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Agenda 2 de mayo de 2012


LO QUE SÍ DICE SALIM LAMRANI PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Lázaro J. González González   
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Para ser francés y extremadamente joven, el profesor y periodista Salim Lamrani sabe de Cuba, y de los demonios que enfrenta en el campo de las ideas, mucho más que algunos cubanos, como demuestra en Cuba. Lo que nunca le dirán los medios, su más reciente libro.

Publicado por la Editorial José Martí y con prólogo del líder sudafricano Nelson Mandela, el texto revela, mediante el análisis a hechos determinados, la contradicción entre la realidad cubana y su reflejo por las grandes trasnacionales mediáticas.

Ambrosio Fornet --quien se calificó como un lector entusiasta de Lamrani-- aseguró al presentarlo durante la pasada Feria Internacional del Libro, que el mismo genera una expectativa creciente, más propia de las obras narrativas y dramáticas que del ensayo y el periodismo.

«Gracias a una estrategia intuitiva, que consiste en subrayar el contraste entre las palabras y los hechos, entre lo que se dice y se calla, logra desenmascarar al gran poder de los mass media», dijo el Premio Nacional de Literatura.

De acuerdo con Fornet, aborda no solo con argumentos persuasivos, sino también con un impresionante despliegue de documentación, temas como: el Plan de la Unión Europea contra Cuba, los ataques contra el gobierno de La Habana de la organización Reporteros sin fronteras, las sanciones económicas de Estados Unidos contra Cuba, el conflicto con la base naval de Guantánamo y las damas de blanco, las diversas especulaciones sobre el futuro del país, entre otros.

Por su parte, Lamrani dijo que el caso de Cuba era único y debería ser objeto de estudio en todos los centros de investigación sobre la desinformación, debido a cómo desvirtúan la realidad de la Isla.

Arguyó que, a pesar de todo ello, los nombres de Cuba y de su líder histórico, despiertan entusiasmo y admiración en los demás continentes del planeta, particularmente en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Argentina, entre otros gobiernos progresistas que, de algún modo, la tienen como referente.

Se refirió asimismo, al prestigio que alcanza el proceso revolucionario cubano ante numerosas personalidades de todo el mundo y en organismos e instituciones internacionales como la Organización de Naciones Unidas y el Movimiento de Países No Alineados.

Sobre el libro comentó que su objetivo era contrarrestar esa censura y aportar una serie de respuestas a las interrogantes que tales medios se empeñan en soslayar, a pesar de que se presenten a sí mismos como libres y democráticos.

«Por otra parte, intenté ofrecer una descripción más objetiva de la compleja realidad cubana, que por desgracia, siempre nos presentan de forma caricaturesca y mutilada», reconoció el especialista.

Hijo de argelinos y nacido en Francia, Lamrani se ha especializado en el tema de las relaciones Cuba-EE.UU y colabora habitualmente con Le Monde Diplomatique, L’Humanité, Alger Républicain, Red Voltaire, Rebelión, Latinoamérica, entre otros. Ha impartido conferencias en importantes centros universitarios junto con intelectuales como Noam Chomsky e Ignacio Ramonet y, además, firmó declaraciones conjuntas contra el terrorismo y por el respeto de la soberanía junto a ganadores del Premio Nobel como Adolfo Pérez Esquivel, Rigoberta Menchú, Nadine Gordimer y José Saramago.

Sus libros anteriores dedicados al tema de las relaciones Cuba-EE.UU son Terrorismo de EEUU contra Cuba. El caso de los Cinco (2005); Cuba frente al imperio. Propaganda, guerra económica y terrorismo de estado (2006) y Fidel Castro, Cuba y los Estados Unidos, todos ellos publicados también por la Editorial José Martí.

 
LA PRODUCCIÓN DEL “OTRO” EN EL AUDIOVISUAL CUBANO PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Estela de los Milagros Ferrer Raveiro   
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A lo largo de los años, América Latina ha sido no sólo el laboratorio donde muchas prácticas culturales metropolitanas se han puesto en vigor, sino que, a la vez, la propia imposición de nuevas categorías como el humanismo y el estado naturaleza han signado su proyección externa como espacio geográfico y sus estilos cotidianos de existencia.

El tono de nuestra región viene dado por la heterogeneidad, nuestro modo descentrado, no- lineal de inclusión en la Modernidad y de apropiación de ella. Posmoderna, a su modo, esa Modernidad se realiza ejerciendo influencia sobre los diferentes sectores sociales y generando hibridaciones entre lo autóctono y lo extranjero, lo popular y lo culto, lo tradicional y lo moderno. Una Posmodernidad que según Jesús Martín Barbero en su texto Modernidad, Postmodernidad, Modernidades en vez de reemplazar, viene a reordenar las relaciones de la Modernidad con la tradiciones. Precisamente, esas prácticas que de hábitos devienen tradiciones son las que van conformando la identidad.

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Ante las hibridaciones que se suceden entre lo local y lo foráneo, ante el alcance y la vorágine de información que circula a través de las nuevas redes de socialización, qué consecuencias trae la penetración cultural definida por la periferia como imperialista. Centrémonos en Cuba, en lo que ha transcurrido de este siglo XXI. Por una parte, amparados bajo nuestra condición de país bloqueado hemos pirateado cuanta información, serie o película se nos antoja y por otra, existe el discurso de que lo de «allá» es lo mejor. De esta forma no sólo se inserta en el país una producción extranjera, sino que la misma tiene un alto valor connotativo a nivel nacional en cuanto es asumida como el summun de la calidad. Como suele afirmarse popularmente: los «malos» producen bueno.

La explicación a esta predilección pudiera ser resultado del propio perfeccionamiento de la Industria Cultural. En la medida en que esta complejizó su funcionamiento se produjo una evolución, de la rigidez de la verticalidad adoctrinadora o concientizadora a un producto más sutil que vende brillantes imaginarios, como las disímiles imágenes que estimulan el hedonismo y el placer del deseo, tal cual se aprecia en tantos productos audiovisuales que venden el estilo de vida norteamericano. Estas imágenes atraen, seducen y manipulan.

Sin embargo, si bien la audiencia joven y adulta que consume varios de estos materiales, sobre todo, películas de Serie B- precisamente por ser un cine muy comercial y efectista- existe un público aún más fiel sobre el que los modelos norteamericanos están teniendo una influencia abrumadora. Este es el caso de los niños. Como público este sector es completamente indefenso a la manipulación que siempre va implícita en estos productos audiovisuales. Ningún relato, como afirma Barthes, se hace con la anécdota y se concluye en ella. En su interior se contiene una ideología, un punto de vista de ese sujeto que emite el mensaje y construye los personajes y las situaciones. El consumo privativo de este tipo de producción distorsiona los patrones identitarios de los infantes. En cierta medida, los impulsa a asumir cánones ajenos generados desde el consumo, en vez, de los que tradicionalmente han signado la historia de su país.

La parrilla de programación que estructura la División de Programas Infantiles de la Televisión Cubana, sobre todo desde el inicio del siglo, se ha saturado de animados, cortos y filmes extranjeros que venden el «american way of live». La cuestión no es que no se conozca la producción extranjera, sino que exista una compensación con productos nacionales, lo cual no es la norma.

Esta situación provoca que se asista a un descentramiento de las fuentes de cultura donde se sustituyen las formas de vida transmitidas tradicionalmente por estilos de vida conformados desde el consumo. Se manifiesta así como la Industria Cultural norteamericana ha logrado una internacionalización de mundos simbólicos potenciados, en este caso, por el poder de atracción de una imagen creada bajo las estrategias de un mercado que conoce muy bien que elementos fungen como gancho sobre los pequeños. De ahí que la parte principal de la información y entretenimiento de las mayorías proceda de un sistema transnacional, de producción cultural, y cada vez menos de la relación distintiva con nuestro territorio y con los bienes singulares producidos en él.

