agenda / Agenda 27 de febrero 2015

SALTO AL VACÍO, O LA CONFIGURACIÓN ÚLTIMA DE LA VIDA EN EL VÓRTICE DE LA EXPERIENCIA ABSOLUTA PDF Imprimir Email
Escrito por Hugo Fabel Zamora López   

3 Hugo Fabel expo SALTO AL VACO de la serie salto al vaco«...raíz, ruptura libertad

si no siento la libertad cómo podré  

pensar al cuerpo y a la mente dentro  

del paisaje.»

Leymen Pérez.

 

 

 

 

 

 

 

«Me vuelvo, a mis espaldas un mueble/

de majagua, la desolación del azogue:

me han devuelto la mirada. Se incrustaron

de pie en el espejo del escaparate, sentados

se han incrustado en el espejo oval del dormitorio:

es la hora.»

José Kozer.

Instintivamente desatiendo la escritura que no reclame el territorio de la muerte, el impulso desbordante al que ha de aspirar el hombre con más entusiasmo aún del que emplea vanamente en comunicar, traducir lo inmediato que es siempre lamento fatuo, casi siempre retrasado él para la inminencia ubicua del gran baile.

Una lectura ambigua, a caballo entre la abstracción y el paisaje, le viene bien pues a la idea del tránsito; mejor aún, a la captación del tránsito primordial del ser. Leo de la O (Bayamo 1986) nos reta así con esta tesis trascendentalista, se abre el tórax y propone un Salto al vacío. Para ello se sirve de la composición fotográfica en busca de una naturaleza de por sí inatrapable sin la inmersión subjetiva, o la radiografía íntima. Veinticinco piezas conforman esta nueva serie facturada mediante la técnica de la  monotipia, concebidas en mediano y pequeño formato.

Cinco momentos relatan así este vértigo: Leiv motiv, De la nada a la nada, Salto al vacío, Constante mutación y Ruinas circulares. Allí, ciertas figuras antropomorfas parecen representar la incorporación al paisaje, pero tanto su austeridad cromática, que gira en torno al sepia, como la polarización del blanco y el negro, advierten de una circunstancia de suspensión, de trance.

Las corporeizaciones se yerguen de perfil como pruebas de la persistencia de la imagen; mayormente enfrentadas, en visión especular, sin que se delaten genéricamente porque las categorías en este territorio quedan anuladas, de modo que el espectador participa de esa condición incierta, de ese ensimismamiento y conmoción.

Verificamos en este ámbito una (in)quietud de gesta: horizontes invertidos que trasuntan las frecuencias del ritmo del corazón, fugaces equilibrios,3 Hugo Fabel expo SALTO AL VACO de la serie de la na da a la nada suerte de géiseres o trombas inesperadas, fusiones, bruscas ausencias, tímidas incursiones de uno a otro lado; no necesariamente antagónicos porque lo irregular de sus límites habla de una interdependencia, de una pugna familiar. Es este, no obstante, un territorio de escisión, postulado desde la disposición formal de los conjuntos.

Situado en la antípoda de la epifanía cromática impresionista, Leodanis de la O patenta en cambio un desinterés por la raíz objetiva de las cosas,  situándose en los límites de lo representable. De ahí que estas piezas se emparienten de algún modo, en lo conceptual, con la estética minimalista de Marc Rothko.

Salto al vacío se adscribe igualmente al impulso romántico de la búsqueda en la naturaleza, de la disolución en lo infinito. Es la aspiración de una conciencia total la que conduce a ese tedio ontológico del hombre-paisaje, o el hombre ganado por el paisaje.

El autor se decanta en una dirección inversa a lo exuberante y sensitivo de Albrecht Altdorfer en San Jorge y el dragón, porque en su propuesta las sensaciones parecieran alcanzar el paroxismo, la porosidad absoluta. Aspira a la misma totalidad, en este caso desde la simplificación, posicionándose en un territorio especulativo pero acaso más sincero porque prescinde, que no renuncia.

Nos asomamos si se quiere a un estadio pos-apocalíptico, cogido in fraganti por un voyeur espantado. No a la decimonónica fuga, porque la ductilidad semántica de estas piezas nos autoriza a entenderlas también como exámenes interiores, como gráficos o muestras de la materia en su naturaleza más recóndita, y entonces ahí, en esa ambiciosa conjunción, puede que el hallazgo.

¿Qué quedaría detrás de esas salinas, de esa saturación, de esas emanaciones fáusticas,  demarcaciones que parecieran desmontar toda lógica preexistente? Pues se me antoja que la música, la música silente de las esferas; quizás la ingravidez, la contemplación, la difuminada pretensión del ser Heideggereano, o acaso la constatación indirecta del vacío. 

La anticipación en esas zonas del azoro, del salto, se justifica pues en la preexistencia del vértigo, del espanto infuso, toda vez que la muerte, alegoría de estas deformaciones tercas del paisaje, comprende la configuración última de la vida abocada al vórtice de la experiencia absoluta.

