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TEATRO
EZEQUIEL VIETA*: EL TEATRO IMPOSIBLE
Rubén Sicilia
¿Qué es lo posible, lo probable y lo imposible? Recuerdo todavía estas palabras en boca de mi maestra de dramaturgia, la desaparecida Gloria Parrado, y siempre tengo la sensación de que he pasado algo por alto en estos significados. ¿Por qué estas categorías deben tomarse tan en cuenta al considerar el texto teatral? La Parrado decía que de ellas depende la forma en la que el autor aborda la realidad... ¿Por qué parecen estar estas categorías en una encrucijada díficil de definir en algunos textos teatrales de la dramaturgia nacional? Obviamente esto tiene que ver con algunas tendencias de la contemporaneidad que hemos defendido e intentado estudiar en otros artículos. También se conecta a los peculiares cambios en el ritmo de la vida actual que estan produciendo fenómenos transformadores iguales en el arte reciente. La categoría de lo imposible puede ser una primera definición en algunas poéticas actuales, sí consideramos el texto drámatico con vistas a su finalidad últerrima: ser llevado a escena. ¿Imposibles de leer para una posible puesta en escena?
¿Son textos realmente inabordables? Por el contrario pienso que estos textos estan cargados de teatralidad, pero de una teatralidad que exige otra visión de la puesta en escena que deseche el pensamiento narrativo. Que sustituya la lógica lineal o formal por la paradójica. Concepto que implica un modo asociativo, no reproductor, un pensamiento por imágenes al abordar las posibles puestas en escena de textos que incursionen en estas tendencias. Una transformación del abordaje escénico similar al ritmo de la vida actual. Intentaré introducir el pensamiento en estas nociones generales, al considerar la obra drámatica muy particular y hasta ahora no representada de Ezequiel Vieta, una rara avis en la dramaturgia y la literatura nacional. La obra drámatica de Vieta aparece publicada en 1990, bajo el título de Teatro Completo, con un excelente prólogo de Alberto Garrándes y el sello de Letras Cubanas. Este título contiene solamente tres obras cortas, a saber: Los Inquisidores, Sin Palabras en Compañía, y Los Perorantes. Este acercamiento ensayístico tal vez pueda estimular posibles montajes de obras como estas, que tienen gran resonancia contemporánea. Nos basaremos en este pequeño libro para discurrir sobre estos textos teatrales que sin dudas pertenecen a un universo singular e inquietante de la dramaturgia nacional.
¿Pero solo por lo mencionado iniciamos nuestro ensayo definiendo el teatro de Vieta como imposible?
No solo eso, sino porque a la mirada creadora de un director teatral convencional, estos textos pueden parecer de díficil sino imposible abordaje escénico. Comportan e incluyen cierta tendencia contemporánea a explorar las posibilidades de sugerir la acción a partir de asociaciones. Hay sugerencias para una singular visualidad. Y esto no es explicíto si se piensa en un montaje convencional. Un ejemplo reciente de lo que explico es sin dudas, el montaje excelente de Raul Martin del texto El Enano en la Botella de Abilio Estevez. Monólogo que al ser visto después de leído provoca la impresión definida de "otra dramaticidad" descubierta a nivel de la propuesta escénica. Pues es cierto que una lectura tradicional del texto aparenta cierta morosidad en la acción. Sin embargo, la puesta en escena aleja estas dudas y remite el texto a un universo de asociaciones de una contemporaneidad candente. Igual posibilidad --salvando las distancias poéticas, claro-- parece latir en estos textos de Ezequiel Vieta; textos desgarradores, ásperos y con una visión un tanto sombría de la condición humana, pero que al fin parecen acercarse a la vida del hombre actual. Obras donde la acción aparece entramada de un modo peculiar, mucho más a nivel de subtexto de los personajes envueltos en circunstancias un tanto absurdas y no a tráves de una evidencia explícita.
Veamos entonces cada una de ellas, una a una, de modo que podamos comprender el alcance y sentido de la búsqueda que Vieta emprendió una vez.
Los Inquisidores. / Madrid 1956.
