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EL HOY Y EL MAÑANA
Tania Chappi |
Concluye en La Habana la Feria Internacional del Libro 2008. Durante dos semanas disfrutamos de la literatura, intercambios teóricos, debates, un vasto programa cultural, y, muy especialmente, de la presencia gallega. Sobre lo que ella dio y recibió, sobre lo que nosotros recibimos y dimos, comenta Luis Bará Torres, director general de creación y difusión cultural, de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Galicia.
“Vemos esta participación como un viaje lleno de descubrimientos y experiencias nuevas. Estos días inolvidables, más allá de la experiencia personal, han sido días históricos para nuestro país, por el reconocimiento que supone la invitación a esta feria, por la posibilidad de que sea conocida nuestra cultura en Cuba y Latinoamérica. Galicia tiene necesidad de comunicarse con el mundo, de mostrarle su cultura. Con nuestra presencia aquí queremos compartir la idea de que tenemos que construir una cultura universal, donde estén presentes todas las regiones, todas las culturas del mundo”.
Bará Torres señaló que no podía existir mejor sitio para iniciar tales empeños que La Habana, un lugar de arribo de tantos gallegos y la ciudad donde nacieron símbolos como el himno nacional de Galicia. Por tanto, la ocasión sirvió también para rendir homenaje y mostrar gratitud a todas las personas, incluidas las anónimas, que “forman parte de nuestra historia común”. Y declaró: “Uno de los objetivos que pretendíamos conseguir está sobradamente logrado: hacer un reconocimiento a la gran relación histórica entre Galicia y Cuba”.
“Más allá de los mercados editoriales, que nos interesan, también nos interesa, sobre todo aquí en La Habana, el circuito de las ideas, de los valores, de las emociones. Y con ellos establecer una línea de creación conjunta con Cuba y otros países latinoamericanos”, expresó.
“El programa que trajimos da una visión amplia de la cultura gallega actual. Nos interesó mostrar una cultura, plural, de gran vitalidad. Pretendimos e hicimos proyectos compartidos con artistas y músicos cubanos. Este fin de semana presentamos dos de los más importantes. Habrá otros proyectos que darán fruto a lo largo de los próximos meses y años. Esta Feria tiene que ser el punto de partida para un trabajo continuado en el tiempo. Darán fruto acuerdos de colaboración con instituciones cubanas firmados por nuestra Consejera de Cultura, Ánxela Bugallo. Por ejemplo, con el Museo Nacional de Bellas Artes --el año que viene tendremos una gran exposición allí--, con el Instituto de Literatura y Lingüística y con la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños.
“En el resumen de lo que ha sido la presencia gallega en la Feria hay dos sentimientos: la gratitud hacia el pueblo cubano, el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano del Libro y a todas las personas que nos ayudaron a construir este hermoso proyecto y nos hicieron sentir en nuestra propia casa; y el orgullo de formar parte de un gran país: Galicia, y de una excelente representación de su cultura y su lengua.”
Por su parte, Abel Prieto, ministro de Cultura de Cuba, agradeció “a los amigos de Galicia por hacer que la presencia gallega fuera extraordinaria. Lo que trajeron fue maravilloso, desde esa maravillosa Mercedes Peón que inauguró la Feria con un cantar tradicional, y al mismo tiempo con una sonoridad muy contemporánea. Desde hace cuatro años hemos tenido aquí presencia gallega, pero en lo adelante van a realizar un particular esfuerzo para estar presentes de manera más vistosa que en el resto de las ocasiones anteriores. Estoy seguro de que Galicia se va a quedar para siempre en esta Feria.” |
ELOGIO HABANERO DE GRAZIELLA POGOLOTTI
Omar Felipe Mauri |
A la doctora Graziella Pogolotti, a sus profundos nexos formativos, intelectuales y culturales con esta Habana, le debemos iluminaciones que, no por desconocidas, dejan de incidir en lo más hondo y sustancial de nuestra cultura y nuestras tradiciones.
