DOSSIER MEDIOS DIGITALES Y CULTURA: DE LA VIRTUALIDAD A LA REALIDAD PDF Imprimir Email

Yanet Bello

“Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido… En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de la velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido.”

(Milán Kundera, La Lentitud.)

De la virtualidad a la realidadCuando Cristóbal Colón descubrió América, comenzó un proceso de transculturación. Los europeos impusieron su cultura en el “nuevo continente” porque contaban con una superioridad tecnológica contundente (barcos, arcabuces..., etc.). Comenzó, junto con la barbarie, un proceso de integración de culturas. En el caso cubano, la cultura autóctona fue barrida literalmente, no obstante, ocurrió una fusión de las culturas españolas y negras principalmente, para dar lugar al “ajiaco”, que Don Fernando Ortiz identifica.
Esta transculturación, y posteriormente fusión de culturas para dar lugar a una nueva (la cultura cubana), es posible gracias al surgimiento de una vía de comunicación abierta entre grupos humanos culturalmente diferentes y geográficamente distantes.

Por tanto, el tema principal de este Encuentro no es nuevo, es un hecho cíclico que la cultura --en su más amplio sentido-- sufra cambios drásticos cada vez que las tecnologías de la comunicación dan un paso hacia delante. Y me refiero a cualquier tecnología comunicativa, desde las carabelas de Cristóbal Colón hasta las más recientes herramientas Web 2.0, pasando por el telégrafo, el teléfono, el cine, la radio, la televisión.
Todos y cada uno de estos inventos comunicativos, marcan un nuevo período de producción cultural y artística, donde se crean nuevos significantes, vocabulario y comportamientos.
Marshall Mc. Luhan, en la década de los años sesentas, por primera vez dijo que estos cambios en la transmisión de información estarían produciendo una “aldea global”. Señala, que este concepto se constituye en un tránsito de “la edad de la razón a la edad de la inteligencia”. Identifica en el desarrollo de las tecnologías tres etapas particularmente importantes frente a su impacto.

  • La primera, cuando surge la televisión, que genera la cultura de masas y del consumo;
  • la segunda, se da con las computadoras, que propician la cultura de la velocidad y de la no-homogeneidad y,
  • la más reciente, la de las telecomunicaciones, con las que se da inicio a la cultura del acceso. Esta cibercultura está conectada, es instantánea, siempre interactuando de alguna manera, y su deseo básico no es conectarse sino crear un enlace inteligente, de manera que crea nuevas posibilidades.

La globalización de la cultura se inició desde la era de la radio y posteriormente de la televisión. A partir de estos medios de comunicación ya comenzaron a trasmitirse elementos culturales de un lado a otro del mundo. No es necesario aclarar que la cultura norteamericana siempre ha tenido un papel hegemónico al poseer la mayor parte de los medios de comunicación. Comenzó a implantarse la manera de hacer y los valores norteamericanos incluso en los pueblos que poseían una cultura ancestral autóctona. El cine y su mayor productor, Hollywood, incitó al mundo entero a seguir las pautas que indicaban las estrellas de la pantalla.
Sin embargo, las carabelas de Colón (como herramienta comunicativa) son el único antecedente de creación de una nueva cultura (nuevo idioma, cambio radical de las costumbres y hábitos, nueva forma de relación con la naturaleza y nueva forma de la creación artística y su apreciación) a partir del avance tecnológico.
Actualmente las comunicaciones han llegado a tal grado de evolución que las fronteras físicas han desaparecido, las nuevas aplicaciones tecnológicas en el campo de la comunicación permiten la existencia de grupos culturales separados físicamente, pero que confluyen en un mismo espacio --esta vez virtual-- pero sólo para el que tiene acceso, aunque repercute, de manera directa en el mundo tangible, real.
Me pregunto entonces si estamos en ese segundo momento donde está surgiendo una Nueva Cultura, esa que se ha dado en llamar Cibercultura.
De la virtualidad a la realidadLa interacción de la cultura tradicional y la cibercultura deben estar creando una cultura más amplia y abarcadora. Es imposible delimitar los efectos de la una en la otra.
Hay varios elementos que podrían ser comparados a efecto de determinar si la cibercultura es en realidad una cultura nueva o un elemento más dentro de la cultura tradicional, aunque podríamos estar cayendo en el error de ser dogmáticos. El propio concepto de cultura es dialéctico. Dentro de estos elementos encontramos:

El aprendizaje trasmitido de generación en generación: Las generaciones coexisten de diferentes modos en Internet y en el mundo físico. En Internet pueden coincidir más generaciones en un mismo momento. Por lo tanto la trasmisión de conocimiento no tiene por qué suceder de una generación a la que le sigue cronológicamente como sucede en el mundo físico. De hecho, es posible que las viejas generaciones estén aprendiendo de las nuevas cómo moverse en este espacio digital. Desde este punto de vista la trasmisión de conocimiento se ve enriquecida.

