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SIN COMPLICACIONES O LA NOVELA DEL PREMIO PDF Imprimir E-mail
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Agendas - agenda 3 de agosto de 2012
Escrito por Alcides Pereda   

En cada tiempo y en este lugarTomando de punto de partida las tantas experiencias que se pueden tener como lector, hay ocasiones, días o etapas, para cada libro. Parados frente a un librero, por ejemplo --y salvadas ya de alguna forma las elementales y no siempre iguales distancias de la edad--, hay textos para viajar, historias de tarde y libros de noche, los que se releen todo el tiempo o los que nos gustaron para no volver a abrirlos más, hay libros también para descubrir o descansar. Son preferencias que no se declaran sino como estados de ánimo, pero son, todas, parte de las experiencias que se acumulan al lector.
Hablemos entonces de ese día en que se prefieren los lugares previsibles, cómodos de andar: personajes que se muestran por completo en la primera página para no sorprendernos nunca, para no hacer que nos preguntemos nada; argumentos aprensibles a primera ojeada, nada complicado; formas de escritura que descansan la vista; y finales verosímiles… o encantadoramente inverosímiles, la mayoría de las veces. Del librero saco una novela: , del escritor Lázaro A. Díaz Cala. En cada tiempo… es una novela --ganadora del Premio David 2011-- que aborda problemáticas de jóvenes estudiantes del pre-universitario, con el protagónico de Tony, un joven que a las inconsistencias propias de su edad suma las de haber perdido a su madre en un intento fallido de salir del país, y un primer amor juvenil que sin razones aparentes lo abandona. En el certamen de Literatura para Niños y Jóvenes, la novela brilló entre otros 15 textos. Un jurado compuesto por Alicia Abascal, Elvia Pérez y Alberto Hernández premió su estilo depurado, no exento de dramatismo y poesía, en el que se saborea el dominio de técnicas narrativas contemporáneas. Les sedujo también el tratamiento de la psicología de los personajes, elemento que muchas veces descuidan quienes perciben la creación para niños y jóvenes como un empeño menor.
A Tony, protagónico y personaje poco afortunado, los primeros y más permanentes eventos de su vida parecen jugarle malas pasadas. Por un lado: la temprana muerte de la madre le acarrea una madrastra al estilo Blancanieves: bella e insoportable, al punto de que imagino a Tony de piel tan blanca como la nieve, con labios tan rojos como la sangre. Y la primera novia, idílica, cede lastimosa y lastimeramente a las amenazas, y lo abandona para protegerlo… Ah! esta Julieta sí no dio lucha: se inmoló sola. Este personaje, que se debate entre un lenguaje tragicómico --ante su padre y ante sí mismo--, y otro superficialmente más desenfadado --con sus amigos--, sufre además de pesadillas, relatadas en la novela con el mismo estilo en que transcurre la acción real, sin que la aparición de centauros, magos y hombrecitos verdes irrealice totalmente lo sucede en la mente de Tony. Pero existen las letras en cursiva…, y los sueños entonces nos muestran los de siempre conocidos anhelos del muchacho por Raysa, o los recuerdos de la tragedia en el mar.
Pero en fin, es sólo un adolescente atormentado, que va presentando e introduciendo cada vez a los amigos, la escuela, las expectativas familiares y sus sueños amorosos a través de sus conflictos: no entiende por qué el amor que creía verdadero lo dejó por otro, además sus calificaciones bajan y su padre pronto lo sabrá cuando visite la escuela. Sí, porque tiene padre, o más bien la representación ideal de lo que debe ser un padre preocupado, atento y consciente de las necesidades de su hijo, que le quita a la madrastra la posibilidad de manzana alguna sacrificándola --a la relación-- en bien de su hijo. Bella e insoportable, la madrastra desaparece sin más de la trama, pero es sustituida a por los pelos por la sí maravillosa y conveniente profesora de Tony, y acá ningún referente me viene a la mente porque no veo las novelas brasileñas de la televisión.
Ciertamente, y el libro lo declara en su texto de contraportada, son muchos los temas que se tratan en esta novela a través de su conflicto principal: la homosexualidad en ciernes, el amor, los problemas de la juventud y las concepciones de los mayores, la amistad, el temor, hasta las drogas. La variedad temática está representada sobre todo en los amigos de Tony, que escarmientan en sí mismos las nefastas consecuencias de consumir drogas; o le ayudan a recobrar la novia cuando no lo invitan al Coppelia en una mal encubierta cita gay adolescente. El modo en que se resuelven estos conflictos no tiene muchos ángulos: los unos se regeneran y los otros se aceptan: fin del problema.
El malvado, por otra parte, no tiene chance a ninguna regeneración. Es la representación más fielmente copiada del «malo de la novela». Malo, --malísimo--, Sergio consigue a Raysa amenazándola con matar a golpes a Tony --de hecho se pasa el libro entero golpeándolo--, y hasta los propios maestros se confiesan incapaces de probarle el fraude que seguramente comete para pasar las pruebas. No se sorprendan, Tony siempre se saca buenas notas. Otro dúo perfectamente definido en sus antípodas es Raysa y su amiga, que es como el grillito «concienzudo» de Pinocho. Esta amiga es una adolescente comedida, segura de lo que quiere y sin prisas, formal y con claridad en lo que dice: no parece adolescente sino estudiante universitaria, por lo menos. Quizás en el ansia de poner contrapartidas y diversidades, se cayó en los extremos y se olvida que hay cosas que todos los adolescentes, más o menos, tienen en común: ¿hay que decirlo?
Luego, Tony lee --también los leerá el lector-- los poemas de Raysa, y se entera finalmente de sus motivos para dejarlo. Aunque ya los sabe, todavía se pregunta, sólo reacciona ante golpes de efecto dramático: golpes que caen sobre Raysa en un pasaje al hospital y otro para Sergio al reformatorio. Ahí sí que Tony va a matarlo…pero ya no hace falta porque todo queda resuelto. Raysa no tendrá que escribir más esos poemas conmovedores, muy adolescentes, que cubren páginas y páginas del texto publicado. No es todo, aún quedan sorpresas. De mamá no se sabía si desapareció, si se ahogó en el mar o si llegó a las costas. El final sin embargo, es esa llamada telefónica que saca de dudas: está viva y llama a su hijo. Nos quedan las interrogantes, quizás perdió la memoria, o quién sabe cuáles razones la hacen aparecer al cabo de muchos años. Para mí que debe haber alguna segunda parte, alguna saga de familia.
Pero en esta parte que tenemos --o podemos tener-- en las manos, están Tony, Raysa, Sergio, padre, madrastra, etc.: buenos y malos perfectamente definidos en cada tiempo y en… esta novela. Me encanta el título.

 

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