No. 52, febrero del 2006
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UNIVERCITANDO
TEATRO Y LITERATURA: DESENCUENTROS Y AFINIDADES
Rubén Sicilia

¿Cómo es posible que el teatro, al menos como se conoce en Europa, o mejor dicho en Occidente, haya relegado a último término todo lo específicamente teatral, es decir, todo aquello que no obedece a la expresión de la palabra, o si se quiere, todo aquello que no cabe en el diálogo ( y aún el diálogo como posibilidad de sonorización en escena, y como exigencia de esa sonorización?
Antonin Artaud

Antonin ArtaudDefinir lo cotidiano, lo que mas cerca esta del observador se vuelve a veces una empresa teórica insospechadamente trabajosa. ¿Cuáles son los nexos o vínculos que sostienen el teatro y la literatura? ¿Cuáles las diferencias y semejanzas? ¿Cuáles sus puntos de encuentro y sus zonas de conflicto?
Intentaré responder estas interrogantes manteniendo el equilibrio entre dos orillas movedizas: el riesgo de abordar verdades de perogrullo y la necesidad de precisar algunas coordenadas aparentemente conocidas.
"No soy nada, nunca seré nada, no quiero llegar a ser nada..."; dice Pessoa, un poeta intenso y formidable cuando cobra conciencia de los límites que impone su propia humanidad ante la idea poética que pugna dentro de su ser. Así me siento a la hora de ubicar los puntos de contacto y lejanía entre el teatro y la literatura.
¿Qué define al teatro y qué a la literatura? El teatro es definido por un lado en la tradición como el arte de la acción dramática generalmente asociado a la perspectiva del texto, aparece aquí como la vivisección de un conflicto. Pero en la perspectiva espectacular el teatro es esencialmente lo que sucede entre el actor y el espectador. También es definido como la síntesis de todas las artes. El origen griego de la palabra teatro, theatron, revela una propiedad que hoy día ha sido olvidada en cierto sentido. Es un lugar donde el público observa y percibe una acción que se le presenta en otro lugar. De este modo, el teatro se constituye, sin dudas, en un punto de vista respecto de un acontecimiento, hay en él una mirada, una perspectiva y una actitud del que percibe ante lo percibido. El teatro es esta visión, la percepción del espectáculo siempre cambiante e infinito como en la cita de Artaud. Por otra parte, dice el diccionario teatral que dramaturgia es:

El arte de componer un drama; y que en un sentido más general es la técnica (o ciencia) del arte dramático que busca establecer los principios de construcción de una obra, ya sea inductivamente, a partir de ejemplos concretos, o deductivamente, a partir de un sistema de principios abstractos.

En ambos casos --tanto en la visión que privilegia el espectáculo como aquella que le concede importancia al texto-- el conflicto dramático es lo característico de la acción y de las fuerzas antagónicas latentes en el drama, en él se confrontan dos o más personajes, visiones del mundo o actitudes existenciales o el hombre contra fuerzas naturales. Aunque sí consideramos las cosas en su mínima expresión celular, podemos intuir que hay teatro siempre y cuando existe un actor y un espectador. ¿Pero solo esta célula? Aquí hay una paradoja. La palabra actor también viene de acción. Él es el canal en sí de esta acción, su sujeto y objeto al mismo tiempo. Puede existir teatro solo entre un actor y un espectador pero tiene que darse un acontecimiento que se convierta en soporte dramático. Solo a tráves de tensiones avanza la acción. Es decir que la célula mínima contiene también la ley del conflicto general. El diagrama de los obstáculos que el hombre ha de superar en su vida desde hace siglos sobre el planeta. Aún en un texto performativo-espectacular no escrito previamente para la escena estas leyes siguen vigentes. La evidencia creadora de que las relaciones humanas transcurren a nivel de conflictos más o menos intensos. El concepto mismo de teatralidad que depende básicamente de lo apuntado ha desplazado considerablemente sus fronteras hoy día. La importancia de la espectacularidad fue recuperada desde Antonin Artaud y ahora hay un regreso al valor del texto, pero conservando la fuerza alcanzada en la visualidad, en lo perceptual.
Una nueva tipología de los conflictos es algo que tal vez podría intentarse pero se vislumbran resultados movedizos pues la mezcla de géneros, estilos y tendencias la harían algo sumamente variable. Fue George Polti quién aseveró que solamente hay treinta y seis situaciones dramáticas posibles y parece que algo de razón hay en este enunciado. Cuando estudiamos su libro esquemático al escribir y seguimos los ejemplos que propone, podemos observar coincidencias con los arquetipos expresados que rebasan el marco de lo casual. Y a pesar del tiempo esta tipología aun funciona hasta cierto punto. De cualquier modo la estructura teatral sea más clásica o experimental requiere un estudio consciente de estas leyes. Un poder usar con consciencia herramientas que deben constituir una "segunda naturaleza", es decir, reflejos adquiridos dentro de nuestro subconciente en cuanto al pensar dramático. Por el contrario la literatura se reduce a sí misma al relato, el cuento o la exposición de imágenes en el caso de la poesía --aunque igualmente usa reflejos pero de una cualidad diferente-, esto es, una historia que contar, un modo de transmitir el saber que parece venir desde el origen oral de las historias contadas junto al fuego, un modo de ordenar las palabras en torno a la belleza, un conocimiento sumergido en el inconsciente colectivo de la raza humana que tiene antecedentes aún no bien estudiados en la noche de los tiempos. Habría que preguntarse sí siempre se narra aún en poesía. Dice un diccionario común acerca del concepto de literatura:

f. Arte bello que emplea como instrumento la palabra hablada o escrita / Teoría de las composiciones literarias de una nación, de una época, o de un género./ Conjunto de obras que versan sobre un arte o ciencia.

