No. 54,
septiembre del 2006
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LA PEÑAPEQUEÑA
UNA ÍNTIMA NECESIDAD: Luis Yuseff Reyes
Kirenia Legón

Luis YuseffEscribo, y lo voy a decir usando algo que escuché a una persona cuyas condiciones de vida no son las mejores: "para escapar del cuerpo", suponiendo que este viaje se haga de adentro hacia fuera; aunque todo acto de creación, si es sincero, lleva implícita una búsqueda interior que debe terminar con un hallazgo. Ese es el poema, cuando es el Poeta quien se adentra en la noche del alma.
La persona que escribe o el que pinta, el que hace música, en fin, el que crea, lo hace porque tiene una íntima necesidad de decir algo. Lo cual no significa que a los demás les interese lo que tú tienes que decirles. Pero a pesar del que te lee, te observa o el que te escucha, terminas sobreponiéndote al destino de traer a la luz el mensaje que se te ha confiado. Es decir: llegó el momento en que tienes que sacar lo que llevas dentro, de la manera que sea. A mí me ha correspondido doblegar(me) (a) la palabra.. Ahora: ¿desde cuándo? No hace tanto, 5 ó 6 años quizás. Como dijo Eliseo Diego "soy reciente, de ayer mismo". Y añadiría Flor Loynaz: "Y aún de mí me fatigo todavía..."
La Muerte, el Amor... Aunque para amar, y para morir (asumo la perogrullada) antes hay que estar vivos. Esos son los grandes temas de la Poesía , y en general de todas las Artes, desde siempre. Así que no hemos inventado nada. Otros estuvieron antes. Los que vinimos después, hemos encontrado en parte el camino hecho. Lo que nos compromete con la creación, está en convencer a los demás de cuán auténtico es lo que estás haciéndoles llegar, aunque en realidad sólo estás retomando.
Es poco probable que logres evadir la realidad. Cualquiera que sean tus códigos como escritor --o como artista-- de algún modo quedará reflejada en lo que escribes, en lo que creas. Pero también puede ser a la inversa, porque aquí ya no puedes hablar solamente de un objeto (o un sujeto) que se mira en la superficie pulida y casta del otro: se ha creado una especie de trampa en el espacio que media entre las superficies reflejantes. Y ahí está lo creado. Yaciente o levantándose como una columna. Eso es lo que ve el consumidor potencial de lo que escribes. Y eso lo que se lleva a casa o deja en el stand empolvándose. No invito a que hagamos concesiones bastardas, pero el verso debe ser bello, despertar sensaciones, instintos en las personas, sin necesidad de acudir a una torre de marfil. Son demasiado reales los vientos que nos azotan, pero también propiciatorios. Se hace poesía de los alisios, pero también de los ciclones. Lo que no hay que olvidar es que se está haciendo literatura.
El oficio le da forma a lo que aporta la inspiración. Lo otro --citando a Dulce María-- son versos sin rigor de talla, cuajados solo para darle caminos a la pena . El poema, y esto lo he dicho otras veces, es como una caja de música. Los mecanismos que la hacen funcionar deben permanecer impecables. Pero la música que canta al oído viene de más adentro. El verso se construye, pero la poesía es otra cosa.
Todos tenemos fantasmas. Me acompañan a todas partes. No los puedo negar, porque sería un acto criminal decir que se vive sin ellos. Ya te comenté que a la hora de hacer poesía pasamos a través de tamices que pusieron otros, si se quiere taumatúrgicos, más cercanos al alquimista, que al hombre de ciencia; lo cual no contradice aquello de que "el león está hecho de carnero asimilado". Eso lo dijo Da Vinci, quien a su vez citaba a alguien que no recuerdo y que de seguro también tuvo sus fantasmas. Por lo pronto evoco a los míos, los convoco, los aireo constantemente. A mi diestra están los que releo: Virgilio Piñera, Lezama, Lorca, Vallejo, Rimbaud, Gabriela Mistral, Casal, Neruda, Shakespeare. Del otro lado quedan los "metabolizados", los entrañables, los que más se quieren: Dulce María Loynaz, Gastón Baquero, Eliseo Diego, Constantino Kavafis, Luis Cernuda. Y me va quedando libre el ojo del huracán, pero ese lo reservo a los que prefiero que descansen en paz
Prefiero al lector que me usa sólo como intermediario. Reescribe lo que lee. Lee lo que reescribe. Y si se te concede la oportunidad, un día se te acerca y dice: "Eso pude haberlo escrito yo..." Pero está consciente de que no lo hizo. Es un ser pacífico. No pacifista. Te reta todo el tiempo, sólo que las armas las escoges tú como escritor. Piensa que te ha ganado la batalla, pero casi siempre queda rendido a tus pies y acepta, finalmente, su condición desventajosa, sin peores consecuencias.
A Dios gracias "la literatura goza de buena salud", y no está en estado de coma. Sería terrible tener que empezar a pedir fármacos del extranjero para sanar nuestros libros. Hay una realidad, y esa aflora a primera vista. En Cuba se está escribiendo mucho, sobre todo poesía, y la asumen con responsabilidad tanto los jóvenes como los menos jóvenes. Existe un medio de cultivo que es rico para la creación. Pero no me preguntes qué es lo que va a quedar de todo este fervor, prefiero no arriesgar hogueras. Tampoco creo que haya que preocuparse demasiado por lo que vendrá. ¿Qué es la posteridad? ¿Cuántos años avalan la posteridad? ¿Quedar para quién...?¿Qué será de los libros que hoy se imprimen por millones en todo el mundo cuando hayan pasado veintesiglos más? Mejor vamos a dejar las cosas como están y seamos más humildes, porque al final todos seremos borrados por la ventolera arrasadora de la muerte .
