«Y JAMÁS LO SABRÁS»: ENCIERROS, MIGRACIONES Y CONQUISTA DE ESPACIOS DESCONOCIDOS PDF Imprimir Email

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Escrito por Indira Rodriguez Ruiz. Imagen: Javier Moldes Galán   
Javier Moldes GalánUn cambio radical en los puntos de vista oficiales, el develo y reinstitución de «lo cubano», como cultura de características móviles, no necesariamente “arraigadas” a la «tierra patria»(1) en franco despojo de términos agrícolas, sino como cultura itinerante capaz de evolucionar también fuera de la Isla, ha provocado otra vuelta de tuerca en el afán de aprehender y ponderar la cultura cubana en toda su extensión. Nuevas visiones sobre la naturaleza y características de los sucesivos exilios han sido desarrolladas desde los años 90, trayendo aparejados con las nuevas aperturas, diálogos y enmiendas a ciertos niveles.

En su prólogo a la compilación de cuentos Maneras de narrar(2), Haydée Arango propone la deficiente valoración crítica sobre la sociedad en los mecanismos de difusión masiva, como una de las formas de explicar el por qué la narrativa actual (el texto fue escrito en 2006) asumía de manera tan rotunda situaciones, personajes y conflictos de la realidad más inmediata. Para ella el reflejo de esto se encuentra en el hecho de la fuerte presencia en los cuentos premiados de hechos como el derrumbe del campo socialista, las crisis mundiales, los éxodos… Esta reflexión bien pudiera trasladarse y ampliarse en el tiempo y también bajo esta luz será la pacata valoración oficial de fenómenos históricos tocantes a la Isla, hechos como la emigración y sus incidencias a largo plazo sobre la sociedad, o el desarrollo de la cultura cubana fuera de Cuba, los que provocarán entre varios autores cubanos contemporáneos la asunción --o nuevo abordaje-- de temas aún velados como un intento de saldar deudas con el pasado. Pues a pesar de las tentativas de apertura sobre ciertos temas en materia artística(3), de manera oficial y social, existen aún temas y status tabúes que de a poco van siendo abordados en la literatura y otras artes. Ejemplo de esto podemos verlo en libros como Absolut Rontgen de Abel Fernández-Larrea sobre el desastre de Chernobil; En el cielo con diamantes de Senel Paz donde se subvierte el mito idílico de las escuelas en el campo, o el más polémico El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura con su visitación a la figura de Ramón Mercader.

Para entender la idiosincrasia cubana actual se ha de asumir lo cubano como una cultura única amén de las disgregaciones, «las malditas circunstancias» y el agua de por medio, asumir como propios los vericuetos de la historia que hacen que el cubano, el intelectual, el personaje se piense también como individuo en estado de tránsito (físico o geográfico si se prefiere). Ya la historia más reciente ha demostrado con sus evolutivos eventos cíclicos, que por ahí anda la clave para poner finalmente pie en tierra. Una respuesta natural a esta necesidad de universalización se traduce en la presencia cada vez más común de personajes de nuestra literatura nacional en escenarios diversos del mundo, como parte de sus cuitas personales. No es raro ver a un personaje cubano, y hablo de los cubanos que escriben desde Cuba, caminar por las Ramblas (La catedral de los Negros, Marcial Gala 2012), soñar con Cuba en Estados Unidos (Cuban American Beauty, Orlando Luis Pardo 2005), pernoctar en el Orange Bowl junto a otros exiliados cubanos de Mariel (La novela de mi vida, Leonardo Padura 2005) o regresar desde Miami a reencontrase con su pasado (Los secretos de Victoria, Juan Ramón de la Portilla 2011). De cierta manera el personaje cubano va encontrando otros escenarios donde desarrollarse sin sufrir como condición sine qua non las agonías insulares, el encierro y otros temas tan recurrentes en años anteriores.

Con un título que hace abierto honor a José Ángel Buesa, (uno de los poetas más conocidos --y parcamente publicado en cincuenta años-- de la poesía amatoria cubana, además de coterráneo suyo), el escritor crucense Ariesky Castillo Reyes, articula con su novela Y jamás lo sabrás, un entramado dramático de fuerte estilo confesional. Desde las voces de Víctor e Irene, jóvenes intelectuales que dan sus primeros pasos en la literatura y la realización cinematográfica respectivamente, el autor indaga en los intersticios de la migración como fenómeno físico en Irene y como acto de profunda auto marginación en Víctor.

A partir de la fractura de su vida en común, Víctor intentará llenar sus vacuidades espirituales con un mundo profesional exuberante, introduciendo al lector en el trasnochado mundillo de la farándula literaria, peñas, talleres y concursos. Su obra, una novela que ha esperado mucho tiempo para escribir, irá creciendo a la par de la lectura de Y jamás lo sabrás, por momento difuminando las fronteras de lo netamente ficcional, presentado por el autor. Mientras La Habana --espacio insular seleccionado, Café de G incluido-- es asediada por la sombra de un peculiar asesino en serie, Víctor hallará la paz a través del acto puro de la escritura, como manera de refugio y autoalienación de una áspera realidad circundante.

