Osdany Morales es un autor que prefiere no dar definiciones ni resultar sentencioso. Quizás por ello resulte difícil entrevistarlo, pues sus respuestas en lugar de esclarecer preguntas, tienden a convertirla en una cámara de ecos peligrosa que se bifurca hacia otros temas, muy alejados del cometido primero. Osdany, ganó el Premio Alejo Carpentier 2012 de Cuento, que silenciosamente lo confirma como un autor imprescindible a la hora de hacer el recuento de este género en Cuba. Muy joven ganó el Premio David en el año 2006 por el volumen de relatos Minuciosas puertas estrechasPapyrus (Ediciones Unión, 2007), y luego el importante Premio Internacional de Cuento Casa de Teatro 2008. Ahora, con , el libro ganador del Carpentier, Osdany une su nombre al de Ángel Santiesteban, Pedro de Jesús, Aida Bahr, Laidi de Juan, Jorge Ángel Pérez, Rafael de Águila, Ernesto Pérez Chang y a textos como Los hijos que nadie quiso, La sobrevida (algunos relatos), Ofelias, La hija de Darío, En la Habana no son elegantes, Del otro lado y El arte de morir a solas, todos antecesores de este nuevo libro de Osdany Morales, sobre el que decidimos conversar, y que necesariamente tendría que girar en que mi entrevistado era el autor más joven en ganar este importante galardón.
¿Crees saludable comparar Papyrus con el estilo del Alejo Carpentier narrador? Trato de no hacerlo. El premio como homenaje a un escritor fascinante, de tanto peso en la literatura latinoamericana, hace que recuerdes también el modesto lugar que tú ocupas, como sucede en la última película de Woody Allen, Medianoche en París, en donde un escritor contemporáneo recorre el tiempo y puede conversar con sus padres literarios. Sería más provechoso, por ese camino, preguntarnos qué pensaría Alejo Carpentier de los Premios Alejo Carpentier. ¿Cómo los leería?
Minuciosas puertas estrechas en el cual se aprecia una igualdad en el cuidado del estilo, ganó el Premio David de Cuento en 2006. ¿Dirías que Papyrus traza una línea de continuidad en tu obra? Es posible que puedan encontrarse varias conexiones entre los primeros relatos y ciertos argumentos que se mueven por este, pero podría decirse que este no ha sido un proceso consciente. La continuidad de una obra podemos considerarla a veces como un posicionamiento de lectura: al leer un texto tú actualizas una interpretación y desde ahí mides las próximas entregas de ese autor, pero a veces están muy distanciadas. Aunque existen temas que me imagino reaparecen --y seguramente seguirán haciéndolo--, creo que ese interés propio y personal por una experiencia literaria termina con Papyrus. Es decir, noto que lo que estoy escribiendo ahora se va administrando de otra manera. No volveré a escribir un libro titulado Minuciosas puertas estrechas. Te lo prometo.
El jurado del Alejo Carpentier 2012 que premió tu libro Papyrus destacó en él una limpieza en su escritura poco común para la narrativa cubana contemporánea. Al escribir un cuento te preocupa el tema de la forma o el contenido. En la ficción, tal como me gusta leerla, la forma y el contenido no suelen ser categorías independientes. El género cuento ha sufrido por mucho tiempo el peso de ser considerado una forma terminada. En cualquier caso, no considero que Papyrus sea, en rigor, un libro de cuentos. También lo es, seguramente. Pero ojalá que al mismo tiempo pueda ser leído como una novela, como un cuaderno de apuntes, o en último caso como un mecanismo que genera sus propias ficciones. Cuando terminé el libro percibí que lo había escrito como una despedida al libro objeto tal como lo conocemos. Especialmente, con cierta nostalgia por la experiencia de la lectura, de la materialidad de un volumen y otros hábitos que están por ocupar otro plano que llegará creo, con la consagración de nuevos formatos.
Trae este nuevo libro algunos temas recurrentes en tus cuentos: el lenguaje transmedia y la presencia del cine, la experimentación en las formas narrativas… La experimentación siempre debería estar presente en todo nuevo libro. Cada hecho literario merece ser una apuesta por aquello que su autor entienda por literatura. Si ese concepto, la idea de lo literario, es externo a la creación de la obra, es muy probable que nos encontremos entregando al lector un texto ya agotado.
Eres arquitecto de formación y en algunas de nuestras publicaciones como Dédalo y La Gaceta de Cuba has expresado tus opiniones acerca de esta profesión. ¿Cómo sigues viendo su escenario? La arquitectura es el oficio de la paciencia. Es un espacio que cruza de un plano de la realidad a otro. Las ciudades ya están, de una u otra manera. La gente no tanto. Cada vez encuentro más parcelas vacías.
¿Podrías trazar un itinerario de la manera en que se inscribe Papyrus en la literatura que se está publicando ahora mismo en Cuba? Voy a usar la rabiosa recomendación de Lamborghini: «publicar sin escribir». Prefiero imaginar este libro inscrito en una literatura que se está leyendo, más que en aquella que se está publicando. Modestamente, espero que algunas de sus zonas permitan visualizar otras literaturas, mucho más atractivas que Papyrus, y de las cuales el libro no sería más que un intermediario.
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