Es un fenómeno que se observa en nuestra programación infantil, pero que analizaremos estableciendo cierta comparación, entre el audiovisual cubano que se produce dentro de los Estudios de Animación del ICAIC y la amplia gama de series y animados que transmite la División de Programas Infantiles del ICRT.

Las ofertas de los Estudios de Animación del ICAIC que comenzaron con la guía de Jesús de Armas, y con el filme El maná, han cumplido ya más de cincuenta años de historia de cine y video animación. Como parte de este trabajo se realizó, hace dos años, el festival Cubanima, que por vez primera se dedicó a la animación realizada para los más pequeños. Esther Hirzel, directora del festival en una entrevista realizada en La Jiribilla en Junio de ese año aseguró que: «si bien los primeros mensajes de la animación estuvieron encaminados a ilustrar los cambios de la Revolución no es hasta los 70 que comienza a trabajarse la animación infantil. Luego de los 90 el Estado colabora con los Estudios y hace una significativa inversión en tecnología, pero a pesar de ello- por cuestiones económicas- se utiliza más el formato digital que la película de 35 mm»(1).

Estos últimos años han estado marcados por el intercambio generacional y la potenciación del sello de identidad, ya que realizan trabajos figuras ya consagradas en el mundo de la animación como Tulio Raggi, Juan y Ernesto Padrón y Mario Rivas, pero también otras más jóvenes como es el caso de Ernesto Piña, por solo citar un ejemplo. Sin embargo, continúa siendo muy fuerte la competencia con las series de las grandes productoras capitalistas.

Los Estudios en el 2007 desarrollaron una amplia producción de videos clips animados con las canciones tradicionales de la música cubana. Fue una experiencia muy interesante en la que se privilegió el hacer del patio en función de temas emblemáticos de nuestra historia musical. Se hicieron 27 trabajos, entre ellos, Un día de paseo y La pavita pechugona, de Luis Ernesto González animados en 2d, la técnica clásica. Después se han producido otros como: El gato andaluz, de Omar Proenza y Jesús Rubio y Vicaria, de Tony Nodarse, ambos en el 2008.

Posteriormente hubo una producción de cortos. Tal es el caso de Fernanda (2010), de Daniel Rivas. Fernanda fue una serie que se incluyó dentro de la línea de los cortos. Su historia tuvo gran acogida entre el público infantil por el elemento de suspense que animaba cada investigación. Fernanda fue una serie muy bien trazada que respondiendo precisamente al género del policiaco se convirtió en un producto atractivo que recurría a situaciones recurrentes en nuestro contexto ofreciendo una solución educativa.

A la par, se han logrado importantes reconocimientos internacionales, como ha ocurrido con las películas El propietario y la serie Pubertad de Ernesto Piña y 20 años, de Bárbaro Joel Ortiz. El propietario y Pubertad animados mediante la técnica del flash y 20 años mediante stop motion. En El propietario, a diferencia de 20 años, hay trabajo con las voces-bien hecho por cierto- para dar el acento correspondiente a los marcadores y deícticos contemplados en el guión de Wilbert Noguel y Piña. Sin embargo, esa capacidad casi inmediata con la que muta la personalidad del personaje es lo que realmente llamó mi atención. La cualidad de connotación que alcanza el color en este corto fue una solución ingeniosa al conflicto de la historia. El azul, es el egoísmo, el poder y el amarillo, la tranquilidad, la gentileza. Ambos, en diferentes tonalidades constituyen el vestuario y la silueta, pero a la vez enfatizan los caracteres psicológicos de cada personaje y la mutabilidad de la conducta humana. En El propietario no puede evitarse mirar hacia nuestro traspatio, ¿será un «simple» animado?, no lo creo, es más bien una reflexión acerca de las ambiciones humanas. La animación como producto creativo responde también a los intereses y preocupaciones de su realizador.

En 20 años, la fotografía es del propio Ortiz. Como demanda la técnica, que consiste en varias tomas fotográficas consecutivas para crear una historia y luego editarlas a video para tener el efecto animado, el trabajo fue arduo, pero el resultado tuvo una alta calidad estética. En 20 años el realizador logró transmitir el paso inexorable del tiempo, el deterioro de los seres y de sus sentimientos. Ortiz captó e hizo visible mediante las texturas de los objetos, del vestuario de los personajes y en las expresiones de los rostros el estado emocional del personaje, su necesidad de ser reconocido, visto, querido. Ortiz logró una conjunción exacta, magistral, entre el poder comunicativo de la imagen, la narración y la música ejecutada por Harold López- Nussa.

Ambos trabajos, constituyen una muestra de diversidad y riqueza de diseño, de estética, de una destreza en el trabajo con las técnicas de animación. Se han realizado múltiples trabajos en los Estudios de Animación, estos cortos son solo un botón de muestra. Es cierto que hay que seguir trabajando, pero existen grandes logros en términos formales y en el trazado de las historias.

Si hay un problema que realmente nos afecta es que casi no están presentes en nuestra televisión estos materiales. Poseen mayor tiempo de transmisión los audiovisuales foráneos. La programación se apoya fundamentalmente en materiales extranjeros y de retransmisión. Sin embargo, el problema no es sólo de recursos es también de sensibilidad a la hora de hacerlos. En una entrevista realizada por la revista digital En Vivo a Rubén Martínez Vásquez, director de la División acerca de por qué a veces dentro de la preferencia de los niños están los espacios foráneos por encima de los criollos, este expresó:

«A los niños les gustan los espacios extranjeros, pero a los adultos también, esto no es un fenómeno privativo. Estos productos tienen un nivel de recursos increíble desde el punto de vista visual, con un financiamiento que aquí no siempre se va a tener, y también con valores que mueven lo más banal del ser humano. Estos espacios presentan otros enfoques, otra visión.»(2)

Entre estos espacios resaltan series como Las Bratz o las películas de Barbie. Desde su aparición hace 50 años la muñeca Barbie conquistó la conciencia de niñas de diferentes partes del mundo. Su salida a la luz pública en 1959, cuando los esposos Ruth y Elliot Handler, fundadores de la empresa de juguetes Mattel la presentaron en la Feria de juguetes de Nueva York marcó el inicio de lo que sería luego un frenético consumismo. Con el tiempo vendrían el novio de Barbie, Ken y sus amigas que son la mera reproducción de los estereotipos femeninos: la mulata, la hispana y la asiática.

Si bien en Cuba la adquisición de las mismas no alcanza la misma dimensión por razones obvias, sí se consume la muñeca. A la vez, la relación entre la niña y la muñeca o las películas que han sido su última herramienta para incrementar la difusión, propicia una dependencia de la moda y de los modelos de consumismo.

Con este incentivo la Industria Cultural no sólo moldea el consumo desde una etapa tan prematura, sino que también enarbola un arquetipo de mujer ideal: alta, delgada, joven y de preferencia caucásica. Ello es pura mercadotecnia, a la Industria Cultural le interesa que el público responda de manera análoga ante el mensaje, que el receptor a nivel masivo tenga los mismos deseos y necesidades. Además constituye un efecto a largo plazo si se tiene en cuenta que en esta edad es que en el niño comienzan a definirse, en el subconsciente, las bases para su personalidad y el estímulo con estas técnicas clásicas de consumo es nefasto.

