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MARTÍ, ARTE Y DIOS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Yerisleydys Menéndez García   
 Catedral de La HabanaSi no fuera por los ángeles que se materializan y vienen a la tierra para aminorar las miserias humanas, nuestro destino sería mucho peor. Hay lugares donde no llega la mano de Dios. Él habita en las catedrales, en los cultos protestantes, en las mezquitas, en los rituales de pequeños  pueblos, pero no en los bancos mundiales, o en la bolsa, ni siquiera en la Casa Blanca y esas lógicas rigen el mundo. Dios ya no rige el mundo, aunque se le sigue venerando. Debe ser esa costumbre humana de venerar lo desconocido lo que llevó a los habaneros a dedicarle una misa y una exposición a Martí, no porque Martí sea Dios, tal vez sea Martí un desconocido. Desde ese día comparten asilo el apóstol, Dios y el arte.

Cuenta la leyenda que cuando uno se inclina sobre el sitio en que estuvo sepultado Martí y acerca el oído --en esa hora en que la naturaleza hace silencio-- puede escuchar, bajo la tierra, el corazón del Poeta, como si el alma del héroe siguiera alimentando a su isla desde las profundidades. Suelen las leyendas también hablar de dioses, de dioses y ángeles, Miguel, Gabriel, Rafael, vengadores y repartidores de mensajes han extendido sus alas a la humanidad cuidándola e inspirándola. Dice otra leyenda que los artistas tienen ángeles. Supongo que los más de cien pintores responsables de la muestra Por el amor se ve que cerraría la misa, también tuviesen ángeles. Ariel Borroto, Ernesto Rancaño, Zaida del Rio, Gólgota, Nelson Domínguez y muchos otros, creyeron que volver a él, a Martí; es ajustar la brújula, andar seguro, lo mismo que creen los que confían en Dios y como este, en repetidas ocasiones, ese día el apóstol se transmutó, se convirtió en trazo, textura, color.

Como solo lo honesto entonces debe perpetuarse, Martí se fijó con su imagen de hombre de forma atemporal y cambiante en el otrora Seminario de San Carlos y San Ambrosio, institución que también pensó a Dios, un poco materializado, un poco rebelde, pero Dios al fin, desde el más cubano de los siglos, hoy Centro Cultural Félix Varela.

En Por el amor se ve queda expuesta sin prejuicios, la visión personal de los autores convocados. Cada artista fue sincero, cada propuesta es legítima aunque algunas nos sorprendan por su iconoclasia aparente. Pero aquí no ha habido infidelidades. El sujeto referido, artista a la vez, habló de que el arte para ser poderoso ha de ser genuino y los creadores siguieron este precepto. No existe un solo Martí, de ahí la diversidad de las obras, como no existe un solo dios, por eso de ambos se representa su estado más inmediato, el más fácil de aprehender, el aquí, el ahora y el siempre, no hay otra forma de representar la intrascendencia.

Es que desde las líneas de la figuración el hombre se acerca a la abstracción más definitiva. Por eso hace arte, por la necesidad de acercarse a Dios. El arte es un intento humano por comprender lo inmenso, por destruir y crear constantemente entes venerables y así librarnos de nuestro monótono destino. Arte es satisfacción. Venerar a Martí nos satisface.

Kamyl Bullaudy Rodríguez,  pintor, dibujante, ceramista cubano y encargado del montaje y la curaduría de la misa y la exposición, sigue a Martí fanáticamente, como los religiosos siguen a su Dios. Un artista que sigue a otro no es nada raro, como Dante a Virgilio quien, no hay por que dudar, lo sacó del infierno y lo llevó a la deidad. Los artistas, como los ángeles, están más cerca de Dios...
Una “Misa Martiana”, oficiada en la Catedral de La Habana, asistida por el presbítero Yosvani Carvajal Sureda, Rector del Centro Cultural Padre Félix Varela, acompañada musicalmente por la Orquesta y el Coro José Martí, el Coro Harold Gramatges y que concluye con una exposición colectiva de más de cien obras plásticas montadas en los claustros del bicentenario colegio, por donde desfilaron personalidades descollantes de la historia cubana, es la escusa  perfecta para invocar al Poeta de vuelta, regreso que nunca será reiteración infértil ni vacua tradición.

Así  la gente venera  a Martí, como hay quien venera al banco mundial o a la bolsa o a las lógicas capitalistas; incluso hay quien todavía venera a Dios, en las mezquitas, catedrales, cultos de pequeños pueblos, aunque ya no rija al mundo y aunque su mano no llegue a todos los lugares. Después de todo siempre quedan los ángeles que aminoran las miserias humanas y acompañan a los artistas, liberadores de monótonos destinos y creadores de nuevos objetos de veneración (satisfacción).
 

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