No. 54,
septiembre del 2006
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ENSAYO
SOBRE EL AUGE DE LOS DECIMARIOS FEMENINOS EN CUBA
Mayra Hernández Menéndez

Quizá a algunos les parezca recurrente insistir en el tema del discurso femenino en la décima, pero no se trata de llover sobre lo mojado, pues en esta ocasión el objetivo es dar a conocer (y reconocer) el avance que ha habido en este sentido.
Para demostrarlo --y aunque me resulta difícil, no me queda otra opción que hacerlo, para tomar un punto de referencia--, debo remitirme a mi libro de ensayo Hombres necios que acusáis... Estudio sobre el discurso femenino en la décima en Cuba , publicado por la Editorial Oriente, en el 2001.
Justamente, por el año en que salió este volumen, se comprenderá que tuve que culminar la investigación en 1999, aunque en el proceso de edición tuve la oportunidad de incluir breves datos más actualizados, pero sólo hasta el comienzo del 2000.
Con posterioridad, y para suerte de las poetisas-decimistas, ese panorama --como dije al inicio de estas líneas-- ha tenido un cambio, tal vez no tan trascendental como debiera ser, pero sin dudas muy significativo y esperanzador, que augura nuevos logros.
Es cierto que todavía subsisten reservas --por llamarlo de algún modo-- con respecto a la propia estrofa en tanto poesía (y esto no atañe sólo a las creadoras, sino también alcanza a sus colegas masculinos), y sólo se han visto, hasta ahora, resultados positivos en las Editoriales provinciales, las que en mayor medida han publicados decimarios femeninos.
Carilda Oliver LabraA finales de la década del 70 del pasado siglo, sólo se dio a conocer el ya clásico Tú eres mañana , de Carilda Oliver Labra (en 1979). Ya entre los años 80 y 90 se vislumbra cierta mejoría. Son precisamente cinco poetisas de La Habana --una provincia pródiga en buenos decimistas--, en particular de Jaruco, San Antonio de los Baños, Güines y Madruga, y ya conocidas por sus desempeños literarios en esta estrofa, las que nos entregan sus versos impresos en forma de libros o plaquettes . Son ellas Encarnación de Armas Medina --una voz destacada en estas lides, que en 1994 obtuvo el codiciado Premio Cucalambé--, Ana Núñez Machín --otro nombre que tiene en la décima un relevante lugar--, Felicia Hernández Lorenzo --poco divulgada en ese decenio a pesar de que, desde ese momento, demostró ser dueña de un caudaloso dominio de esta forma métrica--, Gisela Rizo Rizo --más conocida por ser la hija del gran poeta improvisador Rigoberto Rizo, El Saltarín de Madruga , que por su callada vocación decimística-- y Esther Trujillo García --también repentista y quizá por ello menos divulgada su creación escrita.
De estas cinco poetisas, Encarnación de Armas fue la más afortunada al publicar tres decimarios en ese decenio (en 1981, 1994 y 1998), mientras que las cuatro restantes sólo uno per cápita , como libro o plaquette , en 1986, 1990, 1991 y 1998, respectivamente (y debo aclarar que, en el caso de Esther Trujillo, sus dos cuadernos aparecieron en Estados Unidos, uno en 1998 y el otro en el 2000).
En la década del 90 vieron la luz los decimarios de otras tres poetisas: Nieves Rodríguez Gómez, que ya había obtenido el Premio 26 de Julio de las FAR en 1990, y después fue seleccionado en la primera convocatoria del Concurso Pinos Nuevos, en 1994, año en que por fin se edita; Tomasita Quiala, una muy conocida y carismática repentista holguinera, radicada en Madruga, a la que en Canarias tanto admiran, al punto de no perder la oportunidad de reunir en un libro sus décimas --que, por cierto, debiera reeditarse en su provincia adoptiva--; y Gleyvis Coro Montante, una estomatóloga pinareña que en 1999 dio a conocer su libro. Asimismo, en 1998 la periodista y poetisa Nancy Robinson Calvet publicó en Italia una novela policíaca en décimas: Las desventuras de Joaquín Huerta .
Mención aparte merece una figura muy descollante de las letras cubanas contemporáneas, que lamentablemente falleció en el 2001 sin habérsele conferido el Premio Nacional de Literatura, como bien se lo merecía. Me refiero a Rafaela Chacón Nardi. Desde su primer poemario de 1948, esta relevante creadora incluyó la décima como parte de su quehacer literario. Sin embargo, no es hasta 1997 cuando se pueden reunir en un solo volumen todas las que habían aparecido en sus libros anteriores y las que estaban inéditas hasta ese momento. Me tocó en suerte realizar esa compilación y el prólogo que aparecieron bajo el sello de Ediciones Matanzas, con el título Mínimo paraíso.
Nótese que, aunque dan a conocer sus libros en una nueva etapa, no puede hablarse de promociones de poetisas-decimistas, pues pertenecen a distintas generaciones.