La contrapartida de la Barbie fueron Las Bratz en el 2001, promovidas por la línea de juguetes MGA. Cada Bratz posee una personalidad distinta, color de cabello y forma de vestir. Ello fue gran competencia para Mattel ya que la Barbie es un estereotipo más cerrado. Las Bratz, tan recurrentes, durante tanto tiempo, en la Televisión Cubana vienen a consolidar el concepto de stablishment y los modelos del consumismo. Sobre ello Julio Martínez Molina en la edición digital del periódico Juventud Rebelde del 29 de junio del 2008 expresó:

«Obsesionadas con la moda (ropa, peluquería, maquillaje, complementos), las Bratz se sustentan y alimentan en un prototipo de niña-adolescente de clase media, totalmente enajenada del mundo: exactamente el modelo preconizado, anhelado, soñado por los santos patrones del consumo (y la política).»(3)

En general Barbies y Bratz se han convertido en patrones para una multitud de niñas, en símbolos de consumo y en instrumentos de penetración cultural. Se entiende de esta manera el alcance de la tecnocultura. Posmodernismo y tecnocultura se interdesignan bajo un mismo sistema de condicionantes que construyen una sensibilidad cultural enteramente diseñada por y para el espectáculo mass mediático de representaciones. Por ello es que en la era actual la discusión se ha orientado hacia la fuerza del fenómeno de la Industria Cultural.

Según Nelly Richard en su texto Latinoamérica y la Posmodernidad: La crisis del original y la revancha de la copia: «Hoy la lógica que se inscribe en el producto-mercancía se ha convertido en imagen-signo, desplazándose el énfasis en la producción hacia la circulación, el consumo hacia la recepción»(4).

Precisamente porque progresivamente se ha producido un cambio, en la medida en que el público ahora se complace con el juego y la ludicidad mediatizada de las imágenes para lograr efectos, no de búsqueda de una verdad o un conocimiento puro, sino de fascinación. En la lógica del producto ya no es importante cómo se produce, sino la manera en que se generan estructuras para su circulación, en la medida en que a partir de ellas las personas se apropian de distinta manera del producto. La aceptación que tiene la muñeca es más importante que cómo se confecciona y al pasar a ser más que un juguete, una imagen-signo pone en valor otros significados, activa una serie de códigos, deviene hasta arquetipo de sensualidad. Dentro del ambiente de ficción de las películas la construcción de imaginarios que incitan a reproducir estilos de vida más que estudiados por la publicidad no se hace esperar. Es preocupante como estos estereotipos son practicados por las niñas de nuestro país. Las visten como Las Bratz, con botines, converses y cabellos con vetas.

Si nos remitimos a un pensador como Canclini la teoría del desvanecimiento de las colecciones resulta muy atendible. Si se tiene en cuenta que es en los dispositivos tecnológicos de producción y reproducción de imágenes que desestructuran los órdenes semánticos establecidos por el folklore y la historia del arte donde mejor se aprecia el fenómeno, tendremos una lectura más clara de lo que acontece. El dvd, la computadora o el propio cd permiten almacenar estas películas (la de las Bratz salió en el 2007). Por tanto, las oposiciones entre lo tradicional y lo moderno, lo nacional y lo extranjero se reorganizan en un nuevo espacio, el doméstico, y se amplían al conformar nuevas áreas para el consumo.

Filmes y series constituyen productos híbridos, hechos con melodías de diferentes épocas, citadas sin reparos fuera de su contexto de origen. Según Canclini, es una manera de retomar los proyectos de Magritte y de Duchamp, pero para públicos masivos. Es un hecho que puede resultarnos fascinante en películas de Lars Vontrier o Almodóvar, pero ese es otro cine y los adultos, otro público. En los niños no hay desarrollada una capacidad para unificar toda la diversidad que supone estas narraciones en las que se distorsiona tiempo y espacio. El niño no puede realizar un anclaje de sus tradiciones dentro de tanta pluralidad. Su mirada debe ser organizada y en edad tan temprana es incapaz de hacerlo por sí mismo.

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En la programación audiovisual infantil cubana se puede hablar, entonces, de una apropiación, en un proceso en el que los elementos ajenos se convierten en propios. Este tipo de animado y de largometrajes poseen en Cuba una recepción pasiva, ya que hay una adaptación en los infantes al producto. Además es un proceso legitimado por nuestras condicionantes socio- culturales (la incapacidad de la División de Programas Infantiles de crear y mantener una oferta diversa y atractiva para todos los grupos etarios) y yo añadiría que también políticas (el bloqueo económico que permite la piratería desatendiendo el derecho de autor). Ante este modelo de apropiación desecharíamos el mito del purismo cultural, puesto que tanto lo latinoamericano como lo cubano sería entendido como un espacio en constante renovación.

 

La penetración cultural norteamericana es un hecho y el audiovisual infantil cubano sólo viene a probar que la misma se consolida cada día más. El avance creciente de la cultura audiovisual transmitida por medios electrónicos establece así los nexos indisolubles con la cultura metropolitana y un predominio sobre la cultura propia, no sólo de nuestro país, sino de los países periféricos en general.

A la vez, se presencia una reestructuración de las relaciones entre prácticas artísticas y culturas nacionales en este período en que las artes y culturas populares tradicionales pierden su lugar hegemónico en la vida social. Sobre todo al verse suplantadas por las tecnologías electrónicas de la imagen que es masivamente consumida, en este caso el animado o el largo de ficción.

Ante la pregunta de si el arte puede ser escenario de la identidad nacional, sabemos que los Estudios de Animación del ICAIC promueven animados en los que existen elementos que demuestran a simple vista que un producto de este tipo es cubano. El tempo narrativo, las tonalidades de color y la música propia, son elementos que los distinguen. Sin embargo, es una producción que casi no se visibiliza en la televisión nacional, a no ser en ocasiones puntuales. Me refiero no a las emisiones de los animados como Elpidio Valdés, sino a todo el trabajo que viene realizándose en los Estudios desde el 2008 como, Lo feo (Yamelí Cruz y Adanoe Lima), Cecilia Valdés (Tony Nodarse), o reponer otros como El espantapájaros, de Nelson Serrano, por solo citar algunos materiales.

Para nuestros creadores se impone el reto de recrear las formas de convivencia, las historias de nuestra vida sin cargarlas de moralizaciones o absolutizaciones ideológicas. La cuestión es plasmar nuestros conflictos usando nuevos códigos formales que realmente atrapen al niño, que les resulten atrayentes. Ante la calidad que poseen los productos que marcan la producción de la Industria Cultural se requiere animados que hagan gala de una buena factura y se ha comprobado que el diseño humano puede realizarse con calidad (El herido, de Alexander Rodríguez). Se hace necesario preservar nuestra identidad para que modelos foráneos no signen con tanta fuerza el universo audiovisual de nuestros infantes y que se haga más visible la producción de los Estudios de Animación, con el objetivo de que exista un equilibrio al interior de la programación de la Televisión Cubana que se destina a este público.

 (1) http://www.lajiribilla.cu/2007/n303_02/303_03.html. Consultado el 10 de abril a las 12: 00 pm.

(2) Fernández, Ivette: División de Programas Infantiles, algo más que fantasía y encanto. Revista digital En Vivo. Consultada el 9 de Febrero de 2012.

(3) Martínez, Julio: Como una Bratz. Periódico Juventud Rebelde. Edición digital. Consultado el 9 de febrero de 2012.

(4) Richard, Nelly: Latinoamérica y la Posmodernidad: La crisis del original y la revancha de la copia. P.5. Consultado en formato digital.