La propuesta en apariencia delirante que motiva este texto se hace perceptible desde el mismo exergo inicial: "Y ellos todos son los inquisidores. Porque en el OTRO esta cifrada, ineludiblemente, nuestra salvación o nuestra condena." Aquí se evidencia en el autor una preocupación desgarradora sobre el modo en que nos juzgamos unos a otros. Aquello que hizo exclamar al Cristo: "No mires la mota en el ojo de tu hermano y mira la viga en el tuyo." Algo que al parecer gravita en las culturas de Latinoámerica con más fuerza que en otras. Cierto sentido del comentario, el juicio y la irrupción entremetida en la vida del otro, junto a la proverbial solidaridad de nuestros pueblos y otras aristas similares y contradictorias que habría que estudiar.
Desde el comienzo, la introducción a la situación drámatica se atiene sin dudas a esta pauta. Una mujer en su casa, ya en horas de la noche, recibe uno tras otro el impacto de diversos personajes molestos. Primero un vendedor maniático, luego un sereno que pasa, detrás una vecina, luego las autoridades de la municipalidad, después la prensa trata de entrar por la ventana, todo ello mientras ella trata de conservar el sueño de un muchacho desconocido al que ha permitido dormir en su divan quién sabe porque. Así cada vez más la situación desplaza la cotidianidad tomando tintes de absurdo hasta provocar la sensación de que estamos mirando "una casa de locos", que al mismo tiempo puede ser cualquiera de nuestras casas. Donde el sin sentido del culto al absurdo cada día se hace patente. Ayer. Hoy. Mañana. Ahora. En cualquier sitio donde la gente viole el espacio del otro. Porque la naturaleza del hombre continúa siendo la misma. Contenemos cielo e infierno dentro de nosotros en una cantidad imposible... de medir. Evidentes puntos de contacto con el teatro de la crueldad y otras poéticas de la "realidad enrarecida". Veamos un fragmento del texto citado antes de proseguir :
La mujer se revuelca en el suelo. Se agita ahora en convulsiones terribles de histeria mientras va a gritar en escalofriante forma de alarido:
Mujer: ¡No,no!... No. ¡Yo no quería esto! Fueron los otros --fueron ellos--... ¡Ellos me obligaron!
Mozalbete: ¡Cómo!¿Qué dices?¿Que estos tienen la culpa? (emite una falsa carcajada de sarcasmo) Entonces señores, fueron ustedes. Ustedes que se metieron en esta casa solo para perturbar mi sueño. No; no es porque ella secretamente lo planeó y deseó todo de esta manera. Son ustedes los invasores que vinieron aquí con el único propósito perverso de perjudicarla (impacientandosé a la mujer), ¿no es así? Eh, ¿No es así? (Pausa) Respondan caballeros; ¿No es esto cierto...? ¿Hay disculpa posible para ella...? Ustedes, por lo que veo, lo han presenciado todo... ¿Tengo o no razón?
La Vecina pierde visiblemente interes, va a sentarse en una butaca donde permanecerá todo el tiempo trasteando el radio y procurando hacerlo funcionar de nuevo. El Plomero se pone a barrer con exagerada meticulosidad. El viejo camina muy compungido hacia el espejo, y ya frente a él, se palpa los cabellos blancos y suspira revelando profundo decaimiento; durante toda esta parte subsecuente permanecerá allí en diálogo incoherente y mudo con su imagen en el espejo... Ya aparece en disposición manifiesta de participar en el rumbo de los acontecimientos que están al darse.
Mozalbete: (taconeando con un pie en síntoma de impaciencia) Bueno, ¿No me responden? ¿Se niegan por fin a reconocer la parte que les corresponde en todo esto? (Quedan sus ojos clavados en el Comisionado Mayor, como si a él, más que a nadie, le tocara responder)
Comisionado Mayor: (Tose discretamente y avanza un paso) ¡Hum! La verdad... En toda esta extraña, extranísima situación... ¡Sí apenas comprendemos, estimado joven en qué consiste la pregunta que nos formula! Debía dilucidarla un poco más. Por lo pronto no nos parece más que un pequeño embrollo de carácter fundamentalmente doméstico. Vinimos... Esto es, digo yo. Yo. ¡Ah sí, efectivamente! (indicando el plomero), y este subalterno nuestro. Del municipio. Este señor... subalterno,bastante antes que yo... Pues vinimos...
Mozalbete: (interrumpiendo. Sarcástico) Con la intención aviesa de despertarme... ¿No?