Vemos así a Leo comprometerse con una búsqueda esencial, internarse en una zona donde nociones como el adentro y el afuera quedan excluidas de antemano por la bidimensionalidad; montando una metafísica de la desolación, la ilusión(*) y el movimiento irrefrenable del espíritu, sus retornos y expansiones, en el proyecto de la consecución misteriosa de su sino.

Nota

(*) Recordemos que uno de los conjuntos se titula: Ruinas circulares, en referencia al cuento de Borges, donde el protagonista constata, con espanto, su condición de ente soñado.

 
LOCOS DE AMOR. LA PASIÓN SEGÚN SAM SHEPARD PDF Imprimir Email
Escrito por Carlos Gámez   

1 Carlos Gmez Locos de amorLa aventura de Locos de amor, el último estreno de Argos Teatro, nos lleva hacia un momento intenso de la relación amorosa, donde los miembros que comparten el lazo se autodestruyen, mientras disfrutan el hecho de caer uno por el otro en el abismo que para ellos significa estar enamorados.

El espectáculo, en la cuerda de un teatro de pequeño formato, como nos tiene acostumbrados el grupo, viene del texto original de Sam Shepard, con un antecedente en la escena capitalina de un año aproximadamente. La sala Oswaldo Dragún del complejo Raquel Revuelta, fue el encargado de acoger las funciones de la puesta en escena, con la dirección de Yailín Coppola, para una graduación de estudiantes de la Escuela Nacional de Arte, bajo el título de Full for love.

La puesta despertó la necesidad de descubrir otras formas de ver el amor, lo complejo que puede ser el estado de enamoramiento entre dos personas, y la forma de entrecruzarse los caminos de la vida, sin enterarnos los andantes. Pues bien, aquella obra quizás no estuvo bien lograda, aunque sí provocó la necesidad de preguntarme cuánto de interesante puede ser un amor que no existe permanentemente, sino que aparece, como los cometas, cada cierto tiempo, para dejar una estela de sufrimiento a su paso.

La versión que dirigen Yailín Coppola y Yeandro Tamayo no se aparta del texto lo suficiente, como para crear otra historia. El conflicto es simple: un padre que tiene dos hijos con madres separadas, mantiene dos vidas independientes, los hijos se conocen y se enamoran sin saber que son hermanos. La hija, pasado el tiempo, se cansa de la relación amorosa que le ofrece el hermano, y escapa hacia otra nueva; cuando se encuentra en ella casi plena, el hermano aparece de nuevo para reclamarle su amor.

Con una distribución del espacio diferente a la normal, la escena se representa en una pasarela en medio de los dos espacios diseñados para el público. Una vez que el espectador se encuentra en la sala, su primera impresión son los personajes de Caleb Casas (Eduardo) y Rachel Pastor (María), en un cuarto que reproduce las huellas de una pelea: la ropa en la cama tirada, él en una esquina en posición de molestia y tratando de contener la ira, con una cadena de acciones que lo demuestra.

El espacio es la primera obra, el set en el que se encuentran los espectadores ya no es un espacio frontal y nada más, sino que la puesta llegará hasta cada cual que se precie de una mínima sensibilidad. Con una historia cargada de drama, los directores acuden al espacio como primer catalizador de la psicología humana, luego a las actuaciones para completar el ciclo.

La obra se mantiene en una clave dramática alta que provoca en el público, entre las tensiones normales de la violencia explícita del espectáculo, risas y preguntas expresadas sin el menor pudor. La cercanía obra-espectador borra un poco las fronteras. En una especie de confesión la puesta se realiza introduciendo al público como otro testigo de la relación de los protagonistas.

De tal manera, las actuaciones deben ser un componente imprescindiblemente logrado, si nos preocupa que el texto tenga el efecto de golpe que perseguía el autor. Sin embargo, al pasar un tiempo, nos damos cuenta que estamos en presencia de varios espacios de realización de Eduardo y María. Ellos no mantienen durante sus monólogos la misma certeza de sus escenas unidos, incluso en medio de estos momentos, parecen pautadas temporalmente las intervenciones de los actores, razón que deja a la vista la falta de credibilidad en algunos instantes de la obra. Ejemplo de ello es cuando María al principio le estaba contando de la existencia de otro hombre en su vida. Se inserta en este mismo proceso de incomunicación, la falta de concentración que pueden haber sufrido los actores en la función del viernes 6 de febrero.

El personaje de María es una muchacha que no debe mantener su preocupación por la imagen, por encima de la visión “al descuido” que la caracteriza, sin embargo, por momentos se adueña de la actriz una contención que la aleja del realismo que su partenaire le imprime a la suya. Por su parte, el Viejo (Waldo Franco), ubicado en el centro de la primera fila, tratando de unificar más la relación público-obra, se mueve por varios estados de caracterización durante el espectáculo, impidiendo la posibilidad de hacerse una idea del tipo de persona que puede ser, más allá de los parlamentos que dice. Franco es un actor que pertenece al staff de Argos Teatro, por lo que estamos acostumbrados a verlo en varios roles, mas este personaje parece aún en proceso de construcción. Las maneras en que dice sus bocadillos durante sus apariciones no provocan la visión de una sola personalidad. Puede ser el hombre que reconoce todo lo que cuenta con tristeza, puede ser el desprejuiciado que vuelve sobre su pasado con la idea de narrar algo impersonal, o puede ser el individuo que, hierático, se da cuenta de hechos que han marcado su vida, pero no los reconoce como tales.