Ya con la entrada del nuevo milenio, muchas voces femeninas, que en su mayoría se mantenían en el anonimato editorial, van saliendo a la palestra.
Un caso singular es el de otra figura fundamental de nuestras letras: Serafina Núñez. Con seis poemarios publicados entre 1937 y 1995 y a pesar de que en algunos aparecen varias décimas --y siendo ella misma una de las voces cubanas más representativas del discurso femenino en esta estrofa, junto a Rafaela Chacón Nardi y Carilda Oliver Labra--, habría que esperar al 2000 para que viera la luz una compilación que, como la de Rafaela, también estuvo a mi cargo, al igual que el prólogo. Esta vez fue la Editorial Capiro, de Santa Clara, la que acogió con entusiasmo la idea de presentar al lector este volumen: Rosa de mi mansedumbre .
Como antes señalé, el 2000 signó una etapa de despegue editorial, no sólo para algunas poetisas-decimistas que no habían tenido esta oportunidad, sino también para aquellas que ya eran más conocidas y reconocidas en este ámbito decimístico.
Es justo insistir en el hecho de que en este despegue han tenido un papel preponderante las editoriales provinciales --con el empleo de la técnica gráfica introducida por la Risograph--, y muy en particular las de Las Tunas (Editorial Sanlope), La Habana (Unicornio), Santa Clara (Capiro) y Guantánamo (El Mar y la Montaña) --algo que también es válido para los decimarios de los poetas que, del mismo modo, han visto la luz por la vía de sus provincias; salvo algunas excepciones, siempre mínimas, que sí han logrado ubicar sus libros en el sistema editorial del Instituto Cubano del Libro.
A partir del 2000 han llegado a mis manos veintidós decimarios y cinco poemarios, en los cuales se incluyen secciones completas o les dedican espacio privilegiado a esta estrofa. Debo aclarar, como es obvio, que estos datos no son definitorios ya que sólo se trata --y quiero insistir en ello-- de aquellos decimarios «descubiertos» en librerías (a veces casi ocultos a la vista pública), o que me han sido enviados por las propias autoras. En total, son veinticuatro poetisas de ocho provincias y del municipio especial Isla de la Juventud.
Por tal razón, al comienzo de estas líneas dije con satisfacción que, por suerte, el panorama del discurso femenino en la décima ya se vislumbra con mayor brillo.
Por problemas de espacio, no puedo detenerme a analizar (ni al menos brevemente) cada uno de los libros, pero al menos sí mencionaré algunas cualidades que resaltan individualmente. Tampoco entraré en divisiones cronológicas, pues estas creadoras pertenecen a diferentes generaciones, que van desde la década del 30 hasta la del 70 del pasado siglo, pero convergen en publicar sus decimarios a partir del 2000. Y justamente, es este orden el que asumiré.
En el 2000 salieron tres decimarios de tres poetisas-decimistas. Dos de ellas pertenecientes a la provincia La Habana y la otra a Villa Clara: El cuerpo prometido , de Elizabeth Álvarez Hernández (por Ediciones La Puerta de Papel, de la Casa del Escritor Habanero), Amor sabe que será , de Ana Núñez Machín (por el que en 1993 había obtenido el Premio La Habana y publicado por la Editorial Unicornio) y Con la voz de mi pupila , de María Elena Salado Díaz (por la Editorial Capiro).
En este primer decimario de Elizabeth reunió, por fin, una parte de su vasta producción en esta estrofa. Aún sigue siendo la joven que apreciaba su niñez, pero logró el objetivo de uno de sus versos: crecer. Sí, la poetisa ha crecido en altura cualitativa en sus décimas. Le ofrece su cuerpo al lector en este libro, pero como una metáfora de la vida y sus promesas (cumplidas o frustradas). De ahí que divida el volumen en tres secciones relacionadas con ese sujeto-objeto (el cuerpo) y nos ofrezca sus «Inocencias», «Herencias» y «Violencias», signadas por lo conceptual, filosófico e intimista que caracteriza la sensibilidad poética de la autora.
De Ana Núñez Machín ya conocíamos su primer decimario, y en este sigue un tema que mucho la motiva y que se domina desde el propio título: el amor, siempre como un juego de contrarios. El amor al padre y a la madre, juntos a ella y en su existencia, y el amor carnal, con sus encuentros y desencuentros, olvidos, recuerdos, las despedidas, los retornos, la felicidad, la tristeza: todo ello reflejado en versos que defienden la raíz cubanísima de la décima.
De Caibarién es María Elena Salado, y precisamente en la metáfora que deviene título de su libro se refleja su sensibilidad desbordada. Versos que se apoyan en toda una gama de recursos poéticos para entregarnos el «inventario de deslumbramientos, pasiones y melancolías de una mujer que ha observado el mundo y meditado sobre la vida con la intención de exaltar la belleza sin ocultar sus flancos hirientes», como afirma Ricardo Riverón, coterráneo suyo y poeta-decimista de reconocida trayectoria.
