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Cecilia Crespo
Si pudiera contarlo con palabras, no me sería necesario cargar con una cámara Lewis Hine
Pedro Abascal ya no recuerda cual fue su primera foto desde que por allá por los ochenta apretó por primera vez el obturador de su cámara. Este artista atrapa historias entre luces y sombras del mismo modo que persigue al ser humano en su contexto. Algunos dicen que la culpable es La Habana porque es la ciudad de sus utopías e ilusiones, a la que mucho le ha cantado con el lente como mismo me confesó. También ha perdido la cuenta de las veces que ha fotografiado a la ciudad, aunque, al parecer, lo suyo no es más que hacer perceptible lo que no siempre es, captar lo aparentemente intrascendente sublimándolo, utilizando la fotografía como herramienta para representar lo que todos conocen y no todos ven. En su constante cacería de imágenes más allá de la composición y del deseo de transmitir sensaciones, Abascal ha logrado captar la esencia del paisaje citadino y sus habitantes.
Se empeña en reflejar escenas y objetos sencillos y cotidianos mutándolos en arte. En su obra resulta esencial el empleo de las transparencias, la mirada elíptica y se evidencia gran poder de síntesis y capacidad a la hora de plasmar detalles y contrastes. Sus logrados encuadres, lo idóneo de las temáticas abordadas, el escultórico tratamiento de la luz, y la evidente fuerza visual de sus piezas, convierten a este creador en uno de los imprescindibles en el devenir fotográfico cubano contemporáneo. En ocasiones las fotos de Abascal resultan inquietantes, reflexivas y perturbadoras, en otras, prima el tono poético sin que pierdan por eso el sentido del mensaje directo, su peculiar manera de ver la vida y el tratamiento enaltecedor del ser humano en sus disímiles aristas. Este inquieto observador prefiere omitir el color sobre el papel fotográfico, pues los valores plásticos le “brindan la posibilidad, mediante sus mismas degradaciones cromáticas, de crear matices que denoten cierto misterio”, según expresó. Misterio al que concede gran importancia, pues sin este, no hay imagen que lo incite a espiarla desde el visor. Del contrastante blanco y negro de las instantáneas resaltan las auténticas expresiones de sus personajes sin nombres, quienes destacan por la singularidad de la gente sencilla, de las que también se nutre la cotidianidad y se construye la historia, quienes quizás nunca se enteren que se inmortalizaron gracias a la magia del octavo arte.
Toda conversación con Abascal queda mutada irremediablemente en una magistral clase de fotografía, comienza hablando de cualquier tema y siempre vuelve, una y otra vez, a rememorar las trampas de su oficio. Nunca me propuse entrevistarlo solemnemente, solo me dediqué a memorizar cada uno de sus testimonios y aseveraciones entre charla y charla. Imbriqué mis preguntas a sus respuestas para lograr estas letras, o mejor, mi añorada entrevista en serio.
¿Cómo describirías la foto que haces? Ante todo muy honesta, por la gran dignidad con que la hago, porque un artista ante todo tiene que ser digno y honesto consigo mismo antes de serlo con los demás, tratando de interpretar la realidad y dejando que la misma fotografía se encargue de describir lo que tiene frente a sí.
¿Cómo te autodefinirías como creador? Soy un fotógrafo extremadamente curioso e indagador que se descubre siempre escudriñando la realidad y que conserva la capacidad de sorprenderse.
¿Qué fue lo que inicialmente te sedujo de la fotografía? La imagen de Chaplin y el chicuelo recostados en el muro, de 1921, y la segunda el Guerrillero heroico, de Korda. Lo otro que me cautivó y me cautiva es mi absoluta fascinación por la cámara fotográfica, por el lente, el avance de la película, mirar por el visor, la magia intrínseca de la maquinaria. La primera vez que tomé una cámara en mis manos sentí algo supremamente sensual. Es una reseducción algo ambigua, complicada y difícil de describir supongo que tenga mucho de los sentimientos que se esconden entre el alma y la luz.
