No. 54,
septiembre del 2006
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ARTES PLÁSTICAS
LA CIUDAD EXPRESADA EN ROPAS

Pedro Contreras

En cada Bienal de la Habana se realiza un taller de creación colectiva dedicado a una manifestación distinta de las artes visuales; en la correspondiente a este año se escogió la indumentaria como materia de atención dado el interés creciente que ha despertado la expresión a través de este medio entre los artistas y la importante proyección social que posee.
Desde la prehistoria el hombre cubre su cuerpo, no sólo para protegerse de factores agresivos del ambiente, sino para ornamentarse, identificarse, expresarse. Los artistas siempre han estado atentos a los valores expresivos de la indumentaria y han contribuido a su enriquecimiento, pues no sólo han creado trajes funcionales, sino que se han valido de la ropa para reflexionar sobre variados temas: ecológicos, políticos, sociales etc. con obras de todo tipo: escultóricas; pictóricas, fotográficas, instalativas y de participación popular.
En esta ocasión, artistas plásticos procedentes de Francia, República Dominicana, Brasil y Argentina, junto a diseñadores, artesanos, profesores y estudiantes de nuestro Instituto Superior de Diseño Industrial ( ISDI ) que han estado atentos a los valores expresivos de la vestimenta y se han valido de materiales alternativos en sus propuestas, aportaron sus ideas y se sensibilizaron particularmente con la ciudad, y el modo en que los habaneros --con sus cuerpos vestidos, sus acciones y sus anhelos-- la habitan. De esta interrelación, desarrollada en un ambiente de debate, experimentación y fantasía en la Casa de la Obrapía, palacio colonial donde radica la Hermandad de Bordadoras y Tejedoras de Belén, surgió una variopinta colección de ropa y accesorios que habría de presentarse en atípica pasarela.
Prendas tradicionales cubanas, la guayabera, la guarachera y la bata (derivada del peinador de fines del siglo XIX) fueron presentados en una conferencia magistral, al inicio del Taller, por la principal especialista en vestuario cubana, Maria Elena Molinet, y de ahí partió el trabajo colectivo. Con la eficaz guía de la diseñadora argentina Andrea Saltzman, profesora de la Universidad de Buenos Aires, quien desde la arquitectura, la danza y la enseñanza ha desarrollado un interesante corpus teórico, se ensayaron diversos modos proyectivos, entre ellos la variedad que puede otorgársele a una prenda ya usada, mediante cambios en la superficie (al replantear signos de estampa, al bordarla o mediante el collage ); en las estructuras (mediante la deconstrucción ) o resignificándola, al relacionarla con otras prendas o darle distinto uso al habitual. Aunque la Bienal aportó tejidos básicos, pasamanería y pigmentos textiles, los artistas y diseñadores invitados sumaron materiales y técnicas de su preferencia --particularmente aquellos con los que habían realizado confecciones que trajeron al taller a modo de presentación-- para experimentar con ellos en el nuevo tema que se les planteaba: la identidad de La Habana.
Se invitó a participar en el Taller a creadores que se expresan de modos muy distintos: artistas que se valen del indumento en la realización de performances u obras de participación popular, creadores que realizan prendas de diseño convencional con materiales no convencionales o se valen del reciclaje; también hubo diseñadores de vestuario escénico y artistas que realizan pintura corporal.
Una vez en Cuba, se reunieron en pequeños grupos para crear, de modo colectivo, propuestas en las que cada cual hizo su aporte y lo combinó con otros afines. El trabajo fue intensivo, durante cuatro días, para que los visitantes extranjeros pudieran recorrer la ciudad, sentirla y participar en otras actividades de la Bienal. De la relación con la urbe y sus habitantes se llegó a conclusiones tales como que para el cubano es más importante el "modo" de vestir, de llevar la ropa, que la propia moda. Esta ¡y hasta los uniformes! experimentan un proceso de adaptación a nuestro gusto; el calor, la sensualidad de los cuerpos y la expresividad gestual convierten aquí toda moda foránea en algo distinto, propio; los colores y texturas se combinan de un modo más desinhibido y contrastante que en otras latitudes. El reciclaje --entre nosotros una necesidad imperiosa-- se asume creativamente.
La reflexión y el debate sobre estas cuestiones indujo a muchos participantes en el Taller a diseñar a partir de prendas y telas ya usadas, a una revaloración creativa que se valió tanto de técnicas tradicionales de confección como de elementos artísticos. Cada día es más frecuente que resolvamos las necesidades del vestir mediante la compra de ropa de usada, procedente del extranjero que es la que, por su precio, está al alcance de la mayoría. Las limitaciones de la industria nacional de confecciones --dedicada casi exclusivamente a la producción de uniformes-- resultan frustrantes para los diseñadores; pero, como diseñar es encontrar soluciones, resulta lógico entre nosotros el considerar como materia prima la ropa ya usada, algo a lo que se apela, tradicionalmente y en todas las sociedades, en un ámbito doméstico y que aquí podría ser labor de talleres artesanales orientados por diseñadores. La originalidad de algunas piezas realizadas de este modo en el Taller motivaría el interés y el deseo de comprarlas de algunos visitantes cubanos y extranjeros que asistieron a la presentación de los resultados; esto hizo pensar a Andrea Salzman que, además, podrían convertirse en un rubro exportable.
