EL CUENTO: ROBERTO VIÑA PDF Imprimir Email

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Escrito por Roberto Viña. Imagen: Camilo Salvador Díaz de Villalvilla Soto   

Camilo Salvador Díaz de Villalvilla SotoCARNIVALIA

Saliste del baño enseguida, sin tiempo previo para una explicación, ni para armar un convencimiento; y dejando que el agua corriese cuerpo abajo hasta el suelo fuiste a sentarte a la mesa. Luego de hundir el tenedor en la yema del huevo frito, con el plato de frente y de espaldas a mí, lo dijiste: «Mañana no vengo, nos vamos de nuevo». Eso y un «serán unas semanas» más ficticio que el aceite que se deslizaba de la comisura de los labios hasta la barbilla. Entonces, volví a sentirlo, esa extraña certeza de que lo nuestro es un vicio de deseo y despedida constante. Siempre pensé que llegado el momento, nos iríamos juntos y empezaríamos de cero. Me dije tantas veces que cuando el cansancio pudiera más que la paciencia a la hora de entrenar las bestias, y ya no sirviera ni para alimentarlas, estarías ahí para olvidarnos de todo. Luego pensé que no era justo hacerte eso, y después no me importó lo justo con tal de evitarte la misma patada entre las nalgas cuando ya no valieras. Te hablé mil veces de quedarte y mil veces dijiste que esperara, ya habría tiempo para lo demás. Y al decirlo, deseaba lo típico: que lavarás la poca ropa que teníamos, cocinar la comida que conseguía, esperarme en la cama por unas caricias. Nada lujoso, algo cómodo después de tantos años de corretaje y de andar de aquí para allá como perros amaestrados. Pero no era suficiente. Colgué el uniforme y el látigo en el armario, y en el sexo encontré la manera de domarte; de meterte a la cama y enterrarme en tus piernas lampiñas. Tanto esperé que ya no siento cansancio. Me inquieta la urgencia de tus impulsos, esa manera furiosa de desnudarme para escapar nuevamente a tu pancarta de feria entre la falsa nigromante con su bola de cristal y la bala humana. Me excita, sin embargo, como el vello sigue aposentándose entre los senos y oculta la areola salvaje de tu feminidad; tu desnudez de atracción circense. Despacio, la punta de tu lengua bordea la sombra del bigote con un regusto fingido y sensual. Temo que esas manías, me sigan volviendo loco. Pero sobre todo temo a las imágenes que descubro en la cabeza cuando sospecho que te vas a ir un día de estos, y voy a quedarme con ganas de nuestros encuentros. Saldré sin hacer ruido, cuando la comodidad del sueño resulte propicia. Me levantaré del colchón y arrastrando los pies, iré al baño. Seguirás dormida para cuando vuelva, y no verás el ligero temblor de mi mano como antes de empezar cada acto, ocultando ahora la tijera, acercándome despacio a la fina pelusa de tu barba, terminando de una vez lo que empecé en mi mente antes de acostarnos.

 

ESCENA FINAL
Sotto, este también es tu cuento.

Secuencia número… Habitación no muy grande, con poca iluminación. Plano Americano. Personaje 1 (Hombre, pasado de los 40 pero sin aparentarlo, corpulento.) Duerme. Permanece sentado en una butaca que se adapta perfectamente al volumen de su cuerpo. Interior de un apartamento modesto, casi escueto y minimalista en su apariencia. Detalle de una mesa a su lado. Una mesa pequeña donde sólo cabe un libro. Encima de la mesa hay un libro (A Sangre Fría) de capa gruesa, color marrón. Todo el decorado está representado por un estilo sobrio, sencillo. El apartamento en penumbras y un silencio trata de evocar la calma nocturna. El Personaje 1 permanece dormido. Aparece el Personaje 2 detrás, una mujer de unos treinta y cinco años, joven aún de apariencia, sensual, vestida de bata, lleva el pelo recogido. Sale de lo que puede ser un baño, al fondo. Se acerca a Personaje 1. Lo observa dormir. Intenta despertarlo, pero desiste. Se marcha hacia el fondo. Apaga la luz del supuesto baño. La respiración del Personaje 1 es acompasada. Casi mecánica. La música insertaría el ambiente de suspenso y tensión en la secuencia. Detalle de una mano enguantada posándose en el lomo del libro. Aparece Personaje 3 que se sitúa al lado de Personaje 1. El Personaje 3 no se puede distinguir con exactitud. Pasa por detrás de la butaca, Personaje 1 se mueve un poco. Personaje 3 saca un cuchillo, lo sostiene en la mano. El reflejo de la lámpara lo ilumina con claridad. Detalle del reflejo del cuchillo en la cara de Personaje 1. Lo acerca despacio al cuello. El Personaje 1 debe sentir el frío del metal del cuchillo, pero no se despierta. Los párpados cerrados se mueven por un instante, pequeño, minúsculo. Silencio. El Personaje 3 se recuesta mucho a la mesa, casi se apoya. El libro resbala. Suena el timbre de un teléfono. Sonido en off. El libro aterriza en el suelo como un proyectil, un sonido seco que rebotó con el segundo timbrazo. El Personaje 1 despierta asustado.
¡CORTA, CORTA!
Se apagan todas las luces en la escena. El murmullo y los ruidos sobrevienen al silencio. El Director
(Hombre negro, entre los cuarenta años, usa espejuelos, y gesticula constantemente) se levanta. Hay que repetir la escena. El libro no puede caerse de la mesa. La actriz y el actor que representan al Personaje 2 y 3 respectivamente salen del set de filmación, se besan. El Director los detiene, le da instrucciones al actor, mientras la maquillista da unos retoques en la cara de la actriz. Silencio, se va a filmar. Se ilumina nuevamente el set. La lámpara con su luz tenue, el libro en el suelo, el supuesto baño al fondo, el cuchillo sobre la mesa, el brazo del Personaje 1 desplomado en el suelo. Y sangre. Sangre…

Créditos finales.
 

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