucho más “comprensiva”, muchas veces esa “comprensión” se entiende como algo digno de agradecer, una prueba de que se es inclusivo, que lo único que se exige es no exagerar. Sí, hay exageraciones por parte de los LGTB, pero otro gran número de veces la supuesta exageración es una interpretación equivocada, porque utiliza como vara de medir una visión prejuiciosa y discriminatoria.
Sobre la trama del filme, a veces me parece que Antonio Enrique vio una película y yo otra. En la cinta Verde Verde que yo vi, ninguno de los dos personajes era heterosexual, la diferencia estaba en que uno asume su condición y el otro prefiere negarla, y es precisamente el fervor puesto en esa negación el que lo conduce a la criminalidad. La culpa está en la hipocresía y el culto a la masculinidad. Allí no había heterosexual alguno, ni como víctima ni como victimario. Carlos no se convirtió. Creo que la escena más agresiva en lo moral de la película, deja muy bien aclarado el punto.
Tal vez lo que lleve al crítico a asumir esta posición sea el otro miedo irracional de la homofobia, que es el de esta supuesta posible conversión. Es como quien pasea a poca distancia de un precipicio pero la suficiente como para que no exista posibilidad de caerse. Lo que le asusta no es la probabilidad, que en este caso es nula. Lo que lo hace tragar en seco es la espeluznante idea de caer, ante la cual no le sirve el razonamiento. Usted pasee tranquilo, que aparte de que no tiene por qué caerse, ni siquiera hay precipicio. Quién le dio esa apariencia fue un señor llamado Patriarcado que se las pasa asustando gente por ahí.
En cuanto a la pregunta de Antonio Enrique de «¿Cómo estoy de acuerdo con el proselitismo si considero que  ser gay es una condición y no una secta ni un partido político?» Ya lo había respondido antes. Este proselitismo estaría encaminado a reivindicar el derecho a cualquier orientación sexual. Como parece que no quedó claro, lo explico entonces mejor: Ser gay es una condición, pero estar de acuerdo con ese derecho es una postura, una toma de partido, que además no exige ninguna condición. Es lo segundo lo que puede pretender este proselitismo.

 Nota al margen: quería acotar, que: http://www.diversidadcenesex.blogcip.cu no es un blog mío, como parece haber creído Antonio Enrique, sino un sitio de CENESEX. Muy conocido, además, donde yo apenas publico de vez en cuando. Me temo que la palabra blog pudo haber provocado el malentendido, supongo que siempre tratándose de alguien que no visita este lugar de la Web, al que puede accederse incluso desde la Intranet. Me sorprendió un poco que fuese el caso de Antonio Enrique para quien la diversidad sexual y los modos en que se asumen las batallas en su defensa es un tema que lo convoca con bastante frecuencia. De lo cual me alegro mucho. Invito al lector y de paso al propio Antonio Enrique a visitarlo. Allí, además, se pueden hacer comentarios sobre lo publicado. Este mes de Mayo se celebra la Jornada Cubana contra la homofobia, la provincia elegida para celebrarlo es precisamente la de Antonio Enrique. No es alevosía sino pura coincidencia. Que en Cienfuegos haya manos estrechadas será una victoria para todos. A los LGTB mientras más se les conoce menos se les puede seguir agrediendo. Y esto es beneficio para ellos y también para quien agredía. Se liberó de un gran peso. Propongo el experimento.

 

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