|
Hace unos meses reseñé para la prensa un proyecto, que se ha materializado en el contexto de la Bienal bajo el título Part Time. Organizada por estudiantes de Diseño Escenográfico, la propuesta ha quedado emplazada en el mismo sitio que se habían planificado inicialmente. El inhabilitado edificio de Elsinor, en la Facultad de Arte Teatral, acoge la versatilidad audiovisual de obras de Sergio Marrero, Lisandra I. García, Francisco Masó, Amanda Linares, Yoanis Rigo, Alejandro Figueredo, Victor M. Ortega, Nestor Siré, Alejandro Dopico, Alisa Peláez, Williams Lezcano, Osmara Alberteris, Salomé García, Edislen Escobar, Darel S. Traba, Hector Laza, Rocío Pavón, Nicolás Sánchez, Pedro Ocejo, Irán Hernández, Rolando Talléz, Dorian Agüero; Alejandro Barreras, Onelio Larrable, y Yolanda Hernández. El compacto equipo de jóvenes artistas, debatidos entre discursos que no rivalizan entre si, por su amplio espectro de propuestas, resulta un microcosmos contenido en el hermético edificio que aguarda por su restauración. Mientras tanto, la temporal ocupación de sus espacios le garantiza, a él y sus nómadas expositores, un atisbo de esperanza por manifestarse activamente. En el edificio de Artes Visuales, por su parte, varios estudiantes y profesores poseen espacios individuales de exhibición, sin considerar la ocupación colectiva de otros nichos, a los que dedicaré futuros comentarios. Capital, en la que su creador Reinaldo Echemendía, ganador de la Beca de Creación Estudio 21 / 2010-2011 del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, ha acomodado lingotes de asfalto sobre parles de madera, como si se tratara de barrotes de oro, detenta el recinto del Aula Oscura. Casi en frente suyo, en una pequeña dependencia semicircular de la Galería de la Facultad, Ana Laura Tamburini se recrea en un espacio íntimo (Intermedios), suerte de ambientación para un recodo de su intelecto, con diminutas “tenencias” procuradas de su discurrir espiritual. En el Baño-taller, orquestados por Ruslán Torres, estudiantes mexicanos y cubanos desarrollan el taller de Arte-conducta MM+TAE. Amauta García, Adrián Monroy, David Camargo, Daniel Godínez, Gerardo Cedillo, Ivelin Meza, Ernesto Peña, Evelyn Aguilar, Camilo Mantilla, Leticia Morejón y Rafael Villares, subvierten hasta lo imposible cuanto de procesual contenga la creación de sus participantes. “Protocolo”, de Rigoberto Díaz Martínez, ocupa una porción de los pasillos del edificio, con pomos de agua envasada desde humificadores instalados en espacios dedicados a grandes eventos oficiales. ¿Esto no es una pipa?, de Gabriel Cisneros y Osvaldo Ferrer, cuestiona la validez del arte desde una réplica tridimensional de la Gioconda, en la entre cúpula de Restauración. Articulando fachadas, de Lizandra Rodríguez y Aylén Russinyol, corta, con un curioso biombo, la circulación peatonal de un sector techado de los pasillos. Proyecto Land, de Glenda Salazar, metaforiza los vínculos de Cuba con el mundo, en bandejas móviles que contienen tierra de diversas sedes diplomáticas en la isla, y en las que crecen acelgas, que serán consumidas al término de la Bienal. En recintos del Edificio Central, Carlos Raúl Aguilar nos propone Cuba año 1981; mientras Alberto Lorente, Manolo Castro y Julio Lorente, con He, nos proponen a un Osama Ben Laden yaciente. En el gimnasio del Instituto se reedita Harterofilia, por un colectivo de tercer año de Plástica. Pronto vuelvo al ataque con otras propuestas. De momento, acérquese al ISA para que aprecie algo más de lo que les cuento.
|