En el fragmento anterior podemos percibir como la situación drámatica inicial se complica cada vez más con las protestas del Mozalbete que pretende una reclamación absurda en la que todos lo siguen finalmente. La acción se enfoca con evidente deliberación en el modo en que los "otros" se meten descabelladamente en la vida de cualquier persona, en este caso, de nuestra triste y desolada mujer protagonista. La cuestión de los roles que jugamos en nuestra cotidianidad es premisa aquí para construir una aguda sátira sobre la naturaleza humana y sobre algunas características de nuestro comportamiento. La conducta de los personajes se descentra cada vez más en la medida que la acción se complica. Este descentramiento, esta incoherencia-coherente en la que la participación adicional del Anciano que busca su hijo es un elemento detonador más que deja a la mujer --nuestra protagonista acusada por todos de una incierta lascivia-- en una culpabilidad permanente y que se cierne al parecer sobre ella para siempre. Esta desolación final, este grito por recibir el perdón de los otros que nunca llega, define la imposible solución de la trama como algo consustancial a la atmósfera en que se debaten los personajes. Así culmina nuestro recorrido por una pieza que enfoca sin dudas un angulo obscuro de la condición humana.
Sin Palabras en Compañía. / La Habana 1962.
Aquí estamos en presencia de un género virtualmente transgresor por su propia fundación y por su diálectica del límite. Un texto que desde su mismo título parece evocar una paradoja latente, la de quien cuenta con una compañía que nunca se comunica, no sabemos si por imposibilidad o por elección. Este "ostracismo" de la pareja... ¿acaso es una nueva propuesta de comunicación entre hombre y mujer que nos hace el autor con un guiño malicioso? No hace falta precisarlo, pues los personajes estan convocados y uncidos a la causalidad de un mundo tan vasto que abarcan los automatismos del universo como restricción de la libertad. ¿Quién es este hombre zarandeado por los embates de las fuerzas de la vida? ¿Quién es esta mujer que junto a él juega con las olas de la marea universal? ¿Qué divinidad poderosa y arbitraria experimenta con ellos como cobayos de laboratorio? Estos símbolos trascienden cualquier época y lugar para abordar un aspecto primordial casi mítico de la relación hombre-mujer y de la relación con el universo. ¿Hay acción en estos juegos, pudiera preguntarse un lector o espectador inquisidor ?. Sí, hay cierto tipo de acción, ella transcurre a nivel de "epopeya mítico visual". Una lucha angustiosa por la salvación de lo humano y por la indagación en lo esencial del ser. Vieta califica esta obra como una "Cosmopantomima para actor y actriz en dos tiempos" y juega a reinterpretar, reescribir y modular sobre un texto precedente a saber: "Acto sin palabras" del inmenso Beckett. Aún así parece tomar el texto de Beckett y convertirlo en un trampolín para indagar en sus propias obsesiones y heridas, para hablar de la paradoja humana, objeto y sujeto del fluir universal. A veces sujeto al destino implacable y a veces con la posibilidad de decidir. Cito un fragmento inicial:
Tiempo Primero.
Sin Palabras.
Un desierto. Luz deslumbrante.
El hombre es lanzado de espaldas al escenario por el ala derecha. Cae, se levanta inmediatamente, se desempolva, se vuelve a un lado, reflexiona.
Silbido por el ala derecha.
Reflexiona, mutis por la derecha.
Inmediatamente es lanzado a escena otra vez y cae, se levanta inmediatamente, se desempolva, se vuelve a un lado, reflexiona.
Silbido por el ala izquierda.
Reflexiona, mutis por la izquierda.
Inmediatamente, lanzado otra vez a escena, cae, se levanta inmediatamente, se desempolva, se vuelve a un lado, reflexiona.
Silbido por el ala izquierda.
Reflexiona,va hacia el ala izquierda,vacila, lo piensa mejor, se detiene, se vuelve a un lado, reflexiona.
Un arból pequeño desciende de lo alto, llega al suelo. Tiene una sola rama a unas tres yardas del suelo y en su extremo un mísero penacho de palmas que lanza sobre su base un círculo de sombra.
Sigue reflexionando.
Silbido desde arriba.
Gira, ve el árbol, reflexiona, va hacia él, se sienta a su sombra, se mira las manos.
Unas tijeras de sastre descienden de lo alto, vienen a dar frente al árbol, a una yarda del piso.
Sigue mirándose las manos.