A su quehacer de investigadora y profesora universitaria (tanto en la Biblioteca Nacional, el Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas de la Universidad de La Habana y su Escuela de Letras, así como en el Instituto Superior de Arte, al frente de la Facultad de Artes Escénicas), le debemos la modelación de muchos intelectuales y artistas en Cuba, y en especial de aquellos habaneros que se formaron directamente bajo su magisterio, y que hoy protagonizan buena parte de los procesos culturales en esta “otra” Habana.
De su asombrosa erudición como ensayista y crítica, han resultado libros emblemáticos dedicados a René Portocarrero, Wifredo Lam o Carlos Enríquez, entre otros; o los muchos artículos sobre literatura, artes plásticas, arquitectura, desempeño de la crítica o tendencias culturales, aparecidos en revistas como La gaceta de Cuba, Unión, Casa de las Américas o Revolución y Cultura.
Esas fuentes han sido brújula en varias generaciones de cubanos. Graziella nos ha enseñado a percibir la complejidad del mundo a través de asociaciones y nexos que antes no advertíamos o creíamos sabidos; nos ha trazado el mapa de las intrincadas relaciones de lo cubano con lo universal, y ha dado nuevo sentido a las fronteras espirituales de la Patria, en diálogo con lo latinoamericano y lo universal.
No por reconocidos, será innecesario subrayar estos aportes que nos honran, a la par de ennoblecer a la doctora Graziella Pogolotti, aportes que hoy podríamos apreciar en los libros de ella que se presentan en esta Feria: Las polémicas culturales de los 60 y El ojo de Alejo.
En este último, la querida Graziella viene a entregarnos una nueva percepción de Alejo Carpentier, la del crítico agudísimo en las artes plásticas. El ojo de Alejo se adentra en la visión que el autor de El Siglo de las luces dejó a su paso por periódicos, revistas, conferencias y programas radiales acerca de la pintura, la arquitectura, el arte de las vanguardias y sus creadores, tanto de nacionales como extranjeros.
Algo de esa visión carpenteriana nació durante su infancia en los campos de Loma de Tierra, entre San José y El Cotorro. Una formadora sempiterna como Graziella Pogolotti bien conoce la importancia de la infancia en los andamios intelectuales de los seres humanos.
Hace diez años, fue la doctora quien decidió un extenso debate en torno al ingreso de los poetas repentistas a la UNEAC. Ni escritores, ni músicos ni artistas escénicos acordaban la filiación y el lugar de los decimistas dentro de la organización. Era un enigma que ya se extendía por casi un lustro sin vislumbrarse consenso. Y recuerdo que Graziella Pogolotti, en un encuentro del secretariado nacional, dirimió la discusión a favor de los repentistas con argumentos rotundos, que nadie como ella podría repetir. Fue un acto de reconocimiento cultural, pero también una profunda reafirmación de las esencias históricas y populares de la nación. ¿Quién duda aquí que la décima y el repentismo son miembros venerables de la familia cubana? Pero ¿acaso no forman parte de las conquistas más altas de nuestra nacionalidad, de cuanto nos proyecta al universo y lo eterno? Lo más cimero de nuestro pensamiento transcurre aún por esas venas profundas que otorgan voz y coherencia a la primera estrofa y canto que nos dio sentido de cubanidad. Junto a la palma, la mariposa o el tocororo, la décima es blasón y alma de la Patria. Y esto, declarado desde la sabiduría y la modestia de que es ejemplo Graziella Pogolotti, es un gesto que la inscribe en el corazón de nuestra Habana.
Rememoro cada detalle de aquella reunión de 1998, que nunca antes pude hacer pública, como pública hago hoy mi gratitud.
Desde entonces la UNEAC se parece más a la cultura cubana, pues ha integrado lo mejor de las tradiciones y el arte popular de nuestros campos, que tiene en esta Habana sus exponentes más altos.