El 2001 fue el año en que mayor cantidad de decimarios femeninos vieron la luz --al menos por la información a la que he tenido acceso, pues pueden existir algunos cuadernos no conocidos por mí.
Bajo el sello de Reina del Mar Editores, de Cienfuegos, Blanca Blanche Hernández publicó sus Razones de infortunio . Un epígrafe de Sor Juana Inés de la Cruz sirve de sostén conceptual para las argumentaciones que se descubren en las pláticas de la poetisa con su conciencia, con un ángel o con Kali, esa diosa de la mitología india a la que invoca para que la redima, «porque aunque parezca ahora / una ondina del Ontario / y guarde mi fabulario / bajo castísimas llaves, / expío pecados graves, / indignos de un relicario».
Por la tunera Editorial Sanlope, la portopadrense Nuvia Estévez Machado «lanzó» sus Últimas piedras contra María Magdalena , un decimario que quizá haya escandalizado a algún gazmoño lector, por sus atrevidas, desinhibidas, eróticas, irónicas y cáusticas décimas, como "Mujeres", o ese verso en que confiesa que ser «un perro mutilado», o en los que admite que es «LA PEOR / la única / Pola Negri su boquilla / humeando contra la astilla / del Hades [...]», pero que, en el fondo, con sinceridad reflejan la soledad, el hastío, la rabia y la impotencia, y que la llevan a cuestionamientos nada banales, como se aprecia en el conjunto de cinco estrofas reunidas bajo un pictórico título: «Muchacha en el hastío mirando al cielo».
De Ciego de Ávila es Merari Mangly Carrillo; aunque su decimario Latitudes salió por Ediciones Luminaria, de Sancti Spíritus. Un canto a la vida, a la soledad, al amor filial, a la pareja, y justo a la mitad, la presencia del mar y la ciudad que le falta se tornan desgarramientos. La poetisa «es luz, pérdida constante » ; maga que oculta su voz y se pregunta a sí misma qué viste el rocío , como poéticamente afirman sus editores.
Otro decimario publicado por Capiro, en Santa Clara, es el de Mariana Pérez Pérez: Cierta llama . Dividido en cuatro secciones, cada una revela un hondo y desgarrador lirismo. En la primera --que da título al libro--, el amor nos envuelve en un tono nostálgico pero vívido. En la segunda, «Elogio de la cordura» --apoyándose en el recurso de la antítesis-- se rinde ante el amor, a partir de un epígrafe de Erasmo de Rotterdam y su obra clásica de la literatura universal: «El que ama con ardor vive, no en él, sino en el ser amado...». La tercera sección es un homenaje a la canción y al bolero, así como a sus intérpretes, desde el propio título: «Le debo una canción a lo imposible» (verso de un tema de Silvio Rodríguez). De tal suerte, a través de glosas evoca a Agustín Lara, Amaury Pérez Vidal, Roberto Cantoral y la legendaria María Teresa Vera. Y en la última, nos parece escuchar la voz de Miguel Hernández en los versos de Mariana, desde el que abre esa sección: «Beso que rueda en la sombra».
De cuando el poeta descubre por primera vez la luz es el título del decimario de Herminia Serradet Hernández, publicado por Ediciones Mecenas, de Cienfuegos. Un tono elegíaco signa los versos de este breve pero hondísimo cuaderno. El amor carnal, sin ribetes eróticos:«Lo cierto es que digo amor/ y se me llenan las manos/ de no sé cuántos veranos/ tiernos [...]»; como un elogio mínimo, por ejemplo, a los ojos de su amado, que son «Un levísimo estallido/ del viento»; el recuerdo de la infancia evocada a través de un río, y el homenaje a Federico García Lorca y Miguel Hernández, y de nuevo el amor, como una metáfora en la que surgen como protagonistas Cristóbal Colón y su amante Beatriz Enríquez de Arana: todo un haz de luz poética que la autora nos regala como «canto a la belleza y a la propia naturaleza humana».
En el 2001 también se publicaron dos poemarios que no debo dejar de mencionar, pues, justamente, pertenecen a dos autoras que son excelentes decimistas, pero que, por increíble que parezca, aún no han podido publicar decimarios. Me refiero a la portopadrense Reina Esperanza Cruz Hernández y a la cienfueguera Lourdes Díaz Canto, dos de las mejores voces poéticas femeninas en la décima, muy conocidas (y reconocidas) entre los que cultivan esta estrofa.