Por otra parte el diseño de luces de Manolo Garriga, tan acostumbrado el público a sus aciertos, tiene sus momentos de gloria durante la puesta, pero no cuenta la historia que pudiera, como sucede generalmente en las obras dirigidas por Carlos Celdrán. Al entrar la referencia de los carros en la puesta a través del reflejo de sus luces en las cortinas, y al formar la imagen de una cárcel con los barrotes que se forman por la estructura de la cortina, es uno de esos instantes. Mientras que el diseño escenográfico mantiene la idea de una casa sin puentes geográficos discernibles y nos provoca al principio ese pentagrama claro de sufrimiento de la pareja, al transcurrir la puesta nos percatamos que hay elementos que parecen acomodados “al descuido”, e interrumpen la lectura posible del desgaste y crueldad que se pudo haber tenido. Sin embargo, por otro lado, la idea de ubicar el espejo frente a la puerta de entrada a la casa, con la cama en el medio de estos extremos, posibilita a los actores jugar con sus reflejos, imágenes y composiciones que extienden subtextos al público, y que se agradecen.

La puesta Locos de amor, del grupo Argos Teatro, viene a representar una faceta diferente del colectivo, desde el mismo instante en que no es dirigida por Celdrán, sino asesorada por éste. El texto de Sam Shepard trae una serie de referentes temporales que desbordan la puesta de un trabajo psicológico que pudo haberse logrado de mejor manera si la banda sonora hubiera jugado el papel de contrapartida que debió junto al diseño de luces; mas con la ubicación del público al pie de los actores, este efecto no se pierde completamente. Todavía hay personas que se van de la sala sobrecogidos por el impacto de la historia.

El amor es una temática que nos puede parecer inocente al mirarla con los ojos de quienes la escriben desde tales códigos, pero no debemos olvidar que las mejores historias se han escrito sobre la base de estos presupuestos. La temporada anual de estrenos en La Habana nos enseña un gran abanico, del cual sobresale Locos de amor. Pienso merece la pena llegar hasta Ayestarán 358 para descubrir cómo en la sede de Argos Teatro se estrenan nuevos directores, regresan actores al panorama nacional, y nos cuentan una historia intensa con particulares maneras de ver la pasión amorosa.      

 
LA POESÍA ES UN INVENTARIO DE ASOMBROS. ENTREVISTA CON DAER POZO RAMÍREZ PDF Imprimir Email
Escrito por Yanelis Martínez   

2 yanelis Entrevista a DaerVerlo desandar su poblado es un suceso. Sencillo como pocos. Aprecia la amistad verdadera como el tesoro más valioso. Amante de celebrar al más puro estilo cubano. Apasionado de la literatura. Defensor de las tradiciones de su terruño. Y el municipio de Calixto García, en Holguín, se lo agradece, le agradece no dejarlo morir.

Se enamoró hace mucho de la literatura, en especial de la poesía. Sin embargo, de ella se distanció por un tiempo. Volvió a sus brazos y no pudo haber tenido mejor bienvenida: para sorpresa suya y de quienes le rodean su poemario Soldado de Cristo, se alzó con el premio Alegría, en España, entre más de trescientos cuadernos. Aún así, Daer Pozo Ramírez casi se esconde de las preguntas y tras mucha insistencia accede a responderlas en el marco de una conversación con la riqueza de la compañía de quien sabe conversar.

Escogiste la poesía para dar tus primeros pasos, ¿por qué?

La poesía, en definitiva, es la primera puerta y la novela la última, por lo tanto considero algo lógico que la poesía me ayudara como portavoz entre mi ser y el mundo. Todo se ha complejizado de forma tal que yo diría que muchas veces se ha vuelto a Grecia, aquel sitio tan mágico.

La poesía nos ayuda a interpretar la razón misma de ser de la literatura. Después de ella hay un viaje que casi todos los escritores han tenido, pero casi siempre vuelven a ella, que es mi caso. Traté de fugarme de ella. La radio me ayudó por darme el sustento económico durante más de 25 años realizando programas culturales, donde no es netamente literatura pero sí una forma de experimentar mediante la poesía, que es lo que trato de hacer con Vitrales, que ya supera los quince años y me ha dado grandes alegrías.

Yo pienso que la mayor alegría es volver a la poesía literaria, que es en lo que definitivamente me considero útil, aunque la radio, sin dudas, es un medio vital para mantenerme vivo; la radio llega a donde menos tú te lo imaginas. Esta etapa de mi vida ha sido muy útil aunque para algunos ha sido tiempo perdido del quehacer literario.