 
Y SIN EMBARGO…EL CINE CUBANO PARECE MOVERSE PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Antonio Enrique González Rojas   
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De a poco, la compañía teatral La Colmenita, consolida una suerte de monopolio sobre el cine cubano protagonizado por niños, ya con tres cintas apuntadas a su nombre, que a la vez expanden la raquítica (casi nula) lista fílmica nacional dedicada al público infanto-juvenil: Viva Cuba (Juan Carlos Cremata, 2005), Habanastation (Ian Padrón, 2011), Y, sin embargo… (Rudy Mora, 2012), pues dichas obras buscan indistintamente, desde códigos, registros y estéticas afines a los espectadores de menor edad, cartografiar aristas psicosociales del niño cubano contemporáneo, enmarcado en un contexto socio-parental donde abunda más la acritud que la dulzura, con padres que pugnan como la virulencia de Montescos y Capuletos; en las manifiestas diferencias de clase en la Cuba de ahora; y las continuas negaciones del derecho a fantasear, soñar, asumir creativamente el mundo circundante, donde un sombrero tiene el derecho de ser una boa en paquidérmica digestión.

La más reciente de las cintas mencionadas, destaca además por significar el debut de Rudy Mora en el universo fílmico cubano, de cierta manera «oficial», ya que la obra televisiva del realizador, integrada por series como La Otra Cara, Doble Juego, y Diana, además de disímiles videos clip (de cuyo movimiento en Cuba es uno de los pioneros), delata un claro sesgo cinematográfico, donde se imbrican orgánicamente numerosos referentes del Séptimo Arte, desde Hitchcock hasta Dogma ´95, dinamizados por las habilidades narrativas, de dirección actoral y artística, fotográficas, sentido del ritmo, precisa puesta en escena y habilidad en el montaje, de que Mora ha hecho gala.

Mas la propuesta de marras difiere un tanto del sendero estético-conceptual remontado hasta ahora por el creador, de consecuente sino realista, sociológico y hasta cierto punto intimista. Parte esta vez de la preconcepción teatral de Cremata para el espectáculo homónimo presentado por La Colmenita, sobre un texto original del escritor ruso Alexander Jmélick. Esto se nota, quizás demasiado, hasta el punto de suscitarse cierto antagonismo entre las posturas del director teatral y el director audiovisual, redundante el resultado final en desfaces estéticos e interpretativos, delatores de los pespuntes en esta mixtura de percepciones tan divergentes, como pueden ser la explicitez fabulesca, aleccionadora, lúdica, de artificiosa ampulosidad histriónica, y la semiosis compleja, plural, pletórica de irónicos guiños a transcurrires álgidos de la contemporaneidad cubana, más aún, a la naturaleza medular del homo sapiens, hasta el punto de desdibujarse las intenciones de la cinta respecto a los potenciales públicos: ¿es realmente Y, sin embargo… una pieza para niños, o una embozada y cáustica metáfora del Absolutismo y la resistencia a éste, desde el parapeto mental? Parece que al final mora decidió militar en la misma sardónica facción de Swift (Los Viajes de Gulliver) y Carroll (Alicia en el País de las Maravillas y A través del Espejo).

Para redimensionar la propuesta crematiana y validar su dignidad autoral, Mora explota referentes hasta ahora no revelados en su quehacer, como el Jean-Pierre Jeunet de Delicatessen (1991), La ciudad de los niños perdidos (1995) y Micmacs à tire-larigot (2009), director francés referido en los últimos tiempos hasta por el propio Martin Scorsese, con su sorpresivo Hugo (2011), y áreas específicas de la obra de Tim Burton (Big Fish, 2003), Gary Ross (Pleasantville, 1998) y Julie Taymor (Titus, 1999), esta última en cuanto a la conciliación orgánica de códigos teatrales y fílmicos. Concibe así un cosmos propio, extrainsular, neutro (¿?), cual Macondo o Comala personales, al estilo del metafórico pueblo de La Fe, de Juan Carlos Tabío (El Elefante y la Bicicleta, 1994) o el más enrarecido contexto concebido por Arturo Sotto para Pon tu pensamiento en mí (1995).

Poblado está el villorrio por peculiares y deliciosas personificaciones de la Otredad y el Margen, como la Viuda Amargada que encarna Eslinda Núñez, el cegato Ilustre de Osvaldo Doimeadiós, el inefable orate Matusalén, prefigurado por Manuel Porto, o la repartidora de piedras a domicilio, interpretada por la desaparecida Adria Santana. Precisamente en la recreación de los espacios y la concepción de estos valiosos personajes secundarios, de fuerte carga simbólica jeunesiana, se advierte el mayor despliegue creativo de Rudy Mora, libre quizás de esquemas preestablecidos por el original escénico, y los signos estéticos de la compañía, la cual es por primera vez realmente protagónica de una cinta, ya que en Viva Cuba y Habanastation funciona más bien como generadora de talento, totalmente a disposición del realizador. Representa entonces Y. sin embargo… la definitiva legitimación fílmica de la agrupación.

En este espacio imaginario, arquetípico de cualquier aldea, repleta de aldeanos vanidosamente concentrados en su ombligo, se enfrentan la libertad de pensamiento y la censura rígida; la inevitable dialéctica de la existencia y intransigencia típica del ser humano, al temer sea su cosmovisión superada, o al menos emulada por preceptivas igualmente válidas.

La escuela, núcleo más complejo que el apenas bocetado villorrio, sin conseguir una identidad más clara, es (inusualmente para Cuba) redimensionada como aparato y cubil del poder enquistado. Busca la institución el rígido adoctrinamiento del autómata, no la conformación del ser pensante ergo independiente, capaz de reestructurar la realidad a otras imágenes y semejanzas, no precisamente las aprobadas/recomendadas por el mando.

Al igual que los partisanos del Gran Hermano en la distópica novela 1984, o la Enfermera Ratched de Alguien voló sobre el nido del Cucu, se busca desvalorizar y quebrar la más mínima señal de creatividad en el fabulador Lapatún (Olo Tamayo), por distorsionar y desafiar el esquema preestablecido por el régimen escolar para la bisoña generación. No es gratuito el parecido que la Directora de la escuela (Larisa Vega), guarda con la enfermera encarnada por Louise Fletcher en la versión cinematográfica del libro de Kesey (Milos Forman, 1975).

Es sometido a la autohumillación para terminar con todo resto de confianza en (y conciencia de) uno mismo, proceder lejanamente concomitante con las autocríticas de los tronados en la estigmatizada Alicia en el Pueblo de Maravillas (Daniel Díaz Torres, 1990). Al infractor irredento le aguarda, de lo contrario, el ostracismo social de la Viuda, el Ilustre que ya no sueña, y Matusalén.

A pesar de todos estos signos de expresiva contundencia, la cinta obedece aún demasiado a la obra teatral, en tanto los niños explicitan hacia el clímax lo ampliamente sugerido con efectivos recursos argumentales y simbólicos: cuestionan innecesariamente, con todas las letras, la negativa a soñar y a crear, impuesta por sus maestros. El didactismo sabotea el arte, sugerente por excelencia. Quizás con esto se busque ampliar el rango potencial de la audiencia, so pena de articular una definitiva cinta para adultos.

Ante dicho enjundioso sustrato conceptual, poco parece aportar narrativamente la inserción de temas de Silvio Rodríguez, previstos quizás como uno de los atractivos principales de Y, sin embargo… Aunque le otorgue un peculiar lustre a la cinta, por momentos la banda sonora entorpece la trama, cual equívoco recurso de extrañamiento, práctica ya manejada por Mora en series como Diana, de claro sino Dogma’95.

Entre la necesidad autoral y la fidelidad al molde, volatina la opera prima de Rudy Mora, sin dejar de ser una obra necesaria en la reperfilación que experimenta el cine cubano del siglo XXI, desde la indagación en estéticas y géneros normalmente ajenos al mainstream, y desde la ruptura con moldes tan anquilosados como la escolástica escuela de Lapatún, donde se prohíbe ver platillos voladores y contactar sus tripulantes humanoides, so pena de excomunión.