Iluminaciones fueron también las múltiples intervenciones que, en plenos, reuniones o encuentros de la UNEAC (tras la rendición de cuentas de la provincia), le escuché a la doctora Pogolotti acerca del mapa cultural de La Habana, su exuberante conocimiento de nuestra historia, que entronca decididamente con lo más profundo de la historia patria. Sus interpretaciones sobre los procesos agro-azucareros y su influencia en la formación sociocultural y las tradiciones de Güines o Madruga, por ejemplo; o la incidencia de la producción tabacalera de los territorios desde San Antonio de los Baños hasta Artemisa, fueron lecciones magistrales que jamás podré olvidar, porque unían saber y deber.
En buena medida aquellas disertaciones de la doctora Graziella Pogolotti, me devolvieron lo que ya era mío, pero en una dimensión más alta. Me devolvieron una Habana profunda y universal que antes no había visto a plenitud y que habría tardado más en descubrir.
El descubrir enciende la vocación y la sed de conocimiento. El hallazgo puede ser un accidente. Pero descubrir es asociar. En esta magnitud, Graziella Pogolotti es descubridora imprescindible para nuestra Habana, para Cuba y el mundo.
Valga declararlo aquí, en esta tierra que tanto conoce y ama, y por la que trabaja diariamente con persistencia de abeja: no en vano es Heroína del Trabajo de la República de Cuba.
Es justo que La Habana nuestra se celebre en ella como en sí misma. Y le diga gracias, porque de algún modo es sinónimo de Graziella, quizá por lo grácil o la gracia, que significa sabiduría y virtud.
Gracias por hacernos más nuestra, nuestra Habana, y por ser nuestra Graziella. |
UNA INDAGACIÓN AL PENSAMIENTO CUBANO Y LATINOAMERICANO
Cosette Celecia |
La Editorial Ciencias Sociales ofrece la posibilidad de adquirir, en el marco de esta XVII Feria Internacional del Libro, el texto Ensayos Americanos, de la doctora y Premio Nacional de Ciencias Sociales Isabel Monal.
Los interesados en la filosofía, la política y la historia podrán encontrar en este volumen una serie de ensayos que la autora ha ido escribiendo desde sus años de juventud, etapa en la cual --según sus propias palabras--, descubrió la filosofía y su pasión por ella, razón por la cual nos atrevemos a afirmar que este libro sintetiza de alguna manera la labor intelectual de la doctora Monal, directora de la Cátedra de Estudios Marxistas del Instituto de Filosofía.
Ensayos Americanos está estructurado en dos bloques, uno centrado en Latinoamérica y otro dedicado específicamente al pensamiento cubano. En su interior podemos encontrar materiales inéditos de profundo contenido, relacionados con las culturas precolombinas maya, nahual e inca, así como la interacción de éstas con los conquistadores europeos.
El libro ofrece, además, análisis respectivos sobre las ideas de Tomás Romay, Las Casas y José Ingenieros; mientras dedica un minucioso estudio al pensamiento político de José Martí --entre otros temas--, de modo que brinda al lector una visión sistemática del pensamiento latinoamericano, al reunir en sus ensayos varias corrientes filosóficas, tanto de Cuba como del resto del continente.
La autora afirma que desde 1956, cuando era estudiante de postgrado, le llamaba la atención la tendencia existente en nuestro país --aún no superada del todo-- de trabajar el pensamiento cubano sin marcos referenciales, respecto a lo que ocurría en el terreno de las ideas en el resto del continente; algo esencial, tanto desde el punto de vista metodológico como conceptual, para poder desentrañar las semejanzas y diferencias entre los diversos períodos, etapas y corrientes en la historia de las ideas en Cuba y en América Latina.