¿Quién descubrió primero a quién, tú a la fotografía o ella a ti? No sé, exactamente. He visto muy buen cine desde niño, en la época en que Mario Rodríguez Alemán tenía su programa Cine en Televisión donde ponía clásicos mexicano, ciclos de Kurosawa, Bergman, Buñuel, entre otros. Había una educación visual que te llevaba aprender, a indagar sobre la imagen. Yo no sabía que sabía componer hasta que empecé a hacerlo y a dominar las reglas de la composición, soy un fotógrafo autodidacta que, como muchos, aprendí viendo imágenes de los grandes maestros.
¿Cómo cuáles? Hay muchos, te puedo mencionar a Cartier Bresson. Y de los cubanos Raúl Corrales, Korda, Ramón Martínez Grandal son mis paradigmas.
¿Y si hablamos de otras influencias? Te diría que he me han influido los genios del cine, he visto muchos planos que, aunque no quiera, emergen de vez en cuando. También está la música que marca muchas de mis imágenes y mi manera de crear porque a veces las concibo como pentagramas musicales, como la de las sábanas colgando en un balcón vistas desde abajo que aparece en el libro Documentos personales. Veo a esa foto como a un pentagrama, incluso por su ritmo y armonía. Muchos han dicho que la fotografía tiene que ver con la música y yo añado que se relaciona especialmente con el jazz porque en ambas el nivel de improvisación es primordial. Cuando te enfrentas a fotografiar una situación determinada tienes que improvisar el movimiento, las sombras, a partir de las situaciones. Tal es así que siempre es una situación nueva, si paras a diez fotógrafos frente a la mismo objetivo tendrás imágenes disímiles y si te vuelves a parar ante la misma circunstancia tienes que improvisar otra vez sobre la base del conocimiento de la técnica.
¿Qué importancia le concedes al dominio de la técnica? La cámara es la herramienta que me permite poner en práctica el dominio de la técnica. A mí me funcionan mucho las de pequeño formato, la Leika de 35 mm. fundamentalmente, porque es muy precisa y discreta y me permite observar al mundo y no ser yo el observado, ya que no estoy haciendo galas de gran fotógrafo ni nada por el estilo. Con respecto a la técnica trabajo con una gran economía de medios y recursos que me permite lograr la síntesis de lo que quiero. La fotografía es una de las artes visuales que más depende de la técnica y cuando se tiene un determinado dominio de ésta entonces deviene lenguaje. Y te digo todo esto porque cuando tú manejas la composición y las luces, el saber hacerlo y como lograrlo, donde situarse con respecto a la luz, la forma de iluminar y cómo mover al objeto, son cuestiones técnicas y después hay técnica también para revelar bien el negativo e imprimir bien la fotografía. Una misma imagen o una misma situación pueden ser fotografiadas desde el mismo ángulo, enfatizando luces o sombras en dependencia de lo que se quiere transmitir, eso también es técnica, por lo que le concedo tanta importancia y le tengo tanto respeto.
¿Dónde consideras que está la verdadera composición de la foto, en el ojo, en la mente o en el alma del fotógrafo? Pienso que en la mente y en el alma. Todos tenemos la capacidad de componer, es decir, arreglar la forma en el rectángulo. Parafraseo al maestro latinoamericano Sergio Larraín cuando dice que una buena imagen nace de un estado de gracia. Lo demás estriba o radica en componer o determinar las formas dentro del rectángulo, darle un orden coherente al caos; como lo hagas es algo muy personal que puede dar buenos o malos resultados, el conocer las leyes de la composición ayuda, sobre todo para violarlas, pues mientras uno mejor las conozca mejor las violas.
¿El poder de transmisión de una imagen es directamente proporcional a la sensibilidad del fotógrafo o tiene más que ver con lo que se fotografía? Es directamente proporcional a la sensibilidad del fotógrafo porque cualquier objeto o situación es susceptible de ser retratado de manera eficaz, el que transmita algo le toca al hombre que está detrás de la cámara. El cómo lo va a hacer, ya sea una naturaleza muerta, un desnudo o una luz cayéndole a la espalda de una muchacha bonita depende de la sensibilidad de captación del fotógrafo, el cómo el individuo la enfrenta. En mi caso la fotografía es una manera de mostrar inteligencia, sobre todo la visual, ordenar las formas en el rectángulo de manera tal que transmita verdaderas emociones. Si te pones a mirar mis imágenes te das cuenta de que en ellas no pasa nada trascendental ni hay grandes eventos: un niño que salta, un hombre con un perro, una niña con un violín, no sucede nada extraordinario y sin embargo yo pienso que pasa todo. Mis fotos discursan sobre el misterio de la vida, sin misterio no hay imagen que me interese ni que me funcione.