 
VIRGILIO PIÑERA: SU NARRATIVA MÁS ALLÁ DEL MITO PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Frank D. Frías   
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El pasado 13 de abril, en el Centro Hispanoamericano de la Cultura, el intelectual Modesto Milanés impartió una conferencia narrativa del también poeta y dramaturgo Virgilio Piñera.

Al notar que una parte del público no conocía la obra de tan importante escritor, leyó algunos cuentos cortos, entre ellos uno tan emblemático como En el insomnio, publicado por vez primera en 1946, y referente a la paz que se le niega a muchos seres humanos, o que a veces nosotros mismos nos privamos, paz, como en el caso de este cuento, vedada incluso a los suicidas. Además, adentrándose ya en el absurdo reinante en la obra de Virgilio, habló de En el infierno, también de 1946 y donde se evidencia el poder de las costumbres.

Según Milanés, Virgilio gana fama por sus cuentos cortos, y podemos dividir su mundo en dos etapas, distinguidas por cambios apreciables en los intereses. Una de estas etapas, nos cuenta el conferencista, tuvo lugar en La Argentina, donde Piñera permanece desde 1946 hasta, posiblemente, 1958. Allí interactúa con muchos de los más destacados escritores de esa nación, entre ellos Borges, y se apropia de códigos nuevos y decisivos para su estilo y sus temas. La literatura fantástica de ese país fue una de las más consumidas por él y todo esto, sumado a una madurez literaria que empezaba a divisar la cima, comienza a dar frutos en obras que hoy alcanzan un destacado prestigio universal. De esa época es el libro Cuentos fríos, para muchos lectores y críticos es unos de sus libros más importantes. Continúa diciendo Milanés que en este volumen el autor define los temas que lo inmortalizarán, ellos son: El fracaso, la locura, el descuartizamiento, lo grotesco, la manipulación, la simulación, la marginalidad y la desesperanza. «Acentuados siempre por el tono negro, irónico, con narradores inmutables. Un ejemplo es La carne, cuento donde nos muestra un pueblo tan asediado por el hambre que las personas empiezan a cortar filetes de sus nalgas, y continúan luego con el resto del cuerpo. Hay una escena muy fuerte donde dos personas quieren besarse y no lo consiguen por que se han comido los labios. Contado todo desde un distanciamiento que impacta, como si estuviésemos en presencia del hecho más natural del mundo».

En cuanto a sus novelas, Modesto Milanés aseguró que están mal construidas: «Tenía problemas con las historias largas, parecían acabar por fatiga». Y agregó: «En cambio, son famosas por los temas». Y tomó como ejemplo la novela La carne de René, un texto que recomendó si se quiere dar con la verdadera tónica de los personajes de Virgilio: enemigos constantes de los compromisos sociales.

Después del 59 continúa sin cambios en su percepción: «En 1963 publica la que es para mí su mejor novela: Pequeñas maniobras, y en 1968 gana el premio Casa de las Américas con su obra de teatro Dos viejos pánicos».

En la década del setenta sufre la censura pero a pesar de esto «nunca dejó de escribir. Y así empieza una nueva etapa donde la idea es la salvación mediante la literatura. Comienza a trabajar en cuentos más complejos». Destacan en esta década Un fogonazo, de 1975 y La muerte de las aves, de 1978. Este último es acuñado por Milanés de magistral, y de testamento literario. Además, señaló que la fase final del escritor tenía mucho de metafísica y de ciencia ficción.

A modo de comparación, aseguró que ahora hay muchos escritores viviendo a la sombra de aquellos grandes creadores (Virgilio, Carpentier, Lezama, etc…). Y yéndose un tanto del tema añadió: «En la actualidad muchos se la pasan tomando cerveza o en fiestas o en reuniones con amigos y me pregunto: ¿En qué tiempo escriben? Otros emergen a partir de las reseñas que elaboran sus amistades. ¿Cómo es posible tantos escritores importantes con veinte y pico o treinta y pico de años?». Regresando de lleno al asunto dijo: «Virgilio ha tenido mala suerte porque en la actualidad es más grande el mito que su literatura. Siempre ha sido un escritor incómodo. No hay empatía inmediata con él. Sus textos siempre serán marginales porque él tenía una concepto marginal del mundo».

Terminó la conferencia dejando claro que vale la pena leerlo porque sus libros son un universo personal que difícilmente pueda encontrarse en otro autor cubano.

 
¡UN, DOS, TRES, TROVANDO! PDF Imprimir E-mail
Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Manuel Leandro Ibarra   
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Dicen los abuelos que «perfume bueno viene en frasco chiquito», algo que viene a mi mente al escuchar a este joven trovador cada miércoles en medio de tragos y humo de cigarros, cita a la que acudimos los amantes de una canción, a su entender, «sentipensantementehumana».

Alianny Abad Bonet, o mejor dicho, Alito, nació en Holguín hace casi 30 años, aclaración necesaria ya que por una broma suya y del destino, ha aparecido en varios artículos y libros como guantanamero (Alito Abad: Trovando en La Habana, ículo publicado en la página web del periódico Ahora por Leandro Estupiñan, y La luz, bróder, la luz, libro de Joaquín Borges Triana, entre otros), algo que, repito, no es correcto. Cuenta con más de 100 canciones en su haber, es miembro de la Asocición Hermanos Saís desde el año 2002, y su obra se encuentra recogida en la selección de trovadores cubanos Rapadura con ajonjolí grabada por la EGREM, y en el disco Cuando la tarde Centro Pablo de la Torriente Brau. Orgullo de sus raíces cubanas podemos encontrar en su música, compromiso social y humor criollo. Fue en uno de esos días troveros de alcohol y bohemia, que compartimos estas inquietudes plurales, más no pregunten dónde ni cuándo, porque no prometo recordarlo.

Sabemos que cada cantautor se ha encontrado de manera diferente en este universo que es la creación en todos sus matices. Un poco de azar, o la consecuencia de determinaciones personales. ¿Cómo llegó Alito Abad a la guitarra?

Mi papá es un tipo que canta, que viene del monte y le gusta la improvisación, pero no viví con él toda la vida. No fue hasta los doce o trece años que tuve la oportunidad de aprender a tocar guitarra porque se abrió un curso en la academia de música y me enteré. Ahí estuve aproximadamente un año.

A mí me gustaba cantar desde niño, lo hacía a capella y me aprendía lo que sea que me enseñaran, y eso fue lo curioso, que me pasé desde los trece hasta los dieciocho años tocando por fiestar. Me iba a la playa y ahí me pasaba una semana sin un peso, cantaba lo que estuviese de moda.

 

¿Entonces fue esta la fecha en que comenzaste a hacer canciones?

Mira, muy independiente de no tener un bagaje cultural en mi familia de ningún tipo, siempre me preocupó el hecho de que no se dijera lo que estaba pasando, y estando en el ejército me presentaron a Frank Delgado, imagínate, eso fue algo muy grande para mí porque no escuchaba trova, no sabía lo que era, escasamente a Silvio y las mismas cosas que conocía todo el mundo, y quise empezar a decir lo que pasaba al menos en mi vida, de hecho aún en la actualidad compongo de manera sencilla. No me meto muy adentro, hablo sobre todo del amor porque me parece lo más sensible, a pesar de que se ha dicho mucho, yo sigo hablando de amor.

Me resulta curiosa la elección que realizan jóvenes como tú hacia esta canción comprometida tan cercada hoy no solo por los medios de difusión masiva, sino por instituciones relacionadas de una forma u otra con la cultura, existiendo tantísimos géneros de tan fácil acceso mediático y de mayor acogida popular. ¿Por qué elegiste ser trovador?

