EL TERCERO EN LA MISMA CAMA PDF Imprimir Email
Escrito por Rubén Ricardo Infante   

3 ruben-El tercero en la misma camaLa Sala Alfredo Guevara del Pabellón Cuba se ha distinguido por la proyección de muestras representativas del quehacer de los jóvenes realizadores cubanos, obras que representan una renovación en sus discursos estéticos y artísticos, y de los maestros, faros y guías para quienes comienzan en la difícil tarea de realizar cine en cualquier lugar del mundo.

Recientemente se proyectó el mediometraje argentino El tercero (Rodrigo Guerrero, 2014), una historia que a simple vista cuenta la vida de una pareja de muchachos que después de ocho años de relación, deciden insertar en su vida a un chico que pueda avivar la llama de su recorrido en común.

Hasta aquí, la historia tiene pocos atractivos, pues es cierto que toda relación con el propio paso del tiempo, si no es fuerte, o si sus integrantes no han sabido trenzarla en la confianza y el amor, tiende a decaer. Pero este no es el caso, o al menos tampoco ha sido la intención del director mostrar esos síntomas de decadencia en la relación, sino la manera en que esta se complementa con la inserción de un tercero mucho más joven que ambos.

Además de escenas explícitamente sexuales, que (¡todavía!) tienden a ofender a espectadores pacatos, hay un rebuscamiento expresivo en esa intensidad de tres cuerpos masculinos en una misma cama. Hay demasiados símbolos que juegan con el posicionamiento en tres perspectivas: cuando el joven que ha sido convocado a través de un chat decide venir a la casa, al subir al elevador, el plano de fondo se divide en tres secciones, integradas por las dos puertas del elevador y la pared de este.

Y es justo en tal momento que sale en pantalla el titulo del material. Otros elementos anuncian la llegada de ese tercero a la casa, pues al recibirlo, en la cocina hay tres tazas y platos de distintos colores. También sucede en la cabecera de la cama, que se compone de tres piezas complementarias integradas en un todo único, ante el cual se exponen los cuerpos satisfechos de placer en una noche intensa; que significa estreno y vuelta de tuerca a la historia entre tres.

Mas allá de la brevedad de las sinopsis, es válido recalcar que el mediometraje se promociona mediante estas líneas: «Después de conocerse por chat, Fede llega a un céntrico edificio de la ciudad para tener un encuentro intimo con una pareja gay mayor que él. En el paulatino devenir de esa noche vive una experiencia intensa y reveladora. La mañana siguiente lo encuentra cambiado, como si de pronto hubiera descubierto una nueva forma de amar.»

Es revelador que al mismo tiempo que está presente en ellos, dígase, la pareja establecida y el joven curioso por experimentar la sensación, el deseo, también se manifiesta un miedo interno en cada uno de ellos. Temor de ambos por mostrarse ante un tercer ajeno, y el temor irresuelto de la juventud ante una propuesta que es dualmente interesante y peligrosa.

Después de superar ese miedo primero, en la cena todos se van mostrando cómo son, con sus temores y sus deseos. El joven se confiesa huérfano y una intención de protección se materializa en quienes la rutina los ha hecho más medidos en la vida. De manera fotográfica, esta situación está resuelta a través de planos y contraplanos, que ofrecen la sensación subjetiva de que el personaje es la cámara y viceversa. Pues primero, el joven pregunta algunas características de ellos, y después, mediante el contraplano es el joven quien cuenta parte de su historia de vida.

Cuando ya llegan al clímax en el encuentro que promete íntimo, y lo es, la cámara se ubica de manera cenital, idea que permite apreciar el movimiento de los cuerpos de una forma más elaborada, pues si su ubicación fuera la habitual, para quien entrara en ese instante a la sala, el susto podría hacerlo gritar por qué tantos espectadores estuvieran en una sala viendo un filme porno gay. Pero Guerrero sabe de los riesgos que corría si mantenía algunos códigos en la manera de concebir esta escena y prefirió la cámara así.  

El realizador también es hábil en utilizar planos largos, o mejor, larguísimos, que refuerzan en el mediometraje una sensación de temporalidad mayor que la real.

Cuando amanece y la cámara ha retomado su posición más común, todos buscamos qué han hecho con el joven. Este amanece acostado entre ambos. Salen a la calle, y ya en la facultad se descubren pensando en la noche anterior y el peligroso placer que acaba de ser suyo, como escribió Kavafis en uno de sus poemas. Y claro que es preferible recordar eso y no el estudio de una figura compuesta ¿casualmente? por tres perspectivas, hecho que refuerza la idea expuesta desde el principio que el tercero es un complemento y no el resultado de una ausencia. 

 

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