En cambio el exilio de Irene tiene tintes de pesquisa personal. Su padre es un checo que concluida su misión de colaboración en Cuba regresa a Praga y desaparece de su vida por más de veinte años. Ahora la busca e invita a venir a la República Checa para develarle secretos de su vida concomitantes con la historia cubana no escrita. Como migrante, ella transitará por el deslumbramiento, el ostracismo cultural, la soledad, la añoranza, el aprendizaje de una nueva lengua y cultura y la final adaptación --resignación en términos tanatológicos--. El exilio es en ella, además, un acto de realización personal.

Sin optar por el gastado recurso de «hacer leña del caído árbol ruso»(4) , sino de indagar sobre un terreno de la Historia poco visitado, el autor cuestiona, desde la objetividad que brinda el paso del tiempo, sucesos no conocidos en amplitud por los cubanos como son La primavera de Praga en 1968, o los efectos de la transculturación acaecidos en un país ex socialista. Irene realiza en su exilio un documental titulado La Huelga es un placer que será una tabla de salvación dentro de su historia personal, fuente de entendimiento de un fenómeno que la toca de manera profunda, reconciliación consciente con un pasado caído en la oscuridad de la anonimia y de la grisura histórica.

«El cuerpo de mi padre se hunde en la tierra que lo vio nacer, […] esta tierra que tuvo una primavera de tanques rusos y el sueño de un socialismo con rostro humano. […] Gustaf Chvatic había sido el nombre que había usado para escapar a Cuba, pues aquí la policía lo perseguía por oponerse a la presencia de los rusos».

Víctor e Irene cada uno con maneras de hablar bien definidas entre sí, tomarán turnos para dejarnos oír esta novela a dos voces, permitiendo que como lectores accedamos a sus historias de primera mano como vouyeurs disciplinados. Transitando desde el discurso más cotidiano y doméstico hasta las reflexiones filosóficas más encumbradas o las oraciones elevadas a Yemayá, el autor dibujará de manera objetiva el mapa de cada personaje.

Las influencias de Milán Kundera se dejan escuchar, desde la obsesión con La primavera de Praga que hará al autor sortear vericuetos narrativos para emparentar a su personaje femenino con un protagonista del hecho; Irene incluso se hará asidua del Café Prazke Jaro (Primavera de Praga) visitado por jóvenes universitarios. ¿Acaso se trata de la interpretación checa del Café de G? La idea del «eterno retorno» de La Insoportable levedad del ser será la que atraiga a Víctor e Irene bajo nuevas circunstancias; hasta el accidente final que por varias “coincidencias” recordará irremisiblemente la muerte de Teresa y Tomás. Sin embargo, una elevada autoconsciencia de cada personaje, sobre todo por tratarse de personajes-creadores-narradores a su vez hará que los manejos filosóficos de la novela fluyan a través de sus propias voces. 
La poca importancia que confiere el autor a la permanencia o no en la Isla, difumina las fronteras entre “dentro” y “fuera” a la vez que coloca al individuo --al artista-- en abstracto como inquietud central de su obra.

«Pienso en Irene, […]. Nunca imaginé que su obra La huelga es un placer, la misma que premiaron en España cuando la vi por última vez, la proyectarían aquí (en Cuba)».

El tema de matices kitsch de los desencuentros amorosos de estos dos jóvenes hallará su singularidad en la búsqueda ontológica y de realización personal llevada a cabo por cada uno. Al poner en la palestra de Y jamás lo sabrás las cuitas de los procesos creativos sufridas por los artistas cubanos contemporáneos, el autor valida y valora desde su novela las búsquedas personales y de espacios de desarrollo. Con el uso de recursos propios del melodrama, para llevar a término esta narración, Y jamás lo sabrás cabalga entre el realismo marginal habanocentrista, en el personaje de Víctor y la “universalización” --circunscrita a escenarios como Praga o Madrid-- en el personaje de Irene. La contraposición de espacios, personajes y filosofías hace que la obra claramente navegue entre dos aguas: las turbias ya gastadas de la insularidad, la crisis, y el realismo sucio típicas en la narrativa cubana de los 90; y las ignotas y renovadas aguas del mundo no circunscrito a la Isla, cuya presencia es más evidente en la narrativa más reciente.

Notas:
(1) Jorge Duany citado por Ambrosio Fornet en Literatura Cubana de la diáspora y el dilema de las dos culturas. Narrar la Nación, Editorial Letras Cubanas 2009.
(2) Haydée Arango. Antologar un premio en Maneras de narrar. Cuentos del Premio La Gaceta de Cuba (1993-2009) Ed. Unión 2012.
(3) Un ejemplo constatable son los varios dossiers sobre literatura cubana de la diáspora preparados por Ambrosio Fornet para La Gaceta de Cuba en la década de los 90.
(4) Juan Carlos Zamora. Anomia Armada e Invencible en El Mar y la Montaña No.3 diciembre 2012.

 

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