COMUNICACIÓN Y SEMIÓTICA: UNA RELACIÓN DE PARES PDF Imprimir Email

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Escrito por Eduardo Pérez Otaño. Imagen: Camilo Salvador Díaz de Villalvilla Soto   

Camilo Salvador Díaz de Villalvilla Soto«La gran teoría está ebria de sintaxis
y ciega para la semántica».
--Charles Wright Mills--

Probablemente pocos campos de estudio estén tan interrelacionados por la esencia de sus objetos de análisis como la comunicación y la semiótica. Si entendemos de la forma más simple y lineal posible a la primera como el intercambio de mensajes entre un emisor y un receptor mediante un canal y a la segunda como la ciencia que estudia los procesos de significación de esos propios mensajes, podrá entenderse, sin  muchas complicaciones, su estrecha interdependencia.
Ahora bien, sería de pretensiosos intentar explicar la relación entre comunicación y semiótica por la propia complejidad que puede encontrarse en la definición de ambos campos de estudio, los cuales aún se encuentran en debate. Por tanto la intención fundamental de este ensayo es concentrarse en los aportes que la crítica literaria ha hecho a los estudios en comunicación.
Debemos partir del concepto básico de texto que recoge el diccionario de la Lengua Española según el cual es «Enunciado o conjunto de enunciado orales o escritos que constituye la unidad fundamental de la comunicación oral humana».(1) En este punto queda claro que al decir texto hablamos de una unidad comunicativa que contiene un mensaje determinado. A raíz de la crisis de los paradigmas que tuvo lugar durante los años sesenta y setenta del pasado siglo, uno de los nuevos campos de estudio que emergió fue precisamente el relacionado con la crítica literaria, sobre todo por la influencia de las llamadas Ciencias del Lenguaje que habían tenido sus orígenes probablemente con Ferdinand de Saussure, quien es considerado el padre del desarrollo teórico de la lingüística moderna. (2)

La vuelta a estos puntos de estudio casi olvidados traen consigo de regreso la preocupación ya no solo por el emisor o quien redacta el texto, sino también por el receptor que es el encargado de desarrollar todo el proceso de lectura y decodificación.
En este punto, el lector va a jugar un papel activo mientras que la recepción va a formar parte de la propia obra, de forma tal que no puede existir el texto sin el lector. En tal sentido, el propio Umberto Eco hacía referencia al texto como una maquinara semiótico-pragmática con intersticios en blanco que es necesario rellenar por parte del lector, lo que llevaba a que cada lectura fuera una nueva interpretación y por tanto un nuevo texto en sí

Ahora bien, ¿cómo conjugar la intención inicial del autor/emisor de un determinado mensaje mediante una obra literaria y lo entendido o decodificado por el lector/receptor de forma tal que sean consonantes ambas lecturas? En este punto, para los teóricos no todas las lecturas van a ser correctas o acertadas, sino que van a depender de la intención última que tenga el texto.
Así se va a hablar de “lectura ingeniosa”, “fiel”, “válida” o por el contrario se puede denominar como una “lectura aberrante”, “alejada de la intención del autor”, “débil” o “inadmisible”.(3)
En este punto es válido introducir una interrogante que marca en cierta medida lo relativo a esta posición. Si cada lector se ve obligado en la interpretación de un texto a utilizar todo el conjunto de herramientas o elementos aprendidos durante su vida y que conforman su cultura, ¿cómo poner límites válidos a esta interpretación?

Los límites pudieran estar puestos en primer lugar por el propio autor y la obra en sí misma, estableciéndose por tanto la prohibición de una interpretación más allá de esos límites. En este sentido pudiera pensarse por un segundo en estudios teóricos precedentes referidos a la comunicación de masas en los cuales se considera a la sociedad como un conjunto de individuos que se comportan de formas preestablecidas y por tanto es posible prever su respuesta a un determinado mensaje.

Umberto Eco(4), importante estudioso de la comunicación y de la semiótica, hace referencia a dos clasificaciones de los textos en abiertos y cerrados, donde los primeros son los que aceptan innumerables lecturas y por tanto diversas interpretaciones. Según el autor, estos textos juegan con la posibilidad de las desviaciones y requieren por tanto de un lector ingenioso, activo y crítico.

