El Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz, abrió sus puertas este domingo 13 de mayo a La Oncena Bienal de La Habana, con la muestra Creaciones compartidas, que reúne obras de 19 artistas cubanos y foráneos, aunadas por la intención de potenciar la participación lúdica del público en las mismas. Esta vez en el espacio expositivo confluyen los más diversos medios de expresión artística --que invaden sitios como la Galería, el Túnel, el Salón Central, y la rampa de acceso al Pabellón-- pero prevalecen las obras que estimulan la recepción activa del espectador, lo cual responde coherentemente a la concepción de esta bienal, dedicada a las prácticas artísticas y a los imaginarios sociales. De acuerdo con sus curadores, Rewell Altunaga y José Manuel Noceda, la muestra evalúa el comportamiento de los imaginarios sociales --entendidos como el cuerpo de referentes histórico-culturales a través de los cuales la gente imagina y modela las colectividades y la esfera pública-- y dirige sus presupuestos hacia el consabido ciclo de producción circulación y consumo de la obra de arte. Dentro de las obras interactivas se destacan las videoinstalaciones Juicio, de Aluan Arguelles --donde el movimiento de los espectadores dentro de una cabina de proyección determina el desenlace de la historia narrada en la misma; Calle, de Mauricio Abad, en la que los gritos de los visitantes da color a lo proyectado; Paranoia, de Susana Delahante que consiste en proyectar un video en vivo de quienes se detengan ante la pantalla. Asimismo, ADN, proyecto colectivo del grupo dominicano Quintapata, logra ubicar una práctica colectiva como mascar chicle en el ámbito de la responsabilidad colectiva, y al mismo tiempo convierte esa actividad en una huella del paso humano, a través de la entrega de chicles a los visitantes para que luego los peguen en las paredes donde se proyectan simultáneamente cuatro videos. También de carácter lúdico son las puertas detectoras de personas, situadas en sitios de acceso al Pabellón, que conforman la instalación Sospechosos, del artista español Cuco Suárez, la cual se relaciona conceptualmente con la pieza de Delahante al centrarse en las paranoias de persecución del hombre contemporáneo, que pierde su privacidad ante la tecnología. De igual modo resulta de interés la cabina con proyección de obras audiovisuales de artistas latinoamericanos invitados por Cristian Segura, compiladas en DVDs, los cuales, además, se distribuyen de forma gratuita; el videoperformance The Journey, de Rewell Altunaga; y la videoescultura Vértigo, del artista alemán Haubitz+Zoche. En otro sentido, dentro de Creaciones compartidas existen también llamativas instalaciones como Con todo el gusto del mundo, de Grethel Rasúa --que desacraliza elementos tomados tradicionalmente como escatológicos, al usarlos para confeccionar objetos utilitarios o estéticos-- y Setamancos, de la brasileña Lia Chaia, que también apela a la participación activa de la audiencia. Los curadores seleccionaron al Pabellón Cuba por prestarse como laboratorio para observar esas interacciones comunicativas, puesto que ha devenido en un centro funcional que acoge a diferentes proyectos culturales y, por tanto, una de las plazas más fuertes de la capital. Creado en 1963, constituye uno de los emblemas de la arquitectura cubana posterior a 1959 y fue una de las sedes de la Primera Bienal de La Habana, en 1984. Sin dudas, Creaciones compartidas reduce la distancia entre las obras de arte y sus consumidores, al apostar por creaciones artísticas más participativas, en las cuales el receptor deviene en sujeto activo del proceso.
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