¿Qué piensas del advenimiento de las nuevas tecnologías en el desarrollo del arte fotográfico? Tengo que citar a Cartier Bresson cuando por lo años cuarenta dijo que la fotografía no ha cambiado mucho desde sus inicios salvo en las cuestiones técnicas. Estamos en lo mismo del daguerrotipo, la fotografía no ha cambiado absolutamente nada, lo que se ha desarrollado es la tecnología. En un inicio los lentes tenían otra calidad y las películas carecían de sensibilidad. Hoy día todo ha cambiado, lo digital no usa película, todos son cálculos, sigue siendo una herramienta para al final de la jornada hacer lo mismo que la analógica. La esencia de la fotografía es plasmar luces y sombras en un soporte determinado. No creo en el analógico versus digital, creo que cada una te ayuda a realizar una función determinada con sus requerimientos y especificidades. Hice mi serie Laberinto con una cámara digital empleando la misma técnica que en la analógica. Esas fotografías estaban hechas por la superposición de capas en las vidrieras, es curioso porque muchos pensaban que las manipulé en la computadora, ellas estaban ya montadas cuando yo las atrapé. Usé lo digital para demostrar que se puede hacer lo mismo, quizá un poco más rápido, aunque prefiero la analógica por aquello del ritual y el aura que tiene.
Más allá de la predilección por la figura humana y de la mirada elíptica ¿qué otras temáticas vuelven una y otra vez a tu obra? Sin dudas esa temática recurrente es la vida. Descubrir al hombre en el acto de vivir, aquello que crea, lo que hace día a día. He dicho otras veces que abordo al ser humano en sus cuestiones banales, donde deja la profunda huella de su existencia. Aparte del hombre, me acompañan varios caracteres, signos y símbolos como los maniquíes, reflejos, vidrieras y cualquier objeto que sea susceptible de fotografiar y que me inspire a captarlo.
¿Por qué prefieres el blanco y negro? Por algo muy personal que no te voy a decir nunca porque de inmediato lo publicarías. En serio, el blanco y negro me ofrece la gran posibilidad de dibujar con luz el misterio que tanto me gusta. Me permite más posibilidades, cierto dramatismo, elegancia, belleza. Sabes que con el color a veces la imagen gana más que por su propia composición y a mí me interesa que los efectos vengan por otro lugar, por la creación de sí misma. El añadir color me resulta baladí, la serie Laberinto es en colores porque estaba discursando precisamente de lo trivial.
¿Qué rol crees que desempeñe la fotografía en la sociedad contemporánea? Según como yo lo veo la fotografía tiene la misma función que pueden tener las matemáticas puras. Ambas sirven para enriquecer el espíritu, el diseño de una rosa es matemática, una combinación de factores al igual que la concepción de una imagen. Y como el arte es perturbación y la fotografía es arte, creo que ésta tiene la misión de perturbar, inquietar y sugerir, motivar y enriquecer el alma de quien la sepa apreciar.
Una foto indispensable… Sin dudas, El sueño, de Raúl Corrales y si quedara tiempo para hablar de una de las mías sería El niño de la calle Villegas, tomada en 1989.
¿Qué nunca fotografiarías? Aquello en lo que el ser humano salga mal parado, donde este no aparezca dignificado. En mis imágenes siempre el hombre sale lo mejor posible.
¿Qué es para ti una buena foto? La que te conmueva e incluso cuando seas incapaz de explicártela, pues una imagen tiene tantas lecturas como espectadores la vean. Cuando una imagen te conmueve para bien o para mal, sin ser grotesca, estás en presencia de una de las buenas.
¿Entonces, ves la vida en colores o en blanco y negro? Depende de la cantidad de ron, casi siempre veo la vida en colores. Aunque aun hay secretos, misterios por llamarlo de otro modo. |