Eco hace alusión así, a dos tipos de interpretaciones: una más lineal basada únicamente en el significado propio de las partes que componen el texto, es decir, una interpretación puramente semántica, que requeriría de un lector pasivo; y por otra parte una interpretación semiótica que necesita de un lector activo.

Los textos cerrados, por su parte, son aquellos dirigidos a obtener una sola interpretación y que, según referencias del propio Eco, requerirían de un papel mucho más activo por parte del lector para poder darle una resignificación que en todo caso no había sido planeada por el emisor.

Realizando un análisis general de las principales teorías sobre la Recepción, no solo los postulados de los autores referidos ya, sino también otros destacados integrantes de la escuela de Constanza, puede apreciarse a simple vista el salto cualitativo con respecto a los planteamientos de la escuela norteamericana.
A partir de este momento y como bien refiere José Ramón Vidal en su texto Medios y públicos. Un laberinto de relaciones y mediaciones, no solo se piensa en el criterio de la selectividad por parte del receptor, sino que comienza a pensarse en términos de interpretación y construcción de sentidos.

A pesar de los avances que con respecto a teorías precedentes tiene los postulados principales de esta teoría de la Recepción, aún pueden realizársele críticas de importancia. Quizás la principal de ellas sea que, aunque se redimensiona el papel del lector en este proceso, el elemento central continúa siendo el propio texto y el autor/emisor.

Por otra parte, los mecanismos para determinar cuáles son las lecturas más acertadas o más adecuadas no se han desarrollado adecuadamente, por lo que continúan dependiendo de la intención última del autor. Asimismo, a pesar de que uno de los avances más importantes de esta teoría a es precisamente el reconocimiento del papel activo del receptor, los límites de interpretación se encuentran generalmente predeterminados.
Hagamos un paréntesis en este minuto y permitamos poner en su exacto contexto algunas de estos planteamientos teóricos analizados con anterioridad.

En muchos sentido la educación, sobre todo de las denominadas Ciencias Humanísticas en el sistema de enseñanza pre-universitario (incluidos todos los niveles educacionales previos), intentan la construcción de un “lector modelo” y por tanto, va encaminada a limitar las posibles deviaciones en la interpretación de un texto.

Los programas de español-literatura dirigidos a la comprensión de textos, por solo poner un ejemplo, predeterminan las posibles interpretaciones de los textos literarios que aparecen en el plan de estudios de esta asignatura, por lo cual al estudiante debe enseñársele cómo o cuál es la interpretación “correcta”, catalogándose cualquier otra como inadecuada o desviada de la intención original.

En este sentido, que solo constituye un ejemplo práctico, se desecha el concepto harto conocido de que la cultura como mediadora principal juega un papel imprescindible en los proceso de significación. ¿Cómo entender entonces, o mejor, cómo enseñar a interpretar? Sería este un tema para otros ensayos.
Aunque pudieran agregarse otras críticas, es indiscutible el paso de avance que significa la teoría de Recepción basada en los estudio de la crítica literaria con respecto a otras teorías precedentes, sobre todo por el reconocimiento del receptor y el papel que juega en la decodificación activa de los mensajes.

Notas:
(1) Definición tomada de la versión digital del Gran Diccionario de la Lengua Española Larousse.
(2) Ferdinand de Saussure, autor del texto Curso de Lingüística General. Sus aportaciones básicas, que suponen una ruptura con las aportaciones historicistas precedentes, mantienen su vigencia un siglo después. Las claves de Saussure  contribuyen al mejor conocimiento de las estructuras que construye el ser humano para comunicarse. (Tomado del sitio digital www.infoamerica.org)
(3) Vidal, José R: Medios y públicos. Un laberinto de relaciones y mediaciones. (En versión digital)
(4) Pensador, comunicólogo y escrito italiano considerado como uno de los intelectuales más relevantes de Europa en la segunda mitad del siglo XX y el siglo XXI. En otros de sus campos de producción teórica, el semiológico, destacan títulos como La estructura ausente; Las formas del contenido, signo; Tratado de semiótica general; Semiótica y filosofía del lenguaje; así como otros textos en los que aborda el ámbito de los signos, la escritura, la lengua y el lenguaje. (Tomado del sitio digital www.infoamerica.org)

 

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