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UNIVERCITANDO
MÁSCARAS AFUERA: UNA LECCIÓN DE COMEDIA DE SITUACIÓN
Rubén Sicilia
Mascaras Afuera. Comedia en un Acto.
Ficha Técnica: Compañia Cuarzo Blanco Inc, fundada en 1989, con una larga lista de montajes hasta el momento. Dirección: Adriana Pantoja. Autor: Joselo Arroyo. Asistencia: Ingrid B. Rodriguez. Interprétes: Miguel Diffoot y Julio Ramos.
Agradezco a Ismael Gonzales Castañer, poeta y amigo, quién fue el responsable, insistencia ismaeliana, verbigracia, de que hace unos meses asistiera, a pesar de mi resistencia inicial --por el horario y lugar, díficiles para mí: 16 de agosto, 2:00 p.m., Sala del Museo Colonial, en la Habana Vieja-- a la puesta en escena de la antes citada obra. Confieso que tenía mis dudas, pues no he sido afortunado con la mayoría de las obras que nos visitan en los últimos tiempos del área de Latinoamérica o el Caribe. Por eso fue una grata sorpresa la impresión que me dejó esta pequeña pieza. Y por lo mismo me siento obligado a comentar al respecto. Sobria y sencilla, pero excelente comedia que nos llegó de Puerto Rico al Festival de Teatro Latinoaméricano y del Caribe, AITA, evento convocado por el Consejo Nacional de Casas de Cultura. Y que en forma lamentable, tal vez por insuficiente promoción, no logró llenar la sala, cuando merecía esta obra haber sido disfrutada por más espectadores.
La obra en cuestión aborda un tema sugestivo y contemporáneo : dos amigos entrañables que hace tiempo no se ven y cada uno ignora los derroteros de la vida del otro. El encuentro ha sido acordado por necesidad de uno de ellos, que pide ayuda por hallarse en conflicto. Han quedado de verse en la estación de radio donde trabaja el supuesto confesor. Allí se «destapan» las zonas ocultas de cada uno. El que se encuentra en problemas confiesa su homosexualidad ante el asombro del otro, y este en reciprocidad cuenta sus secretos dolores. Lo que ellos no saben es que este diálogo está saliendo al aire por el micrófono abierto de la estación de radio. A partir de aquí, llaman a la emisora tipos pintorescos de toda la ciudad, que también quieren «quitar sus máscaras», entre ellos alguien que tiene una relación secreta con nuestros personajes...
De este modo, hilarante, con ligereza aparente, se va eslabonando ante nosotros la vida de dos pobres seres humanos. Tan desvalido uno como el otro. Tan desvalidos ellos, finalmente, como cualquier ser humano. Y en ello estriba la virtud de esta puesta : en mostrarnos una situación muy humana, en una forma agradable y no por esto banal o insípida.
Pocas veces hemos visto, en nuestro patio y en los últimos tiempos, una comedia de situación y contemporánea, creíble, con un tono tan bien resuelto. Tanto a nivel del texto como de la sencilla puesta en escena.
Una escenografía escueta y sobria, que por momentos recuerda un set de televisión. El vestuario, sencillo y actual. Algunos aditamentos que sugieren el equipo de audio de la estación y algunos otros elementos visuales en el mismo sentido. Una banda sonora que igualmente hace un guiño de simpatía, pues atraviesa el consabido kitsch de lo que podría ser escuchado en la estación de radio en donde nos ubicamos. Una cierta ironía con la «latinidad».
Las composiciones escénicas sencillas, aunque efectivas, bordan un juego escénico que explota el espacio de modo agradable. Pero lo más sobresaliente son los dos actores, que sin vuelos de grandes divos, con naturalidad logran convencernos de esta historia y hacer que nos identifiquemos con ella.
Es curioso que esta obra venga de Puerto Rico, una isla que tantos paralelos históricos tiene con nosotros. Tanto que, por momentos, sentimos el relato posible aquí y ahora. El machismo latino, los conflictos y la represión que esto plantea, están vigentes tanto allá como aquí, pero nuestro teatro no aborda generalmente este tema. Nuestro teatro, aunque fuerte y diverso, inspirado por la reanimación de los últimos tiempos, padece cierto síndrome de la seriedad en exceso. Una gran carga de agon. Las razones por las que esto es así, tienen que ver con muchos aspectos que considero fuera de lugar analizar aquí. No quiere decir que se dejen de hacer esas puestas intensas y fuertemente drámaticas, sino más bien que se den cabida igualmente a otros tonos. Y creo que, sin pretender ninguna fórmula —pues está claro que en términos artísticos siempre son desastrosas— es este un buen ejemplo de cómo entretener sin ser banales. Una obra que de haber sido vista por un público habanero mayor —especialmente teatristas— podría tal vez ayudado a despertar la escritura de comedias y avivar el deseo de algún que otro director a montar comedias actuales, que el público de seguro agradecería.
Adriana Pantoja, la directora de la compañia boricua, ya con cierta historia, indudablemente atinó en esta puesta a resolver los principales problemas de tono y estilo que le planteó el texto. Otro abordaje, probablemente, hubiera resultado cargado y falso. El texto de Joselo Arroyo demuestra una particular eficacia y empatía con el espectador. Tal vez faltó un poco de más riqueza visual en la escenografía, pero es tan significativo lo que sucede en la relación entre estos dos personajes que apenas notamos ese vacío.
Máscaras Afuera queda así, preferencias aparte, como una lección de la buena comedia contemporánea, apenas presente en el teatro cubano de la más reciente entrega.
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