A través de sus textos, Isabel Monal, directora de la revista Marx Ahora, demuestra, desde una perspectiva marxista, que las ideas en América Latina tienen un devenir con una lógica interna bien definida, al tiempo que pone de relieve el desarrollo del pensamiento filosófico cubano en concordancia con los sucesos acontecidos en el campo de las ideas en el continente americano. |
CHE, HUMANO DIVINO
Miranda Torna |
Aleida March subió al Escambray como una guerrillera más. Sin otra pretensión que la de servir a la causa revolucionaria, llevaba pegado a su cuerpo --con esparadrapo-- 50 mil pesos para el Ejército Rebelde. Así conoció a Ernesto Guevara y se puso a sus órdenes. Como primera impresión le pareció un hombre mayor, pero le atrajo su mirada, “más bien su modo de mirar”.
Una noche, sentada en el portal de una casa en El Pedrero, contrariada porque el Comandante no la quería aceptar para combatir en la columna a pesar de su experiencia como luchadora clandestina en el llano, pasó el Che y la invitó: “vamos a tirar unos tiritos conmigo”. Y subió al jeep “para literalmente no bajar nunca más”.
Así cuenta Aleida su entrada a la Columna 8 Ciro Redondo, en Evocación, un libro de testimonios donde se desprende de historias personales, cartas, y hasta poemas que el Che le enviara desde el Congo, Tanzania o Bolivia.
Este volumen, publicado por Casa de las Américas, sorprende además porque su autora siempre se ha mantenido alejada de los titulares de prensa, de la curiosidad de periodistas y escritores, para contar su vida personal junto al Che; y por el tono sincero, alejado de sensacionalismos con que narra, incluso, momentos íntimos de su relación con el Guerrillero Heroico.
Después del triunfo revolucionario fue que el Che le hizo la primera declaración de amor, en el viaje hacia La Habana y, luego del casamiento ella, continuó a su lado como su asistente personal, igual que en los tiempos de la guerra. Por eso nadie mejor que Aleida para develarnos la parte humana del héroe.
Como antes le había sucedido a Martí, Guevara se debatía entre el amor a su familia, a sus hijos, y la convicción de que había una causa mayor por la que entregar la vida: cambiar definitivamente el rumbo de la historia de los pueblos oprimidos. Cuando entendió que ya la Revolución había tomado su camino, se marcha al Congo y después a América. Pero antes de partir le deja grabados a su esposa algunos poemas que prefería: “Farewell”, de Neruda; “Los heraldos negros”, de Vallejo; “La sangre numerosa”, de Guillén; “La pupila insomne”, de Villena.
Mientras cada despedida parecía definitiva, el mayor anhelo de Aleida era seguirlo a la lucha, e impresiona como lo hubiera dejado todo para unírsele, aunque él nunca estuvo de acuerdo. Posponía su incorporación sugiriéndole que se preparara, que estudiara francés, que cuidara a los niños. En una carta desde el Congo le pedía: “Quiéreme, apasionadamente, pero comprensivamente, mi camino está trazado, nada me detendrá sino la muerte. No sientas lástima de ti; embiste la vida y véncela, y algunos tramos del camino los haremos juntos. Lo que llevo por dentro no es ninguna despreocupada sed de aventuras y lo que conlleva, yo lo sé; tú debías adivinarlo (...)”
Y luego, desde Tanzania, explicándole que pasaría mucho tiempo antes de que se pudieran volver a ver, le decía: ...“Tienes que soportar tu cruz con entusiasmo revolucionario”... y más adelante “Ahora, que estoy encarcelado, sin enemigos en las cercanías ni entuertos a la vista, la necesidad de ti se hace virulenta y también fisiológica y no siempre pueden calmarlas Karl Marx o Vladimir Ilich”.
Uno de los pasajes más estremecedores del libro ocurre en el año 1997, cuando regresan los restos del Che y otros guerrilleros a Santa Clara, lugar donde libró una de sus más renombradas batallas. Después del homenaje, ya en la madrugada, Aleida le pide a una de sus hijas que deposite en el osario del Che un pañuelo que ella le había regalado y que él había guardado entrañablemente “leal hasta la muerte”.