Aparte de lo que tengo en revistas, hay un primer libro, El traidor a las palomas. Es un cuaderno iniciático que quiero mucho. Me ha dado las mayores alegrías. Lo que vendrá después, creo, no va a superar eso, y no me refiero a calidad sino a intensidad por lo que de primer amor supone. Este volumen salió por Ediciones Holguín en el 2002, una tirada muy breve, pero fue uno de los más vendidos en la provincia. Un best seller local. Después vinieron Esquema de la impura rosa (Ed. Vigía) y Vals de los cuerpos cortados (Ed. Holguín), Premio de la Ciudad en el 2003. Espero que, si los buenos tiempos no cambian, para el próximo año aparezca por Ediciones Cauce Yo me llamaba Antonio Broccardo , y por Letras Cubanas Golpear las ventanas , Premio Pinos Nuevos 2004.
Decir que tengo un poema preferido es una forma de evadirme. O evadirte, porque estaría desviando la atención de algo que forma parte de un conjunto. Ahora, si me preguntaras el poema que más quiero tal vez podría orientarte mejor, aunque siempre ese gusto va estar ligado a un sentimiento doloroso. Es la parte masoquista que me toca. De todas formas, estamos hablando de una materia conocida por unos pocos solamente. No te tomes muy en serio lo del best seller.
He hecho lecturas en lugares disímiles, sobre todo referido al público. Esto me ha obligado a escoger con mucho cuidado los textos que leo cada vez, sólo por una cuestión de respeto al público, y hasta para sentirme yo mismo un poco aliviado. Enfrentar una sala con 15 personas me provoca el mismo estado de ansiedad que tener un auditorio de 80 lenguas, y 160 oídos. Me dan terror. El escritor no debe leer públicamente textos que el "distinguido" no pueda decodificar. No es cuestión de subestimar lo que tienes enfrente, sino de salvar la estancia. No todos los días aparece alguien dispuesto a salir de su casa para escuchar algo que no entiende. Entonces, como agradecimiento, no abuses de esa persona que se sobrepone a la intemperie, al solazo, o a la lluvia sólo para escucharte, aunque al final, y esto también puede suceder, se haya gastado el recital rescribiendo lo que dices.
Sí, existe un acercamiento que --usando una palabrita tuya-- es muy saludable, entre los directivos de las instituciones y los creadores. Las relaciones personales que pudieran ser de protocolo, no lo son, tal vez porque me siento identificado con el movimiento artístico de vanguardia en la provincia. Lo otro que nos interesa como creadores, y en este caso como poetas, es ver publicadas nuestras obras. Me gustaría que nuestros libros salieran publicados, en su mayor parte, por ediciones de la A.H .S. En Holguín tenemos una editorial que sobrevivió a los duros años noventa; sin embargo, se puede decir que es insipiente. Ediciones La Luz está saliendo de la oscuridad y constantemente pedimos para ella, como decía Goethe, más luz...
El acto de la creación tiene mucho de intuitivo. Lo demás es herramienta. Ya te hablé de esto cuando me referí al oficio y a la inspiración. Por tanto prefiero referirme ahora a lo íntimo que siempre ha sido en mí.
Mis mayores anhelos a la hora de escribir son mi cuarto y la barrera musical de la que casi nunca puedo prescindir. Mi propio ruido me aísla del infiernillo que significa nacer y vivir en el Caribe. No soporto a nadie cerca mientras escribo. Sin embargo, cuando doy por terminada mi dedicación, prefiero una confrontación inmediata que me dé la medida de lo mucho o poco que he logrado comunicar. Si no me he ensimismado exageradamente en la experiencia motriz del poema. Si no me he encerrado en eso que es terrible, y que es escucharse solo a sí mismo. Lo mejor es acudir a los amigos, y no solo a los que hacen literatura, es bueno también ver del otro lado, a las personas que no escriben pero tienen un oído, una sensibilidad especial. A veces prefiero al lector crítico vinculado indirectamente a la creación. Entre ellos el hálito de la poesía se distingue mejor. Casi se puede palpar. Es lamentable que, entre poetas, de lo que menos se hable sea de poesía.
Salvar... ¿Cómo el arca de Noé?... Pues trataría de incluir lo que siempre me ha sido cercano al espíritu. También le daría de comer al cuerpo. Aunque pensándolo mejor, este es un acto demasiado egoísta de mi parte, porque estaré dejando a otros lo que yo creí que era bueno para ellos. No es una acción democrática, aunque en un momento tan decisivo dudo que los hombres tengan tiempo de pensar en los demás. Tampoco creo que valga la pena la sobrevida cuando ya no estén aquellos con los que quise pasar el trance, dicho virgilianamente. Por tanto, mi corazón altruista deja su espacio para que en esa arca sea otro el salvado. No quiero la vida si no están los que amo.


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Redacción: Jorge Enrique Rodríguez / Yanet Bello / Andrés Mir
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