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En muchos casos, hay un único instante para detener el lente, decidir el encuadre perfecto, apretar el obturador…, obtener una imagen. Un momento sólo comparable en lo fugaz como ese en el que una persona deja ver lo que piensa, lo siente, o lo que es. Quizás ambas brevedades se den la mano --y buen apretón hasta el 22 de julio en la Galería del Cine Riviera de La Habana-- en la exposición fotográfica de Oscar Wilson Trujillo.
«Soy peruano pero me considero más un latinoamericano. Viví algunos años en México, diez años en Nicaragua y llevo viviendo trece años en Cuba. Siento que he recogido bastante de Cuba. De hecho, sólo una foto de esta exposición no es tomada aquí en Cuba, El amor en los tiempos de otoño, que la tomé en Madrid. En general son fotos que he tomado en un par de años. Es la primera vez que se exhibe, aunque algunas sí han formado parte de otras exposiciones, pero así con esta temática completa es la primera vez que expongo Rostros del amor». Ya poner “amor” en el título es una presentación difícil, porque pareciera después de tantos descomposiciones que las utopías amorosas están pasadas de moda, relegadas a…sí, instantes. Cuando sobre todo la fotografía ha privilegiado estéticas menos --y sobre todo no-- edulcoradas, que rozan o se adentran en los extremos de lo inusual, sorprendente o conflictivo, un ensayo fotográfico sobre lo más apacible del amor es por lo menos interesante y --¿por qué no?-- hasta refrescante. En las fotografías de Oscar Wilson además, el discurso se apoya en el amor de dos, es la pareja el personaje de todas las imágenes en diferentes demostraciones afectivas; acentúa la imagen entonces más que el amor como concepto la posibilidad y necesidad de ser correspondido.
La pregunta obligada: motivaciones… El hecho de que andando por las calles siempre busco algo que mostrar y lo que muestro es lo que veo, y aquí se ve mucho las parejas en las calles, de toda edad, de toda etnia, de toda preferencia sexual. Entonces me dije: «es una buena idea», y más todavía porque yo creo que nosotros somos no sólo este cuerpo, sino esencialmente lo que llevamos dentro, una persona que llevamos dentro. Y esa persona suele aparecer por instantes en alguna expresión de nuestro rostro y eso es lo que he querido captar con la cámara, esos instantes en que nuestras personas aparecen en nuestros rostros. Son instantes solamente y son los que quiero captar con la cámara.
Recurrente el malecón habanero… La mayor parte de las fotos son el malecón, y es que el malecón habanero es una suerte de hábitat de las parejas y es ahí donde he encontrado la mayor cantidad de parejas que muestran ese instante único.
En blanco y negro unas, otras a color… Tomé algunas a color donde el color me decía algo. Por ejemplo, en Una pareja original quise el color para esa alegría que hay en la foto, en sus rostros; en Horizonte norte el color destaca que son jóvenes y que están mirando al mar, porque la emigración es un tema que preocupa. Son fotos en las que, en muchos casos, el mar es muy importante y necesita el color para destacarlo así. Por otra parte hay fotos en blanco y negro porque eso destaca precisamente los rostros, le da esa primacía a la expresión que yo quería para la idea fotográfica. Diferentes expresiones de esa idea son Una pareja original, Un niño lo cambia todo, Besos: una pareja de ancianos (los únicos que sonríen expresamente ante la cámara), mamá y papá en un parque (el niño de brazos más que verse se intuye), y una pareja de jóvenes gays a los que también pertenece el hábitat amoroso del malecón habanero.
Otra pregunta obligada: luego… Ahora estoy preparando otra exposición que se va a llamar Esperando la guagua, que quizás no sea tan grata como esta…
Me imagino… Pero que igualmente se va a centrar en recoger esas expresiones de los rostros, ese instante único.
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