QUE CANTEN LOS NIÑOS O QUÉ CANTAN LOS NIÑOS PDF Imprimir Email
Escrito por Liset Prego   

2 liset-sexismo y violencia en la msica¡Mira que han hablado mal del reggaetón! ¡Hay que ver lo que se ha dicho de la vulgaridad y violencia en la música de los últimos años! El impacto de esta en los niños preocupa a muchos padres, otros sonríen ante la niñita que “perrea” al ritmo de Los Desiguales o cualquier intérprete de moda, cada uno más efímero que el anterior, o con mayor precio de entrada a sus conciertos.

Es muy difícil controlar el consumo en los infantes, y pese a que los Minieinstein o algunas producciones de Disney acercan la música de clásicos como Mozart y Beethoven a los parvulitos, siempre habrá un equipo de radio cercano o un vecino púber que los familiarice con los problemas del transporte aéreo; para que luego el padre, cultor del buen gusto estético, escuche a su descendencia tararear «se te fue el avión», y se le queden los ojos como pescado frito.

Pero el riesgo ante las influencias de la agresiva música bailable para adultos que hoy se produce no es el único al que deberían temer aquellos dedicados al vitalicio encargo de la paternidad. Si no lo cree, recuerde su infancia. El sexismo y la violencia son frecuentes en las composiciones que por décadas se le han cantado a los querubines de casa —a veces endiablados pilluelos—, sin que nadie parezca reparar en su contenido.

Ahora podrán tararear conmigo aquello de «la manito la tengo quemada, ya no tengo deditos ni nada…» ¡Horror! ¿A quién se le ocurrió escribir eso para un niño y cómo es que se ha perpetuado la costumbre de seguirla cantando en pro del desarrollo motor de los bebés?

Luego está aquella que muchos aprendieron en pianitos de juguete, que reza «la mujer de Pepe se orinó en la cama y Pepe le dijo cochina marrana». O sea, a esos con enuresis primaria, a los que no han logrado el control de esfínter, nada de psicólogos o nefrólogos, sino recuerden que son unos cerdos y punto.

Y las palmitas de «manteca pa´ mamá que le da la teta y papá que le da peseta» deja claras las obligaciones de cada uno en casa.  Más evidente en la tonadita que reza «lunes antes de almorzar una niña fue a jugar, ella no podía jugar porque tenía que fregar»…y así hasta la semana siguiente y toda la vida… vaya, como para querer ser niño, que a fin de cuentas podía, como papá ser marinero «y en cada puerto tener una aventura de amor…», pues definitivamente la promiscuidad está  autorizada para ellos y tienen libre albedrío.

Según la lógica de quien haya escrito esto, a una niña le tocaría quedarse en casa aprendiendo las labores domésticas para que alguien como Arroz con Leche la escogiera, porque sépase que a pesar de no ser viuda ni vivir en la capital, ella sí sabía coser, bordar y  poner la aguja en su canevá.

No caben dudas que la educación en los atávicos roles de géneros impuestos por siglos encuentra un canal para perpetuarse a través de tales creaciones. Lo peor es que seguimos haciendo a nuestros hijos repetir los versitos y la conducta que promueven.

¿Y qué piensan acerca del mejor inductor del terror nocturno, que amenaza con la llegada del Coco a quienes se mantengan despiertos? ¿Cuántos se habrán quedado apretando los ojos con los corazoncitos a galope, ante la posibilidad de que apareciera el oscuro señor?

Vean ustedes, la educación es una tarea difícil, y el folclore no la facilita con semejantes canciones. Eso no quiere decir que en las añejas piezas de música para niños esté todo errado; en la mayoría se combinan delicadas o divertidas melodías con letras llenas de ternura, didácticas moralejas o hilarantes historias.

Allí deberían buscar también los que pretendan escribir temas para los pequeños, con la certeza de que no son tontos que se conforman con el facilismo de unir palabras que rimen y punto. El reto será siempre nutrir la fantasía e intelecto del joven público.  

 

 

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