Realmente me di cuenta que era la trova lo que quería hacer, porque esas canciones que se escuchan popularmente, esa canción romántica, no te deja pensar. Muy aparte de que mis textos sean sencillos, busco esa poesía cotidiana que es muy difícil de hacer.

Siempre me interesaron las canciones de Virulo, me gusta mucho el humor, y me di cuenta que criticaban o hablaban de algo que estaba pasando y que eso se encerraba la Trova. Más adelante empecé a leer a todos los poetas holguineros, tú sabes que Holguín es una ciudad de poetas, y descubrí que había una forma más inteligente de decir las cosas, que no dejaba de ser sencilla.   

Este enfrentamiento inicial con la canción, y posteriormente con todo el entramado que envuelve el acto creativo en sí, es una etapa definitoria en la vida de todo artista, razón por la cual tantos jóvenes talentosos han quedado en este camino tan largo y fatigoso. ¿Cómo lo lograste tú?

Desde un principio lo asumí con seriedad, pensé: «esto me parece interesante y aquí se puede trabajar», y he pensado así cada día.

A mí se me dio una oportunidad muy grande. Yo no te puedo hablar de muchas trabas, muy a pesar de criticar ciertas cosas que ocurren tuve mucha suerte. Llevaba prácticamente un año haciendo este tipo de canción y me encontré con la AHS, donde teníamos en Holguín por suerte una presidenta, Tatiana Zúñiga, que me abrió las puertas a esta institución que representaba la vanguardia en el arte, esa estética que yo quería defender, y gracias a eso me hice profesional. Pero sí es indiscutible que existe una traba hacia la canción de autor, la canción inteligente o como la quieras llamar. A la gente no le interesa pensar, están demasiado ocupados con los problemas, las necesidades, y eso les resta tiempo para escuchar una buena canción. También me resulta contradictorio que viviendo en un país con un sistema como el que defendemos, el 90% de las cosas que divulgan los medios sean las más banales.

 Has dedicado diez años a la defensa de una canción pensante. ¿Crees que ha cambiado el entorno cultural cubano o el apoyo institucional en general hacia esta propuesta musical desde entonces?

Yo pienso que no, siempre hubo gente que quiso defender este tipo de canción, ya sea cultural o institucionalmente. Nosotros tuvimos mucha suerte en contar al menos con un espacio que nos defiende, porque hay gente que sabe lo que queremos hacer, pero a nivel global pienso que no ha cambiado nada.

A lo largo de tu carrera has participado en casi todos los eventos y jornadas trovadorescas que han existido y existen para bien de la canción en nuestro país. ¿Cuánto ha aportado esto a tu obra y que opinión te merece la disminución de eventos de este tipo en los últimos años?

Mira, para nosotros es muy importante que existan eventos, porque es el único momento en que los trovadores de todo el país pueden intercambiar, y se puede conocer el trabajo de gente que ni siquiera uno conoce. Generalmente detrás de un evento de trova hay un trovador invitando a gente que está haciendo algo mínimamente importante, y eso es lo que más promueve quizás nuestro trabajo, así vamos de boca en boca y así vamos cantándonos todos. Creo que se están viviendo momentos difíciles, y la mejor manera para la gente que dirige y sabe de estas cosas es suspender este tipo de eventos que económicamente no produce. Es simplemente sabio y sencillo deducir que esto daña la salud del movimiento, de la trova.

 Un, dos, tres, trovando, es un espacio en la Casa de la Trova El Guayabero de la provincia de Holguín que has defendido durante ciete años. Por él han transitado trovadores y artistas de toda Cuba y el mundo, además ha sido cantera de novísimos creadores. ¿Qué significa en tu vida y obra en general la responsabilidad de mantener, para suerte de los holguineros, un espacio como este?

Este espacio que se hace todos los miércoles a las cuatro y media de la tarde, tan sencillo, te digo que tiene el primer lugar en mi vida, incluso más que mi obra en sí, porque es el lugar que soñé y diseñé desde el principio y no tenía la menor idea de que llegara a ser tan importante. Cuando yo empecé a hacer canciones en Holguín había sólo un trovador que era Fernando Cabreja, pero vivía en Moa y allá tenía su espacio. Aquí no había, y si lo había yo no conocía a nadie que le interesara hacer este tipo de canción. Que surgiera este espacio dió lugar a que aparecieran trovadores que ya existían, mucho más jóvenes que yo, pero que sí tenían deseos de que hubiese un lugar donde se pudiera decir la canción.

Para mí lo más grande que ha pasado en mi vida, es que este espacio me halla traído a gente tan linda y tan importante como Oscar Sánchez, Fernando Cabreja, Jorge Zurita, Manuel Leandro Sánchez, como Tarafa, como Elvis Mendoza y otros que se han quedado en el camino. Simplemente me di cuenta que no estoy solo y que no soy el único que quería decir algo.

 Es impresindible para un creador el intercambio con el público. Las peñas, conciertos y presentaciones son una de las vías utilizadas para mantener vivo el movimiento. ¿Cuál o cuáles son los momentos más importantes de este tipo en tu carrera?

Yo llevo casi diez años en esto y me propuse hacer al menos dos conciertos por año, y hay dos que han marcado mi vida, uno que se llamó Patria que lo hice aquí en mí ciudad, auspiciado por la Juventud. ¿Por qué Patria? Porque era todo lo que yo entendía como Patria, era todo lo que yo quería como Patria y lo que decía de ella. Fue un concierto donde hice canciones muy íntimas que no hago nunca en vivo, además, tuvo muchos contratiempos porque se suspendió, nos pasamos dos semanas más programándolo, tuvo una producción bastante grande porque lo hice con un grupo y la gente lo agradeció mucho; el segundo fue en el Centro Pablo de la Torriente Brau en la Habana, a raíz de la Beca Sindo Garay, y aquí paso todo lo contrario, es un concierto donde tú te programas nada más lo que quieres hacer, lo que quieres cantar, y este centro que tiene tanta ética de trabajo hace que todo salga bien, y para mí fue lindísimo porque se convirtió en mi primer disco en serio, y donde yo creo que como artista, como cantante y como trovador mejor he quedado.

 
LOS COLORES DE GIBARA PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Cecilia Crespo   
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El arte en todas sus manifestaciones invade la costera ciudad holguinera en cada Festival de Cine Pobre. En esta pasada décima ocasión, como en las que le precedieron, la música y la plástica también acudieron a la cita.

Todo comenzó este año antes de llegar a Gibara cuando hace solo unos meses en la capitalina galería Servando, se exhibió la muestra La utilidad de la virtud, donde la mayoría de los artistas implicados en el proyecto mostraron sus recientes creaciones relacionadas con el Festival.

Sandra Ramos, la autora del cartel que inspiró la identidad visual del Festival, Alicia Leal, Juan Moreira, Eduardo Roca (Choco), Ernesto Rancaño, Sandor González, Vicente Rodríguez Bonachea, Eduardo Abela, Aimé García, Agustín Villafañas, Rocío García, Carlos Guzmán, Ángel Ramírez, Ángel Alonso e Ileana Mulet, entre otros, han donado sus piezas en colaboración con el Evento, para premiar a los ganadores y para la subasta para recaudar fondos que se efectuará próximamente.

En la recién concluida edición, junto a los filmes, conciertos, foros y presentaciones, también se pudo disfrutar de dos exposiciones de artes plásticas: una de pintura y otra de fotografía.