Reina pertenece al Grupo Amigos de la Décima Espinel-Cucalambé, que tiene su sede precisamente en Puerto Padre y lo preside el destacado poeta-decimista Renael González Batista. No obstante, tiene cuadernos inéditos, en solitario, y a cuatro manos, con otras dos poetisas, también coterráneas suyas: María Liliana Celorrio y Nuvia Estévez Machado. En el poemario que nos ocupa ahora --publicado por la Editorial Sanlope--, desde el título, Cartas a Dios desde el Infierno , advertimos el desgarramiento de esta mujer que comienza suplicando: «Oh, Dios, sólo puedo hablar contigo», y toma para sí un verso de César Vallejo: «Mi corazón es tiesto regado de amargura». Ya, desde estos presupuestos, Reina abre el libro con un bellísimo soneto (otra de las formas clásicas que domina a la perfección), en el que va confesando, en una enumeración, todo lo que le falta: el pan y el beso cotidiano, la belleza y la alegría, el vino, el sol, la melodía y las monedas en la mano. Así, sucesivamente, a modo de justificación, comprendemos el porqué de esas cartas que ocupan la primera sección, donde sólo aparece una hermosa décima endecasílaba en la que ella misma se autocuestiona y devela una angustia existencial que, quizás, resuma el tono desgarrado que se transparenta en todo el libro y que lo sintetiza en el título, «Identidad». Ya en la segunda sección, que le da título al poemario, Reina sigue la línea epistolar de Alice Walker y su famosa novela El color púrpura , justificada desde el propio epígrafe inicial de la escritora norteamericana: «Querido Dios, se me ocurre que, a lo mejor, podías enviarme una señal que me ayude a entender lo que me está pasando». Esa señal le llega a Reina a través de la poesía, y fundamentalmente de la décima que ocupa la mayor parte de esta sección. Y, tal como invocó a Dios la Walker desde la tierra, en prosa, en este poemario en el que se disfrutan excelentes décimas, Reina lo hace desde el infierno, en versos octosílabos y endecasílabos.
Por su parte, en Prohibido pasar la senda --publicado en su provincia natal por las Ediciones Mecenas--, Lourdes Díaz Canto incluye en las cinco secciones que dividen este poemario, entre sonetos y versos libres, una apreciable cantidad de décimas. Nuevamente la autora demuestra su total dominio en esta estrofa, a partir de un conjunto lírico de indudable valía, en el que se descubren los temas a los que ella recurre con asiduidad por devenir universales: el amor filial y carnal, la nostalgia y lo anecdótico --influencia de su otra faceta como narradora, que asume con ironía, humor e indudable gracia--, expuestos con una asombrosa sencillez --a veces utilizando un rejuego con las palabras--, aunque no por ello sin dejar de mostrar profundidad. Sobre todo gusta Lourdes del tono irónico, incluso hasta con ella misma, en particular cuando aborda el tema amoroso, como lo demuestra en varias estrofas.
Del 2002 son tres decimarios publicados, respectivamente, por la Editorial Capiro (de Santa Clara), Ediciones Santiago (del Centro del Libro y la Literatura de esa provincia oriental) y la Editorial Unicornio (de La Habana). Pertenecen, por ese orden, a Caridad González Sánchez, Adelsa Martínez Labañino y, nuevamente, Ana Núñez Machín.
Décimas en D mayor para violín y piano es el título de la santaclareña Caridad González Sánchez, quien asume el lenguaje universal de la música como hilo conductor de este hermoso libro que abre con dos paradigmáticas citas de Frédéric Chopin y Richard Wagner, fundamentalmente la de este último, que justifica el amor hacia la música por parte de la poetisa. Este tema deviene leitmotiv en todo el decimario; por un lado, para homenajear no sólo a esos grandes compositores sino también a Beethoven (en su zona romántica, no la clásica), Bach, Debussy y Stravinsky, entre otras emblemáticas figuras de la música universal; y por el otro, para develarnos preocupaciones, sentimientos, estados anímicos, temas también universales en la poesía. De ahí que el poeta y crítico literario Waldo González López apuntará en un comentario sobre este volumen, que publicó en la revista Bohemia (año 95, no 23, 2003): «En otros momentos, Caridad se detiene en las formas y "géneros", pero siempre en sus admirables décimas se destaca, por sobre la belleza, la hondura de sus textos, en los que alude a la existencia, el dolor, la esperanza, el amor y, sobre todo, el goce de la música».
Adelsa Martínez Labañino nos entrega en Con el As de tu espejismo , entre décimas octosílabas y endecasílabas, como tema único, la presencia del amor desde diversos matices: filial, carnal y como genuino sentimiento del ser humano, «en un afán abarcador que logra dar una imagen real y lírica a la vez» de la mujer en nuestros días
Ana Núñez Machín ahonda en un tema que siempre la motiva, que se revela desde el propio título de este volumen: Por el amor anda el canto , el mismo que apunté con respecto a su anterior decimario pero aquí este sentimiento es más abarcador. No es sólo el amor carnal, aunque éste reafirma su presencia --como en «Entrega», una metáfora heraclitiana que se mezcla con el empleo de una cita intertextual de Guillén: «que canta en mi son entero»--, o el desamor, el olvido, la tristeza, la soledad; también la poetisa ama la palma que identifica el paisaje cubano, a pájaros como el totí, el sinsonte, o una lechuza, en Güines, en el disfrute de una canturía y un guateque, nuestra caña de azúcar, la ceiba, todo lo susceptible de ser amado.
