Uno de los cortos que abrieron la noche inaugural en el Festival de Cine Pobre en Gibara fue Split Screen, realizado por J. W. Griffiths en varias ciudades con una característica novedosa: todas las imágenes fueron filmadas con celulares. Cine hecho a través de celulares es una de las manifestaciones de cómo las tecnologías cambian el imaginario y las concepciones de cómo hacer arte con imágenes en movimiento, y responde a las mismas inquietudes y al mismo panorama tecnológico, social y cultural que provocó y vio nacer al Cine Pobre por Humberto Solás: cine de escasos recursos --que no de ideas-- y la necesidad de asumir pluralidades no mostradas por las industrias de cine.
Y lo de usar celulares no es lo único especial en Split Screen, porque en él las imágenes manipulan acertadamente la técnica de pantalla partida en dos, donde el mensaje se completa en una sugerente dualidad. En pocos minutos, similares pero distintos escenarios se suceden y se completan uno al otro, pues donde comenzó un árbol terminó el otro, sin dejar de ser nunca un único árbol… o dos. Vaya, es como si le viera el dolor de cabeza al editor, o la cuidadosa planificación de cuándo y dónde accionar la cámara… del celular. Quizás en la filmación no se escuchó definitivamente la frase: !luces, cámara y acción!, pero a la inventiva resultante no le hizo falta.
Para desarrollar más estos caminos «telefónicos» a la creación, en Panamá se realiza desde el año pasado el Cell Fest, un evento que adopta la tecnología celular como forma de hacer cine. Su fundador, Luis Palomo, es un holguinero, gibareño además, que estudió cine en Ohio, Estados Unidos, y que presentó el corto ante el auditorio del Cine Pobre. En medio de recuerdos de la Gibara que conoció cuando niño, Luis Palomo afirmó que las facilidades tecnológicas pueden hacer del cine una forma de expresión tan accesible como la escritura, para la que sólo necesitamos algo qué decir y la manera de hacerlo.
¿Por qué usar el celular para hacer audiovisuales?
Quiero extender el concepto de celular, porque se usa de forma práctica para, digamos, los cumpleaños de los niños, pero ya teniendo un concepto detrás de la técnica entonces se puede hacer cualquier cosa. El celular democratiza el cine, ya hay largometrajes hechos en celulares y los teléfonos nuevos sacan cada vez mejores cámaras. En los países de Latinoamérica es muy importante cuando la gente no puede pagarse una computadora, así que ha tenido esa función democratizadora.
Pienso que para el año que viene Gibara tiene que incorporar los cortos hechos con celulares porque es una oportunidad sobre todo para la juventud de usar el teléfono en la creación. Sería un reto entonces a la juventud. Antes yo usaba para filmar unas cámaras grandes, con 8 o 10 cajas para los filtros, por ejemplo; ahora la cámara me cabe en una mochila y ese es mi equipo de filmación. El celular es casi lo único que necesitamos.
¿Serían videos experimentales o lo llamaría cine con total propiedad?
Es que ha cambiado tanto la tecnología… Antes el cine se hacía en celuloide, ahora está la tecnología digital. La cámara ya no es ese aparato enorme para el que hacía falta mucha gente, sino que ahora es totalmente portátil. Se pueden hacer videos experimentales, que pueden ser prácticamente cualquier cosa, pero también se puede hacer el cine según estándares incluso más clásicos y eso no demerita el arte cinematográfico. Yo creo que pronto le vamos a dejar de decir experimental al cine hecho a través de medios alternativos como el celular.
También hay otra cosa. El celular ha sido un instrumento social muy importante, incluso en movimientos de lucha social que se han gestado desde las redes sociales, desde los teléfonos. Muchas de las noticias que se ponen en los noticieros son de personas que los captaron en un celular y los mandan a las estaciones de televisión. O sea, que ya hay ciudadanos comunes convertidos en reporteros, ¿por qué no en cineastas? Eso hace cinco atrás no se podía soñar.
¿Qué le parece estar en el Cine Pobre de Gibara?
Nací en Holguín, luego estuve en Puerto Rico, Panamá…, y en Panamá me fue muy bien como cineasta de publicidad. De Gibara tengo recuerdos de muy pequeño, cosas y detalles que sin embargo recuerdo muy bien. Son recuerdos de esta brisa y como de un cine viejo. Hasta ciclones pasé aquí en Gibara, así que venir ahora después de tantos años es especial para mí, y mucho más si es en medio de un festival tan maravilloso como este.
¿Qué lo llevó a fundar el Cell Fest?
Es excitante por las posibilidades que te da para la creación. El año pasado tuvo un éxito grandísimo y vamos a por la segunda vuelta, del 28 al 5 de mayo precisamente. El Cell Fest se inserta dentro del Festival de Cine en Panamá y este año tenemos Conciencia social y Conciencia ecológica, dos categorías que tienen mucho valor intrínseco para la juventud porque los pone a pensar en los horrores que pasan, pero también en cómo proponer soluciones desde una visión personal y única.
Split Screen fue uno de los cortos concursantes en la categoría de ficción, del cual son jurados Michel Rowe, director y guionista australiano; el español Luis Eduardo Aute, compositor, escritor y realizador audiovisual; Ramiro García Bogliano, director y guionista de Argentina; y de Cuba; el director de fotografía y realizador Rafael Solís. Aunque finalmente no logró premios o menciones a destacar en un medio de prensa, sí creo que abrió puertas a la creación de tantos cineastas y de quienes quisieran serlo, a quienes quizás sea más fácil agenciarse un celular, que una cámara. De todas formas, si tiene celular: haga cine: siempre habrá público para el estreno.
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