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Agendas - agenda 3 de agosto de 2012
Escrito por Duyanah Alí   

HeminwayEn la entrevista de George Plimton a Ernest Hemingway (1899-1961) este último afirmaba: «El viejo y el mar(1) pudo haber tenido más de mil páginas e incluir a cada uno de los personajes de la aldea y todos los procesos de cómo se ganaban la vida, como nacían, se educaban, tenían hijos, etc.». Si Enrique Serpa (1900-1968) se hubiera hecho una pregunta similar con respecto a su cuento La aguja, tal vez habría contestado lo mismo.
Según contara Hemingway por allá por 1936, la historia del viejo y la aguja la había conocido gracias a Carlos Gutiérrez, patrón del Pilar, sin embargo, ya en 1925 Serpa había publicado el libro de cuentos Felisa y yo, en el que aparece La aguja, relato donde se narra la historia de un viejo que lucha contra una aguja descomunal que se resiste a ser pescada, y no es hasta el otoño 1952 que Hemingway saca El viejo y el mar, Premio Pulitzer 1953, y debido al cual recibe en 1954, el Nobel de Literatura.
Con estas aparentes ingenuas coincidencias en la obra de ambos escritores, se coloca sobre la mesa un tema no atendido por los estudios críticos. Las semejanzas entre las novelas y cuentos de Serpa y Hemingway superan este caso particular, y se encuentran extendidas en toda la producción literaria de los dos intelectuales.
Serpa a lo más que llegó fue al Premio Nacional de novela con Contrabando(2), obra considerada por Manuel Cofiño «‘una de las más interesantes y vigorosas novelas escritas en Cuba, indiscutiblemente nuestra mejor novela de mar»(3).
Pero como en la vida literaria de Serpa siempre estuvo la sombra de Hemingway y viceversa, el norteamericano publicaría en 1937 Tener y no tener.(4)
Enrique Cirules, en una conferencia dada el 6 de febrero del 2010 en La toma del cuento(5), afirmó que Hemingway pasó un buen tiempo interesado en conocer a Serpa, y que el día que le estrechó la mano le dijo: «¿Oiga, amigo, por qué pierde su tiempo como reportero?», y Serpa, sin vacilar, le contestó: «Porque aquí no pagan 20 mil dólares por un cuento corto para el cine, ¿sabe usted?, y mi familia y yo también comemos», a lo que Hemingway dijo: «Usted es el mejor novelista de América Latina, por lo que debiera abandonar todo lo que no sea escribir novelas».
Es claro que con esta sentencia, Hemingway olvidaba algunos colegas, y esto pudo deberse a que dicha conversación se llevó a cabo en el Floridita, o a que Contrabando haya sido uno de sus libros preferidos; pero lo que es innegable es el hecho de que en esta novela se da otro de los casos donde la obra de ambos autores coincide.
José Manuel Valdés Rodríguez afirma haber leído el original a finales de 1933, que no se publicó hasta un año después de la salida de Tener y no tener.
Es un hecho, según Enrique Cirules, que Hemingway conocía bien la obra de Serpa, y en el primer libro de cuentos de este aparece La aguja(6), un texto de apenas cinco cuartillas.
«Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez»; así comienza El viejo y el mar, posiblemente la mejor de todas las arrancadas. Y como un maestro de los grandes del oficio de escribir, Hemingway da de un golpe a los cuatro pilares sobre los que edificará su relato, el último: «hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez».
Resulta que en La aguja este acontecimiento tiene la misma importancia y hasta más dramatismo, por el hecho de que el protagonista --padre de familia-- tiene la misión de alimentar siete bocas, y en una de las veces, por ejemplo, en que Serpa se apoya en esto lo hace de la siguiente manera: «Durante una semana había estado saliendo diariamente al mar --desde las cuatro de la mañana hasta las tres de la tarde-- sin que una sola aguja hubiese tocado sus avíos».
Por otro lado, el protagonista de La aguja también es un viejo, Pedro, al que todos llaman “abuelo”, y sucede que en El viejo y el mar a Santiago se le conoce como “el viejo”.
En el relato de Serpa, el protagonista es acompañado por un joven, su hijo, y en El viejo y el mar la única diferencia radica en que el joven no es hijo de Santiago.