Un fotógrafo alemán, Bodo Tüngle (con sus collages digitales en los que integra hombre y arquitectura ) y dos jóvenes cubanos, Mabel Llevat (quien también emplea el collage digital en sus fotos de quinceañeras que, vestidas como princesas decimonónicas, se hacen fotografiar en hermosos sitios de la Habana Vieja para guardar el recuerdo de un día especial) y Alain Gutiérrez, (particularmente sensible a simpáticas expresiones de sensualidad y cubanía en el vestir) aportaron imágenes pregnantes del habanero en la que se expresan cuerpo, gestualidad e indumento. Estas fotos fueron expuestas en la galería de la Casa de la Obrapía desde el momento en que se inició el Taller hasta el fin de la Bienal.
Vestuario Alternativo en La HabanaLos alumnos del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) y los diseñadores más jóvenes fueron quienes asimilaron con más entusiasmo la guía de Andrea Saltzman y la presencia en el taller de la artista anglo-francesa Lucy Orta, una de las más importantes figuras invitadas a la Bienal, quien los incluyó en su proyecto DFORM- Nexo Emotivo. Cada uno accedió al sitio web donde esta creadora presenta un patrón básico de overol de obrero, y le hizo modificaciones al comunicarle la expresión de sus propias emociones y sus actitudes corporales más características. De entre todos los proyectos, Lucy seleccionó el engrifado boceto de Alain, un estudiante de tercer año de diseño de vestuario, y este fue realizado en el propio taller, con empleo de lienzo crudo cubano, por su sastre asistente Peter Cox.
El modo en que se presentarían los resultados del Taller en el Pabellón Cuba, el día de la inauguración de este espacio como una de las sedes de la Bienal, era una incógnita, aún para los que organizamos del evento. El modo intensivo en que se trabajó no dejó tiempo para la elaboración de "puestas en escena" o ensayos. La diversidad de las propuestas --ropa de uso común, pintura corporal, obras bidimensionales, performances .-- hacía difícil concebir un "desfile" al modo tradicional. Minutos antes de la apertura llegaban desde la Casa de la Obrapía la mayoría de los integrantes del taller portando la ropa que recién habían terminado --algunas sobre sus propios cuerpos, otras en las manos-- para probarlas al público asistente.
Los diseñadores que optaron por propuestas más glamorosas --Liudmila Rosario, Yosvany Martínez y José Luis González-- vestían en un improvisado camerino a esbeltas modelos, que portarían abanicos gigantes pintados por María del Pilar Reyes, harían alusión a la vegetación de patios y parques citadinos o a las cenefas murales de la arquitectura colonial- mientras; modelos masculinos se colocaban t-shirts con enigmáticos estampados de controladores digitales concebidos por el fotógrafo Néstor Martí, quien se disponía a documentar fotográficamente lo que estaba por ocurrir. En algunos stands , se ubicaban los diseñadores de Arteylla --con su variada propuesta de t-shirts inspirados por los ornamentos de nuestras más bellas construcciones deco--; Estella Estévez --con sus diseños de ropa atípica para perros, y blusas recicladas, dedicadas a los humanos, en las que bordó simpáticas figuras de canes-- y Lucía Fernández, con un grupo de mimos que, vestidos con ropas creadas por ella, interactuarían con los asistentes a la muestra.
Dolores, de Argentina, escogía a última hora, a una mujer asistente a la exposición para que vistiera un especial traje de novia "alegre y colorido como Cuba". Al entrar el numeroso público a la que constituye nuestra más amplia y abierta sala expositiva, y sonar una cadenciosa música que renovaba ritmos tradicionales --desde el danzón a la conga-- se iniciaba la fiesta, que eso fue la presentación: espontánea, cálida, interactiva y extendida hasta altas horas de la noche, cuando a las interesantes propuestas artísticas de la dominicana Raquel Paiewonski (fotos y performance que inducían a variadas reflexiones en relación con el sexo), se sumaba la especial conjunción de danza, objetos en marabú y pintura corporal a cargo del grupo camagüeyano Endedans --guiado por Tania Vergara y Guillermo López--, quienes realizaron una creativa indagación sobre la identidad nacional. El último momento de la noche, cuando la atmósfera, quieta y penumbrosa, resultaba idónea, perteneció a los artistas brasileños Flaminio Gallageas y Patricia Gerber. Flamíneo expresó a la ciudad como una carga, representada por una acumulación de sillas viejas que ató y cargó sobre su espalda mientras se balanceaba pacientemente en un sillón; Patricia reflejó insatisfacción de necesidades a través de ropa primorosamente confeccionada por ella en sus pocos días de estancia en Cuba, piezas que resultaban atractivas e imposibles a la vez (pantalones en los que no lograba introducir las piernas, blusa de mangas demasiado largas, un vestido que contenía agua que ella intentaba inútilmente beber). La originalidad del modo expresivo, su poesía y dramatismo impactaron a aquellos que habían permanecido en el recinto expositivo durante cuatro horas atentos a las variadas propuestas del Taller.


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Redacción: Jorge Enrique Rodríguez / Yanet Bello / Andrés Mir
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