El simbolismo: Desde el momento en punto en que la comunicación digital sucede mediante código binario, estamos aceptando el hecho de que la base es simbólica. Sin embargo, podemos considerar estos símbolos técnicos. No obstante, en la formación de la cibercultura encontramos todo un espectro icónico de reciente creación, por ejemplo los emoticones.

La cultura es compartida: Se transmite a través de los grupos a los que se pertenece, que son los encargados del proceso de enculturación. El sentimiento de pertenecer a un grupo está claramente marcado dentro del ámbito propio del ciberespacio. Los cibernautas se sienten ligados e identificados a los demás miembros de esta comunidad y mucho más cuando hablamos de comunidades o grupos de interés o discusión formados dentro del mismo ciberespacio

Volvamos al concepto de cultura. Partiendo de que la cultura contiene en sí todas las formas de expresión, y, asumiendo que las nuevas formas de comunicación contienen nuevas formas de expresión, ¿por qué no considerar la cibercultura un elemento más de la “cultura universal”?, tal y como consideramos la cultura africana diferente de la cultura andina y de la europea, que forman parte, al fin y al cabo, de una cultura mucho más amplia.
La cibercultura es una cultura de formación más reciente tal vez, que forma parte también de esta cultura universal. Tal y como lo fue en su momento el cambio en la expresión, hábito, vestimenta, de nativos y colonizadores a partir del descubrimiento de América. Salvando la diferencia de la velocidad de estos cambios, el proceso es el mismo. Centrándonos pues en éstos aspectos podemos decir que dentro del ciberespacio existen suficientes características como para poder afirmar que estamos ante un proceso de creación de una nueva cultura. Aunque ahora las expresiones culturales dejan de configurarse por movimientos autóctonos e identitarios y pasan a ser “nodos” en una red de relaciones mundiales.
De la virtualidad a la realidadAlgunos autores como Kerckhove y Lévy, definen la Cibercultura como la tercera Era de la Comunicación, en la que se habría configurado un lenguaje todavía más universal que el alfabeto: el lenguaje digital. Una era que habría seguido a las de la oralidad y la escritura. En su libro: Elegía a Gutemberg, Sven Birkerts, ve la cibercultura más como una época de transición hacia la consolidación de una “cultura electrónica” que estaría acabando con los valores propios de la “cultura de la imprenta”. Birkerts no duda en calificar esta época de transición como la del “último pacto fáustico” de la humanidad.
Según Wikipedia, Cibercultura es la cultura que emerge, o está emergiendo, del uso del computador para la comunicación, el entretenimiento y el mercadeo electrónico. Cultura nacida de la aplicación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación como Internet. Cultura de polaridades de opuestos, de ventajas y desventajas de libertad absoluta, anonimato, ciberdelitos construidos por ciberciudadanos con derechos y obligaciones.
Está fundamentada en los siguientes aspectos según Begoña Gross (Universidad de Barcelona):
Sociedad-Red: Con el desarrollo de las redes de comunicación, especialmente de Internet que crece día a día de forma exponencial, se dibuja una sociedad con una visión circular del mundo que se auto enlaza y se auto reproduce. Desde el punto de vista cibernético, podemos considerar la sociedad como un sistema orgánico viviente basado en la comunicación y la información que se generan y se introduce según su funcionalidad.
Comunicación-Conectividad: Estar conectado representa estar en el mundo, formar parte del sistema, lo que te permite a su vez ser creador de nuevos sistemas. La conectividad es condición necesaria para la comunicación a través de la red. Las formas comunicativas están transformándose dentro de la red, a través de la creación de las comunidades virtuales. Las comunidades virtuales se construyen sobre afinidades, intereses y conocimientos independientemente de la proximidad geográfica. Son comunidades muy diversas en su composición y también en su estructura y forma comunicativa.
La Información: La información generada en la red está más próxima a la cultura de la oralidad que a la cultura de la escritura aunque con cambios importantes. La información no se transmite de generación a generación sino que es volátil, se crea y desaparece cuando deja de ser funcional para la comunidad que la ha generado.
Velocidad: La velocidad ha ido aumentando con el desarrollo de la tecnología pero nunca hasta ahora el crecimiento había sido tan rápido. Por ello, en la sociedad informacional hay una ruptura del ritmo y de los ciclos vitales.
Dentro de la cibercultura se distinguen dos tipos de personas. Las primeras utilizan el ciberespacio meramente como un espacio de comunicación a la vez que como una herramienta para esta comunicación. Este grupo de personas, me atrevería a decir que son la mayoría, no comulgan con ningún tipo de distinción o separación respecto a su ámbito cultural concreto en el momento en que navegan por el ciberespacio. Existe una convivencia entre sus hábitos culturales y los que impone de alguna manera Internet.
Los segundos serían los que tienen un estilo de vida marcado por Internet. A estas personas se las puede clasificar claramente como grupo. Tienen como principales precursores a determinados medios de comunicación, tanto dentro como fuera del ciberespacio, que los aglutinan y cohesionan. El ejemplo más claro de ello lo tenemos en la revista Wired, editada en San Francisco. Esta revista encarna y dirige el proceso de creación y generación de una cibercultura.
Sin embargo, el alcance de la cibercultura va más allá de la influencia que ejerce en este segundo grupo de personas. Las personas que no han hecho una dependencia enfermiza de Internet (el primer grupo del que hablamos), han cambiado, sin embargo, su forma de comunicarse también al utilizar la red de redes como herramienta, han ampliado su vocabulario al incorporar todos los vocablos concernientes a la computación y la conectividad. Y han variado también la forma en que educan y enseñan a sus hijos utilizando estas nuevas tecnologías.
Pero también existe otro grupo, aún mayor, que no tiene ninguna relación directa con la tecnología. La situación de aislamiento y desconocimiento no exime a las comunidades “desconectadas” del impacto real del desarrollo de las nuevas tecnologías. La forma en que es percibida la realidad de uno y otro lado de la herramienta comunicativa (ya sean las carabelas de Colón o Facebook) implica el nivel de credibilidad que podemos adjudicarle. Los conquistadores españoles --por ejemplo-- tenían pleno conocimiento (o al menos la posibilidad) de la situación en Cuba y en España, para ellos ambos extremos eran reales. Para los colonizados (indios o negros) la vida más allá de las costas cubanas no podía ser percibida como realidad. Lo que sucediera en las cortes españolas no tenía una representación real en su mente. Sin embargo, esta realidad lejana los afectaba directamente. Ésa es la causa de que hoy, en Cuba, todos hablemos español, incluidos los negros, que sí perdieron la comunicación con sus idiomas originales.
De la virtualidad a la realidadLa diferencia clave entre el surgimiento de las nuevas culturas como la cubana --por ejemplo-- debido al desarrollo de la comunicación que significó la conquista, estriba en que estas nuevas culturas fueron causa de invasiones extranjeras y fundamentalmente se dieron en las poblaciones invadidas, pobres y menos desarrolladas.
En el caso de la cibercultura lo que sucede es lo contrario. El hecho de que la causa del surgimiento de la cibercultura esté dada por el uso directo de la tecnología, ésta nació y aún se concentra en los países ricos, específicamente en los Estados Unidos. Esta situación se revierte con una mayor influencia de la ideología americana en la cibercultura privilegiando los valores aupados.
Si tenemos en cuenta que el uso comercial y económico de Internet está teniendo un peso real en la economía mundial, es obvio que la llamada cibercultura tiene más influencia en las culturas tradicionales que el que las culturas tradicionales pueden ejercer en la cibercultura, debido a la falta de tecnología para acceder a ésta.
Sin embargo, aunque en las cortes españolas no se llegó a hablar en arahuaco o a celebrar areítos, sí se pusieron de moda las plumas de aves exóticas y el uso de productos del “nuevo continente”, y también, por supuesto cambió la concepción científica del mundo.
Estos grupos humanos actuales, aislados del desarrollo comunicativo tienen menos posibilidades de encontrar empleo, y son más propensos a ser discriminados; sin embargo están incorporando, aunque más lentamente, nuevas prácticas culturales, evidentes sobre todo en el lenguaje. Pero de alguna manera también impactan sus diferentes modos de hacer y de decir dentro de la comunicación digital, es decir, han hecho valer su propia cultura en estos espacios.
Hemos de rechazar el concepto de cibercultura si detrás de él se escudan criterios y postulados unidireccionales y excluyentes. Quizá a partir de ahora tendríamos que empezar a hablar de ciberculturas en plural. Estaremos, entonces, delante de un verdadero espacio abierto a todo el mundo.