En esta época en que la imagen del Guerrillero Heroico ha servido no solo de ejemplo o inspiración, en que su fotografía rebelde ha recorrido el mundo, también sometida a las leyes del mercado, es extremadamente valiosa esta Evocación de Aleida March. Y tal vez por esa aura mística que ha rondado su figura es que a uno le impresiona descubrirlo hombre. Es fascinante saberlo viril y tierno. Por eso siento particularmente un párrafo del libro: “Cuando íbamos en el auto, en tiempos en que aún no era su mujer, me pedía que le arreglara el cuello de la camisa porque iba manejando y él no podía hacerlo, o que lo peinara, alegando que todavía le dolía el brazo: en fin, el requiebro y la velada insinuación de pedir una caricia, con un poco de socarronería”. Y es que era esta la parte humana que le faltaba al Che para ser, definitivamente, divino. |
ORGANICIDAD Y SENCILLEZ
Kirenia Legón López |
Pudiera ignorar la alta dosis de jocosidad que se mantuvo en la presentación de Allá ellos, de Daniel Chavarría, tal vez para no perder la línea que caracteriza una nota informativa común y para hacerlo más fácil, yendo al directo, pero se me hace imposible, en principio porque ha estado muy lejos de ser una presentación temperamental, con palabras rimbombantes y seriedades vacías; y después, porque los retazos de notas que ahora leo en mis apuntes, los tomé, no sé ni como, entre carcajadas. En la mesa de presentación, Daniel, muy orgánicamente, comienza presentando a Carlos Tena quién más adelante hablará de este libro, y lo hace con la confianza de quien presenta a un amigo: “Somos dos viejos, comunistas, enamorados de Cuba y compartimos un mismo apartamento (en habitaciones separadas) porque yo tuve problemas con mi techo, y él, problemas con su piso, así que tenemos mucho en común”. Entonces, toma uno de sus libros y lo lanza al público mientras Carlos narra, como un locutor deportivo, todos los movimientos. A la sazón, el autor de Príapos y otros reconocidos títulos grita “toma Paco, un libro para ti” y este último, después de recogerlo, va a la mesa y se sienta junto a los otros afirmando que él es el padre de ese libro, Daniel lo ratifica y jura que nada de lo acontecido estaba preparado. Después de dar la bienvenida a Paco, comienza Carlos a hacer su exposición y entre diálogos, frases cortas, chistes, nos dice: “Esto no es cubismo, pero este señor es un cubista literario, porque es un autor que hace trabajar al que lee, quien, finalmente, es quien va hilvanando cada una de las historias aparentemente inconexas.” Daniel se levanta, lanza otro libro y le sigo la trayectoria, así me encuentro con la figura del presidente de mi CDR que trata de agarrarlo sin éxito. Otros salen al paso y el afortunado termina siendo nuestro fotóreportero que, para colmo, había ido sólo a tomar una foto. Entonces Paco, ya dispuesto a explicar la donación de su primer apellido para la criatura literaria, hace toda una historia sobre su relación con Chavarría en México y sobre la relación con esta obra que caracterizó como “novela-río”, dadas las múltiples historias confluentes. “Soy el padre --termina-- porque estuve insistiendo tres años en una editorial francesa para que la publicaran.” Daniel lanza otro libro, Carlos vuelve a hacer de narrador deportivo y ya por fin escuchamos, de boca de su autor, de dónde proviene la idea: “El título surgió de un momento de la historia de Cuba en el que Fidel, refiriéndose a los gringos, dijo: Que hagan lo que quieran, allá ellos”. Expuso además que su interés es mostrar al enemigo, dándole cualidades físicas favorables, desde la estructura mental de sus conceptos (claro, con palabras orgánicas que estas parecen salidas de fábrica) y concluyó que “esta novela es un gran eufemismo de la Revolución Cubana”. Para terminar la presentación, explicó que ha llevado un poco de tinta para dejar su huella como sustituta de su firma. Así consta en la primera página del libro que tiene ahora nuestro fotógrafo, quien no sólo se quedó en la presentación, sino que también se sumergió en la marisma de personas donde también estaba el presidente de mi comité, víctima de una emoción eufórica que nunca antes sospechó tener. |
LA BUENA SALUD
Yannis Lobaina |
Ediciones Unión ha venido literalmente “arrasando” en esta edición de la FIL. En la voz de Marilyn Bobes --quien presentó un variado bloque de excelentes narradores en la Sala Alejo Carpentier-- pudimos presenciar que la narrativa, como dicen por ahí, goza de buena salud en Cuba.
