EDITORIAL HACKEADA PDF Imprimir Email

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Escrito por Jorge Enrique «761» Rodríguez. Imagen: Javier Moldes Galán   

Javier Moldes GalánLlega Esquife a la edición 72 de su revista. Edición que hubiésemos querido dedicar --el colectivo y los habituales colaboradores-- al polémico tema de los hackers. Pero el tiempo, ya sabemos, es implacable y otras problemáticas nos fueron más precisas (y propicias).
No obstante, esta brevísima editorial no quisiera pasar de largo sin aventurar, “por arribita”, su criterio respecto a las inapropiadas “travesuras” de los hackers --corsos, bucaneros o piratas de nueva usanza como suelo llamarles en mi lógica poética-- que le ha costado a nuestra publicación deshabilitar varios servicios, fundamentalmente las descargas en las secciones Biblioteca y Mp3.

En dos ocasiones, el sitio de Esquife ha sido diana de estos ataques que caracterizamos como inexplicables. Inexplicables si tenemos en cuenta que el único “poder” que nuestra revista ostenta, es el de otorgar voz y voto a un conjunto de escritores, críticos e intelectuales --jóvenes en su abrumadora mayoría--, para discursar sobre sus circunstancias históricas. No hay hegemonía, ni empoderamiento a ultranza de ideología alguna en Esquife. Solo un ansia de «ser», «estar» y «pertenecer».

Los objetivos de ambas embestidas, cuando menos, se nos antojan sospechosos. Desafortunadamente jamás conoceremos su naturaleza; del mismo modo que nos resulta improbable demostrar «desde dónde» fueron instrumentados estos lances. Solo sabemos el coste… y eso basta para asumir nuestra postura al respecto: los hackers --sin importar al servicio de quien-- no representan ni un beneficio, ni significan una contracción incómoda a las transnacionales del poder (cualquiera que este sea), ni simbolizan la respuesta mediática de la sociedad civil ante las tragedias que tapizan los estados y los gobiernos.

La visión harto romántica que por estos tiempos suele urdirse en torno a los hackers, deja en evidencia que, «la construcción de un “héroe” pertenece a esos territorios de la “inadvertencia rosa” que las sociedades rezuman en su tiempo libre, en ausencia de un alter ego lo suficientemente atractivo y eficaz que valide/legitime los “objetivos de vida” de sus individuos».

¿Robin Hood? Lo dudo. Incluso he sospechado (en mi adultez) sobre los términos que este personaje conjugaba para dilucidar quiénes eran ricos, y quienes eran pobres. Ciertamente hay anarquía (también herejía y soberbia) en la afirmación anterior. Pero nadie podría negar (cuestionar sí) que los «daños colaterales» han sido el tecnicismo justificante para otorgar la absolución a no pocos desmanes históricos.

Pero en definitiva, creemos que próximo a sus primeros quince años de travesía, Esquife persiste amén de los hackers, y de otras tempestades que no podrían extraviar el sentido de nuestra singladura. Esa «poética de la complicidad» que se ha vuelto razón y querencia… por encima de todo… y a pesar de todo.

Un abrazo de paz y memoria.

La Habana, julio de 2013
 

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