El primer día quedó inaugurada en la Casa de la Cultura la muestra personal del fotógrafo José Julián Martí, en la que Gibara es la indiscutible protagonista. El público apreció una selección de instantáneas sobre este encantador lugar. Gibara como sitio o escenario, con sus calles, su mar y su alegría que quedó atrapada para la posteridad gracias al lente del artista.

La otra exposición fue una bipersonal de dos consagrados de nuestras artes visuales: Rubén Rodríguez y Manuel Comas. Tomando como pretexto o punto de partida al erotismo, ambos creadores aunaron sus propuestas para entregarnos una reciente selección de su trabajo. Rodríguez es uno de nuestros más significativos pinceles en esta temática. Sus piezas se han exhibido en diversos puntos del planeta y hoy llegan a estos espectadores con sus contornos marcados, gran energía gestual y hábil manipulación del espacio para plantear más preguntas que respuestas. Por su parte Comas es uno de los más prolíferos abstractos de su generación. Sus creaciones imbrican ideas dispares y diversas líneas conceptuales en un mismo soporte mediante imaginativos trazos, texturas, manchas y otros elementos compositivos. En ocasiones sus obras abstractas poseen ecos figurativos y en otras los espacios de color sugieren las formas, permeadas del dinamismo de la vida moderna, que decodificamos gracias a los títulos y a nuestras respectivas subjetividades y percepciones.

El erotismo, como el que exhibió esta selección, ha sido uno de los más recurrentes tópicos de la historia del arte del que mucho se ha discutido, criticado y también aplaudido, debido a la censura y los múltiples prejuicios de algunos que no comprenden que cuando todo calla, el cuerpo y su imagen nos hablan desde su silencio.

 
NELSON CASTILLO, «NI PRÍNCIPE NI MENDIGO» PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Laura Barrera Jerez   
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«…Yo, ni príncipe ni mendigo,

solo espero amanecer

como una consecuencia de mi mundo».

--Nelson Castillo--

 Lo conocí cuando el sol no perdonaba al débil invierno, la gente inundaba las calles pinareñas. Los habitantes de esta ciudad convulsa perseguían letras de poesía, de cuentos, de historia, de sueños…Todos buscaban en la XX Feria del Libro, un amigo silencioso para atraer hilos de sabiduría o quizás, para ahogar los tormentos de la soledad.

En el ir y venir de transeúntes apurados, víctimas voluntarias de un cansancio placentero, descubrí a Nelson Castillo. Sorprendería a cualquiera su amabilidad para defenderse de una emboscada periodística, pero su gentileza no permite menos. Enfrenta la vida como «una carrera de maratón donde el hombre sobrevive» y «no admite las sombras que lo acechan». Confiesa ser un escritor accidental, pero sin dudas, la poesía brilla en él, entre melancolía y lirismo.

«…Con la palabra, su verdad y su historia, está el poeta».

Su poema Autorretrato, describe a un niño perezoso que tiene la clave para subir la cuesta de los sueños, mientras dicta la última sentencia. ¿Desde pequeño había decidido ser escritor?

Me gustaba recitar y hasta los 13 años soñaba con ser cantante, esa era una de mis ambiciones. Nunca fui un gran lector. Después de estar veinte años jugando ajedrez, comienzo en el taller literario el 13 de febrero de 1988. Tuve la suerte de integrar el único que existía en la provincia de Pinar del Río, donde despuntaron figuras como Nelson Simón, uno de los mejores poetas contemporáneos, todos bajo la tutela del maestro Raúl Tortosa.

Ya no era tan joven para empezar en ese mundo con un desconocimiento casi total de él, a mí lo único que me interesaba, hasta esa fecha, era jugar ajedrez.

¿Fue un comienzo escabroso?

Recuerdo las discusiones descarnadas, terribles, pero, sin dudas, eran “sábados de gloria”.

En ese mundo de la literatura no obtengo un reconocimiento hasta el año 1995 cuando gano el Premio del Ejército Occidental mientras me desempeñaba como trabajador civil de las FAR y en 1998, con el poemario Historia de un poeta, conquisto el Premio Baragaño. En el 1999 obtengo una mención especial en el concurso internacional de poesía NOSSIDE CARIBE.

Entonces, casi sin dejar Pinar del Río, comienzo a hacer vida cultural en La Habana. Desde la Casa de la Poesía nace Habitantes de un tiempo que termina, edición de bolsillo con la forma de una cajita de cigarros.

Esto le dio un giro a mi vida y en febrero de 2008 sale a la luz pública Un montón de estrellas. Memorias de un guajiro natural, sobre Polo Montañez.

Sin embargo, no había publicado un libro de poesía en Pinar del Río, su provincia natal…

Entonces llega Personal e Ingenuo, nominado al Premio de la Crítica “Aldo Martínez Malo”, una brevísima selección del novelista Luis Hugo Valín, quien me pone en el mundo editorial y me salva de ese “destierro” anterior. Lo califico así porque en el libro hay un poema: Desterrado y la motivación principal fue Heredia con aquel exilio que él sufrió de alguna manera.

«...Héroe después de tantas trampas»

Los versos de Personal e ingenuo los escribe “el donjuán de la nostalgia”. ¿Es Nelson Castillo un escritor triste?

Algunos dicen que mi poemario es descarnado. En mí la melancolía influye considerablemente. Muchos recuerdos me acompañan y trato siempre de plasmarlos en el papel.

¿Como escritor, guarda en esos recuerdos algún destello de rechazo?

Jamás he creído que soy un poeta importante. Mi libro Personal e ingenuo ofrece una verdadera imagen de todo lo sufrido. Durante un tiempo fui casi un marginal dentro del mundo de la literatura, pero nada es más fuerte que la constancia y la perseverancia.

Como persona soy bastante sincero. Hay quien asegura que uno no puede decir siempre todas las verdades, pero eso es uno de mis defectos, si lo quieren entender así. Y mis virtudes que las descubran otros…Uno nunca debe hablar de sí mismo, si usted tiene valores siempre habrá alguien para destacarlas.

¿Es difícil para el poeta complacer a “la hoja en blanco que exige una respuesta”?

Al poeta cualquier cosa lo atrapa, pero tiene que sentarse a organizar el texto. Yo padezco de insomnios muy fuertes. A veces me levanto a las tres de la mañana y comienzo a escribir, trabajo una hora, dos, vuelvo a dormir…

Existe la musa y la motivación, algo que te enganche, pero la disciplina es esencial. Dice Padura que él es «un animal de costumbres», todos los días escribe. Quien desee triunfar debe esforzarse, aunque es importante sentirse motivado.

«Vivo en un reto interior muy fuerte»

Sin olvidarse de la poesía, dedicó un tiempo de su vida a hacer entrevistas…

Para suerte mía, Leonardo Padura fue mi primer entrevistado, casualmente cuando él estaba escribiendo La novela de mi vida. La profundidad de esa obra me marcó mucho. El libro revela una imagen desacralizada de Heredia, trata de acercarlo a la contemporaneidad a través de una transferencia en el tiempo a partir de determinados personajes ficticios y reales. El padre de Leonardo Padura fue gran maestro venerable de la Logia Masónica de La Habana y de ahí obtiene él toda la información para redactar la novela.

Usted describe a los hombres como  «…animales imperfectos en busca de definir lo indefinido en el latido del verso, pintar las paredes con flores o epitafios, conducir a los que han perdido el rumbo…». Con esta premisa, ¿cuánto hace Nelson Castillo como promotor cultural?

Fundé en el 2005 la tertulia Polo Montañez, al principio para difundir la vida y obra del Guajiro Natural, pero hemos ampliado los horizontes de este espacio y queremos revitalizarlo para no perderlo. En el consejo popular La Flora de la ciudad pinareña, atiendo a niños con desventajas sociales en el espacio A la sombra del Árbol Tutelar donde trabajo en aras de despertar en ellos el hábito de la lectura.