Marilyn, en su exposición, comentó: “La literatura cubana parece decidida a superar a aquella etapa casi periodística, en que ofrecía un testimonio poco elaborado de nuestra realidad, para adentrarse en un nivel de fabulación que no abandona, sin embargo, en la mayoría de los casos sus preocupaciones y compromisos con el entorno”.
Charo Guerra (Limonar, Matanzas, 1962). Ha publicado Un sitio bajo el cielo (Ediciones Matanzas, 1991); la plaquette Los inocentes (Ediciones Vigía, 1993); y Vámonos a Icaria (Letras Cubanas, Colección Pinos Nuevos, 1998). Con el proyecto de este libro, Pasajes de la vida breve, la autora ganó la beca de literatura de Cuban Artistic Fund en el año 2005. Conocida en el medio por su obra poética, en Pasajes de la vida breve, Guerra nos cuenta de manera sencilla, dando muestras de su vasta cultura, pero sin presumir de su dominio de las técnicas narrativas. En sus historias recrea conflictos provocados por personajes de naturaleza sobresaltada, quienes pugnan por legitimar su condición estrafalaria. Y el tema recurrente de la muerte hace presencia en sus textos, pero mediante peculiares presupuestos filosóficos, constituyendo el hilo conductor de estos relatos.
Otro de los libros presentados fue El dulce amargo de la desesperación, del poeta y narrador Emilio Comas (Caibarién, 1942), quien ha publicado un total de seis títulos, entre ellos: Bajo el cuartel de proa (Cuentos, 1978); Contar los dedos (Poesía, 1976); De Cabinda a Cunene (Novela-Testimonio, 1983); y La agonía del pez volador (Novela, 1995).
Nos ofrece ahora una novela en donde las confesiones de un hombre que, sobreponiéndose a su formación machista, es capaz de confesar las “debilidades” que aparecen en su vida después de perder a su esposa. Tal es el núcleo principal de esta novela donde lirismo, inteligencia y humor se expresan a través de agudas reflexiones que superan el argumento casi inexistente. Personajes bien dibujados, situaciones tan trágicas como hilarantes, contribuyen a una lectura rápida y amena que el lector agradecerá por su frescura y autenticidad.
La talentosa Ena Lucía Portela nos atrapa esta vez con una larga narración que desarrolla su argumento en el Paris de los años 20. En donde da muestras de su prosa ágil y chispeante. Djuna y Daniel relata diversos episodios --reales unos, imaginarios otros-- de las vidas de la legendaria escritora norteamericana Djuna Barnes (1892 -1982), también conocida --por sensual y escurridiza-- como “la Greta Garbo de la literatura”; y de Daniel A. Mahoney, amigo suyo por muchos años y uno de los personajes más tristemente jocosos de la historia moderna de la orilla izquierda del Sena. Ambientada en el París de entreguerras, esta novela, amena y divertida, incluye además agudas reflexiones acerca de la amistad, el desarraigo, el amor, el dinero, y algunos aspectos problemáticos de la profesión del escritor.