Paralelamente dice González Ruiz acerca de la narrativa, un segmento de ese mundo enorme que es la literatura:

Narrar es escribir para contar hechos en los que intervienen personas. Narrar el desarrollo de un tempestad, sin aludir más que al espectáculo de las fuerzas movilizadas es describir una tempestad. La narración necesita al hombre, aunque en algunos casos puede pasarse sin él cuando personifica a individuos del reino animal o vegetal y nos cuenta la aventuras de un perro o una rosa a los que en realidad se humaniza.

Antonin ArtaudDe aquí pueden colegirse muchas cosas. Podemos pensar también en el rol de la poesía como un puente o eslabón que todo lo penetra en este vasto universo. Asoma su rostro en todas las formas literarias, también en el teatro... ¿Debemos comprender que la poesía es la esencia que subyace bajo todo pensamiento creativo, tal vez vinculada a la íntima percepción de la belleza? Nadie puede dar una sola respuesta a estas preguntas... es posible que existan tantas respuestas como poéticas, pero podemos asegurar que la literatura y el teatro no rehusan visitar la casa de la poesía.
Aunque hay una dramaturgia latente en toda historia, no es urgente el avance de la acción en un relato sino el tejido sicológico y existencial en que se mueven los personajes. Mientras la literatura describe y narra, el teatro pretende mostrar como sucedieron las cosas. Mientras la literatura necesita pintar una atmósfera, el teatro precisa primero construir una situación de fuerza conflictual. De este modo, el saber transmitido a través del cuento, --imágenes recreadas junto al fuego-- se constituyó en otra forma de entender el mundo. El origen del teatro es animista, mágico y ritual; el shaman invocaba la caza identificándose con el tótem del búfalo o el jabalí --según Frazer, lo semejante crea lo semejante-- y atraía de este modo al animal en la caza; por el contrario el origen de la literatura se halla seguramente en esos momentos de descanso donde el saber colectivo se transmitía en estas primeras historias contadas por un narrador natural. El origen del teatro, aunque cumple también con la ley del relato, tiene implicaciones más profundas con los primeros rituales. El teatro y la literatura se aproximan siempre, en un principio para darse un fervoroso y apasionado beso de adolescentes, donde intercambian jugos y posibilidades, pero luego en algún punto del camino emergen entre ambos asperezas de fondo. Se convierten entonces en un matrimonio con grandes desavenencias, pero un matrimonio al fin. Un matrimonio que nunca puede divorciarse. Ahora bien... ¿Cómo se insertan estas visiones en apariencia clásicas con las tendencias performativas y fragmentarias de la dramaturgia y el teatro reciente? Obviamente los fenómenos de ruptura de las fronteras han desplazado algunas nociones clásicas tanto de la literatura como del teatro, sin embargo ciertas esencias permanecen aún en los happenings, performance, gestos, actitudes, intervenciones, acciones plásticas, body art y otras formas de la vanguardia. Estamos viviendo en la era post-arte donde cada día se abren perspectivas insospechadas. El hecho creador solo podrá ser explicado como un fenómeno de la conciencia, pues implica en cierto grado una conversión en la conciencia del hacedor y por simbiosis en la del espectador o lector.
Es así que pueden establecerse infinitas diferencias formales --pero también semejanzas-- en cuanto a la técnica de escritura teatral o la técnica de escribir literatura. Lo que no siempre estamos alertas para captar por el contrario son las múltiples semejanzas en la "técnica síquica", tanto cuando se escribe teatro como una obra literaria de cualquier otro género. El hacedor comienza siempre en mi opinión, en ambos casos por visualizar primero la idea inicial y más tarde en un proceso progresivo y gradual, continuar visualizando cada vez más detalladamente la situación, los personajes y sus caracteres. Carne, hueso, músculo, sangre, manera de hablar y moverse en un contexto dado. Parafraseando a Tristan Tzara que decía: "el pensamiento se produce en la boca", pudiéramos afirmar: no sabemos dónde se produce el pensamiento, él viene y va, de y hacia regiones desconocidas. El creador en cualquier disciplina del conocimiento humano ha tenido seguramente esta percepción alguna vez.
La dramaturgia ya no es simplemente el estudio y dominio de las leyes del drama sino que se esencializa como el pensamiento mismo que sigue o alimenta todo proceso creador, porque los cambios en el ritmo de la vida están modificando también nuestra percepción. El sentido performativo invade el proceso de ideación de modo tal que se habla de "una proliferación de dramaturgias".
La literatura a su vez recibe impactos de los procesos que el teatro desata, muchos relatos o novelas contemporáneas tienen una estudiada y a veces trepidante dramaturgia. Es un hecho innegable que el teatro y la literatura ponen en duda sus fundamentos y los límites que los definen y se interpenetran. La vida de hoy impone nuevos paradigmas y tal vez estamos presenciando su incipiente renacer.


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Redacción: Jorge Enrique Rodríguez / Yanet Bello / Andrés Mir
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