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EL DESEO DE JOHN (JUAN) LENNON PDF Imprimir E-mail
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Agendas - agenda 20 de julio de 2012
Escrito por Susana Gómez Bugallo   
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«He's a real nowhere man,
Sitting in his nowhere land,

Making all his nowhere plans for nobody.

Doesn't have a point of view,
Knows not where he's going to,
Isn't he a bit like you and me?”
»

(Nowhere man, Paul McCartney y John Lennon)

No sé si John Lennon realmente no querrá estar en el banco de 17 y 6. Pero los hombres de ninguna parte (Nowhere man) siempre están en todos los lugares donde se les recuerda o idolatra. Quizá Pepe (o Peter) Piñeyro no se lo imaginó. O creyó en la ofensa del Beatle por el tiempo en que en Cuba las personas eran censuradas por escuchar All You need is love. Quizá John lo perdonó. Quizá no quiera que los que amamos la música de «los cuatro de Liverpool» dejemos de rendirle homenaje a nuestro héroe. Nadie sabe la respuesta. Piñeyro prefirió apostar por la negación del más sardónico de The Beatles a sentarse en el parque de 17 y 6 donde, es cierto, se aparecen muchos a perturbar su calma. Es probable que John no permitiera eso en vida. Su forma de ser, tal vez (lo más seguro) detestara toda aproximación tan calurosa como la que acostumbramos los cubanos. La música como religión universal lo perdona todo. Lo une todo. Lo salva todo. Confieso que el parlamento en que la estatua de Lennon confiesa su inconformidad con el lugar que ocupa en Cuba fue lo único que me incomodó de esta obra.
La Historia
de Juan Lennon llegó al pequeño Café- Teatro Bertolt Brecht a repletar su espacio de un público que encuentra como motivación la beatlemanía o el dolor que marca a casi todos los isleños con la emigración. La obra tiene de todo eso enormes dosis. El dolor de los frikis reprimidos y perseguidos por ser ellos mismos. El amor y la nostalgia por los años pasados que siempre fueron mejores o al menos más auténticos y sinceros. Con Juan en Estados Unidos por su «expulsión» en el 80 por el puerto del Mariel, llegó a su vida la droga y las enfermedades y a la de su gran amor Carmela, la infidelidad con otro hombre padre de su único hijo. Un hijo que se vio frustrado entre ellos por la separación de catorce años. ¿Causas? La desesperanza de Juan por un mañana mejor (que al fin llegó en Cuba). Los errores cometidos en nuestro país en tiempos en que el diversionismo ideológico contemplaba entre sus síntomas escuchar música norteamericana. La intolerancia y falta de adaptabilidad de Juan al entorno que se movía en la Isla por esos años. Rebeldía.
Como acierta el maestro Fernando Pérez al comentar la historia de la obra, de la cual fue parte como artífice de hacer realidad el sueño de Piñeyro (compañero de trabajo en el ICAIC emigrado años atrás): «La representación de La Historia de Juan Lennon en este verano habanero del 2012 tendrá (como toda obra artística) múltiples lecturas y aproximaciones, pero su sensibilidad y sentido siempre nos recordarán la sonoridad del piano y la voz de John Lennon cantando, cantándonos Imagine».Y de esto se encarga la banda de rock Miel con Limón, ganadora del gran premio del Festival de Artistas Aficionados de la Universidad de La Habana. Estos muchachos, comandados por el músico y conocedor de los buenos acordes, Juan Carlos Rivero (Moncada) como director musical y responsable de la música incidental, regalan un fondo melodioso que es mucho más que eso. En la vida de una persona que ama los acordes (y en cualquier otra historia también) nada hay más definitorio que una canción para marcar el devenir de los años. Y la vida de Juan (rockero y soñador empedernido que deviene en inadaptado, fracasado y frustrado) transcurrió inolvidablemente para el público entre las notas de Oh My love; Yellow Submarine; Lucy in the Sky with Diamonds y All you need is love.El último deseo del cubano: que sus cenizas se esparcieran alrededor de la estatua de su ídolo en el parque capitalino, funge como motor impulsor de la historia de su vida que será contada a través del flashback que se produce ese 31 de diciembre en que llega su esposa con su encargo y se duerme en el banco donde el Beatle contempla críticamente la realidad cubana.El reencuentro de Carmelina con el espíritu intranquilo de su amado y perdido tormento y los diálogos con la escéptica estatua, más el protagonismo constante de la interpretación de la mencionada banda de temas de Lennon y McCartney, en el año de su cincuentenario, conforman la trama de esta obra de Teatro de las dos orillas, dirigida por Enriquito Núñez Rodríguez y escrita por un autor cubano residente en Miami.El trabajo, siempre cercano y lejos de parecer actuación para acercarse más a la realidad, de Mariela Bejerano (Carmela) constituye una rica dosis de cubanía. El talento y nivel de interpretación de Michel Labarta (estatua y Juan) se une a la experiencia camaleónica de la actriz para regalarnos un ambiente de complicidad con los conflictos de la pareja y la Cuba de hoy y ayer.
Un final emocionante entre los acordes (en vivo y grabados) de Hey, Jude y las imágenes inéditas del concierto homenaje realizado por varios artistas en 1990 en el parque John Lennon, invita a los espectadores a reconciliar desavenencias por la música. O al menos así lo sentí. Fernando Pérez enunció la libertad de interpretación de la pieza. El arte es libre de colarse en el sentir de cada cual y fungir a su antojo.

«Es un hombre de ninguna parte, sentado en su sitio de ninguna parte, haciendo sus planes para nadie. No tiene un punto de vista. No sabe hacia dónde va. ¿No es un poco como tú y yo?» (Atrevida traducción del tema de John y Juan)

 

 

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