Por otra parte el querido Ernesto Pérez Chang (La Habana, 1971), de quien recordamos Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Historias de seda (2003); Los fantasmas de Sade (2003); y la novela Tus ojos frente a la nada están (2006), nos invita esta vez, --con sus variaciones para ágrafos--, a releer algunos textos que ya han sido publicados; otros que él mismo ha retocado. Cuentos largos y cortos que coexisten en armonía en un interesante espectro donde confluyen tan disímiles universos narrativos. Con ejes temáticos muy diversos, las historias que se presentan contienen indagaciones filosóficas, sensoriales y exploraciones literarias, familiares y hasta sociales. Una sugestiva atmósfera onírica envuelve a estos personajes, sus conflictos psicológicos, y sus curiosas circunstancias. Y volumen para no perderse.
El joven avileño Lauro Vázquez, con los relatos de Mi vida color de rosa, obtuvo el Premio UNEAC, otorgado por un jurado integrado por los prestigiosos narradores Eduardo Heras León, Ana Luz García Calzado y Jorge Ángel Pérez, el que destacó "la originalidad de las historias, el trazo certero de personajes singulares, la fluidez y desenfado del lenguaje, el humor y la tristeza así como la manera en que es capaz de conmover". Estas cualidades hacen de este libro un regalo que nuestros lectores agradecerán.
Y por último, Unión cuenta también con la presencia del excelentísimo maestro Eliseo Altunaga, con su cuarta novela, Las negras brujas no vuelan, de quien Marilyn nos dice: “El oficio de su autor alcanza rasgos notables hasta el punto de considerar esta novela la mas lograda. De estructura compleja la obra resulta un riguroso compendio de afrocubanía y realismo, mostrado con esmerada prosa.”
En Las negras brujas…, Altunaga nos cuenta de forma amena la historia de una mujer que quería ser pintora, y todas las artimañas que hace para lograrlo. Según refiere el autor, en esta novela “se sale la sensibilidad femenina que él lleva dentro.” |



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TOMANDO EL PULSO
Foto: Pedro Luis García |
Esquife ha vivido días intensos a la caza de libros y actividades para ofrecer al mundo su propia visión de la Feria. Hoy, al fin, terminan las jornadas de comida rápida, de caminatas sobre los adoquines y de sol persistente que no descansa en febrero. El cuerpo pide una pausa, pero la mente no. En un par de días, aunque con menos sistematicidad por involuntarias razones de conectividad, Esquife continuará reportando desde las ciudades de Matanzas, Bayamo y Guantánamo.
Como quiera que el día no ha terminado (y por tanto la Feria de La Habana tampoco), nos lanzamos a las calles de la Cabaña para entrevistar gente diversa, con ánimos de tomarle el pulso a la opinión de quienes visitan esta fortaleza devenida recinto expositivo con la esperanza de alcanzar alguna novedad bibliográfica, conocer a los escritores frente a frente, acceder a un espacio donde se respira historia o simplemente vivir el ambiente festivo mientras consume alguna de las ofertas gastronómicas. Las estadísticas no dan casi nunca la talla del fenómeno, nosotros optamos por el detalle. No pretendemos aquí dar conclusiones sobre la magnitud y el alcance de un evento capital; solo ubicarnos en la piel y los sentidos de aquellos para los que se hace esta fiesta.
- Jeremías, salvadoreño, estudiante de medicina de la ELAM 16, Pinar del Río: Me parece una gran feria. En nuestro país no se dan eventos como este. Me ha permitido tener un encuentro más cercano con la literatura y la cultura cubana. La feria me parece muy bien organizada porque todo está en diferentes pabellones. Uno puede ir con el mapa que dan en la entrada, puedes guiarte por eso. Fuera de los pabellones también se pueden encontrar libros. Veo que hay ambulancia y todo.