Después de estar algún tiempo lejos de la poesía, ¿Por qué la vuelta, y específicamente con Soldado de Cristo?

Uno nunca sabe lo que anda dentro de uno. Soy de esos que se consideran mutantes dentro de sí mismo. Hay necesidades de escapar, de encontrarse con las raíces, de volver a aquel sitio de la infancia.

Pienso que la poesía es un inventario de asombros, uno escribe poesía como un inventario de hechos, de seres, de momentos que fascinan, entristecen o hacen sentirse vivo y es por eso que durante estos años he tenido la posibilidad de volver a lo que yo llamaría mi razón de ser, que es  mi cosmovisión como ser humano.

En 1990 publiqué mi primer poemario: Memoria y paisaje, lleno de recuerdos de la infancia. Desde aquel poemario en 1990, hasta este último, Soldado de Cristo, es cierto que hay un punto conectivo, que es Buenaventura y los sitios que me han acompañado siempre, por eso es que digo dónde está el puente, el puente no se ha perdido.

Todavía me pregunto qué fue lo que me embrujó para armar, sin ayuda de segundas personas, un poemario. Coger estos poemas, que muchos eran guiones radiales como es el caso de El baúl de Lidia Gustamante, como es el caso de Libro de cedro, el poema dedicado a María Mora, y convertirlos en literatura. 

A partir de ahí tuve un grupo de textos que me acercaban a lo universal, el poemario es abierto por Oración por Katherine, que es un poema nacido después de la lectura de Adiós a las armas, y termina con Marguerite Yourcenar. Tuve que volver y todavía me pregunto qué fue lo que me embrujó y diría que en estos últimos meses he vuelto un poco a encontrar la tranquilidad de las cuatro paredes.

Un día me senté solo frente a la computadora, acopié todos los textos, y gracias también a la Internet es que he podido conocer estas convocatorias y decidí enviarlo. Confieso que ya tenía el título, un título un poco ambicioso, yo decía: qué poner dentro de un libro que se llama Soldado… y pensé qué era Cristo en definitiva, si era la humildad, si existió si no existió. Lo que importa es qué significa todavía Cristo en la historia de la humanidad, para mí es uno de los grandes íconos, uno de los grandes paradigmas a seguir. No me considero un cristiano, soy demasiado pecador para considerarme cristiano.

Cuando veo el libro pienso en aquel cuadro de mi infancia en la sala de mi abuela, y por eso pensé en que seriamente tienen que estar poemas de Buenaventura, poemas de mi contexto, de seres que muchos de ellos ya han muerto, por eso el libro está lleno, yo no diría de muertos, si no de vida; en primer lugar dedicado a un amigo que con solo 21 años se ahogó en un lago producto de la epilepsia, alguien que tenía tantos sueños de vivir…

¿Qué significa Soldado…, tanto personal como literariamente para Daer?

Soldado… y este premio me han revitalizado de una forma increíble. Confieso que escribía mis textos y los dejaba ahí. Hacía algunas lecturas, he estado en algunos festivales, he estado en Granma, en Pilón, donde hacen un bellísimo festival: Al sur está la poesía; he estado en la UNEAC de Holguín y en distintos lugares que me han invitado. Muchas veces digo “por qué, si yo no pertenezco al mundo de la poesía”, me considero un solitario que  escribe versos y nada más.

Este premio me llenó, y dicen que soy el rey de la sangre fría pues no soy esa persona de explosiones, de júbilo, de tristezas, pero el día que recibí el premio, que me llamaron varias personas, sentí algo muy especial, que es sentirse vivo para algo en lo cual tú estabas muerto, sentirme en un sitio, mi salvación era sentirme un poeta vivo dentro de Holguín, pero de buenas a primeras me sentí un poeta vivo a nivel hispanoamericano.

Para mí significó un tributo a los que están dentro de Soldado… porque para ellos es que se necesita una luz extra y el premio, después de su valor monetario y todo eso, la alegría real está en el libro, especialmente cuando lo toqué, cuando lo pude abrir, cuando vi que ya era verdad. Para mí es más importante sentirme vivo dentro de la poesía que tener algo más en el bolsillo.

¿Continuará tu participación en otros concursos?

Sigo con el mismo miedo. Cuando envíe este poemario a Santander no pensé en nada, lo había olvidado, no había buscado si habían entregado el premio, para mí había sido como lanzar una paloma al viento sin saber que va a regresar.

Sí, hay que seguir armando libros y tengo cinco cuadernos en preparación. A partir de este estoy armando otros libros. Hay uno dedicado a  las madres que son seres, bueno qué decir, hasta ahora el título que tiene es Escritos en madera de cedro, uno dedicado al hijo, el hijo como sujeto lírico, se llama El Triunfo de Samotracia, uno que se llama Morir frente al mar, con una dedicatoria muy espacial a Violeta Parra, Memorias de la sobrevida, por ahí anda el mundo, estoy armando libros que me parece que es lo más interesante.

¿Y la investigación?

