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UNIVERCITANDO
SOBRE LA TÉCNICA DEL DRAMATURGO CONTEMPORÁNEO
(primeras hipótesis)
Rubén Sicilia
"Cultura es la memoria no hereditaria de la comunidad."
Anne Ubersfeld
Nunca se insistirá suficiente sobre la enorme cantidad de problemas que plantea la escritura de una obra de teatro. Más aún hoy en día con la influencia del cine y el sentido secuencial y fragmentario en muchos textos, así como otros fenómenos misteriosos de la percepción que están cambiando la "forma-madre" de la escritura dramática por una más condensada y heterodoxa en fuentes e influencias... ¿Podemos hablar de una globalización de la dramaturgia o tal vez de una dramaturgia post-postmoderna? Un fenómeno curioso se observa en muchos textos actuales: las obras son más breves en diálogos pero más concentradas en acción... más fragmentarias pero con un tejido de asociaciones generalmente más complejo, ligado a la tradición anterior. Más enrarecidas, tal vez como la vida misma. Una textura inextricable y más espesa que remite a itinerarios de la vanguardia en el siglo pasado, con una vasta fuente de alimentación. A saber: Wedekind, Buchner, Jack Gelber, Durrenmatt, Weiss, Camus, Pinter, Mrozek, Albee, Beckett, Arrabal, Brecht, Muller, parecen haber engendrado misteriosamente una nueva oleada transgresora, destinada a derroteros audaces, con una fuerte ebullición. Nombres como Bernard Marie Koltes, Werner Schwab, Botho Strauss, Michel Azama, los autores del Royal Court Theatre o Michel Vinaver con su Obra en Siete Pedazos y otros mil, parecen indicar una amplia resonancia con la vida que nos rodea. Un aliento existencial, que oscila de la angustia más contemporánea a la mueca de la parodia con gran naturalidad. Un esfuerzo creador donde la escritura se tensa y supera las fuentes del teatro desarrollando una noción heteroclítica del texto dramático con nuevas implicaciones. El camino de la investigación performática de la puesta en escena y el camino de la investigación del texto en sí, se entrecruzan y retroalimentan como nunca antes. Una evolución que tiende con fuerza a ser más existencial, humanista y ontológica que política. Como si la política se desplazara muy al fondo del discurso. Como si las soluciones políticas viciaran el drama con un contenido no deseado por la contemporaneidad. ¿Y no por esto menos incisivas y descarnadas? Será así solo por el ritmo de la vida actual o por un conjunto de razones que tienen que ver con la evolución misma de la humanidad? ¿Acaso aquello que podría denominarse las corrientes profundas de la vida? Me inclino a lo segundo, pero es aún pronto para hacer afirmaciones radicales. Nuestra vida esta cambiando de una percepción homogénea y causal de la realidad a una percepción de realidades múltiples a veces yuxtapuestas que se interpenetran pero tienen coordenadas independientes. Es un mundo simple en esencia pero muy complejo en naturaleza. Un mundo donde lo que concierne al orden y al caos no tiene límites definidos como en otras épocas. Como si a través de una zona cualquiera de la vida pudiésemos entrever otras realidades insospechadas que nos atisban desde lo desconocido. Estos son nuevos problemas que estimulan lo que he denominado en otros artículos "la tendencia a una dramaturgia orgánica". Esto es, que canaliza los singulares procesos citados antes. Una dramaturgia muy insertada en el aire y respiración de nuestro tiempo. Una dramaturgia que se rebela contra el llamado realismo desde las mismas fuentes de la vida.
Para algunos la madre de toda técnica de escritura, desde la poética de Aristóteles el Divino, la dramaturgia plantea algunos de los problemas de antaño, incrementados por estos otros que ya hemos sugerido y que conciernen al parecer al ritmo de este mundo vertiginoso que a veces intentamos atestiguar en medio de un asombro sin fin. Mientras a la luz de la tradición podemos observar los puntos cruciales que tuvieron que enfrentar los que ahora son los grandes paradigmas, a saber: los tres grandes trágicos griegos, Shakespeare, Kalidasa, Moliere, Ibsen, Strindberg, Maeterlinck, O'Neill, Beckett, y Brecht, para cerrar un número mágico de doce. Un número tal vez representativo de lo más canónico. Podemos intuir de ahí que, aunque algunos de sus desafíos son semejantes, hoy día nuevas metas a alcanzar proponen soluciones técnicas radicalmente distintas. Estas metas pueden ser observadas en el orden técnico a mi juicio en tres estaciones bien definidas.
I- LA NUEVA DIMENSIÓN DE LA ESFERA
Desde el mismo origen la esfera simboliza todo centro, cuna, cosmos completo, la base o fundamento de un edificio, etcétera. Asociar esta idea a la técnica dramática implica un desplazamiento de la mirada. Es vizualizar toda la historia de la civilización ahora como un punto nodal. Es el contenido mismo de toda obra teatral que vaya a ser creada. Sus fundamentos o columnas. Una obra que por percepción capte el espíritu de esta época. Esto es, debemos comprender la necesidad de reinterpretar toda nuestra historia, o tal vez verla con otra mirada. Una necesidad impostergable que gravita sobre el deseo de salvación de la vida en el planeta. Algo urgente, real y necesario en grado sumo. De aquí la tendencia actual a "apropiarse" de los mitos teatrales del pasado con una mirada desacralizadora o rebelde, con la fuerza de que solo es capaz el teatro, arte trasgresor por necesidad. Impulsado siempre a mirar, diseccionar, cuestionar, atacar, investigar y tal vez hasta curar los más hondos conflictos del hombre.
