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SOMOS ¿MUERTOS VIVOS? PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 30 de mayo de 2012
Escrito por Yoel Almaguer de Armas   
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Dicen por ahí que el mundo se acaba el próximo diciembre. Dicen que moriremos todos y punto. Nadie cuenta cómo será la muerte de tantos mortales. Posiblemente nadie ha pensado en tantos mortales cubanos y quizás ninguno de nosotros sepa que desde hace tiempo vivimos muertos. Somos muertos conscientes y vivimos conscientes de nuestro «silencio» y de la vergüenza ajena. Entonces, somos muertos dobles, triples…
Los muertos no tienen sentido de las cosas. Y así nos comportamos: sin pena, como si la vida fuera un segundo. Y unos segundos dura lo que nos ha convertido en muertos. Ella, la música regguetonera de los últimos tres años nos ha acostumbrado a nuevos estilos de vida, nuevas formas de pensar, de proyectarnos, de sentirnos diferentes. Hemos cambiado mucho y en esos intentos de superación precaria se nos ha olvidado quiénes somos, qué somos y a dónde vamos.
El niño, porque el hermano mayor llega de la escuela pidiendo «playa-playa piscina-piscina», la mamá, porque se alegra de ver cómo su pequeño menea la cinturita cuando escucha «a que me hago el yonqui», la vecina, porque estar fuera de ambiente es algo ridículo y porque las pistas reclaman al Magnífico con eso de que «lo mío es muchachita y alcohol».
Seríamos ignorantes si viviéramos de espaldas a la realidad. ¿En qué fiesta casera o entre amigos se bailan o se escuchan las canciones de Silvio, La Original de Manzanillo o María Elena Lazo, si es que la conocen? Y no es sinónimo de incultura, es propio del espacio y el tiempo que nos ha tocado.
A los jóvenes de hoy les gusta el perreo con los mejores regguetoneros del patio. Mejores no, con los que tiene cierta capacidad para ingeniar productos musicales que les garanticen poder económico, con los músicos que valoran más el ritmo que la letra, la plasticidad de los videos clip que el propio contenido de ellos. Esos somos muchos de nosotros, consumidores de mediocridad, sencillos y ciegos, como los muertos.
Pero claro, «para escoger se han hecho los colores» y seríamos injustos si intentamos oponernos al boom del siglo XXI. No me preocupa tanto lo que se hace, sino el futuro que tendremos con eso que se produce en el presente. Algunos, crecimos con las canciones que escuchaban nuestros padres cuando cansados de tanto andar, llegaban a la casa y tarareaban cualquier cursilería ridícula hoy, para quienes miran el pasado con los ojos a medias y la frente arrugada por la pena o la desdicha.
Orgullosos de su propio tiempo también viven los seguidores del Chacal, por citar solo un ejemplo. Él, impresiona por querer abarcarlo todo sin haber alcanzado algo. Primero promociona Diciembre que si bien no fue lo mejor, al menos fue un buen intento, pensé, para cambiar formas de hacer. Hoy escucho «eso que tu tienes no se quita con dipirona, la pastilla que te gusta a ti es la meteteloenterona», y me doy cuenta que él, sencillamente, muere varias veces sin darse cuenta.
Sucede igual con todos los que incursionan en el género. Primero ridiculizan a un grupo de mujeres que sin tener noción de lo que hacen, tampoco encuentran relación entre baile y el dramatismo de la canción si es que se piensa en este término. Luego, se presentan en los lugares que otras agrupaciones desechan por falta de interés. Al final son felices cuando «sus seguidores» les acompañan en las melodías. ¿Seguidores o gente acostumbrada? ¿Seguidores o falta de espacio para los jóvenes? ¿Seguidores o fanáticos engañados por el desconocimiento?
Es de mortales esperar un futuro objetivo donde «bajar al pozo si no hay hierba en el jardín» sea una utopía, donde tener que «darte piso» sea solo un lapso de momentos, que decir «hay una pila de ratones puesto pá mi queso» sea además, uno de esos errores que escribimos los seres humanos cuando nos contagia el deseo de hacer algo, cualquier cosa.
Ojalá y un día cuando a los que nos siguen en edad , les llegue un reggaetón menos pornográfico, mejor pensado, un producto musical que pueda cantarse en cualquier esquina, un Osmani García capaz de entender que su música es buena mientras menos superficial sea, que componer una melodía lleva su tiempo, que perfeccionarla es más complejo aún, que la música es el idioma universal y por ello las personas merecen respeto, que pensar en vender tu propio trabajo es de mentalidades pobres, que la fama es enfermiza y que se puede ser eterno, que se puede vivir aunque el tiempo pase, porque alguien dijo que la memoria solo guarda lo que merece ser salvado. Mientras, habrá que pedirle otra oportunidad al destino, otra, otra ¿y otra?

 

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