Estos libros también nacieron a partir de la radio y el que más quiero es Los robles de Mala Noche, porque fue un acercamiento a través de la radio a un sitio mágico y poder descubrir a una escritora desconocida de la literatura cubana como es Consuelo Álvarez Valdés, que nació allí en Mala Noche; por eso la radio ha sido para mí una ventana importantísima para uno conectarse con el mundo.

Además, armo un libro dedicado a Buenaventura, a mi pueblo, a su historia mágica. No es un acercamiento cronológico sino un acercamiento lógico al sitio que habito, ese libro está en producción. También un libro en honor a la familia Ajo, una de las más importantes de Cuba en la historia del Órgano Oriental que se llama Ajo y su Órgano Oriental, un siglo de tradición, un poco cerrando el círculo de mi mirada al entorno, a aquellos seres que muestran una obra a favor de su comunidad y se han convertido en seres importantes.

Está otro que se llama Agua de la anacahuita. La leyenda de Luisito Almaguer, un acercamiento a uno de los personajes más famosos del espiritismo en Cuba que es Luis Almaguer. Entonces por ahí están mis aventuras dentro del mundo de la literatura, pero  siempre parten del lugar donde estoy que es la radio, la radio que me ha ayudado a salir de mí para entrar en otros mundos, en otras vidas, en otros seres.

Háblame de tu trabajo por mantener las tradiciones calixteñas…

Sucede que los medios, como los escritores, muchas veces decimos pero no siempre hay oídos. A veces los poetas somos vistos como soñadores que quieren construir una torre de Babel donde es imposible, pienso que hay que trabajar muy seriamente y escuchar a todos aquellos que hacemos por el bien y refundar y amar.

 
RETOÑOS DE ALMENDRO YA TIENE SU AUDIOLIBRO PDF Imprimir Email
Escrito por Yailén Campaña Cisneros   

4 yaillen Retoos de almendroUn trencito de papel colorido con incrustaciones de hojas de almendro lleva a una niña con tete y motonetas azul-malva, una mulatica de ojos grandes y expresivos, y a un bebé con tirabuzón y chupetín a la más grande y alegre de las fiestas: el cuento hecho narración, la lectura hecha actuación. Se trata del audiolibro Retoños de almendro, el más reciente regalo que le hace Ediciones La Luz a los niños invidentes y débiles visuales, y a los que se sumen a la magia de un tren cargado de historias contadas con voces maravillosas y efectos deslumbrantes.

El primero de los cuentos del audiolibro, que lo es también de la antología de papel, es Funfún, de la escritora matancera Teresa Cárdenas. Rompen los tambores de Arián Poloy Stivan la magia del silencio y comienza así Yordanis Sera a contarnos esta «historia pequeñita sobre cómo surgió la noche». Es Funfún, el blanquecino, quien dando vuelta al universo descubrió a Erú, la oscura y bella noche. Aún hoy, Funfún y los blanquecinos, que no son otros que la Luna y las estrellas, parpadean una y otra vez, y se pellizcan unos a otros para saber si todo no es más que un sueño.

Como en Holguín, en Doceleguas tampoco había Zoológico hasta que a Ronel González se le ocurrió que este sitio maravilloso no podía faltar en el pueblo, aunque en él solo hubiera, inicialmente, «cuatro gallinas porque no habían avestruces, un gato negro y flaco en lugar de una pantera y ocho camaleones porque era muy difícil atrapar a un cocodrilo». No poco fue el revuelo de los doceleguanos, que hasta inauguración con invitaciones y todo se inventaron, pero no te asombres si al final la historia cambia y nada vuelve a la normalidad de ser un pueblo, como Holguín, sin zoológico.

No solo hay tambores en este audiolibro sino también truenos, aviones y «la lluvia anda descalza entre los árboles». Aquí nos deslumbramos con La ventana, de Marcia Rodríguez, narrada por Yensy Cruz Ricardo; con los inventos de «El mago Prosococof», que duerme a su nietecito al crearle la Luna y las estrellas. Viajamos a Mediavuelta, donde hay libros a medias que casi escribieron los semiescritores con medias palabras. Zacarías le regala a Laura El tesoro más grande: una piedra de lapislázuli; y cuenta Mariene Lufriú que «Tristán solo guarda la comida porque le gusta ver el plato florecido de gorriones».

Dos temas importantes se rozan en Llegó septiembre, de Yanira Marimón y en Lazarita, de Yamil Ruiz. En el primero, la dura realidad de la emigración de los cubanos a tierras lejanas tras sus anhelados sueños, que provoca la separación inevitable de una niña de su amigo más cercano, Geanny. Por su parte, el segundo cuento aborda la problemática racial que se sufre desde la infancia. A Lazarita, la acompaña musicalmente el gran Bola de Nieve con su Drume, negrita, y a Alicia la avergüenza tener que hacer una tarea de la escuela junto a la negrita del aula. Pero, al cambiar de opinión, en lugar de decirle todo lo hermoso que piensa de ella, expresó: «Lazarita, ¡qué buena y qué inteligente tú eres! Dice mi mamá que hasta pareces blanca». El tratamiento de temáticas tan sensibles es propio de la literatura que se escribe hoy para los niños en Cuba. Sin tapujos ni aniñamientos los escritores contemporáneos relatan, describen y profundizan en problemas de nuestra sociedad actual tan difíciles de afrontar por un niño, como el divorcio de sus padres o el acercamiento a las diferencias raciales y sexuales. Con este audiolibro, su realizador Pablo Guerra y todos los que hicieron posible este disco, lograron un material de excelencia que podrán apreciar no solo los niños —invidentes o no— sino también los adultos amantes de esta literatura y del arte de la palabra narrada. 