Todo esto se refiere, como puede inferirse si se mira más allá de la imagen, al trabajo sobre la estructura dramática. Si todo comienza por la percepción debemos ver la esfera como primera imagen a conseguir en la estructura. Una imagen de plenitud, de concepción totalizadora, de comprensión del saber anterior y de creación de nuevas coordenadas.
En cuanto a la estructura esto se ve actualmente en varios planos:
· La fragmentación de las escenas y sus enlaces como sugerimos antes.
· La reelaboración, revisitación o "apropiación" de antiguos mitos, generalmente actualizándolos.
· El abordaje de temas tabúes insertos en el inconsciente colectivo.
· La investigación de conflictos de nuevo tipo, nunca antes abordados. Ejemplo: Las implicaciones éticas de los nuevos avances de la genética.
Estos sencillos puntos, cierran la idea de la esfera como universo concluso. Constantes de la técnica dramática que ahora mismo se está cocinando. Una imagen en la que podemos pensar como un salto en el vacío. La consecuencia inevitable del pensamiento dramático hoy.
II- EL MOVIMIENTO DE LA ESFERA
Una esfera puede girar y moverse a más o menos velocidad. Todo depende en física de la fuerza inicial que se le aplique. En el caso de la técnica dramática el punto donde debe efectuarse el movimiento es el LENGUAJE. En la relación primordial está el bocadillo y la réplica. Hoy día esta relación debe operar con puntos de fuga de la realidad. Esto es, en palabras sencillas, el bocadillo debe subirle la parada a la réplica y viceversa. Pero no puede ocurrir esto en términos de aburrida cotidianidad, porque ya el espectador y la vida tienen otra percepción. Por ejemplo: Dos personas, un hombre y una mujer se encuentran en un café...
Primer caso.
Hombre: Hola, estoy aquí solo por ti.
Mujer: ¡Que halagador! Siempre es agradable contar con algo así...
Segundo Caso.
Hombre: Hola, estoy aquí solo por ti.
Mujer: (lo escupe) ¡Mentira! ¡Sé muy bien por qué has venido!
Está claro que en el segundo ejemplo se rompe lo cotidiano, generando mayor cantidad de energía dramática, conflictual, esto aún podría ser incrementado en un tercer ejemplo donde se introduzca un elemento insólito, tal como en la vida de hoy se nos muestra.
Este punto plantea dificultades enormes a salvar por todo dramaturgo en la actualidad. Construir un lenguaje contemporáneo. Conciliar lo poético con lo trasgresor, lo dramático con lo verosímil, lo ideal con lo real, lo culto y lo profano, etc; en medio de cambios vertiginosos que están teniendo lugar en las principales lenguas del planeta, así como en nuestro concepto mismo de comunicación, parece un paradigma imposible de alcanzar ahora. Sin embargo, de vez en vez algún dramaturgo, un estudiante silencioso de los conflictos humanos parece tensar sus fuerzas en esta dirección.
La comparación del río y la vida que hiciera Heráclito el Oscuro, al apuntar que todo está en constante cambio, en constante transformación, es hoy más vigente que nunca en cuanto al lenguaje : la fuente y la solución de casi todos nuestros problemas . El infinito cauce que la civilización ha sedimentado en el tiempo.
III- LA ESFERA POR DENTRO
Nuestra tercera estación concierne a la psicología. Ultimo eslabón de "estudio práctico" para el dramaturgo y tal vez el más difícil. Observar el comportamiento humano. Toda una vida de mirón profesional. Reconocer nuestras debilidades y méritos en su más prístina exposición. Comprender con una honda mirada las causas y consecuencias. El dramaturgo, más que otros artistas, debe ver las aristas complejas y enloquecedoras del hombre. Sobre todo ahora que nuevas neurosis surgen en el campo de la conciencia colectiva en la mayoría de nuestras sociedades actuales. Tal vez impulsadas por el desfasaje de muchos ordenes de vida que antes tenían compensación. En fin. Un estudio de los arquetipos o tipos humanos. Aquellos que los astrólogos antiguos indicaban que solo existían en número de doce. Pero que hoy a uno le impresiona en una infinita combinación. Algo que no puede agotarse en un número, y que es una manifestación definitiva de humanidad. Tal vez la más elevada que tenemos o padecemos.
Hasta aquí llegan por ahora nuestras hipótesis. Son las primeras visiones de una zona tal vez poco enfocada. La técnica del dramaturgo de hoy como algo singular, profundamente contemporáneo. Llena de resonancias y asociaciones vinculadas a toda la cultura. Otra incursión en estos puntos, en un momento más claro y avanzado de la senda seguramente traerá nuevas visiones de un alcance y significado igualmente intenso pero mucho más universal.
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