No. 59,
eneroo del 2008
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ABREUX PINTA MIENTRAS EL MUNDO SE ACABA
Rafael Grillo

Ninguna frase resumiría de manera más acertada el espíritu contradictorio de este fin y comienzo de siglo que la popular expresión cubana que invita: “A gozar, que el mundo se va a acabar”. En evidente paradoja, se cocinan juntos lo apocalíptico y lo autoafirmativo, vida y muerte, Eros y Tánatos, aderezados en una especie de insolencia socarrona y hedonista.
Y pocas miradas, en el universo de la plástica cubana, han logrado captar tal espíritu con mayor profundidad, y desnudarlo en sus lienzos y cartulinas, que el ingenio de Luis Abreux.
Una afirmación como ésta parecería desmesurada cuando se presenta la obra de un pintor joven, más aun cuando se vive un momento de verdadera eclosión de las artes visuales en la Isla, donde el talento germina por doquier y extiende sus ramas y raíces más allá de nuestras fronteras. E incluso, para hacer todavía más cuestionable la aseveración, las propuestas de las dos últimas décadas, aquéllas que han sido englobadas bajo la caprichosa etiqueta de “Nuevo Arte Cubano”, en medio de una enorme diversidad temática y estilística, han estado, sin duda, caracterizadas por la intención de realizar una indagación sociológica de la realidad y penetrar en las motivaciones esenciales de los comportamientos individuales y sociales.
¿Dónde radica entonces la peculiaridad de Luis Abreux? Abreux (La Habana, 1971) se forma en la Academia de Arte San Alejandro de La Habana, como parte sustancial de los artistas que contribuyen al auge y reconocimiento de la plástica cubana ya mencionado; a esto suma sus vivencias en un Taller de Técnicas Subliminales del Arte y la Publicidad que contribuyó, posiblemente, a ese nivel de sugerencia y subtextos que poseen sus obras. Pero la clave de la respuesta no está sólo ahí, sino en los hallazgos de su búsqueda personal, en la selección propia de los medios y códigos que va a escoger para expresarse, y la suspicacia y la lucidez que lo socorren a la hora de dar respuesta a aquellos cuestionamientos privados sobre su rol como artista, como ser humano y por tanto como protagonista de una experiencia que es íntima pero también interhumana e insertada en el medio social y una realidad determinada.
Recurriendo a una especie de mélange (aquí el galicismo deliberado no responde a una voluntad de edulcoramiento sino a la intención de dignificar una propuesta que expresada en castellano podría llevar consigo el algo depreciado calificativo de “mescolanza”) donde se funden con perfecta coherencia recursos que provienen de la caricatura, la viñeta humorística, el cómic o la ilustración infantil, Abreu nos da cuenta de ese espíritu de época, que algunos prefieren llamar “condición posmoderna”, a través de un manierismo estilístico cuya intención paródica y crítica lo salva de la frivolidad.
Alejado indiscutiblemente de ciertas –llamémosle- manías del arte más contemporáneo como aquello que se ha denominado “el retorno del paradigma estético del arte”, y sin ninguna intención de hacer malabares deconstructivos con la tradición, ni tampoco recurrir a la nouvelle vague del hiperrealismo, pero sí utilizando otros códigos que también le son propios como el regusto por el pastiche y el toque kitsch, y mediante una especie de nuevo surrealismo (y utilizo este término porque no acude a mi mente otro para nombrar tal desborde imaginativo), tropical y colorista, juguetón y agresivo; Luis Abreux configura una sustancia plástica particularísima cuya fuente de inspiración no debemos buscar en ninguna “corriente telúrica” o en “arquetipos inconscientes”, mucho menos en las sublimaciones de la imaginación o en el artificio encubridor de los sueños. Más bien debemos hurgar en los tipos cotidianos, en ese hombre común que pasa a nuestro lado por las calles y que, sumergido en las muchas veces invisibles trampas de la existencia, se debate entre la defensa de su dignidad y las presiones circunstanciales de la sobrevivencia.
Los personajes que desfilan por sus piezas –en ese personalísimo “retablo del mundo” que ha construido- son grotescos, pero a la vez entrañables (paradoja presente en todo artista cuya visión, incluso crítica, de la condición humana, está marcada en su esencia última por la Comprensión), y nos exhiben esa liviandad y hedonismo, ese erotismo desublimado y hasta perverso, ese materialismo obsceno, esa doblez y pretensión de disimulo, y hasta a veces esa angustia y dolor soterrado que pretenden esconder la sorna, la burla, la ligereza y apego terrenal, y el desentendimiento con la trascendencia y los ideales utópicos de estos tiempos que corren.
La distorsión anatómica, la deformidad de las figuras o el antropomorfismo animal, la sobreactuación histeroide de las expresiones, la predilección por la fiesta y el espectáculo, la desvergüenza en las actitudes, la desfachatez que no elude el ridículo, son constantes visuales de una producción, que también ha generado –quizás como alternativa- personajes diferentes con cierta impronta romántica, inclinados hacia la manifestación de la bondad, la espiritualidad y el amor al otro, donde la forma escogida por el autor para plasmarlos se aparta de la exageración propia de lo caricaturesco, y de las tonalidades excesivas y bizarras, para asumir una figuración más idealizada, con un uso del color menos agresivo, atenuado y dulzón, que la acerca a la ingenuidad de la mirada infantil.
Pero unos y otros forman una unidad marcada por la armonía y la consistencia interna de una propuesta perfectamente reconocible, y más aun: ambos lados se complementan y encuentran más allá en una mirada profunda, exenta de diatriba y juicio demoledor o inapelable que alcanza la sabiduría de reconocer que todos, absolutamente, compartimos una común condición.

Nombre Abreux, Luis 
Residencia Austin, Us 
Nace en Habana, Cuba (1971) 

La mentira
La mentira  / 2007 / 150 x 170 cms / técnica mixta / lienzo 

Bajo otro sol
Bajo otro sol / 2007 / 175 x 150 cms / técnica mixta / Soporte lienzo 

Maquina / 2007 / 170 x 140 cms / técnica mixta /
lienzo 


La verdad / 2007 / 150 x 170 cms / técnica mixta / lienzo 


Pescador / 2007 / 170 x 150 cms / oleo  / lienzo 


Cena / 2007 / 170 x 150 cms / técnica mixta / lienzo 


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