En el pasaje citado se hace perceptible un tejido pensado para el encadenamiento de símbolos. Las caídas a la izquierda y la derecha como juego posible de los cambios de dirección que el hombre toma a veces en su existencia sin saber por qué. El árbol como representación de la búsqueda de un oasis o remanso en la corriente de la vida. La presencia de un destino que a veces nos arroja de un lado al otro y la persistencia en mirar las manos como posible preparación para lo que debe hacerse, pero que aún no se sabe. Alusiones un poco remotas pero perceptibles al génesis y al origen, también se transparentan. El motivo de las manos que hace recurrencia y cierra el primer tiempo un poco más adelante, es sin dudas la búsqueda del propio Vieta. Sus manos han de establecerlo en una noción justa del universo porque él espera una salida que aún no parece encontrar. En el segundo tiempo, sin embargo, esta vía de trascendencia se hace visible. ¿La pareja como vía de salvación del hombre?:
Tiempo Segundo .
...En Compañía.
(fragmento final)
La mujer con una gran sonrisa, esgrime el grano, se hinca de rodillas, hace un adéman invitando al hombre. El cubo grande es halado y desaparece en lo alto. La mujer se pone a escarbar, el hombre se encorva para observar lo que ella hace.
Silbido desde arriba.
Mujer y hombre permanecen estáticos.
Sale la mujer del ensimismamiento y vuelve a la tarea con más brío; el hombre poco a poco va repitiendo toda la postura de ella.
La mujer se limpia una mano en la falda, sonríe, silba fuertemente al hombre, le entrega el grano, el hombre sonríe, lo toma, silba una tonada.
La mujer le indica con el índice, el hombre hace señal de asentimiento.
Juntando hombros los dos, se siembra el grano.
Silbido fuerte y extenso desde el fondo, sale un surtidor de agua del lugar plantado.
Hombre y mujer se ponen de pie, se abrazan. La luz se atenua. Bosque de pinos en transparencia; se oye el rumor próximo de una cascada.
Telón.
Con estas imágenes de potente y evocadora visualidad concluye Vieta un texto donde cuestiona la estructura drámatica y opera con el límite de la acción. No hay ya mucho que decir pues el texto explicita de por sí varias ideas. Sin embargo no hay dudas... pudiera ser un interesante punto de partida y tal vez llegada para un director que se sienta atraído por la visualidad asociativa y sin límite de creación. Dejando esta sugestión en mente de cualquier posible lector pasemos ahora al último de los textos que hemos de ver en nuestra reflexión.
Los Perorantes. / 1970 aproximadamente...(¿ ?)
En este texto Ezequiel Vieta parece querer explorar en una profundidad mayor los espacios de la aridez, la incomunicación y la desesperanza, los personajes gravitan en una situación equivoca donde el verdadero conflicto es tal vez el uso y abuso de la palabra. Una diarrea de palabras, una larga peroración donde los personajes-máscaras, apenas arquetipos esbozados, nos muestran su dificultad crónica: una desesperada necesidad de convertir la expresión en comunicación real, que nunca se concreta. Salvo en el final, donde parece darse cierto acuerdo precario. La obra transcurre a partir de esta motivación central, así como en Esperando a Godot el conflicto es la espera de aquél que nunca llega, aquí la situación drámatica se hilvana alrededor del desorden que plantean las diferentes necesidades de decir, sin decir nada.... y se aprovecha para ello la estructura en permanente desequilibrio de una especie de juicio o asamblea pública... ¿La colectividad que siempre anula la individualidad de nuestras vidas? ¿O acaso lo contrario, la individualidad feroz que egoísta quiere conservar privilegios? ¿Tal vez las sombras y luces de la diálectica entre el individualismo y el colectivismo? ¿Una sátira a la vacuidad de las palabras en la contemporaneidad? Creo que todo esto está apuntado, pero la intención de Vieta cala aún más hondo: hacia las fuentes de una verdadera y posible-imposible comunicación del hombre. Así puede esta obra motivar y estimular hasta hoy día otros abordajes. Pienso por ejemplo, en un texto de peculiar y notable factura, Ignacio & Maria donde los personajes también "peroran" sobre la realidad que los circunda y que salvando las distancias generacionales y poéticas entre Vieta y Nara Mansur --una autora reciente-- juega con la casi