 
ENTREVISTA A EDELIS LOYOLA PDF Imprimir Email
Escrito por Liset Prego. Foto: Amaury Betancourt   

5 liset Edelis LoyolaLa conocí hace casi veinte años, entonces Paco estaba en el hit parade de los vespertinos de mi seminternado. Me pareció algo muy grande tenerla en la sala de mi casa, tanto que le mostré mis libros de poesía, le enseñé mis textos, unos garabatos insulsos que soñaba publicados cuando fuera una gran escritora.

Edelis Loyola, la que escribió La piñata, la del Patio de Gabriela en su concepción original, la misma de El piojo, vivía ahí cerquita y me decían que en Cuba, en cuanto a música infantil, estaban Teresita, Liuba o Ada Elba y luego ella.  

Durante años coincidimos en diferentes circunstancias, pero solo ahora, cuando vuelvo a cantar sus canciones, esta vez para mi hija, tengo oportunidad de preguntarle a la cantautora de música para niños, y la aprovecho…

¿De dónde llega la música?

La música me llega desde que estaba en la barriga de mi mamá. A ella le gustaba cantar y mi padre tocaba la  guitarra y cantaba las canciones de Sindo y Corona. Él  me enseñó los primeros acordes. Recuerdo que en casa teníamos un tocadiscos y aunque era muy pequeña no me despegaba de su lado cantando los temas de Teresita Fernández y hasta de los Van Van. Tuve una infancia llena de música, pero creo que con eso se nace.

Hace más de 20 años comenzaste a componer para niños ¿cuál fue el motivo?

Realmente fue una necesidad para entretener a mis hijos. No teníamos  televisor y llegó un momento que se me agotó el repertorio de canciones que sabía. Eso me dio motivos suficientes para crear los primeros temas que al principio solo les cantaba a ellos. Después fui dándome cuenta de la importancia  de componer para los niños, además del  placer enorme que me causaba.

Me encantan los niños. Disfruto cada una de sus travesuras y ocurrencias, quizás por todo  eso elegí este difícil pero hermoso camino. 

Creo en ellos. Porque sé que detrás de cada carita hay un universo por descubrir. Los niños son como esponjas que todo lo absorben, por eso intento a través de mis canciones darles herramientas para que aprendan a andar por la vida descubriendo cosas.  Y aunque trato de mostrarles todo lo que puedo, son ellos los que terminan sorprendiéndome  a  diario con su capacidad y sabiduría.

Además, no hay nada más hermoso que la alegría de los niños al cantar, es un verdadero acto de poesía, por eso  hacer canciones para ellos se ha convertido en una forma de auto expresión sin límites, pues sé que es el público más exigente, pero  también el  más agradecido.

¿Prefieres cantar tus canciones o que lo hagan otros intérpretes?

Disfruto mucho cuando canto mis canciones, aunque reconozco que cuando escucho a Liuba María Hevia cantando El piojo y a los niños tarareando Paco, me siento igual de feliz, porque las canciones son como los hijos: uno los pare y los cría, pero después ellos toman su propio camino.

Tengo muchos amigos cantautores y actores de teatro que tienen  mis canciones incorporadas en  sus repertorios, y eso me alegra. Ojalá se embullaran y grabaran un disco con mis temas, eso sí, me gustaría poder disfrutarlo, que no sea póstumo…

Perteneces al Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana ¿cuál consideras que es tu aporte a este?

He aportado mi manera de decir las cosas, el lenguaje que empleo, con ternura pero sin ñoñerías, tocando  temas poco tratados  como El piojo y El chinito Lo, que  emigró desde China para quedarse a vivir en Moa; el sentido del humor, sin caer en groserías y mostrando la identidad de mi pueblo natal, mezclando todo eso con lo didáctico y lo lúdico.

Una de las tradiciones más antiguas de los pueblos es la de jugar cantando, pero además de eso he querido agregar a mis canciones elementos que permitan jugar, cantar y aprender, porque la canción dirigida a los niños debe ser entretenida y mágica, pero con valores esenciales  para su formación.

¿Qué pasa con la producción discográfica?

La verdad, no sé. Sería bueno preguntarle a las disqueras cubanas. Voy a cumplir 50 años y no tengo un disco grabado, pero eso le ha pasado a tanta gente en Cuba que a mí no me llena de susto.