Nuvia EstévezEs de nuevo en el 2003 cuando ven la luz varios decimarios en distintas provincias. De tal suerte no nos asombra comenzar el recuento de este año con un nuevo libro de la carismática jaruqueña Encarnación de Armas Medina , cuyo primer apellido lleva muy bien puesto, sobre todo para la defensa y el cultivo de la décima: Atisbos desde el desvelo, al que se le confirió Mención en la cuarta convocatoria del Premio Literario «Félix Pita Rodríguez», que convoca la filial de la UNEAC habanera, en el año anterior a su publicación. Aunque fiel a su tradición decimística en cuanto al aspecto formal y a los temas de su preferencia (la exaltación de sentimientos como el amor, el desamor, el paso del tiempo, el olvido...), ya en este tercer libro Encarnación toma partido por el riesgo estructural y muy naturalmente lo confiesa: «Mi carné de provinciana/ el vuelo no me restringe,/ aunque se asombre la esfinge/ a las pirámides llego». Así, hallamos no sólo el clásico consonante, sino décimas asonantadas, apaisadas (o acostadas) para dar la idea de prosa poética, con estrambote de cinco y seis sílabas, tetrasílabas y otras en que también rompe el esquema gráfico-sintáctico-sonoro, ya conscientemente avisado por la autora, para que el lector esté prevenido de ello, desde las dos primeras décimas con las que abre el volumen y que ella tituló "Reflexión y trazo".
Un primer libro publicó en su provincia, por Ediciones Ávila, Celestina Bencomo Santana. Se trata del poemario Pórtico cerrado . Es muy importante señalar que la edición de este libro estuvo a cargo de otras dos poetisas avileñas que también escriben décimas: Ileana Álvarez y Carmen Hernández Peña. Ambas creadoras nos presentan a Celestina, una voz desconocida hasta el momento en que sale un libro que, lamentablemente, no ha tenido la divulgación que amerita pues, como afirman sus editoras, se trata de versos humildes de «una mujer bruñida por la experiencia del sufrimiento, y del amor que se reparte sin reservas». Y a la décima le dedica Celestina una sección completa, "Las secretas presencias", en las que habla de la pureza, las culpas, el acontecer diario, la nostalgia... en fin, de la vida.
Elena Beatriz Corujo Morales nació en Mayajigua, Sancti Spíritus, pero la sedujo la Isla de la Juventud y allí vive y desarrolla su vida profesional, literaria, creadora. De ahí que Ediciones El Abra haya publicado el decimario suyo que en el 2001 había obtenido el Premio de la Ciudad de Nueva Gerona, Dicotomía , en el que se entremezclan el tono reflexivo, las preocupaciones existenciales, el amor en todas sus dimensiones, para conducirnos hacia las experiencias vitales de la poetisa. Un adecuado uso del lenguaje y de los recursos literarios signan este primer libro para adultos de la que es considerada ya una de las voces más significativas de la poesía pinera.
Nuevamente es otra tunera la que nos ocupa con un poemario: Ana Rosa Díaz Naranjo, " Albita" , y sus Pasos en el borde , publicado por la Editorial Sanlope, en el que dedica una sección completa a la décima no sólo octosílaba, sino también dodecasílaba y con alejandrinos. Albita es una de las representantes de la más novel promoción de poetas-decimistas que le están dando nuevos alientos a esta estrofa.
María de las Nieves Morales Cardoso fue merecedora, en el 2002, del Premio Iberoamericano Cucalambé, que tuvo su presentación por la Editorial Sanlope al año siguiente. Con su decimario Otra vez la nave de los locos , esta poetisa puede considerarse ya no sólo una de las voces principales en esta estrofa en Ciudad de La Habana, sino en todo el ámbito decimístico nacional. Y nada mejor que las palabras del propio jurado --integrado por Roberto Fernández Retamar, Nancy Morejón y Edel Morales-- para corroborar no sólo los valores de este invaluable libro, sino también el reconocimiento de la estrofa en tanto poesía: «La visión integradora de las artes y la vida que caracteriza a este poemario, le permite constituirse en una muestra significativa del modo en que la décima como forma poética se renueva a sí misma y renueva al interior de la poesía la eterna pregunta del arte sobre el sentido de la existencia».
Como digna hija de Encarnación de Armas, Margarita Selene Perera ya ha demostrado ser una voz nueva con hondas y sólidas cualidades formales y de contenido en la décima. Publicado por la Editorial Unicornio, Sinopsis de la vida (en azul) nos hace pensar --desde el propio título-- que no sólo la vida, sino todo lo que nos rodea, se percibe a través de ese color que es símbolo de la belleza. Así, el amor, la pasión, el modo de asumir y enfrentar los problemas y salir airosos, son sólo pretextos de la autora para atrapar al lector con versos sólidos, en los que las metáforas fluyen como el agua nítida de un río en el que se transparentan hasta las piedras del fondo, teñidas también de azul.
