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Cualquiera puede pronunciar o escribir palabras, pero los hay que lo hacen de modo muy particular, desentrañando asuntos tan sui géneris que no se parecen a las palabras corrientes, aunque sean cotidianas. Tal es el caso de las que asisten a Karel Leyva. Cuando recibí un correo del Centro Provincial del Libro y la Literatura de La Habana, invitándome a la tertulia Jueves de literatura, espacio para la promoción de la poesía a cargo de Marilyn Bobes, poetisa, narradora y crítico literaria, Premio Casa de las Américas, que tendría como invitado al poeta y promotor cultural de marras, no me permití espacio para las decisiones, ya que esta convocatoria era una muy rotunda. La tertulia, que conduce la prestigiosa intelectual cubana, se realiza en la Casa del ALBA Cultural, ubicada en Línea esquina a D, en el Vedado capitalino; y el pasado jueves 9 de agosto, a las 5:00 de la tarde, a resguardo de un intempestivo chaparrón, que escamoteó su tradicional encuentro a cielo abierto, sirvió de escenario para dialogar con un amigo, a quien le sigo la pista desde hace ya un buen tiempo. Cuando lo conocí trabajaba en la Casa de la Poesía del Centro Histórico de La Habana, y ya tenía suficientes palabras (con voz y voto) por donde cortar. Luego vinieron encuentros en espacios tan disímiles de lectura como la Casa del Caribe y el pico Turquino, por solo citar dos niveles físicos sobre el nivel del mar. Felizmente, ambos ejemplos demuestran la vocación de retorno que todo poeta, aunque le cante a los astros, debiera tener por su tierra natal, ya que este organizador de palabras, en el sentido más lírico del término, es santiaguero (1975). Si de organización se trata, sobre papel, a viva voz, o antologando y articulando encuentros, en fortuitas cofradías que alguien no avisado catalogaría de “libertinas” o “facultosas” (en un primer momento, cuando aun no estaba “facultado” para hacerlo), Karel es el tipo idóneo para su ejercicio. Su desempeño como promotor cultural, sin dejar de la mano a la poesía, lo han llevado a la Vicepresidencia del proyecto cultural Ala Décima, así como ser miembro del Comité Organizador del Festival Internacional de Poesía de La Habana. En 1995 recibió el Premio de Poesía Amatoria, seguidas de una Mención del Premio David (1996); Premio Nacional de Poesía Erótica Farraluque (2006); y el Premio Internacional Nosside-Caribe. Sus poemas han sido incluidos en Poesía amatoria de hoy; Nueve poetas y una estrofa; Desde la demasiada luz; Otras islas, y El ojo de la luz. De su total autoría son los cuadernos: Ágape inconexo (Editorial Hipocampo, 2001); Cambio de marea (Ediciones Santiago, 2008), y Escenas cotidianas (Colección Sur, 2010) En las palabras introductorias a su más reciente cuaderno, Basilia Papastamatiu expresa: «Se trata ciertamente de algunas particulares percepciones de ese escenario desplegado ante los ojos del poeta (que pueden ser también nuestros ojos), no simplemente expuesto, sino ya interpretado y metaforizado por él. Y también de una escritura que reflexiona sobre esa puesta en escena o en pantalla en las que “(re)posamos las culpas y los sueños”».
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