En la segunda oración de La aguja se lee: «Su cuje, muy delgado y flexible, osciló levemente hacia abajo y hacia arriba; luego se curvó tanto, que su extremo tentó como un dedo tímido la superficie del mar». Y en el relato de Hemingway la escena es así: «Justamente entonces, mientras vigilaba los sedales, vio que una de las varillas se sumergía vivamente».
Serpa en su relato escribe que el anzuelo con el que pescarán la aguja se encuentra a «ciento veinte brasas de profundidad». En El viejo y el mar se lee: «Un cebo llegaba a una profundidad de cuarenta brazas. El segundo, a sesenta y cinco, y el tercero y el cuarto descendían hasta el agua azul a cien y ciento veinticinco brazas».
En la historia de Hemingway la aguja es muy grande, y resulta que en la historia de Serpa sucede igual, de lo cual podríamos deducir que si no es la misma aguja, por lo menos es su hermana gemela.
Además, Serpa escribe: «¡Está comiendo! ¡Es un pez enorme!», pero Hemingway apuesta por invertir la ecuación: «A esta distancia de la costa, en este mes, debe de ser enorme --pensó el viejo--. Cómelas, pez. Cómelas. Por favor, cómelas».
En La aguja, cuando el pez está a punto de tragarse el anzuelo, el muchacho sube los remos para que no le estorben al viejo a la hora de trabajar. Para esa misma acción Hemingway prefiere: «‘y montó los remos sin golpear el bote».
Más adelante Serpa escribe: «Las agujas suelen andar en parejas, y, cuando encuentran un avío, el macho reconoce la carnada, la tantea con el pico, la prueba, y finalmente, después de haber comprobado que no ofrece peligro, cede su lugar a la hembra, para que la devore». Y Hemingway en El viejo y el mar lo cuenta de la siguiente manera: «Recordó aquella vez en que había enganchado una de las dos agujas que iban en pareja. El macho dejaba siempre que la hembra comiera primero».
Por otra parte, desde las líneas iniciales de La aguja las manos del viejo están presentes como recurso para crear tensión y atmósfera; luego el sedal le quema las manos y entonces se lee: «Mañana --pensó-- tendré las manos desolladas». En El viejo y el mar el tratamiento de las manos de Santiago tiene el mismo objetivo y en el momento en que deben sufrir, el maestro escribe: «La velocidad del sedal desollaba sus manos, pero nunca había ignorado que esto sucedería».
Al parecer el ojo de una aguja es algo que causa impresión, por el hecho de que ambos escritores se detuvieron en él; Serpa lo compara con el ojo de un caballo, pero Hemingway prefiere utilizar este símil en Islas en el golfo(7); para El viejo y el mar el tratamiento es el siguiente: «Sus ojos son enormes, y un caballo, con mucho menos ojo, puede ver en la oscuridad».
Serpa compara a su pez con un árbol y Hemingway escribe: «Y recuerdo que todo el bote se estremecía, y el estrépito que usted armaba dándole garrotazos como si talara un árbol».
En La aguja Serpa escribe sobre el cuidado que debe tener un pescador si se da el caso que en vez de una aguja, lo que trae en el anzuelo es un tiburón ‘‘tal vez un dientuso’’ y cuando en El viejo y el mar aparece el primer tiburón se lee: «Pero he matado al tiburón que atacó a mi pez --pensó--. Y era el dientuso más grande que había visto jamás. Y bien sabe Dios que yo he visto dientusos grandes».

Como es evidente existen coincidencias indiscutibles entre las obras ambos escritores, ampliamente reconocidos por su trabajo en el ámbito literario. Para nada sería exagerado afirmar que sobre los puntos de contacto entre los textos de Serpa y los de Hemingway, podría escribirse un buen libro y aun así, no perderían ni un solo admirador estos dos grandes maestros.

 
(1) Título original: The Old Man and the Sea. Para este trabajo utilizaremos: El viejo y el mar, Instituto Cubano del Libro, Editorial de Ediciones Especiales, La Habana, Diciembre 2002.

(2) Contrabando, publicada en 1938 en La Habana por la casa Álvarez-Pita en los Talleres Alfa.

(3) Aletas de tiburón, Editorial de Arte y Literatura, La Habana 1975.

(4) Título original: To have and  to have not.

(5) La toma del cuento: Espacio que dirige el escritor Alberto Guerra en el segundo piso de la librería de Galiano y San Rafael.

(6) Aletas de tiburón, Editorial de Arte y Literatura, La Habana 1975.

(7) Título original: Islands in the Stream.

 

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