Conclusiones
Desde la época de la conquista no se ha producido el surgimiento de una nueva cultura que implique cambios tan radicales en el lenguaje, hábitos, comportamiento, aprendizaje, etc… aunque el avance de las tecnologías comunicativas como la radio y la televisión han tenido un impacto real y paulatino en la transformación de las culturas. Siempre tendiendo al modelo americano.
Analizando el concepto de cultura, se llega a la conclusión de que la cibercultura es un elemento más de la “cultura universal”, tal y como se consideran las culturas latinas, asiática, etc. Es un nuevo tipo de cultura surgido a partir de una apertura comunicacional, tal y como lo fue en su momento el surgimiento de la cultura cubana a partir de la apertura de las vías comunicativas entre España y América.
Las comunidades con menor acceso a la tecnología de la comunicación, no están exentas de su impacto económico, político y social. Por lo tanto, los mundos físico y digital son Reales, porque las consecuencias de su uso y desarrollo son tangibles, independientemente del uso de la fantasía y la manipulación de la verdad que suceda en ambos.
Hemos tardado muchos siglos en conocer la influencia de la escritura en el pensamiento y no es posible saber cómo las tecnologías de la información y la comunicación van a alterar nuestra cognición. Lo que sí resulta claro, es que necesariamente va a haber una alteración que ya estamos viviendo pero que todavía no podemos analizar con exactitud.

 

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