Debe ser porque a casi nadie le interesa hacer discos  para niños. La producción discográfica de este tipo es casi inexistente. Todo es una mentira, la música para niños ha sido condenada a vivir underground, arrinconada en las programaciones radiales, de TV y espectáculos.

En Cuba, de cada cien discos que hacen las disqueras, con suerte uno o dos son   para niños. Pero no todo queda ahí, falta un compromiso para difundir este género. Con él y la música campesina ha prevalecido la indolencia, prácticamente nadie los apoya, nadie la rescata, es parte de un juego donde eventos y festivales son inútiles, solo para evocarla tres días al año y nada más.

¿Cómo recuerdas proyectos como El Patio de Gabriela?

El Patio de Gabriela lo recuerdo con una mezcla de alegría y dolor; para suerte o desgracia todas las cosas llegan juntas y cuando comenzamos a grabar yo tenía programada una gira por España y Las Islas Canarias. La grabación no podía detenerse y me vi en la penosa necesidad de no poder continuar en el programa, algo que con tanto amor y trabajo había creado para los niños desde Moa.

Lo quiero como una parte más de mi obra, pienso que fue un programa que hacía falta en la Televisión Cubana y que llegó en un momento importante, donde las propuestas para niños eran escasas, y funcionó porque atrajo la atención de los  pequeños y se identificaron con él.

¿Qué te dio más placer como realizadora Radial y que te aportó?

La Radio es una de las cosas que más he disfrutado. En ella  uno se traslada a otra dimensión. Cuando trabajé en la Voz del Níquel (www.lavozdelniquel.cu), las horas parecían minutos, toda esa magia mezclada con la espontaneidad de los niños parecía un sueño maravilloso.

Escribir un guión semanal, componer las canciones del programa y ensayar con los niños era agotador, pero  fascinante, a pesar de todo eso fue lo que más disfruté, y por supuesto, los premios al trabajo realizado y al esfuerzo de mis hijos y los demás niños que resistían largas horas de grabaciones pues La Piñata y Juega mi Canto fueron  programas multipremiados en los diferentes Festivales de la Radio en Cuba.

La emisora  me aportó muchísimo, sobre todo, a ganar en rigor y disciplina, trabajar en colectivo y lograr esa empatía entre el realizador y el oyente.

Probablemente tu canción más conocida en Cuba sea La Piñata. Muchos recuerdan  a Verónica y quizás menos a ti. ¿Cómo te hace sentir eso?

Creo que eso es normal, Verónica con su gracia y espontaneidad de niña en aquel momento conquistó al público, yo lo disfruté mucho. Ese año La Piñata fue la canción más popular del programa de televisión Arcoíris Musical, uno de los pocos que se ha preocupado  por defender los musicales para niños en TV. Pero el propósito del concurso era difundir la obra de autores musicales para niños y nadie mejor que ellos para interpretar  esas canciones. Me interesa más componer para los niños y que ellos canten y cuenten con ellas, que la incorporen a sus juegos y a la vida cotidiana, con eso ya soy feliz, no me preocupa en lo absoluto  vender mi imagen.

¿Cómo influye en tu carrera tener un esposo trovador y una hija flautista?

Mi familia es lo más grande que tengo, doy gracias a Dios por el esposo y los hijos que me acompañan, somos gente apasionada, el proyecto de uno es el de todos, nos involucramos y trabajamos unidos, aportando soluciones y dando ideas, aunque también hay sus discusiones, pero hasta eso es positivo, porque de toda esa tormenta salen buenas cosas. Edelita y Fernando han aportado mucho a mi carrera, no solamente desde el lado afectivo, que ya es suficiente, sino desde el plano profesional. Mi casa es un taller de creación que no para gracias a ellos.

¿Qué ha significado para ti Moa, Holquín, Cuba?

Mi gran escuela para enfrentar la vida fue Moa, allí nací y guardo los mejores recuerdos, mis amigos, mi familia, de ahí salí llena de energía y con las armas necesarias para seguir andando este difícil camino que es crear para los hombres y mujeres del mañana.

Holguín fue un paso importante en nuestras vidas, teníamos la sede de la UNEAC, Casa de la Trova, televisión, y todo fluyó positivamente, los años que allí viví fueron realmente inolvidables, conocí a muchos artistas holguineros y extranjeros, participé en varios eventos y me sentí  realizada como creadora, tenía dos espacios fijos en la ciudad y el amor de niños y padres que me seguían cada domingo, Tengo  nostalgia por esos tiempos.

Hace cuatro años vivo fuera de Cuba y aunque estoy rodeada de bellos y elegantes edificios, sigo amando a mi país. Con la distancia se extraña todo hasta la cola del pan, los piropos y esa manera de ser tan especial que tenemos los cubanos. Aún sigo creyendo que no hay tierra como la nuestra.

¿Te sientes o te sentiste alguna vez víctima del fatalismo geográfico?