construcción de diálogos-monologados entre los personajes. Hay igualmente otros vasos comunicantes entre Vieta y otros autores que demuestran ad honorem su innegable influencia. Es Vieta aquí, por todo esto y más un precursor, al igual que Virgilio, Triana y otros muchos que abren nuevas fronteras para la dramaturgia de la actualidad, un pensamiento drámatico más orgánico a los cambios de la vida. El teatro imposible --del cual no es Vieta el único paradigma sino la cima del iceberg-- se volverá posible cuando un nuevo pensar de la puesta en escena --ahora incipiente-- se desarrolle a plenitud. ¿Se atreverán o no con el teatro aparentemente imposible de este autor los directores teatrales de nuestra actualidad? No siempre podemos entrever el futuro en alguna cuestión de vida. La vida del hombre contemporáneo está sujeta por igual a fuerzas ciegas y a fuerzas conscientes. ¿Es el futuro de los perorantes el futuro de la vida que ahora mismo la humanidad está sembrando? ¿Es el futuro de la colectividad vs la individualidad? No sabemos, ni nosotros, ni el propio Vieta, porque si la vida no tiene respuestas... ¿Cómo podría el arte? Sin embargo, parece que una especulación sobre el futuro se abre paso en el fragmento final del propio texto, cuando menciona a los niños que han estado implicados sin quererlo en los hechos de la historia. Entropía y Utopía no son términos equivalentes. Tal vez sea esta la asociación que ahora estamos tratando de atrapar en el pensamiento para orientar nuestras ideas:
Pastor: (adusto al Juez) Yo no toleraría jamás mi presencia en una casa de estos antecedentes. Mi misión está por sobre todo.
Juez: (displicente) Puede usted también irse. No me importa.
El Pastor baja pomposamente por la rampa de la derecha.
Político: (al Juez en tono de gran misterio) ¿Y yo que hago aquí?, ignoro mi conveniencia.
Juez: (Muy altivo) Lo mejor, acostarse. Ya casi aquí todo ha terminado.
Político: (Con fingido asombro) ¡No!
Mayordomo: (al Político) Usted debe obedecer al Juez.
Político: Y le obedezco. (se echa sobre el banco)
Mayordomo: (avanzando hacia el Juez) Señor, ya casi es la hora.
Juez: ( después de una pausa por estar embargado en sus pensamientos) ¿La hora? ¿La hora, sí?¿Y qué esperamos, entonces?
Pausa.
Juez: (regocijado) ¡Me comprendes, por fin! ¡Ven, deja que te dé un abrazo!
Mayordomo. (avanza unos pasos, titubea) ¿Y los niños?, ¡Oh, juez!
Juez: ¿Los niños? ¿Los niños, dices? (Pausa) Deja a los niños.
Los Niños están aún en su plataformas. El escenario queda a oscuras.
Telón Final.
No queda ya mucho por decir sobre la escueta producción teatral de Vieta. Solo convencernos de que su aparente imposibilidad es pausible. El propio final del texto anterior es un salto sobre lo imposible, porque la dificultad extrema de una cosa puede potenciar nuestra energía. Su rareza tanto en la forma como el contenido es expresión de realidades inobjetables. Es la vida la que da impulsos orgánicos. Sus esperanzas y anhelos son visibles en este teatro que habla del caos pero a pesar de todo ejerce cierto orden sobre él. Quedemos entonces con la imagen de los niños que vienen detrás, a la isla o al mundo, quién lo sabe. Tal vez sea ésta la germinación de una nueva tierra, la tierra prometida que toda cultura busca. Si vemos con coraje los límites del desasosiego a que nos enfrenta este teatro, esto puede ser una nueva modalidad del exorcismo. El amor al hombre no abandona estos textos aunque se sumergen al dolor. Una vía díficil pero al final auténtica, para curar la vida y encontrarnos tal vez con nuevas utopías.
*Ezequiel Vieta (La Habana 1922-1995) es una figura insoslayable en la narrativa actual. Sus ya clásicas obras "Aquelarre"(1954), "Vivir en Candonga"( Premio UNEAC, 1965), "Mi Llamada Es" (1982), y "Baracutey" (1984) lo sitúan como uno de los narradores de presencia inquietante e ineludible en las letras cubanas después de 1959. Su novela "Pailock", aparecida en 1991 y Premio de la Crítica en 1992, consolida esta opinión. Su teatro, de una breve producción, es menos conocido y divulgado e igualmente impregnado de una atmósfera y estilo peculiar, por lo que no ha sido valorado en mi opinión justamente. Sirva tal vez esta reflexión para despertar un posible acercamiento a esta zona de su obra.
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