|
El raquitismo que padece la TV Cubana en cuestiones de conductores de programas de alta teleaudiencia se vino a aguzar hace par de años con la ausencia repentina de Carlos Otero de los platós. Más allá de las carencias vocales, el escaso repertorio de chistes insípidos, la mofa excesiva de que hacía víctima a sus invitados, la autocaricaturización constante y demás carencias que pudieran achacársele, esta controvertida figura contaba con ciertas dosis de un carisma heredado de las más elegantes y doradas épocas de Consuelito Vidal y Germán Pinelli. El que sus andanzas allende los mares, plagadas de extremistas (y oportunistas) posturas ideológicas y palmaria banalidad fueran seguidas con la misma fruición por los públicos de la isla, prueban su pregnancia en el ideario de varias generaciones de cubanos. Súmese al aciago cuadro post-Otero la escasa creatividad padecida desde hace décadas en la propia concepción de los espacios, para los que son conjurados una y otra vez los mismos enquistados directores y los añejos pero aún contundentes fantasmas de Contacto y Joven Joven, sin dejarlos reposar en su santa paz de una vez por todas mientras funcionen, como en el caso del estelar 23 y M y su conductora Edith Mazzola, quien confunde desenfado con el desenfreno ególatra en una perenne profusión de gritos, risas, carcajadas, muecas y chistes impostados que someten al espectador cándido a tal sobredosis de adrenalina que aturde sus sentidos y lo somete a los «encantos» de la impostura. Casi todo lo demás es pura intermitencia, improvisación y simpleza. En medio de este panorama desolado, estéril y estereotipado ha brotado desde el 10 de junio de este año una nueva propuesta intitulada Todo con Tony, cuyo inusual y sosegado sino aunque igualmente se sostenga en el carisma de su conductor, el redivivo Antonio Arrollo, la valida un tanto como espacio polivalente. Desde una mesura comunicativa y un comedimiento dialógico que no busca quebrar sino armonizarse con la ineludible modorra de la tarde dominical, intenta este programa de una hora cualificar el acervo de los grandes públicos cubanos, contaminados más que por las onerosas propuestas nacionales por la ausencia de calidades, catalizada en parte la propensión a las rutilantes y espeluznantes ofertas de Univisión, Telemundo, los canales 23 y 41 de Estados Unidos y demás antros de banalidad. La propuesta, como primario sello de particularidad, ha devuelto a la palestra pública a «Tony» Arrollo, presentador a mediados de la década de 1990 de un modesto y alternativo programa de video clips cubanos, hoy devenido el emporio televisual de Lucas y mucho antes de la revista infantil Dando Vueltas, en sus fundacionales (y más saludables) transmisiones sabatinas. Su rostro, que incluso puede resultar totalmente nuevo para las más recientes generaciones de cubanos, busca insuflar lozanía e insinuar renovación. Tras unas fallidas incursiones en la actuación telenovelesca (Bajo el mismo Sol y Añorado encuentro), Arrollo ha regresado con su ingenuo tartamudeo, limitada expresividad facial/vocal y bonachón talante al terreno más seguro de la conducción televisual, destacando por contraste con las «figuras» más conocidas del momento. Busca oponer comedimiento al exceso, modestia al vedetismo, candidez casi dubitativa a la autosuficiencia preponderante, sirviendo como suerte de contrapeso equilibrador de la exuberancia prevaleciente y por ende particularizar su voz entre la babel general. Optan además el propio Arrollo y Liubar Lozada, dueto a cargo de la dirección general, por abandonar los gélidos y encartonados estudios para servirse de la ciudad habanera como escenario proteico donde rastrear sucesos y proyectos de pintoresco atractivo, concomitando un tanto con la serie de reportajes televisivos Somos Cuba, concebida hace algunos años por Julio Acanda, en tanto amable muestrario de los transcurrires socio culturales urbanos. Todo signo negativo o deprimente siempre es muy bien sorteado, cuando más, disimulado con afeites costumbristas. Dicha trashumancia por obras interventivas y enviromentales de la 11na. Bienal de La Habana, rutilantes salones de belleza, barberías y restaurantes donde resaltan sutil y desprejuiciadamente las bondades de la iniciativa particular, compensa un tanto la frivolidad en que varias veces degenera el desenfado dialógico establecido por Tony con sus entrevistados, plagado de excesivas improvisaciones y evidente poco conocimiento de los temas a tratar. Poco le sirve el tono ligero, doméstico del show y mucho menos la clásica justificación muy esgrimida por Reynaldo Taladrid de que hay que descender la sapiencia para que todos los públicos entiendan. No se puede apostar todo por la mera peculiaridad del espacio y sus protagonistas para luego obtener magras migajas de información. Meritorio sin embargo es no apostar todo por la segura carta de la farándula musical, actoral, telenovelesca local y foránea a lo 23 y M y Piso 6 e intentar entre col y col introducir a los públicos más llanos en las jerarquías del cine, con la inclusión de sucintos y llamativos pasajes de la fílmica cubana e internacional en algunas de las secciones del programa como Descargas, un tanto lastrados los parlamentos por cierta empalagosa voz en off masculina que los hace derivar hacia equívocas zonas. Aunque de futilidad se peca al transmitir segmentos del desfile de modas de Victoria´s Secret y video clips de reggaetón cubano, la inclusión de audiovisuales de Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, Sting, Tina Turner y otras figuras musicales mucho más dignas, testimonia a favor de las intenciones de pluralidad estética y quizás de emplear la banalidad como cierto «gancho» estratégico para difundir las calidades entre públicos neófitos. La revista dominical de variedades Todo con Tony, con su atemperado y un tanto inocuo vedetismo, busca a buena hora dignificarse respecto a la media, sin aspirar a cotas temáticas y conceptuales más altas que el entretenimiento familiar, revestido de una nobleza atípica y necesaria dentro del contexto actual, dentro del cual, incluso su discreta voluntad educativa puede convertirse en seguro pasaporte para el fracaso ante las bofetadas y chismes mexicanos.
|