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RESEÑA
UN DOCUMENTAL EN MOVIMIENTO
Marcel Lueiro
A nadie le
gusta que le cuenten la película. Pero supongamos que yo soy el proyectador del
cine, el que coloca los rollos del filme, el que ya lo ha visto. Eso sin dudas
es un privilegio, pero también un gran reto. Porque la película (o mejor dicho,
el documental, tratándose de este caso) se llama Movimiento, y hoy me
toca presentar su quinto número. Parece poco, pero es mucho. De ahí que les
pida que vean mis palabras como esa breve luz que sale del fondo del cine y se
proyecta en la pantalla. Es solo un segundo, después ustedes se sumergirán en
el documental y se olvidarán de mí, verán con sus propios ojos.
Ahí entonces les
va a ustedes lo que yo estoy viendo:
El
acontecimiento de que hoy estemos aquí, presentando el quinto número de Movimiento, nos deja ver algunas claridades: que la revista se resiste
a desaparecer, luego de cambios de estructura, problemas de impresión y otras
carencias… que la revista es más necesaria que nunca, no solo porque es un
espacio único, sino porque seguimos necesitando una voz como esta, que hable
por muchas voces... que la revista corre el peligro de ser una publicación
fantasmal, de esas que no sólo desaparecen por las crisis materiales, sino, y
sobre todo, por las crisis espirituales... que la revista depende de todas y
todos nosotros, por tanto, exigirla, ayudarla y defenderla para que salga
adelante, deben ser tareas de todo el movimiento de hip-hop cubano.
Esas
claridades, como ustedes vieron, también traen sombras. Pero Movimiento es una revista joven (en una doble acepción o significado: joven por edad y
joven por rebeldía). Esto quiere decir que aún le queda mucho tiempo por
delante, y como casi todo lo que es joven, tiene que luchar sin descanso si
quiere lograr sus propósitos.
Decíamos que Movimiento es el documental que estrenamos hoy. ¿Qué quiere decir eso? En primer lugar,
quiere decir que este quinto número también nace de las experiencias acumuladas
por nuestra gente en todos estos años. El documental no utiliza la ficción, es
un fragmento de la existencia, de la vida real y todos sus matices.
Veamos. El
texto de Dani Relats incluido en este número continúa la interesante indagación
del hip-hop en sus orígenes (presente en todas las ediciones de Movimiento),
y la impronta de figuras imprescindibles para la cultura como Afrika Bambaata,
The Sugarhill Gang o Rammellzee. Sin esos antecedentes --y ese ha sido uno de
los grandes aportes de la revista-- sería muy difícil comprender de dónde
venimos, sería prácticamente imposible estructurar este documental hip-hop coherentemente.
Uno de los
platos fuertes, uno de los protagonistas digamos de la historia, es Pablo
Herrera. La entrevista de Arsenio Castillo nos introduce en el universo de este
prolífico creador, pero también en sus laberintos, en la historia de un
personaje polémico en la historia del hip-hop cubano. ¿Rap o música?, ¿pasado o
futuro?, ¿esclavitud o libertad creativa?, son algunas de las preguntas que
Pablo responde en esas páginas.
El documental
avanza y comienzan a sucederse los argumentos. En su trabajo Las identidades
afrocubanas dentro del movimiento hip hop, Tomasito Fernández Robaina da un
paso adelante, por su síntesis y profundidad, en ese camino de reconocernos
desde las raíces afrocubanas, pero también desde nuestra cultura diversa.
Las ideas de
Tomasito, por supuesto, nos llevan de inmediato al terreno de la confrontación,
porque más que un terreno de controversias estéticas, más que un movimiento de
vanguardia, el hip-hop es un fenómeno de la resistencia cultural (y por qué no, de
la resistencia política), un campo de actores revolucionarios que busca incidir
en su realidad para transformarla. Racismo, exclusión, pobreza, pero también
pensamiento crítico, participación consciente, construcción colectiva. Son temas
que nos tocan de cerca y no debemos olvidar. Tomasito nos alumbra, y yo le doy
paso. Desde mi butaca, aquí atrás en el cine, porque no debo interferir demasiado
en la visión de los espectadores.
También en la
historia hay otras entrevistas recomendables. Una al versátil X Alfonso, otra a
ese embajador de culturas que es Lou Piensa, integrante de los canadienses
Nomadic Massive; otra a Tito y el Progresista, dos adolescentes raperos y
amantes verdaderos del hip-hop que son ejemplo de disciplina y constancia. Ellos,
que son el futuro, pero también el presente, merecen todo nuestro respeto.
Decía que como
todo documental, este está lleno de voces, de contrastes, de gente que sale y
entra, de cosas que se dicen, aunque nadie las diga. Para este presentador uno
de los mejores momentos es el diálogo entre El tipo este, Vitalicio y ese
“productor militante” que responde al nombre de Papá Humbertico. Se trata de una
clase magistral de sinceridad, de una entrevista preparada, pensada y protagonizada
por nosotros mismos, por ustedes. Ese es precisamente uno de los retos de
cualquier publicación alternativa: intentar romper los moldes de lo que se ha
instaurado como comunicación “establecida” u “oficial”. En la entrevista a Papá
Humbertico no hay palabras “inventadas” ni preguntas rebuscadas ni periodistas
distantes que desconocen de qué se está hablando. La originalidad y belleza resaltan
en la naturalidad con que ellos tres asumieron la tarea de realizar una
entrevista para Movimiento.
Si podemos
hablar de un antes y un después, de una, digamos, segunda parte del documental,
entonces el Simposio Nacional de hip-hop llena un espacio importante. Algunos de sus
retos y desafíos, de sus aciertos y errores, de sus debates y declaraciones se
incluyen en este número de Movimiento, todo un talismán a la hora de
conservar nuestra memoria y definir constantemente de dónde venimos y hacia
dónde vamos. Ahí radica, digamos, el principal énfasis de los guionistas del
documental, y que es el corazón de este número de Movimiento.
Mientras
coloco los rollos que entre todos y todas filmamos se me ocurren algunas
preguntas, y se las digo. Algunas más cercanas como: qué tipo de revista
queremos, para qué la creamos, con quiénes la hacemos; otras más generales pero
que también podemos incluir aquí: qué tipo de movimiento queremos, por qué
luchamos, de quiénes estamos hablando.
Digo esto
porque no debemos ver solamente a la revista como un instrumento, un espacio
para que aparezca mi foto, hablen de mi demo, me conozcan en todos lados.
La revista, como la tarima o las paredes del barrio, es un espacio de lucha decisivo.
Un espacio de lucha desde la comunicación con mayúsculas, y ahí hay toda una
dimensión en la que profundizar un poco más. Lo que se imprime en blanco y
negro queda para toda la vida, tendrían que quemar todos los libros para
hacernos callar, pero incluso así (como comprobó aquel personaje de Fahrenheit
451, la novela de Ray Bradbury) las ideas al final sobreviven, se esconden
en alguna parte. De manera que es hora que veamos a la revista como un rincón
importante para escribir con nuestras propias manos nuestra propia memoria: los
avances, los retrocesos, las alegrías y los problemas deben quedar allí.
Hay más, por
supuesto, pero yo no les puedo contar todo el documental. En realidad no pensé
nunca que esta breve presentación se extendiera tanto; sólo quería invitarlos
a leer la revista y que llegáramos al cine con alguna idea de lo que vamos a
ver. Llego hasta aquí entonces. Nos recostamos todos en nuestras butacas con
los ojos bien abiertos, y miramos inquietos cómo va nuestro documental.
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