Creé el espacio cultural: El portal de Nelson, con el propósito de propiciar descargas literarias y presentaciones de libros. Allí, el segundo miércoles de cada mes, entre risas de escritores, vecinos y transeúntes curiosos, se funde la poesía con otras manifestaciones artísticas. Ofrecemos conferencias sobre temas históricos, y culturales, fortalecemos el movimiento de aficionados...

«Sin perder la luz en la mirada» ha sido protagonista de estos «tiempos de poetas». ¿Está satisfecho?

Retado. Yo quiero cuando deje de respirar, mantenerme escribiendo.

 
MATICES PARA EL BALLET ESPAÑOL DE CUBA PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Saray Remón Monteagut   
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Nuestra cultura es como dijera don Fernando Ortiz un gran ajiaco cultural. La riqueza radica en la mezcla, fusión y autenticidad de nuestras raíces de la que somos fieles guardianes y defensores.

Los ritmos cubanos son la mezcla de aquellos que eran dueños los indígenas, primeros habitantes de la Isla. Los sonidos y bailes que trajeron del nuevo mundo los españoles y unión también del folclor de los africanos, a quienes no les quedó mejor opción que hacerse parte del nuevo mundo que habitarían.

Hoy los cubanos somos ese entramado cultural, que además nos caracteriza. Pero auténticos en cada una de las representaciones que hacemos de ella. De esa forma, una institución cubana hace ya un cuarto de siglo cultiva memoria y raíces españolas. Huella del vínculo y la emigración que antaño pobló nuestras tierras.

El Ballet Español de Cuba taconea hoy sus veinticinco años mostrando a la isla de dónde venimos con un hacer bien cubano. Mantiene y enriquece los principales estilos de la danza española, entre ellos la escuela bolera, el flamenco y los bailes regionales de España.

En sus proyecciones muestran una estilización de esas danzas y la fusión, como toda nuestra cultura, está presente en sus espectáculos con música y bailes criollos. Enriquecidas a su vez por variadas influencias de diferentes regiones del mundo, permitiéndoles involucrar en su repertorio temas clásicos y contemporáneos, sin límites ni fronteras.

La agrupación cuenta con una unidad artístico-docente, perteneciente a la cátedra de ballet de la Escuela Nacional de Danza, lo que constituyó la primera experiencia de su tipo con las danzas españolas dentro del sistema de la enseñanza artística del país.

Así con fuerte arraigo, esta compañía cubana celebra su aniversario brindando al público nuevas atracciones y expectativas. Por ello decidieron vestirse de gala para sus festividades con la presencia de reconocidos bailarines de la escena internacional como José Manuel Carreño bailarín cubano, estrella de compañías internacionales como el Ballet Nacional de Inglaterra, el Ballet Real en Londres y el American Ballet Theater (ABT), de Estados Unidos, y bailará próximamente junto a la compañía una versión coreográfica de la obra Carmen.

Dentro de las actividades y con la colaboración de la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba fue posible la materialización de un gran espectáculo en las tablas del Teatro Mella. Allí se presentó el bailaor, coreógrafo y director del Grupo Matices de danzas españolas, Francis Núñez.

Él un joven que impresiona por su trayectoria artística, visita por primera vez la Habana cumpliendo varios sueños, pues durante su formación como bailarín influyó mucho una de las cuatro Joyas de nuestra ballet, Aurora Bosch.

Ella inculcó en el bailarín Titulado en Danza Española y Flamenco por el Instituto del Teatro de Barcelona y licenciado en Técnicas de Interpretación y Coreografía, el sentir por el baile y por cada movimiento a ejecutar, expresa así que: era una deuda con la maestra que siempre hablaba de Cuba con devoción, con tanta pasión, de sus ritmos, su gente y su enorme cultura a la hora de ir a los teatros.

Era una deuda con las raíces de los ancestros españoles que colmaron la isla durante la colonia y los que tuvieron refugio en esta tierra de tradiciones y memoria común. Y una forma de retribuir las enseñanzas de su querida mentora.

Francis Núñez confiesa que bailar en La Habana representaba un reto ante la profesionalidad que encontró en los bailarines del Ballet Español de Cuba, pero tenía que cumplir ese sueño. Para ello y con motivo de los veinticinco años de la compañía preparó la obra Sentirs Flamenco.

Representación coreográfica que como explicó, no ofrece una historia con tramas y escenas milimétricamente pensadas o estudiadas en la técnica coreográfica, sino que propone un mensaje.

Como el propio Núñez expresó Sentir Flamenco, disfrutada por el público habanero, propuso un mensaje desarrollado a través de la sucesión de varios palos del flamenco, donde el argumento fue la representación de emociones a través del arte, desde cualquiera de sus formas de expresión.

En escena se pudo disfrutar, primero de los limpios y articulados movimientos  del bailaor español junto a las primeras figuras del Ballet español de Cuba, como Leslie Ung, Daniel Martínez, y Graciela Santana Rodríguez.

Una emoción de la pena, desgarró el sentir de los asistentes y cada taconeo vibró dentro de aquellos que han sentido o padecen con esa emoción, las pasiones, el temor o el más universal de todos los sentimientos, el amor, tan difícil de conceptualizar incluso por el arte, pues cada quien lo asume de formas insospechadas.

Con estas actuaciones la compañía cubana se llenó de nuevos matices junto al bailarín español, que quedó maravillado con la representación y asombrado, como tantos, de la asistencia del público y la cultura que envuelve al pueblo cubano.

Así el ballet español de Cuba continúa con las celebraciones por su cuarto de siglo engalanando teatros de nuestro país y mostrando que durante ese tiempo han sabido ser fieles a sus inicios y a su público.

 
ANTONIO, DESDE SU INTIMIDAD PDF Imprimir E-mail
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Agendas - Agenda 2 de mayo de 2012
Escrito por Yoel Almaguer de Armas   
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Antonio  mira alelado una de las pinturas  de Raúl Cordero. Él, poco sabe del inglés, pero Land scape or not landscape le recuerda algo que le da vueltas en su memoria, al menos eso dijo mientras  varias ideas le pasaban de un tirón.

¿Quién le diría que una pintura fuera testigo de tantas añoranzas? Antonio observa a su alrededor. De sus ojos tristes deja caer unos pedazos de recuerdos, de vida pasada. Queda quieto ante tanta abstracción. Disimula e inventa pretextos para evadir cualquier intento de ida, como si  la Galería Habana escondiera entre sus paredes muchas historias por contar aún.

Tony, como cariñosamente le decimos quienes lo conocemos bien, raya en su memoria los bordes de la camisa que Raúl, el artista, le regala hasta el próximo mes de abril. Él sabe que mañana esos intentos no estarán ya, él lo sabe, pero quiere llevarse la inmensidad de ese cuadro que le habla del vacío y la soledad.

Le interesa el trabajo de lo verdadero y lo falso, lo visible y lo ajeno, lo racional y lo incomprensible, y le fascina las trampitas que el propio autor le regala como premio mayor, porque la condición de «crear» es algo  esencial de las personas humildes.

Antonio tiene veinticuatro años y desde este lugar de La Habana,  un cuadro incompleto, una camisa de colores gris, carmelita y verde, le hacen el juego de su pasado, mientras, de la mano de Raúl Cordero  deja pasar las  cosas inconclusas que promete la exposición.

Tony  no logra burlar el tiempo, y en este espacio, a media luz, piensa en los sueños de su abuelo Miguel, el abuelo que un día le regaló el arte de mirar con el corazón.

 

 


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