Como se puede comprobar --ya lo dije al inicio--, una de las Editoriales provinciales que más peso ha tenido en el auge de las publicaciones de decimarios escritos por mujeres es la tunera Sanlope, pues por ese sello también vio la luz el de Niurbis Soler Gómez: Mutaciones del espejo . Una máxima guía este decimario: «Tendré toda la luz,/ porque el espejo muda su imagen/ para decirme que existo». En las dos secciones que conforman el decimario ("Naufragios" y "Preguntas al vacío"), la autora se entrega a un enfrentamiento cáustico entre la luz y la sombra, para poner al descubierto sus sentimientos y entregarnos versos de una hondura y solidez que apuntan hacia el mejor discurso femenino en esta estrofa.
Idel Rosa Velázquez desde hace tiempo debió haber publicado un decimario; pero nunca es tarde si los resultados son tan buenos como los que nos entrega en su Intento de autorretrato , que felizmente publicara Ediciones Loynaz, de Pinar del Río. La realidad que no se ve a través de una fotografía queda al descubierto en estos versos, en los que a veces afloran contradicciones de la poetisa (como en la décima con que da doble sentido a la palabra que sirve de título: "Con-secuencia", al preguntarse de qué le sirve su propia existencia, tener algo que perdió, el olvido, la tristeza). El regusto por dar otras intenciones a una misma palabra o frase se aprecia también en un conjunto de estrofas: "Revelado día-positivo", así como el empleo del juego verbal en el que acude a la repetición de palabras: «Una obsesión es volver/ volver llegar a tus manos/ y más allá de tus manos/ llegar quedarme volver».
Entrando en el 2004, hallamos cinco decimarios y un poemario con la inclusión de esta estrofa. Con el aval del Premio Regino Boti, conferido el año anterior, reaparece en el ámbito decimístico nacional Felicia Hernández Lorenzo, ahora con un libro que salió por la Editorial El Mar y la Montaña, de Guantánamo (provincia que convoca este codiciado certamen). Y no sin razón, esta Rapsodia en A menor mereció tal galardón, pues aquí Felicia alcanza una madurez poética ya previsible desde su primer cuaderno. Además de acudir a los temas que le son afines (el amor filial y carnal, con ribetes eróticos, la soledad, el silencio, la lejanía, la nostalgia) y el empleo de la ironía y el humor en algunos momentos; en este volumen la poetisa salda deudas con la cultura en general, a través de escritores, compositores, cantantes y pintores de su querencia: entre los cubanos, en primerísimo lugar al maestro Adolfo Martí --a quien le dedica todo el libro--, Fernández Retamar, Fina García-Marruz, Mirta Aguirre, Serafina Núñez, Guillén y, por supuesto, a nuestro Apóstol José Martí, por sólo mencionar algunos; y entre los extranjeros a Antonio Machado, Hemingway, Otero Silva; en la música rinde homenaje a prestigiosas figuras nacionales como Teresita Fernández, Bola de Nieve, Rita Montaner, Benny Moré, e internacionales como Violeta Parra, Víctor Jara, Joan Manuel Serrat, John Lennon; y en el ámbito de la plástica a Goya, El Greco, Vermeer, Fragonard y al cubano Víctor Manuel.
Por la Editorial Unicornio vio la luz Desde los sueños de un puente , de Nora Lloró Gelabert. De sus lecturas de cabecera (en su mayoría poetas-decimistas) aprovecha esta autora de San Antonio de los Baños para bordar su propio estilo. Con fino lirismo y alto vuelo poético aborda disímiles temas que no por universales, pierden su legitimidad e importancia: los años idos, el amor filial, a la pareja, el olvido, la soledad y la muerte como liberación total del espíritu, entre otros.
Nieves Rodríguez Gómez, después de un silencio de ocho años, en el 2004 tuvo la suerte de que se publicaran dos decimarios suyos y un poemario con décimas incluidas. A la Editorial Sanlope pertenece De la luz y otras provocaciones , que en sus tres secciones logra el objetivo de la poetisa: provocar al lector a través de los «códigos ya establecidos en el estilo de esta autora, un cuidadoso manejo en la irregularidad de la forma dentro de una síntesis precisa para que nada resulte gratuito», como afirma Antonio Gutiérrez. Los dos libros restantes se publicaron en Guayaquil, Ecuador . El decimario tiene como título Cantares , y en este, como en los anteriores, también fragmenta los versos y emplea en ocasiones el endecasílabo; pero la mayor singularidad de este volumen está en el tono erótico, desbordante de principio a fin. Es precisamente el erotismo el tema central de estas décimas escritas a manera de homenaje a El cantar de los cantares , de Salomón. En Las cartas eróticas de E. T. N. , aunque Nieves no asume la décima como estrofa única, sí le da un lugar preferencial. El título puede sorprender al lector pero, al adentrarnos en esta suerte de epistolario en versos, nos damos cuenta de que no es precisamente el erotismo el leitmotiv del libro. Eso sí, está latente el Amor, como sentimiento universal, no sólo referido al ser amado, sino a la amistad, al arte (en particular a la música e intérpretes queridos por la autora), a la vida en general.
