No. 68, marzo del 2010
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EDITORIAL (No. 1)
EN EL 2000 DEBIÓ LLEGAR EL "FUTURO"
Yanet Bello

El 2000 era el futuro
Ahmel Echevarría

Futuro?Comenzó ya el 2010. Solía ser el futuro de mi generación: la “Y”; aunque a veces quisiera poder cambiarle el nombre por Z o X, cualquier cosa para dejar descansar la pobre “Y”. Si no fuera porque generación “V” suena poco publicitario le pondría así, de vapuleada o de Voltus 5 --aunque no precisamente porque nos hayamos “unido”-- En fin, desde el 2000 debió llegar el “futuro”, pero nada, aquí estamos esperando.
El 2009 fue un año de mucho trabajo, poco dinero y algunos cambiecitos, sin embargo fue un año bueno, se movieron cosas, conciencias sobre todo. Se suscitaron diversos espacios de iniciativa autónoma o semi autónoma, de limpios y profundos debates filosóficos, políticos, sociales y culturales. También se suscitaron inquietudes, censuras y restricciones sobre estos espacios, sin que se pueda determinar si partían estos obstáculos de instituciones o simplemente de funcionarios mediocres.
Entre esos espacios cuentan los eventos organizados por el Observatorio Crítico, los del Centro Juan Marinello y otros entre los que no puedo dejar de mencionar el Encuentro Teórico Medios Digitales y Cultura, convocado por Esquife, porque me toca muy de cerca.
No es mi intención aquí hacer un análisis sobre lo acontecido en todas estas zonas de crítica y debate, incluido el tráfico de correos electrónicos con artículos y reflexiones que bien valen un análisis por separado. Se trata de hacer énfasis en una conclusión que ha sido común: sacar estas reflexiones a la luz pública.
La cuestión no es sólo publicar estos debates en los periódicos nacionales (aunque no veo tampoco razón en contra), sino incluir en estas conversaciones a la gente que no es intelectual, que no tienen acceso a Internet, que no va al Festival de Cine... Y también, incluir a aquellos que participan de otros círculos de crítica, observación, pensamiento y opinión y que desconocemos; hablo de aquellos que están en las periferias, en el extranjero, pero sobre todo a los que están en las provincias cubanas, y también de las “esquinas calientes” que no siempre hablan de pelota.
No estoy hablando de educar al pueblo, de mostrarles quién es Gramsci o leerles raras poesías, estoy hablando de llamarlos a compartir con nosotros sus criterios y cuando hablo de “nosotros” hablo de los que nos reunimos en espacios de debate de la AHS o independientes totalmente, los que tenemos acceso a Internet, los que conocemos a los altos funcionarios (mediocres y no mediocres), los que estamos presionando sobre las políticas culturales y sociales de nuestro país a través de publicaciones oficiales o no, de conversaciones o de e-mails.
Estamos viviendo en tal fragmentación de información que parece que todos estuviéramos formando parte de células clandestinas. Y en cierto modo así es, ni bajo tortura podría un joven de la facultad de historia (véase que no se trata de la ignorancia académica) explicar qué fue el quinquenio gris, tan discutido en los círculos intelectuales a través de correo electrónico fundamentalmente.
Tenemos la responsabilidad de dar a conocer a nuestros vecinos, mamás, abuelas, los fenómenos que están influyendo en la elaboración y aplicación de políticas culturales y sociales y hacerlos formar parte de estas influencias.
Futuro?Entiendo que estoy hablando unilateralmente, solo de acercar a las personas a la emisión de criterios propios y críticas, lo hago porque ese “nosotros” del que hablaba antes sí participa de la vida común del cubano, vamos a la bodega, compramos yogurt de soya a sobreprecio (quién lo diría) y compramos en la chopi-trapo, pero resulta, que, incluso en contra de nuestra voluntad e intenciones, somos elitistas:
Como mi pobre abuela no comprende las artes plásticas contemporáneas, mucho menos podrá opinar sobre la influencia de los medios digitales en la cultura, y, por supuesto, tampoco sabe nada del tal Quinquenio... ¿Será que ella no sabe lo que es la cultura o no sabe lo que son los medios digitales?
Seguramente nuestros "tontos" abuelos, amas de casa y bodegueros no podrán hablar en nuestros espacios porque tendremos que explicarles a ellos de lo que “nosotros” queremos hablar.
Pero resulta que la realidad es mucho más rica que eso y ya tenemos la experiencia. Por lo menos yo le conté a mi abuela (que tiene noveno grado) a qué se le llamaba el Quinquenio Gris y por qué. También le conté qué son los medios digitales y lo que se iba a tratar durante el evento convocado por Esquife, y…¡¡aleluya!! Tiene una opinión sobre eso, incluso propuestas.
Casi todos los cubanos, para no absolutizar, pueden emitir criterios y hasta propuestas respecto a la realidad de su país y a su cultura, aunque no lo hagan en espacios oficiales: ¿para qué decir en la asamblea de rendición de cuentas lo mala que está la televisión si el delegado no tiene nada que ver con eso y poco puede hacer para cambiar algo?
Tenemos que hacer estos espacios de debate y crítica cada vez más abiertos, más callejeros si es necesario, con o sin el apoyo de los funcionarios mediocres y no mediocres, con o sin instituciones. Es nuestro deber como personas (intelectuales o no, artistas o no). Tenemos que usar nuestros propios recursos, recursos personales para no comprometer nuestro mensaje ni la respuesta, para que no sea condicionada por las consignas tradicionales, ni por el miedo al regaño.
Lo que quiero hacer hoy es “llamar” a todos los suscriptores y lectores de Esquife a HABLAR y ESCUCHAR. Por supuesto, sin dejar de HACER.

  1. hablar
  2. hablar haciendo
  3. hablar con los que no están vinculados directamente con los medios de comunicación
  4. hablar con los que no participan en ninguna de las redes sociales que están hoy vinculadas directamente con las transformaciones socio- culturales y políticas de nuestro país
  5. hablar desde 0 con las personas que se sienten lejanas de la construcción de la realidad colectiva, nacional y sin embargo tan influidas por ésta
  6. hablar con nuestras abuelas, y madres para que comprendan cómo pensamos hoy y para comprender cómo piensan
  7. hablar entre los que siempre hablamos y hablar con quienes no quieren hablar con nosotros
  8. y sobre todo ESCUCHAR

…es lo más urgente que podemos y debemos hacer para acercar un poco ese futuro que todos seguimos esperando.


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Redacción: Jorge Enrique Rodríguez / Yanet Bello / Andrés Mir
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