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El último invitado de Laidi Fernández de Juan al espacio Miércoles de sonrisas, llenó la sala no solo del público habitual, que en su mayoría pasan los cuarenta, sino también de jóvenes. Personalmente el hecho no me sorprendió; se trataba de Senel Paz, bien conocido por su cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, texto que dio origen al filme cubano Fresa y Chocolate. Según Laidi Fernández lo había escogido por tener un increíble sentido del humor y por su genuina cubanidad. «Un muchacho de provincia que hoy, a pesar de su amplio reconocimiento, no olvida sus raíces».Senel inició la charla asegurando que no debe programarse la espontaneidad, y que el humor debe ser algo involuntario. También ve su crianza en una familia humilde y graciosa como algo positivo, un ejercicio de inteligencia en función de lo que vendría a ser un carácter dotado de un modo particular de ver la vida. Otro que aportó definiciones esenciales a su carrera fue Charles Chaplin: «Me gusta porque mezcla el humor con la crítica social. Te hace reír y llorar en sus películas». Y a pesar de tener textos llenos de humor, asegura Senel que nunca escribe con esa intención. Eso sí, le gusta combinar la risa con situaciones fuertes porque «me permite intensificar las escenas a partir de la distracción del público, o el lector, en el lado humorístico». Por supuesto que hubo interesados en saber particularidades del guión del filme Fresa y Chocolate. Senel declaró que a veces se debe prescindir de escenas o párrafos con los que el autor está feliz, porque en realidad no se ajustan a las necesidades de la trama. Esto, según él, sucedió con la película. Dijo sentirse arrepentido luego por situaciones que eliminó. Laidi Fernández quiso saber qué opinión tenía el autor acerca de la importación de términos (chico, chica, auto, coches, etc…) y Senel aclaró que no veía un problema en eso. Usó como ejemplo a Lezama Lima, las maravillas que el creador de Paradiso puso de manifiesto en el lenguaje mediante una cultura particular y aun así hoy mantiene la autenticidad. En cuanto a él mismo (Senel), dijo: «utilizo las malas palabras en función del humor, del realismo y como un retrato de lo marginal». También reconoce no ser biográfico en su literatura. Alguien preguntó cuánto había en él de los dos David (Una novia para David y Fresa y Chocolate), y confesó que el primero si tiene mucho de su personalidad, e hizo una anécdota relacionada con esto: «Mucha gente cree que me enamoré de una muchacha obesa en mi juventud, eso no es real». Como es habitual en el espacio, el invitado leyó. Esta vez se trató de un cuento que, más allá de retratar diversos personajes de la parte vieja de La Habana, de mostrar diversos niveles de oportunismos logro lo esencial de la cita: sacarle carcajadas a la mayoría de los reunidos en la sala Federico García Lorca. Pero al parecer los buenos conocedores del género esperaban semejantes reacciones, se respiraba la garantía a partir de la presencia de personalidades como: Osvaldo Doimeadiós, Omar Franco y otros destacados intelectuales que acudieron al encuentro como Edel Morales y Eduardo del Llano.
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