- Walfredo, parte del Comité Organizador de la Feria: Yo pienso que se ha hecho un gran esfuerzo porque la feria salga bien, que es como creo que está saliendo. Hay dificultades, hoy, mañana, pasado y habrá en las futuras ferias. Pero hemos hecho un gran esfuerzo. Mucha gente, muchos libros. Las carpas de alimentación las hemos puesto en otros lugares para hacer más espacio para los libros. Pienso que eso es fundamental. Hay también una carpa específicamente para infantiles.
- Sonia Díaz, 28 años, gallega, periodista y responsable de prensa de la delegación gallega en la Habana: mi valoración como persona que visita la feria por primera vez y que además vengo de una cultura diferente tiene que ser positiva en el sentido de la avalancha de público. Nuestras ferias son más bien tristes, son unas casetas con los libros más vendidos un poco rebajados de precio, donde los fans de la literatura aprovechamos para comprar. Pero no es esta fiesta. Por otra parte, supongo, también tiene todas las connotaciones de las fiestas, habrá mucha gente que vengan por motivos que no tienen nada que ver con la literatura. En cualquier caso el ambiente es genial. Como país invitado, como participante en la organización de las actividades del país invitado, pues, estoy muy cansada porque es un esfuerzo muy grande para un país tan pequeño con pocos recursos como el nuestro, pero es muy gratificante. Es un orgullo ver que os gustan las actividades que organizamos. Ver a los niños cubanos leyendo libros gallegos o verlos asistir emocionados a un cuenta cuentos. Todo el esfuerzo merece la pena por ese punto de conexión de nuestras culturas y yo lo volvería a hacer encantada. Nuestra relación con la organización fue a través de Betsy Rojo (Directora de Promoción del ICL) y no tengo más que buenas palabras para ella, pues me ha ayudado mucho con todos los desencuentros que podamos haber tenido. Partiendo de esa excelente calidad humana que tiene toda la gente con la que nos hemos relacionado es casi imposible que las cosas salgan mal aunque a veces parezca que vaya a ser así.
- Maykel Ley, 16 años, estudiante de informática de Guanabacoa: Una pila de ofertas buenas, una pila de libros. La organización me parece buena, todo está bien. No he comprado ningún libro.
- Víctor Francisco Hernández Mora, pintor, ilustrador de libros infantiles: La feria el año pasado fue mucho mejor que esta. Hubieron más libros. Creo que Galicia el año pasado presentó cosas más interesantes. Hay stands con los mismos libros que el año pasado y son los mismos que están vendiendo en la red nacional. No vi nada nuevo en esta feria. Yo creo que la calidad y todo ha mermado un poco. La organización sí me parece buena. Pero la cantidad de títulos, de ejemplares, la cantidad de países creo que es menor este año. Se repitieron muchas publicaciones, lo vi un poco pobre. Ojalá que el año que viene sea mejor que este.
- Zaida Mendoza, salvadoreña, estudiante de medicina de la ELAM 16, en Pinar del Río: Aproveché para comprar libros de medicina interna. Hay diversidad de literatura que ayuda a comprender mejor la política del país y a enriquecer la cultura. Está bien práctico y hay bastante literatura para los niños.
- Enrique Carballea, promotor del Centro Cultural Dulce María Loynaz: Te pierdes en el cúmulo de información y el público que asiste a la feria se pierde también. Creo que la feria es un empeño hermoso, que la gente en cualquier momento del día tenga la posibilidad de comprar un libro y leer en un lugar bello. Que vengan a compartir en el campo de las ideas y de la intelectualidad, merece un mayor nivel de concentración de las personas que trabajamos en ella para que sea realmente un proyecto lindo y revolucionario. Al final las cifras siempre van a ser positivas, habría que ver si los resultados que se propusieron en el primer momento se cumplieron. Y si las personas que salieron de cada una de las salas están realmente satisfechas. Espero que para el próximo año cuando yo entre como espectador en el recinto ferial de La Cabaña, éste sea territorio libre de CUC para la venta de los libros que se comercializarán en la feria dedicada a Chile.
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