Para cerrar el año 2004 nos llega el decimario de Esther Trujillo García, también publicado por la Editorial Unicornio. Sin renunciar a su faceta de repentista, Esther se decide nuevamente a asumir la décima escrita, y ahora lo hace con un felino título Allá en el techo, una gata . La primera sección de este libro, más atenuada en su contenido, la dedica a la décima como estrofa clásica (comparándola con un «intranquilo colibrí»), a esa tradición ya legada al olvido que es la serenata, y a seres queridos como sus nietos, su hija, algunos amigos, al mar y a su admirada poetisa Carilda Oliver Labra, de aquí que titule tal sección "De mis recuerdos". La segunda está integrada por una serie de glosas, y en la tercera aborda Esther la zona erótica: «Vámonos como dos locos», con un intenso desenfado y con un lenguaje muy contemporáneo, acorde con el nuevo sentido que se le ha dado a esta estrofa en cuanto a calidad poética.
Rafaela Chacón NardiComo es de suponer, pueden existir otros decimarios femeninos diseminados en toda la Isla, y que aún no he tenido la suerte de adquirir. No obstante, hay que destacar otro logro: la inclusión de poetisas-decimistas en antologías dedicadas a la estrofa. En este sentido, debemos remontarnos a 1995, cuando por la Editorial Sanlope aparece Poetas del mediodía (Décimas cubanas) , con selección y prólogo de Carlos Chacón Zaldívar y Antonio Gutiérrez Rodríguez, quienes incluyeron a seis poetisas.
También en una selección bajo los nombres de Chacón y Gutiérrez, y con prólogo de Waldo González López, hallamos otra antología que, por fin, en 1996, publica una Editorial no provincial, la Casa Editora Abril: Aguas del ciervo que canta , y en la que de nueve autores, tres son mujeres. Asimismo, a González López pertenecen otras dos antologías que vieron la luz en el 2003 : De tu reino la ventura , décimas dedicadas a las madres --bajo el sello del Proyecto Martiano Sociocultural Comunitario de Quivicán--, en la que, casi como por decreto, tenían que estar las poetisas y en este caso son dieciocho; en tanto que en la segunda, Que caí bajo la noche --un panorama de la décima erótica cubana que salió por Ediciones Ávila--, aparecen cuarenta y una poetisas.
Viajera intacta del sueño , otro logro fuera de provincias, esta vez por la Editorial José Martí, del Instituto Cubano del Libro, que llegó al lector en el 2001; tuvo a Waldo González como responsable de la selección, el prólogo y las notas. Veinte poetas-decimistas componen la nómina de esta Antología de la décima cubana , que constituye «un amplio y rico panorama de la décima en la Cuba de hoy», y que con justeza incluye diez hombres y diez mujeres, dignos representantes de esta estrofa en nuestro país.
Publicada en Burgos, España, en el 2001, y con Renael González Batista al frente de la selección y el prólogo, hallamos el Árbol de rimas. Décimas cubanas , con diez poetisas incluidas.
Ecos del alma es una antología del 2004 con poetas nacidos o que viven en Martí, Matanzas, y que vio la luz «gracias a los lazos de hermandad entre los creadores literarios y autoridades del gobierno de Palizada en el Estado de Campeche (México) y de Martí en Matanzas», como afirma el ya desaparecido Frank Chávez Padrón, quien fuera especialista literario de ese municipio yumurino y el más entusiasta y laborioso promotor cultural, al que mucho le deben los escritores de ese territorio. En este breve pero sólido cuaderno aparecen siete voces femeninas no sólo de las más destacadas a nivel municipal, sino de la propia provincia, e incluso entre las más representativas de todo el país.
Por el Frente de Afirmación Hispanista, que preside el señor Fredo Arias de la Canal --institución mexicana que, entre otros valiosos y significativos proyectos, publica textos cuyo eje central es la atmósfera cósmica que signa la creación lírica de los poetas de Hispanoamérica--, se dieron a conocer cinco volúmenes bajo el título de Antología de la décima cósmica , de diversas zonas de la geografía cubana: Las Tunas (2001), Ciego de Ávila (2002), Holguín (2003), Chambas (en Ciego de Ávila, 2003) y Pinar del Río (2004), preparadas, respectivamente, por Aurelio Giraldo Aices, Francis Sánchez, Ronel González, Marisol García de Corte y Rigoberto Fernández Castillo (la de Chambas), y Lorenzo Suárez Crespo. Como es lógico, en estas antologías también está representado el discurso femenino de la décima.
He querido dejar para el final de este recuento antológico --no por restarle importancia ,por supuesto, ya eso se comprobará-- dos volúmenes integrados en su totalidad por poetisas-decimistas nacidas en un municipio y una región pródigas en creadores que cultivan con amor y calidad a toda prueba esta forma métrica clásica. Me refiero a Yo, la peor de todas , publicada en el 2003 por la Editorial Sanlope, y Confesiones de Circe , por la Editorial El Mar y la Montaña, en el 2004. La primera reúne a ocho poetisas de Puerto Padre, cuya selección y prólogo estuvieron a cargo de María Liliana Celorrio, una de las más arduas y tenaces defensoras del discurso femenino poético y en particular decimístico, y también ella misma una excelente cultivadora de esta secular estructura métrica clásica.