¡¿Fatalismo?! No, nunca. Vivir en Moa no impidió que hiciera todo lo que he querido hacer en la vida, radio, televisión, viajar en más de cuatro ocasiones a España e Islas Canarias, conocer a amigos y artistas importantes y dar a conocer mi obra donde quiera que me he parado.

Yo no creo en eso. Está más que demostrado que uno puede ser universal desde cualquier sitio. Comencé en Moa cantando mis canciones, al lado de las  minas y fábricas de níquel, y ahora estoy aquí en otras minas, estas de cobre, cantando siempre a los hijos de los mineros, parece que ese será  mi sino, pero donde quiera que esté voy a seguir creando y defendiendo lo que hago.

¿Cuáles son tus proyectos y empeños más inmediatos?

Mi proyecto más inmediato es seguir creando, darme a conocer en Chile. He comenzado a actuar en diferentes espacios y me ha ido muy bien. Junto a otros artistas chilenos creamos un proyecto que nombramos Encuentro de dos Américas: es una especie de intercambio cultural entre los pueblos de Cuba y Chile. Igualmente fui invitada al 3er Encuentro de la Libre Expresión Artística Violeta Parra, y dentro de poco  tendré mi espacio fijo en el jardín botánico de Viña del Mar para continuar mi trabajo en la peña Dibujando La Melodía, donde tendré como invitados especiales al Coro de Niños Cantores de Viña del Mar, con los  que tengo otros proyectos hermosos, los cuales me voy a reservar para la próxima entrevista.

¿Qué crees de la trascendencia?

Creo que a todo creador le gusta que su obra trascienda, aunque no siempre es así. Pero a mí más que trascender me interesa que mi obra funcione ahora y que cumpla su acometido, lo demás solo el tiempo lo dirá.

¿Qué esperas o deseas que suceda con tu música?

Lo que más deseo es que los niños sigan cantando, jugando y aprendiendo con la música  que he creado para  ellos, que  la musa me visite como hasta ahora,  para sorprenderlos cada vez con más  y mejores canciones.

Aunque no me gustaría que mi música quedara grabada en la memoria del viento, sostengo  que la obra es lo principal, porque es lo que va a quedar después que yo no esté, pero me queda mucho por hacer, y aún pueden abrirse las constelaciones.

 
LA CANCIÓN DE OTOÑO PDF Imprimir Email
Escrito por Eduardo Pérez Otaño   

6 eduardo La cancin de otoSiempre hay una canción de otoño, del ocaso de una larga vida que merece todos los reconocimientos y bendiciones, o como dice Pablo, «muy cerca de mi ocaso / yo te bendigo vida / porque nunca me diste ni esperanza fallida / ni trabajo sin gustos / ni pena inmerecida. / Porque veo al final / de mi rudo camino / que yo fui el arquitecto / de mi propio destino. / Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas / fue porque en ellas puse / hiel o mieles sabrosas. / Cuando planté rosales / coseché siempre rosas».

Muchos y extensos rosales han plantado dos hombres de extraordinaria valía a lo largo de sus fecundas vidas artísticas, y por ende han cosechado siempre rosas, en abundancia por estos días. Un pretexto los unió recientemente: la música; o mejor, un sueño convertido en música viva, un sueño de veinte años de antigüedad.

Pablo Milanés y José María Vitier. El primero agradeció públicamente la oportunidad que le brindaba el segundo, este a su vez, aseguró que su carrera se ha inspirado en la obra del trovador, y asegura que «la voz de Pablo, generosa siempre y crecida con los años. A veces contenida e íntima, pero también, de pronto, torrencial y desbordada, parece recorrer y develar el secreto de estos versos y lo hace diríase con apasionada naturalidad, como quien, desde siempre, bien conoce y ejerce los oficios del cariño, el ritual de los abrazos, el júbilo, la lágrima, la ilusión invencible y la promesa eterna del amor».

Canción de otoño es el resultado del encuentro trascendental entre Vitier y Milanés. Un Teatro Nacional colmado se vistió de plácemes en la intimidad de un concierto que anunciaba desde su comienzo ser en sí mismo un acontecimiento sin igual en la historia cultural de la nación.

Desfilaron, entonces, textos de Eugene O´Neill, Rubén Darío, Federico García Lorca, Salvador Díaz Mirón, Cintio Vitier, José Martí, Fina García Marruz, Gabriela Mistral, Pablo Milanés y José María Vitier, todos convertidos en música para los oídos y alimento para el espíritu.

El tiempo resultó corto, y el Nacional demasiado pequeño para tanta gratitud colectiva. Hubo quienes abrazaron, lloraron, rieron… e incluso los que aún no pueden definir el cúmulo de sensaciones vividas aquella intensa noche. El arte tiene ese extraño privilegio: el de convertirnos en sujetos de sus designios, el de hacernos perder toda voluntad propia, toda capacidad de reaccionar lógica y coherentemente a lo establecido, como socialmente aceptable.

Y al final de la noche fuimos todos un poco más felices, mejores seres humanos. Y todos quedamos convencidos de que habíamos sido merecedores de una oportunidad única, irrepetible.

 
 



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