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Yoan Capote tiene muchas cosas por decir aún. Puede que las artes nunca le alcancen para contar más, para callar, y en silencio decir cuanto quiera. Puede que esas cosas sean eternas y que la Galería Habana, siempre, sea fiel a su creación. Pero Yoan nunca escapa de la realidad. En él, pocas cosas cuelgan de lo subjetivo. Ahora juega con el tiempo y el espacio de los humanos, con el caos y el futuro convertido aquí, en un protagonista esencial. Totalitarismo advierte, no presume, porque entre candados y puertas cerradas quedará el destino de quienes tengan la llave, una sola llave para abrir abismos diferentes, complejos, atormentados; candados convertidos en personas que van y vienen y que conscientes de sí mismos les sobresaltan las adversidades del día a día. Probablemente hasta el próximo diez de junio la calle Línea del Vedado habanero encuentre cualquier protagonista de la historia de Yoan. Algunos de ellos desconocerán que en el caos también es posible la vida en la Tierra, que las cosas tienes ciertos límites y que nada es eterno. Una vez más, el artista ha apostado por problemáticas actuales, por trascender a la contemporaneidad, en esta ocasión, inspirado en lo impredecible para arribar a un caos que sin dimensiones específicas, descubre un después convertido en arte. Yoan Capote tiene muchas cosas por decir aún, pero mientras el tiempo cumple su función, el caos, los candados y una llave, dirán lo quieran y como quieran, sin formalismos algunos y desde su “altura”, como su autor.
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