Esta antología es uno de esos libros que se disfrutan a plenitud de la primera hasta la última página. Intimismo, dolor, ternura, amor (carnal y filial), nostalgia, soledad, muerte, evocaciones, frustraciones, hastío... en fin, temas que giran en torno a la existencia humana, con sus altas y sus bajas, sus sorpresas y sus desengaños, son constantes que rigen los versos de estas ocho creadoras portopadrenses. Pero también está el erotismo, expuesto en forma tal que en tiempos ya idos escandalizarían a aquellos que criticaron, por ejemplo, ese clásico soneto carildeano: «Me desordeno, amor, me desordeno»; el cual, si lo comparamos con los textos de algunas de estas osadas mujeres incluidas en Yo, la peor de todas , el de Carilda pudiera considerarse ahora --tal vez exagerando un poco-- una homilía.
En cuanto a Confesiones de Circe , se trata de una selección en la que aparecen treinta y dos poetisas-decimistas que viven o nacieron en las cinco provincias orientales, y que tuve el placer y la oportunidad de preparar y prologar, contando con el apoyo de Mireya Piñeiro Ortigosa, quien acogió con entusiasmo este proyecto que finalmente se publicó, como dije antes, en el 2004, por El Mar y la Montaña, de Guantánamo.
Como en toda antología, le faltan a estas confesiones algunos nombres, aunque no olvidados deliberadamente; sin embargo, brinda al lector un panorama del discurso decimístico femenino en la región oriental, y quizás sea un termómetro para medir la alta temperatura a la que ha llegado esta estrofa, no sólo en las voces de estas treinta y dos creadoras, sino también de aquellas que he mencionada en estas páginas, o de las que son también (y tan bien) conocidas, pero aún no han podido publicar sus textos en forma de libros, y hasta esas otras todavía " ignoradas y olvidadas" en algún rincón de nuestra Isla.
Estas Confesiones de Circe hablan del amor y lo cotidiano, llegan al discurso erótico, a veces con una osadía asombrosa --tal como apunté en el caso de Yo, la peor de todas --, pero igualmente en estas mujeres laten las mismas preocupaciones existenciales, filosóficas, sociales, que asimismo ocupan el quehacer de los poetas, incluso a veces con mayor peso y en condiciones desventajosas, pues en su gran mayoría --y esto abarca a no sólo a las reunidas en esta antología-- deben escribir en horarios difíciles, después de cumplida la "doble jornada laboral" en el centro de trabajo y la casa.
Como señalé en mi libro Hombres necios que acusáis... , para suerte de la décima, el tema del discurso femenino en esta estrofa ya ha quedado abierto para muchas más valoraciones, desde puntos de vista muy diversos. Ahí está el entusiasta Grupo Nacional Décima al Filo, que tiene entre sus pilares a la tunera Odalys Leyva Rosabal --a quien, por cierto, le acaban de publicar, por el Frente de Afirmación Hispanista de México, el volumen Arquetipos Oral-traumáticos y Cósmicos en las Décimas de Odalys Leyva Rosabal --, y a sus seguidoras: Miriam Peña, Miroslava Pérez Dopazo, Miriam Estrada, y a sus promotoras en diversas provincias: Mayda Anias Maartínez, Ana Rosa Díaz Naranjo, Annaliet Fadraga, Merari Mangly, Mayki Fuentes, Irma Rosa Govín. Niurbis Soler, Xiomara Maura Rodríguez, Diana Cervantes, Danaisa Rojas, entre muchas más. A partir de la creación de este grupo han ido surgiendo voces de distintas edades, que permanecían inéditas y hasta en el anonimato, y que gracias al estímulo recibido de las jóvenes creadoras que iniciaron este movimiento, han recibido al menos apoyo espiritual para dar rienda suelta al estro poético que tenían oculto.
Muy ciertamente, se está tomando ya conciencia del papel que han desempeñado y desempeñan las poetisas-decimistas en el auge de esta estrofa. Una prueba de ello está en la aparición de los decimarios a los que he hecho referencia en estas páginas, la creación del Grupo Décima al Filo y el hecho de ya tenerlas en cuenta para su inclusión en antologías dedicadas a la estrofa, entre otros logros.
El camino está abierto. Las condiciones están creadas. Sólo queda seguir avanzando para que en las próximas historias de la literatura cubana, o en los estudios sobre nuestra estrofa, no aparezca en acápite aparte "la décima femenina", sino como parte de ese todo poético, y en particular decimístico, sin distinción de género. Los resultados serán favorables no sólo para las creadoras, sino también para la propia Décima, que ya está ocupando el lugar que se merece gracias al empuje de sus cultivadores, tanto poetas como poetisas.


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Redacción: Jorge Enrique Rodríguez / Yanet Bello / Andrés Mir
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